RICHARD QUIROGA


Hace mucho tiempo estoy aquí, solitario, totalmente inerte, en un estado
catatónico; noches y días enteros, meses y años, tantos que ya perdí la cuenta.
Solo espero ese momento que parece nunca llegar… poder morir al fin.
Ahora tengo mucho tiempo para meditar en las sombras y penumbras,
controlo mis emociones que se exaltan en momentos en que ya no siento más
que mi fallido intento por poder respirar; no quiero, no puedo, ya no hay aire
aquí, siento un calor extremo dentro de mi corazón muerto y así mi momento
parece llegar. Me dejo llevar, me entrego a la muerte, al fin… esta parece ser
mi hora.
Pero lamentablemente vuelvo a despertar aún con vida. Otra vez comienza
la cruel tortura de tratar de razonar, de controlar mis impulsos a causa de esta
insaciable sed, de la locura de mis pensamientos con estas imágenes que ya
no quiero ver, de la sangre caliente y dulce entre mis labios, de las miles y miles
de víctimas, almas quemadas por mis desafortunadas necesidades orgánicas,
obra y causa del largo tiempo que he existido en esta cruel historia… sin un
final que libere mis miserias.
Mujer mágica, que me atrapó aquella noche lejana de invierno en que
quedé encerrado en el cementerio. Aún siento su perfume desde aquí. No
quería que pasara el aniversario de mi madre, estuve ocupado todo el día en
mi asqueroso trabajo, había llegado corriendo cuando ya habían cerrado hace
rato; claro el horario de invierno era más corto por la oscuridad y el frio que era
congelante.
No me costó trabajo pasar sobre su muro y bajarme justo en donde estaba
enterrada mi querida madre. Desde que nací nunca pasó un cumpleaños sola,
y este año no sería diferente.
Llegué con mis flores medias congeladas al pie de su tumba que estaba
limpita y bien arreglada, -justo a tiempo – le dije yo a esa madre hermosa que
tanto extrañaba. Un rayo me la arrebató así sin más, le cayó encima cuando
caminaba por la playa, un destino macabro para una persona tan dulce y
hermosa.
Las sombras y aquel extraño silencio no me asustaron, creo que cualquiera
se inquietaría de estar a esa hora solo por allí; pero a mí no me importaba más
que cumplir con mi palabra de estar junto a ella en su día.
Luego de un par de horas allí hablando en silencio, me despedí triste y me
alejé de su lecho caminando lentamente entre frías tumbas olvidadas rumbo al
muro, cuando al pasar por un panteón gigantesco de mármol negro sentí un
escalofrío y un grito de ayuda… me paralizó el corazón y me quedé mirando
aquella puerta de hierro cerrada que por sus vidrios no se veía nada –¡ayuda,
por favor!- repetía; al mirar fijamente hacia adentro veo una figura femenina de
blanco que se acerca flotando con un brillo fantasmal.
No podía moverme, estaba clavado al piso muy cerca del muro que me
separaba de ese horrible lugar, sin poder hacer nada más que mirar como la
mujer se acercaba flotando de lo profundo del gran panteón oscuro. Apoyó sus
manos en los vidrios y me miró fijamente con sus ojos totalmente negros, solo
me miró sin mover su boca, su cabello flameaba… cabello largo y gris, como
una joven anciana, pálida y sin expresión alguna… ella me observaba.
Un viento helado comenzó a soplar en mi espalda, quise voltear pero no
pude, intentaba levantar mis pies pero era imposible, solo quedé viendo a
aquella fantasma muda. De pronto sus ojos comenzaron a brillar tibiamente
hasta iluminarse como con fuego; pude moverme y escuché la voz de mi madre
gritando – ¡corre hijo mío! ¡Ella te quiere esclavizar!- pero al intentarlo
simplemente sentí un sensual beso caliente en mi cuello… unos enormes
colmillos que no me causaron dolor, sentí que entraron en mi carne
placenteramente. Mientras me tomaba de los hombros absorbía suavemente
mi sangre por mi desprotegido cuello, sentía como me pesaban los ojos y mi
cuerpo se aflojaba y alivianaba.
De pronto algo ocurrió, tuve la sensación de caer rápidamente a un extraño
vacío, hasta chocar bruscamente contra algo líquido, agua de un rio furioso con
una correntada terrorífica. No sabía nadar y me ahogué varias veces tragando
aquella sombría agua, cuando salía a tomar aire desesperadamente no veía
nada; un remolino me succionó fuertemente hacia abajo y ya apenas podía
contener el aire, estaban por explotar mis pulmones sin poder respirar, cuando
de pronto una mano me tomó de los pelos y me subió bruscamente… era mi
madre que brillaba en el cielo mientras subía. Luego de dejarme en la superficie
me miró triste y se alejó lentamente sobre mí, mi alma se apagaba viéndola
irse sola.
Yo seguía solo en ese rio oscuro tormentoso que bramaba como
amenazándome; moví mis brazos y piernas para intentar huir pero era
imposible, no podía hacer nada contra aquella descomunal fuerza.
Todo parecía una pesadilla… fue aún peor cuando aquella agua comenzó
a calentarse y se volvió roja, roja sangre; miré horrorizado como unas pálidas
manos salieron a mi lado desde el fondo y me tomaron de mi ropa,
sumergiéndome rápidamente sin haber podido tomar mucho aire, me
arrastraron al fondo en donde no podría escapar, sentí explotar mis oídos, mi
cabeza, mis ojos saltaron afuera y no pude aguantar más, abrí mi boca y dejé
que el agua entre, me estremece pensar en ello. El gusto a sangre me invadió
y manoteé a mi alrededor enloquecido, hasta que sentí que mi cuerpo explotó,
e increíblemente comencé a sentir que podía respirar bajo toda aquella sangre,
la tomé y me hizo sentir bien, floté en la profundidad oscura degustando aquello
que era como mi aire para vivir.
El trance pronto terminó y me encontré temblando como si tuviera un
ataque de epilepsia, me retorcía en el frio y húmedo suelo mientras aquella
mujer flotaba sobre mí. – No te resistas más Arturo, ya pasaste la fase principal,
haz despertado de la muerte, eres mi descendencia a la inmortalidad, tomarás
mi lugar ahora y para siempre… ¡déjate llevar, vive libre y bebe! – y se esfumó
en el aire, solo se desintegró dejando su borrosa figura plasmada en la bruma
de la noche.
Eso fue tan solo el principio de todo mi tormento, durante varios días y
noches me acosté en mi cuarto con la luz apagada pensando y sintiéndome
horrible, sentía fuego en mi estómago y tenía pesadillas constantemente,
¡sangre y sangre! esas imágenes eran tan reales, y esa sed que me quemaba
solo se apagaba con la sangre de una joven que siempre aparecía en mis
sueños y pesadillas, ella estiraba su muñeca a mi boca, yo la mordía
suavemente y sentía su sangre correr por la mía, me sentía realmente vivo,
tanto que me orinaba en la cama antes de despertar.
Seguí en mi oscuro cuarto sintiendo mi cuerpo morir de nauseas, hasta
que una noche ya no aguanté tanto malestar y salí de mi casa. Era una noche
tormentosa y fría, caminaba por las calles de barro y agua hacia donde
conducían mis piernas, mi intuición me guiaba en la oscuridad y la furiosa
naturaleza.
Llegué a un sucio callejón donde paré al sentir una presencia en la
oscuridad, noté que bien en el fondo había un alero que hacía de refugio a un
cuerpo caliente arrollado entre trapos y basura amontonada; lo podía ver a la
distancia y en plena oscuridad, veía muy diferente desde aquella noche en el
cementerio. Me acerqué lentamente hasta estar de pie junto al indefenso
cuerpo.
Limpié la mugre de aquel cuerpo que resplandecía ante mis ojos, sus
venas brillaban como encendidas por alguna energía que yo veía, me arrodillé
y vi que era un joven abandonado a su suerte, como otros tantos que andan de
aquí para allá, sucio y desnutrido pero muy atrayente para mi gran sed. Despejé
su sucio cuello y clavé mis dientes sintiendo un placer indescriptible, un placer
que me alteró y movilizó mi corazón que había dejado de funcionar días atrás,
hasta recuperé mi mejor aspecto.
Afortunadamente, el temor que sentí al creer que todos los que mordiera
se transformarían como yo, se desvaneció como aquel joven, que al ser
exprimido solo se desintegró, seco y sin vida… hasta volverse polvo. En cambio
yo sentía una vitalidad que aumentaba, era ligero, podía moverme con gran
velocidad e incluso volé por la dormida ciudad toda la noche hasta el amanecer.
Desde esa noche ya pasaron más de seiscientos años, y ahora estoy
esperando lo que pareciera nunca llegar… mi muerte, que me visita pero se va
sin lograr apagar esta amarga conciencia fría; enterrado, sigo recordando
aquellos tormentosos momentos, surcando las madrugadas como un ave de
rapiña en busca de su presa.
No había pueblo donde no me temieran… sin siquiera haberme visto, la
gente sabía que muchos solo desaparecían y en las noches trancaban bien sus
hogares, ignorantes de que para mí lo sólido de una pared no era ningún
obstáculo. Ingresaba cuando dormían confiados y claro siempre los más
pequeños pagaban el alto precio de mi necesidad. Cuando ya eran demasiadas
almas desaparecidas en un pueblo o cuidad solo me trasladaba a otro lugar.
Fue fácil escabullirme por tanto tiempo que uno llega a olvidar como el
mundo entero cambió, siendo yo quizás el único testigo viviente de tantas eras
pasadas, vi como reinos enteros cayeron, ciudades enteras fueron devastadas
y vi crecer una civilización más avanzada… aunque muy torpe, presa fácil para
mí, al igual que aquellos que me alimentaron en la antigüedad.
Pero ya bastó para mí, traté de morir y no pude y ahora nuevamente
agonizo aquí en la profundidad de la tierra, así lo quise yo, al ver que mi
propósito siempre era el mismo, ocultarme en las sombras y esperar
hambriento por otro cuerpo más, deseaba en demasía esa vitalidad que me
desvela hoy aquí, que me busca desde hace años. Yo preferí esto antes de
superar a la misma muerte en número de víctimas, ya no quiero más agonizar
cada día para poder vivir, no quiero hacer sufrir, yo nunca quise esto… maldita
mujer que me condenó aquella noche.
Despierto nuevamente de lo que parecía ser el fin, pero sigo acá y ya la
locura me está desbordando, mi cuerpo tiembla y se estremece por esta
constante necesidad interna. Creo que tendré que salir a la superficie otra vez,
a calmar mi sed, pero juré no volver a hacerlo.
De repente algo pasa, escucho un ruido que se acerca lentamente, donde
están mis pies algo se escucha cada vez más fuerte, hasta que siento como de
la piedra maciza unas pálidas manos me toman de mis pies y una de ellas
comienza a estirarse hacia mi cara, mete sus sucios dedos en mi sedienta boca
y muerdo por instinto, otra vez siento saborear lo que me llena de vida… siento
mi cuerpo cambiar, mi corazón latir aceleradamente, cada vez más fuerte, me
siento cada vez más vivo y deseo abandonar mi escondite. Mi cuerpo enérgico
atraviesa toneladas de piedras sólidas y capas terrestres, emerjo como un rayo
rumbo al mundo nuevamente.
Al llegar hay oscuridad total, un aire raro llena mis viejos pulmones, casi
no veo nada, hay una niebla que cubre todo, hay extraños vehículos
atravesados en las calles y cadáveres por todos lados, todos están en estado
de descomposición, es todo tan extraño, no sé qué pudo causar tal destrucción.
Sigo caminando por las calles silenciosas y vacías de una moderna ciudad
y no hay ninguna forma de vida cerca, no puedo sentir ninguna vibración
emanando para calmar mi necesidad, no veo más que cuerpos
descomponiéndose entre ruinas y edificios abandonados, no sé qué época es
esta.
Algo trágico pasó con esta civilización, solo quedaron ruinas secas y yo
que solo pretendía no dañar más a nadie… ¿tanto tiempo enterrado en la
oscuridad para esto? ¿Para que se extinguiera mi fuente de alimento?
Mi aliento caliente y reseco me arrastró por varios días y noches… aunque
no se distinguían una de la otra ya que una nube negra cubría el cielo de forma
permanente. Lugar que llegaba, lugar que no había vida de ninguna especie,
nada… hasta varios bancos de sangre encontré en mi largo camino, pero todos
estaban tan muertos como el planeta entero.
Caminé hasta por islas abandonadas y olvidadas entre kilómetros de
aguas muertas y podridas, al llegar había solo cadáveres hinchados y de color
negruzco disecándose, ya desesperado volé hasta rincones donde pensé
habría más posibilidad de encontrar mi esencial comida, ocultos tal vez… pero
solo encontré restos de materiales químicos, lanzados por varios países en una
macabra guerra que terminó con todo.
Ejércitos enteros cubrían el suelo de cada frontera en los países que
visitaba, sus territorios se veían oscuros de tantos cuerpos muertos y extrañas
maquinarias de guerra de esta maldita época. Poblaciones enteras de
indígenas en las selvas y toda África, así como toda su rica fauna, corrieron la
misma suerte.
Llegué hasta el final exacto del mundo y todo era lo mismo, muerte de
poblaciones enteras, oscuras ruinas, y no sé qué hacer, no sé qué será de mí.
Pasé mucho tiempo en el lugar equivocado y ahora todo está perdido, ¿por
caprichos humanos o algún cruel destino?
Como si fuese poco ahora estaba nuevamente solo y sin poder calmar ni
alimentar mi infinita y maldita sed, totalmente aturdido; me confundí y volví a
bajar a lo profundo de este mundo ahora muerto, a esperar con ansias a que
cuando vuelva a emerger dentro de unos miles de años quizás, encuentre allá
arriba nuevamente a esa adictiva y enérgica fuerza vital, volver a encontrar a
esas pequeñas y frágiles pero bondadosas víctimas, reproducidas en forma de
brillante vida.
Quizás hayan bacterias vivas y activas que permitan al ser humano
desarrollarse nuevamente algún día, después de este absurdo exterminio total,
y así pueda otra vez renacer de las entrañas de la tierra, para volver a reclamar
esta vez sin dudar, esa carga vital necesaria que hoy tanto necesita mi viejo
cuerpo y muerto corazón, energía que tanto añoro hoy y que juro nunca más
volveré a repeler.

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