ALMUTAMID

Me desperté con resaca y algo confundido con lo que había pasado la noche anterior. Me duché y llamé a Viqui pero me cortó. Estaría haciendo algo. Le mandé un mensaje pero tampoco respondía. A media tarde empecé a preocuparme y me fui a buscarla a su casa. Llamé al porterillo y su madre me dijo que se había ido a la feria.

Extrañado me organicé por mi cuenta. Quedé con mis amigos y me fui a la feria también. Por fin coincidimos al entrar en una caseta pública donde solíamos ir. La vi y fui a buscarla pero me hizo la cobra cuando fui a besarla. Sin embargo me dijo que saliéramos fuera a hablar.

Os podéis imaginar el contenido de la conversación. No voy a reproducir la discusión, ni sus reproches ni mis perdones. No voy a contar sus lágrimas ni mi silencio cuando ya no sabía que decir. Si os voy a decir que para ella era un acumulado de cosas que habían pasado lo que la hacía dejarme aunque me seguía queriendo. Yo no montaba en mi mente ese acumulado y mi respuesta era más de desconcierto que de reproche. A mis 19 años recién cumplidos yo no entendía en qué me había equivocado y mi cabeza sólo explicaba que me quedara sin novia por la compleja mente femenina.

Me quedé helado pero mis amigos fueron capaces de reaccionar. Ánimos, abrazos, más vino de la cuenta y tres cantes lentos en una trastienda de caseta a las 4 de la mañana fueron el resultado del día en que la primera novia que de verdad me había gustado y a la que creía que quería me había dejado. Eso sí, en mi mente se quedó la promesa que le hice al despedirme de que cuando volviera en verano con todas las vacaciones por delante la buscaría. Ella con resignación me dijo que sabía que no, que no prometiera lo que no iba a cumplir.

Estaba jodido, pero lo peor es que me dolía más el orgullo que el corazón. Y además había decidido disfrutar la feria que me quedaba fuese como fuese, pues era sólo una noche. El sábado me planté en la feria hecho un pincel con mi americana y mi guitarra. Feria de mi ciudad y puente en Madrid. La feria rebosaba de forasteros. Mucho alcohol y mucha cara dura. No recuerdo bien como terminé con una chica gordita de Madrid pegándome un revolcón en los aparcamientos de la feria. No iba tan borracha como yo y no me dejó meterle mucha mano. De hecho me sobó el paquete pero tampoco pasó mucho más de ahí. El amanecer nos despidió y no le pedí ni el teléfono. No me acuerdo ni de su nombre ni de su cara.

Regresé a la residencia más confundido que dolido. No entendía de verdad qué me había pasado con Viqui. Como una relación donde el único problema era la distancia se había jodido estando juntos. ¿No sabía comportarme teniendo novia? ¿No entendí sus avisos? No sabía nada pero debía notárseme pues el mismo domingo en la cena Claudia me preguntó y yo, tratándola como verdadera amiga se lo conté.

Claro que las versiones varían. Yo eludí nuestros problemas sexuales. El susto del posible embarazo, la corrida sin avisar, mi forma de presionarla algunos días para liarnos…de modo que Claudia con la información que yo le daba no podía más que compadecerse de mí y justificar a Viqui en cuanto que no se sentiría del todo acompañada o simplemente se había enfriado su amor por mí por la distancia o las discusiones que le conté. Pero lo mejor fue su respuesta final:

-Mira, Luis. Un clavo no saca a otro clavo. Cada persona es diferente y hasta que no estés seguro de querer estar con alguien de verdad y darlo todo no des el paso en otra relación que te pueda hacer daño a ti y a la otra persona.
-Vamos-respondí-que no me coma ni una rosca me dices.
-No Luisito, si te quieres enrollar una noche con alguna chica dispuesta eso es cosa tuya y de la chica. Yo te hablo de relaciones. De estar en pareja, de lo que tú tenías con esa chica.
-Ahora no estoy para relaciones…aunque para un polvete siempre hay tiempo, jajaja.

Me dio con cosqui en la cabeza riendo y me dijo:

-No tenéis remedio. Todos pensáis con la polla, jajaja. No sé cómo al final os podemos querer tanto…

Nos abrazamos para despedirnos y descansar. La ciudad de la residencia también había estado de fiesta ese fin de semana y se notaba cierta resaca en todo el mundo cuando sólo quedaban dos semanas de clases antes de afrontar el final del curso.

Intenté seguir los consejos de Claudia y mantuve durante toda la semana el mismo tipo de relación de compañero con María y Marta alternando las clases que compartíamos y cafés aunque seguía comiendo todos los días con María. Me sentí relajado no teniendo la tensión d imaginarme nada con ellas y la terapia de Claudia parecía funcionar.

El fin de curso suponía el fin de liga. Si ganábamos esa semana seríamos campeones pues le sacaríamos 4 puntos a Educación Física con quien habíamos empatado en un partido bastante soso, nada que ver con la primera vuelta, a mediados de marzo. Era un partido fácil contra Magisterio y se planteó como una gran fiesta si ganábamos la liga. La grada del pabellón estaba llena de nuestras compañeras, muchas fans incondicionales de nuestros jueves ligueros que no dejaban de cantar y jalear nuestras jugadas. Aunque entre el público pude ver a Marina, Marta, María y muchas otras chicas de la facultad, mis amigos de la residencia no vinieron pues ya estaban enclaustrados estudiando.

El partido como se presuponía fue fácil. Ganamos 7-2 y yo sorprendentemente metí dos goles, uno aprovechando un rechace del portero y el segundo en un contraataque rápido con un tuya mía en que terminé empujando el balón ya a puerta vacía. El final del partido fue la típica invasión de campo donde algunos compañeros del equipo fuimos manteados y llevados en volandas a las duchas pues habíamos reservado el bar de los jueves con varios barriles de cerveza gratis, dos que regalaba el local y uno pagado por el equipo.

El momento de las duchas fue un despiporre entre cánticos, fotos y chicas entrando y saliendo de las duchas donde nos vieron en calzoncillos, envueltos en toallas y a alguno totalmente desnudo embriagados por la celebración.

El camino al bar igualmente fue una sucesión de abrazos, felicitaciones y cánticos. Allí había más de 200 personas calculo bebiendo celebra con euforia. Eso sí, la relación de sexos era bastante desequilibrada pues había prácticamente 7 chicas por chico. Tanta gente que no conseguía ver a mis amigas.

La primera con la que me crucé fue Marina que me dio un beso en la boca que no me esperaba y que yo respondí abrazándola. Después me dijo que la acompañara que me iba a dar mi felicitación. La seguí tomado de su mano y me llevó a los baños. Me metió en el de minusválidos y cerró la puerta con pestillo. Conociéndola sabía por donde iba pero la dejé actuar:

-Te dije que te debía un favor por ayudar a Óscar y que si ganabas la liga te lo devolvería. Pues hoy es el momento…-dijo pegándose a mí amasándome el paquete.

Sin que yo reaccionara se agachó y empezó a desabrochar mi cinturón. Abrió los botones de mi vaquero y con soltura metió la mano en el calzoncillo liberando mi polla morcillona. Sin más apartó el propucio dejando mi glande ya hinchado a la vista y se lo llevó a los labios mientras rozaba con su lengua el orificio. Mi mástil estaba ya totalmente hinchado y Marina me miró para decirme:

-El idiota de Óscar ni se imagina la cosa tan rica que tienes para las niñas…

Espoleado por sus palabras la tomé de la cabeza y la dirigí a mi polla que engulló con sonidos de placer y empezó a chupar con gusto mientras yo gemía marcando el ritmo de su cabeza. Me sorprendía su docilidad tan alejada de su carácter pero yo me iba a aprovechar de su ofrecimiento.
Lo hacía tan bien, chupando, succionando y moviendo su lengua con los mismos sonidos que recordaba haber oído cuando se la chupaba a Óscar. Era una auténtica maestra chupándola e iba a conseguir que me corriera en pocos minutos. Así que levanté mi mano de su cabeza y le dije que se levantara para poder metérsela. Pero sin levantarse me miró y me dijo:

-Este es tu premio…el mismo que se llevó Óscar.

Y retomó la mamada. Quería mi semen así que me relajé para correrme cuando mi cuerpo lo creyera conveniente. Marina seguía chupándola y amasándome los huevos haciendo que el cosquilleo previo al orgasmo empezase en mis pelotas subiéndome por la médula espinal mientras mi respiración se agitaba. No me corría desde la última mamada e Viqui, pero en ese momento ni me acordé de ella. Todos mis sentidos se concentraban en ese momento en sentir el placer que su boca me generaba.

Por fin mi polla empezó a soltar lefazos que Marina deglutía con avidez con gestos de placer mientras se me aflojaban las piernas. Cuando comprobó que mis huevos se habían vaciado hizo un gesto ostentoso de tragar y se relamió los labios levantándose.

-Estás muy rico, Luis…
-Me has dejado nuevo…

Marina se enjuagó la boca en el grifo. Me dio un piquito y me dijo:

-Estamos en paz. Vamos a fuera a seguir con la fiesta.

Me guardé la polla y me recompuse la ropa tras salir Marina totalmente perplejo por la normalidad que le daba a sus relaciones sexuales y como después actuaba como si no pasara nada. Ahí se me encendió la bombilla: yo no era nada para ella. Era sexo fatuo sin sentido. No podía ser lo mismo que con Viqui. Marina estaba buena pero no había sentimiento. Acababa de vaciarle los huevos en la boca pero me sentía vacío.
Me eché agua en la cara y decidí salir también como si no fuera nada a disfrutar de la fiesta y buscar a mis amigas para disfrutarla con ellas.

Salí del baño y entre tanta gente me encontré a María que me felicitó dándome un abrazo y un beso en la mejilla y para decirme que ya se iba. Amablemente le pedí que se quedara pero declinó. No era su ambiente…Seguí buscando y por fin vi a Marta. Me lanzó una sonrisa enorme al verme y también se me abrazó fuerte felicitándome. Estaba con varias chicas de la clase con las que yo tenía menos relación que igualmente me felicitaron. Me quedé con este grupo bebiendo cerveza y alternando con algún compañero hasta que me llegó la hora de tener que retirarme pues me cerraban la residencia. Cuando lo dije se apenaron y entonces Marta reaccionó diciéndome:

-¿Por qué no te quedas en mi casa?
-¿En tu cuarto?-pregunté.
-Dónde tú quieras.
-Gracias…yo me acomodo en cualquier sitio.

Sorprendido por su ofrecimiento seguimos alternando pero prácticamente sin separarnos en toda la noche hasta que el personal empezó a retirarse. Ya se reproducía la escena de chicas sentadas sobre miembros del equipo de muchos jueves pero más bebidos y algunos se besaban. Le pregunté a Marta:

-¿Nos sentamos?

Le cedí la silla pero me indicó que me sentara yo y ella se sentó encima de mí diciéndome:

-Te gusta más así, ¿no?
-Me encanta…-respondí poniendo mi mano en su muslo.

Entonces me acerqué a besarla y me lo devolvió. Nos separamos sonriéndonos.

-¿Estás segura?-pregunté.
-Yo sí. ¿Tú lo estás?
-No lo estaba, pero tú me estás dando seguridad…-y le devolví otro beso.
-¿Nos vamos?-preguntó Marta.
-Donde tú me lleves.

Salimos abrazados del bar a la vista de todos y de camino a su casa no pude evitar preguntarle:

-¿Qué ha cambiado Marta?
-Tú.
-¿Yo? No te entiendo.
-Viniste a buscarme antes de irte buscando solo un revolcón. Se te notaba. Esta semana has estado agradable, amable, bastante más humilde de como estabas últimamente. Me recordabas más al chico tímido que vi entrar a principio de curso en la clase y que en los partidos no se atrevía a protestar. Te pusiste muy tonto, Luisito, Igual de guapo, pero muy tonto. Pero esta semana te veo más como al chico de clase, el amigo de María…y me he atrevido.
-No sé que decirte. No soy consciente de esas cosas. Yo intento ser siempre el mismo. Me creía tímido…
-Pues buscas las bocas y aprietas los muslos como si no lo fueras..
-Jajaja, creo que me aprovecho un poco, eso sí. Pero creía que no era por mí, era por el equipo…
-Yo no me senté en tus rodillas por el equipo me senté por ti…-dijo bajando la mirada.
-Pues no sabes cuanto me alegro…-me detuve y nos besamos de nuevo. Esta vez un beso largo con lengua.
-Venga, vamos a casa y allí hablamos más cómodos…-tiró de mi mano metiéndome prisa.

Así llegamos al portal de su casa.

MI autoestima crecida de los meses anteriores, algo hundida por Viqui y la propia Marta. Desarmada por Marina que me hizo sentir vacío se acababa de llenar de golpe.

Subimos al piso. Ya era tarde y las compañeras de Marta estaban acostadas. Pasamos silenciosamente a su dormitorio. Típico de estudiantes con un armario empotrado, una cama individual y una mesa de estudio con su ordenador. Más pequeño y estrecho que el de María. Cerramos la puerta y Marta me dijo:

-Ponte cómodo para dormir.
-No tengo ropa, tendré que dormir en calzoncillos.
-No me voy a asustar. Y a lo mejor abuso…
-¿Y tú que te vas a poner?-pregunté.
-Yo suelo dormir en pijama pero los últimos días como hacía más calor he dormido con una camisetita…

Sacó una del armario y me dijo:

-Voy al baño a cambiarme, ya vengo.
-Yo tampoco voy a asustarme…

Me sonrió y salió del dormitorio. Yo aproveché para desnudarme quedando en calzoncillos.

Al minuto volvió con una camiseta que le llegaba al límite de las bragas, de modo que cuando levantaba los brazos se le veían. Unas braguitas blancas de algodón. Soltó la ropa que se había quitado en la silla sobre la mía.

-Voy al baño yo también.-dije.

Me metí en el baño, meé y recordé la mamada de Marina, así que me quité los calzoncillos y me lavé la polla en el lavabo. Me la sequé con papel higiénico y volví a ponerme los boxers grises con elástico negro que llevaba ese día.

Regresé al dormitorio. Marta había recogido su ropa y en ese momento guardaba el sujetador en un cajón.

-Bueno, ¿qué hacemos?-pregunté.
-Es tarde, vamos a la cama.-respondió Marta.
-¿Juntos?
-No te voy a hacer dormir en el suelo.

Se metió en la cama pegándose a la pared para dejarme sitio y me indicó donde iba yo. Me metí junto a ella y me tumbé pasando mi brazo bajo su cuello para que se apoyara en mí. Sentía su cuerpecito apoyado en el mío aunque su brazo libre no se atrevía a tocarme.

-¿Soy el primer chico que entra en esta cama?-pregunté.
-Sí.
-¿Pero eres virgen?
-No, Luis. He tenido novio, Pero desde que me vine aquí a estudiar no me he acostado con nadie.
-¿Y tú?
-No soy virgen pero en la residencia no puedo acostarme con nadie.
-¿Y en casa de otra chica?
-Eres la primera chica de la universidad con la que me acuesto…

No mentía, Viqui no era de allí y a Marina me la tiré de pie, o mejor dicho se me tiró de pie porque mandaba ella.

-…ves que no soy tan peligroso como creías…-terminé.
-Estoy aquí muy a gusto contigo, Luis-dijo por fin apoyando su mano en mi pecho.
-¿Me das un beso?

No respondió pues fundió sus labios a los míos en un beso largo que poco a poco fue ganando en intensidad sin que nuestros brazos cambiaran de posición. Cuerpos pegados, bocas y lenguas en acción.

-Me gustas Marta…y no me imaginaba acabar aquí.-dije.
-No seas mentiroso. Hace dos semanas querías acabar aquí-respondió haciéndome cosquillas en el abdomen.
-Pero no me dejaste…no esperaba de verdad que tú quisieras…
-Aquel día también quería. Pero también quería no tener que arrepentirme después.
-Marta…-dije tragando saliva- si no quieres hacerlo prefiero dormir abrazado a ti.
-¿No te importa?-preguntó cortada.
-Si vamos a estar juntos vamos a tener muchas ocasiones de hacerlo…-y la besé.

Marta se pegó a mí abrazando mi pecho y yo pasé mi otro brazo para quedar ambos pegados. Entre mi delgadez y su menudez cabíamos perfectamente en la cama los dos pegaditos. Y así nos quedamos dormidos.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s