ALICIA SANMIGUEL

Aquí estoy, con la respiración agitada, intentando decidir si saltar o
no al vacío. El sol me impide ver con claridad, pero puedo escuchar la furia
del mar golpeando las rocas, como si me llamase impaciente, inquieto ó
deseoso por engullir mi cuerpo entre su espuma, mientras me golpea contra
la pétrea pared. Inhalo una bocanada de aire y miro mis pies, que
temblorosos, obligo a estar al borde de una linea que tan solo yo decido si
traspasar o no. Exhalo, y me deshincho de nuevo, tratando de recopilar las
razones que me han llevado a estar aquí y ahora.
A veces la vida da giros inesperados, y todos esos sueños y
pretensiones por las peleábamos se van desvaneciendo frente a ti sin
apenas darnos cuenta. Lo que está bien, lo que está mal, lo correcto o lo
incorrecto, llena la boca de todos aquellos que intentan guiarte en tu vida
sin pensar, que poco a poco te van apagando.
Yo tenía sueños.
Durante un tiempo quería volar, ser libre y conseguir llegar donde
siempre me había imaginado y deseado. Quería ser yo misma y luchar por
ello. Mis ideas, mis convicciones, mi vida, mi felicidad. Pero al final, las cosas
no ocurren como las planeas en tu cabeza.
Viajé, conocí gente, me embriagué de su cultura, leí y escribí hasta
llegar a convertirme en cada uno de mis personajes y vivirlos al máximo,
lloré por amor y me enamoré de nuevo, grité y suspiré por cada lugar que
me hacia soñar y sentirme valiente y dichosa, dejé que mi corazón latiese
fuerte por una caricia, un beso o un simple gesto que me llenase por dentro,
viví… cada instante.
Viví…
Al final es uno mismo el que elige como continuar su vida. Lo que no
sabemos, es si la elección es correcta o no.
Llega un momento clave en el que te enamoras de verdad,
encuentras a la persona perfecta para compartir tu vida y tus experiencias.
Al principio cada uno sigue con sus hobbies y sus gustos.
Solo al principio…
La gente te aconseja, te muestra el patrón correcto a seguir en la
sociedad, te invita a que te conviertas en esa rata de laboratorio a la que
manipulan a su antojo y que sin darse cuenta se va alejando de ella misma.
Los años pasan entre la hipoteca, el coche, los hijos, un trabajo que
tan solo te da una estabilidad, y el tiempo, a veces escaso, que buscas para
disfrutar y reencontrarte de vez en cuando. Tu vida ha cambiado y si miras
atrás, no tienes ni puta idea de como has llegado hasta ahí.
Adoras a tu pareja, tus hijos son tu vida, tu familia, tus amigos, todos
son importantes para ti. ¿Pero y tú? ¿Alguien se ha planteado como te
sientes? ¿Qué es lo que necesitas? ¿Qué te apetece? ¿Eres feliz? No… Se
supone que lo tienes todo… marido, hijos, casa, coche,… Todo.
Y ahora estoy aquí, respirando profundo e intentando no hacer una
estupidez. Porque yo quería volar, pero yo misma corte mis alas y me dejé
de lado, me olvidé de mi. Me saturé a mi misma con lo que debía ser y no
con lo que yo realmente quería. Me amoldé a la horma marcada y arrinconé
mis sueños que ahora duermen llenos de polvo en algún lugar de mi
corazón.
Miro hacia el mar y con una leve sonrisa doy un paso atrás.
Al fin y al cabo, lo que hoy siento, lo he podido escribir…

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