AKUARIES

A mitad de febrero José María me llamó para salir un sábado con ellos y con una amiga de Irene, la habían invitado a pasar el fin de semana, Irene que siempre intentaba buscarme novias para que sentara la cabeza según ella, en aquella ocasión no me hizo ningún comentario, lo que sospeché que ya tendría novio y se trataba de una salida de amigos, y así fue, hablamos durante horas los cuatro, me extrañó que aquella chica se interesara por el recorrido en coche que hacía para llegar a la universidad, pero no le di más importancia.

Ese domingo de camino a la universidad, al pasar por el cruce famoso de la rosa me encontré con el control de la guardia civil, paré, bajé la ventanilla y vino un agente a preguntarme el destino de mi viaje, escuché una voz desde atrás, “este déjamelo a mí Manolo”, era una voz de chica.

Agente: Hola, ¿te acuerdas de mí?

Yo: Hostia, vestida así no te había reconocido.

Era la amiga de Irene que el sábado habíamos salido los cuatro.

Yo: ¿Eres guardia civil?

Agente: No, es que me gusta vestir así entre semana, ¿eres tonto o qué?, claro que soy guardia, Manolo ahora vuelvo.

Se subió en el coche a mi lado.

Agente: Vale Luis, conduce hasta ese claro que se ve ahí delante.

Yo pensé, ai ai ai, que me la van a liar de nuevo, la verdad es que la chica era guapa, morena con ojos muy oscuros, pelo de color negro y un tipazo, aunque el traje de guardia no le hacía justicia, llegamos al claro.

Agente: Ahora conduce por ese camino de tierra que tienes a la derecha.

Tras recorrer unos cuantos metros por el camino me hizo parar detrás de unos árboles.

Agente: Ahora sal del coche conmigo por favor.

Una vez fuera del coche con la sola iluminación de los faros.

Yo: ¿Qué hacemos exactamente aquí agente?

Agente: Pues pasa que el sábado, me quedé con las ganas de que me follaras y hoy creo que es un buen momento, ¿cómo lo ves?

Me quedé helado, pero el poder follarme a un agente de la autoridad me dio un morbo de cojones, ella ya se estaba desabrochando el cinturón ese que llevan con la pistola y las esposas colgando.

Yo: Pues me parece que no le puedo decir que no a un agente, yo siempre he sido muy obediente.

Se bajó los pantalones, estiró el cuerpo apoyando las tetas encima del capó dejando los pies en el suelo.

Agente: Pues ya tarda caballero.

Me coloqué detrás de ella, me saqué la polla y mientras le metía mano en el coño por encima de las bragas, me pajeaba para que llegara a todo su esplendor. Le bajé las bragas de un tirón arrancándole un gemido, pasé los dedos por el coño comprobando que estaba bien mojado, otro gemido, apunté y metí un poco la polla que entró sin problemas, ella gritó y dejó ir un “hostia” al notar el grosor, no le dejé tiempo para más y se la metí todo lo que pude pegando ella un buen grito, inicié la follada aumentando el ritmo y no tardó casi nada en empezar a dar gritos, a moverse como una loca corriéndose y limpiarme el capó del coche a la vez con su uniforme. Volvimos al cruce y se despidió de mí con el saludo tradicional.

Manolo su compañero: Tía como te pasas, que te he oído desde aquí y me has puesto cachondo.

Salí de allí y pasé directamente por casa de Sara aunque era muy tarde, me abrió un poco asustada preguntándome si pasaba algo malo, sin decir nada entré, cerré, y la apoyé a ella contra la puerta, me arrodillé para meterme debajo del camisón, le arranqué las bragas y le comí el chumino como si no hubiera mañana, hice que se corriera chupándole el clítoris con dos dedos dentro.

Sara: Esto ha sido una urgencia supongo.

Muy urgente le dije mientras me bajaba los pantalones para que “trabajara” un rato ella sacando la polla totalmente empalmada, se arrodillo y se la metió en la boca.

Sara: Que cabrón, sabe a coño.

Me agaché estirándola en la alfombra, mientras follábamos le expliqué lo que me había pasado, nos pusimos muy cachondos corriéndonos a la vez bastante rápidos.

Sara: Hostia que cachonda me has puesto, no pensaba que explicándome algo así pudiera llegar a ponerme tanto.

Yo: Cuando quieras explicarme alguna de tus aventuras estaré encantado de escucharte querida.

Sara: Ya te explicaré alguna que tengo bastante interesante, pero ahora te vienes a la cama conmigo que tengo sueño.

Yo: Por supuesto, me encanta despertarme contigo al lado.

A finales de febrero, había planeado quedarme el fin de semana con Sara, mis padres ese fin de semana estaban fuera invitados por unos clientes, el jueves tarde me llamó Sonia.

Sonia: Hola Luis, ¿qué haces este fin de semana?

Yo: Pues me quedo aquí con Sara porque mis padres no están, si no los voy a ver no hace falta hacer kilómetros.

Sonia: Claro, tus padres, y a los demás que nos den por culo, a mí también me gusta verte y que me cuentes tus cosas, o es que ya pasas de nosotros y solo tienes ojitos para tu novia perfecta.

Yo: Sonia por favor, ¿tienes un ataque de celos?, no lo entiendo, tú no eres así.

Sonia: Perdona Luis, perdóname, es que Gonzalo también esta de viaje este fin de semana y pensar en pasarlo sola me pone nerviosa, tú eras mi esperanza, esperaba que estuvieras conmigo.

Yo: Tengo una idea, vamos con Sara y lo pasamos los tres juntos.

Sonia: Hostia que buena idea, así me la presentas que ya tengo ganas de conocerla.

Yo: De lo que vas a tener ganas cuando la veas es de comértela por todas partes que te conozco.

Sonia (riendo): ¿Te gustaría que lo hiciera cabroncete?

Yo: Me encantaría zorrona, nos vemos el viernes por la tarde.

Se lo expliqué a Sara y puso cara un poco rara.

Sara: Pero esta Sonia ¿no es la que te espabiló de jovencito?

Yo: Exactamente la misma.

Sara: Primero, ¿esto es premeditado?, ¿lo teníais pensado lo dos antes?, y segundo ¿pretendes alguna cosa con esto?

Yo: Respuesta primera, no, no lo estaba, ha salido hoy porque me ha llamado para saber si este fin de semana estaba libre porque su marido esta fuera y no quiere pasarlo sola, la idea de ir nosotros allí ha sido mía, y respuesta a la segunda, pretendo que os comáis una a la otra mientras yo os miro sin perderme detalle.

Sara (sonriendo): Cariño, eres un pedazo de degenerado de puta madre, pero me gusta la idea.

Nos presentamos en casa de Sonia y nos recibió con los brazos abiertos, me saludó con un abrazo y un piquito en los labios.

Sonia: Por fin voy a conocer a la chica que tiene a este bobo “chocho perdio”.

Cogió a Sara por las manos y se la miró de arriba abajo.

Sonia: Claro que ahora que te veo no me extraña, eres preciosa cariño.

Sara: Te quiero felicitar.

Sonia: ¿A mí?, ¿Por qué?, no es mi cumpleaños ni nada.

Sara: Por haber hecho de este cabroncete el mejor tío follando que me he encontrado nunca.

Sonia: Por lo que sé, tú tampoco te quedas muy lejos de él.

Yo: Bueno, vale ya de tirarnos flores ¿no?

Sonia: Sí, mejor cambiamos de tema, ¿Qué os gustaría hacer ahora?

Sara: A mí comerte el coño.

Yo: Jooooder.

Sonia (cogiéndola por la mano y acercándosela): Me tienes caliente desde que has entrado por esa puerta.

Yo: Si ya sabía yo.

Sonia: Cállate y ven con nosotras a la habitación.

Decía mientras caminaba con Sara cogida de la mano, ellas se tumbaron en la cama dándose un morreo mientras se desabrochaban la camisa una a la otra, yo movía el sillón para tener la mejor perspectiva posible, ya en sujetador y bragas, se acariciaban con las manos de una forma totalmente acompasada sin dejar de besarse, Sonia le metió de golpe la mano dentro de las bragas de Sara provocando que esta echara la cabeza atrás y gimiera con los ojos en blanco, movía la mano en círculos por el coño y con la otra le quitaba el sujetador, bajó la boca hasta el coño bajándole las bragas a los pies de golpe, le metió la cabeza en medio de las piernas y comenzó a comérselo, mientras Sara movía los pies para deshacerse de las bragas, abrir bien las piernas y facilitarle la vida a Sonia. Yo desde atrás tenía una panorámica del culo levantado de Sonia en bragas que me estaba poniendo a cien, tras unos momentos Sara agarró a Sonia del pelo, estiró hacía arriba para sacársela del coño y buscarle los labios para besarla, mientras cambiaba la posición poniéndose ella encima, le estiró con fuerza del sujetador rompiéndolo, le agarró las bragas con una mano y de un tirón seco las rompió también tirándomelas a mí encima, yo pensé (hostia, esta sí que sabe romper bragas).

Sara: Toma y huele ese coño.

Estaban como poseídas, las dos tenían una cara de excitadas tremenda, Sara buscó el chocho de Sonia y se lo empezó a comer con hambre de una semana, mientras Sonia gritaba de placer sin ningún control, yo pensé, (joder, estos son los que quieren tenerlo todo controlado y a la hora de desmadrarse no controlan una mierda), la polla ya no me cabía en los pantalones y me los abrí para que saliera de golpe, con la punta para arriba a tomar un poco el aire, en ese momento Sara y Sonia estaban frotándose el coño con el muslo una a la otra, mientras se besaban y gritaban totalmente desbocadas, llegó un momento que se devoraban de una forma la una a la otra que hubiera sido un reportaje interesantísimo de “national geographic”. Yo me hacía una paja oliendo las bragas de Sonia, intentando no perderme detalle de todo lo que estaba pasando en aquella cama, hasta que llegó el momento álgido que las dos se corrieron como unas fieras, yo me seguía pajeando lentamente y con los ojos abiertos sin creerme lo que acababa de presenciar. Las dos cayeron respirando aceleradamente una al lado de la otra en la cama, tardé en reaccionar, pero me levanté y vestido con la polla fuera en medio de la habitación, (vaya pinta de gilipollas que debía tener).

Yo: ¿Queréis que os traiga algo para beber?, os veo un poco apuradas.

Las dos me miraron con cara de pensar (qué coño hace este tío de pie con la polla fuera aquí en medio), luego se miraron entre ellas.

Sara: Ven cariño, ponte aquí en medio de las dos que nosotras ya nos serviremos la bebida que queremos ahora.

Sonia: Luis, el regalo que me has traído hoy te lo agradeceré toda la vida, ven aquí y no hagas nada, ya trabajaremos nosotras.

Las dos reían a la vez, yo no tardé nada y menos en quitarme la ropa y meterme en la cama con ellas, nos mirábamos a los ojos unos a los otros, yo entendía cada una de las miradas, con Sonia eran de agradecimiento, de amor de amiga para toda la vida, de demostración que podíamos contar uno con el otro siempre para lo que fuera. Con Sara eran de pasión, de lujuria, me quería negar a mí mismo que también eran de amor, un amor inmenso que no me atrevía a expresar por miedo al daño que pudiera provocar.

Yo me estaba quieto mientras ellas me acariciaban el pelo, la cara, los hombros, a la vez que me besaban alternativamente y se besaban entre ellas también, besos entre los tres a la vez que eran muy divertidos, mi boca estaba hacia arriba y ellas se tenían que buscar la vida para encontrar una zona donde colocar sus labios encima de los míos, a la vez que se encontraban con los suyos, coordinadas las dos bajaron a la vez las manos para cogerme la polla y pajearme, a la vez manteniendo el ritmo perfectamente, Sonia bajó la boca y se la metió chupándola para llenarla de saliva, a la vez que Sara se sentaba encima de mi cara poniéndome el chirri en la boca moviéndose a su gusto, yo solo sacaba la lengua para facilitarle sus movimientos, noté como Sonia se levantaba y me agarraba la polla para metérsela en el coño hasta el fondo, se besaba con Sara mientras iniciaban nuevamente los gemidos. Estuvimos en aquella posición un rato, cuando yo creía que estaban a punto de correrse por los gritos, cambiaron de  posición una con la otra y degusté el chocho de Sonia con sabor a mi propia polla, sentía los movimientos de Sara follándome que tan bien conocía, me gustaba tanto como me follaba que ya sabía que movimiento vendría después, volvieron a llegar al punto de corrida gritando como locas, esta vez sí que se dejaron llevar acabando en un orgasmo las dos a la vez tremendo. Se colocaron jadeando todavía una a cada lado de mi polla, cogiéndola a la vez me pajearon a dos manos a un ritmo tremendo, me miraban a los ojos para darme el consentimiento para mi corrida, no tardó mucho en llegar junto con varios gritos que salieron de mi boca, la excitación de ver cómo me lo hacían aquellas dos mujeres tan importantes en mi vida era tremenda, ellas dirigieron los lechazos una a la otra, algún otro salió volando sin destino claro.

Pasamos un fin de semana de risas, alcohol y tanto sexo, que el domingo cuando llegamos al apartamento de Sara nos tiramos directamente a la cama vestidos, durmiendo hasta el día siguiente.

Pasó un poco más de tiempo, debería ser mitad de marzo más o menos, un día que me quedé a dormir con Sara no me acuerdo si era martes o miércoles, al día siguiente no teníamos clases por una huelga de no sé qué. Me desperté tarde, me levanté en pelotas y fui a la cocina para exprimir dos vasos de zumo de naranja, cuando volvía a la habitación me encontré en medio del salón con una señora emperifollada de arriba abajo, muy elegante que me estaba mirando el cipote levantando las cejas.

Yo: Buenos días señora.

Señora: Buenos días joven, ¿usted es?

Yo: Un amigo de Sara, y ¿usted?

Señora: Por lo visto bastante buen amigo.

En aquel momento salía de la habitación Sara atándose una bata a la cintura.

Sara: Mamá, ¿Qué haces aquí?

Mamá: Pues ya ves, conocer a un amigo de mi hija, y muy buen amigo por lo que veo.

Contestaba mientras me miraba el culo, yo caminaba hacía Sara poniéndole el zumo de naranja en la mano, metiéndome en la habitación para vestirme y largarme de allí, creí que querrían tener una conversación madre hija. Más tarde Sara me llamó para cenar juntos y pasar la noche en su apartamento, cuando llegué le pregunté.

Yo: ¿Cómo te ha ido con tu madre?, ha sido todo un poco rocambolesco.

Sara: Suerte que tú perdiste la vergüenza hace tiempo cabrón, has reaccionado con una tranquilidad que me estaba poniendo de los nervios.

Yo: ¿Y tú madre?

Sara: A mi madre le he explicado el plan que tenemos y ya está.

Yo: Y ¿ya está?, ¿no te ha dicho nada?

Sara (dudando un instante): Bueno, me ha dicho que si realmente eres tan buen chico como yo le explicaba, con esa polla y ese culo que tienes si te dejaba escapar es que era gilipollas.

Yo: Pues tú madre es una señora muy sabía nena.

Sara: Ya sabes lo que pienso de mi vida, no me gustaría que nos hiciéramos daño.

Nos levantamos y fuimos a preparar la cena.

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