DO.LOBERA

En los días de luna llena sus rayos de luz de plata buscan a alguien a quien puedan contar una triste historia que su diosa conjuró sin buscar ningún mal para la humanidad, más los hombres, sin entender, odiaron su proceder desatando la maldición. Y ahora cada luna llena, parte de la historia se repite, cuando la maldición se activa, causando gran dolor.

Y es que los rayos de luna han llegado hasta mi, gran oyente, para cumplir su cometido divino. La historia que me contaron se remonta a miles de años atrás cuando los dioses aún gobernaban sobre los humanos, antes que fueran olvidados y convertidos en mitos.

La bella diosa de la luna, Selene, mostraba su cara noche tras noche en el mundo de los hombres, en su paseo  por el firmamento nocturno. Durante su caminar veía, no sin cierto celo y envidia, el amor y cariño que interminables parejas se profesaban y que acostumbraban a mostrar a la luz tenue que la acompañaba. Les veía noche tras noche, formar una familia y en su corazón nació un deseo, tener un hijo al que cuidar y dar su amor.

Más Selene no podía encontrar a nadie a quien amar y formar la ansiada familia. Sus colegas los dioses eran demasiado arrogantes y de carácter ampliamente conocido infiel. Los hombres eran mortales, celosos… ninguno digno de una diosa.

Un día, mientras descansaba de su jornada y aguardaba al atardecer para volver al firmamento, oyó una plegaria desesperada que una mujer hacía en el templo. Desde hacía tiempo anhelaba tener un hijo, como la bella Selene, más a pesar de estar casada no lograba concebir pues su vientre era yermo. Amaba con locura a su marido y temía que si no le daba un heredero, él la repudiase en medio de toda la aldea.

Su súplica era sincera y la diosa, viendo en ella una oportunidad de conseguir su sueño, hizo un trato con aquella mujer. Sería fértil y su primer vástago sería entregado al templo cuando alcanzase los diez años.

En apenas un mes, la mujer se quedó en cinta para su gran regocijo y el de su marido. Después de tiempo intentando tener un hijo, los dioses, literalmente, les bendecían con su primer vástago.

Pasaron los meses y el niño nació. Era muy hermoso. Tenía la piel clara, casi reluciente y sus ojos eran de color gris plata que recordaba al astro nocturno, hogar de Selene. Sin embargo, el recién nacido no guardaba ningún parecido con sus padres y era realmente evidente.

Al principio, la alegría de saberse padre y tener que cuidar  del pequeño le volvieron ciego y sordo a las habladurías de la gente del pueblo. Más con el pasar del tiempo empezó a hacerles caso, miraba a su hijo y no se veía reflejado. Los aldeanos comentaban con cierta maldad que en realidad estaba cargando con el hijo de otro. Su esposa había engendrado un bastardo. Era un cornudo.

Aquel hombre se sintió herido en su orgullo, traicionado por aquella mujer. Su honor había desaparecido y la única opción de recuperarlo era haciendo desaparecer el motivo de su deshonra.

Aprovechando la negrura de una noche sin luna, cogió un cuchillo largo de cocina y mató a su mujer. Después, cogió al niño en brazos y se dirigió con él al monte cercano, donde se decía habitaban numerosos lobos. Allí, en un pequeño claro, le abandonó a su suerte esperando que muriese también y se restableciese su honor.

Pero los planes de aquel hombre no se llevaron a cabo. Los lobos, fieles seguidores de Selene, encontraron al bebé y le cuidaron a la espera de poder comunicarse con la diosa. Esta, al enterarse, se puso furiosa y anheló vengarse. Sin embargo, en aquel momento el niño era la prioridad.

No podía cuidarle al cien por cien sin apartarse de sus obligaciones divinas y eso rompía su corazón. Con diez años, habría podido encargarse de ambas cosas, pero con unos pocos meses era imposible.

Los lobos fieles a su señora, le indicaron que ellos se podrían encargar del niño. Le cuidarían con sus cachorros y el crecería con ellos. Era una pobre solución, pero Selene sabía que, a falta de otra opción, esa era la mejor. Y para que el arreglo y los cuidados fueran satisfactorios, el niño fue transformado en lobezno. Cada noche, cuando su madre le visitase, recuperaría su forma humana.

Los años fueron pasando y el niño creció apegado a la manada y a su madre. Cuando tuvo diez años,podía elegir transformarse en lobo o en humano a voluntad. Y cuanto más tiempo pasaba en su forma humana, sentía curiosidad por conocer a sus semejantes. De esta forma, un día se acercó al pueblo en el que había nacido siendo reconocido al instante por sus peculiares características. Le suponían muerto, como su madre y en aquel instante empezaron a realizarse preguntas sobre lo ocurrido años atrás.

El joven, en su ingenuidad e inocencia, no veía aquellas dudas y acudió en diversas ocasiones al lugar. Un día, su padre, sintiéndose acorralado por las pesquisas de sus vecinos, decidió seguirlo y vio, con horror, cómo se transformaba en lobo. Entonces empezó a entender algunas cosas.

Seguía sin poder permitir que el muchacho viviese, pero ante la fuerza de un lobo, se veía incapaz de luchar. Para ello, acudió a una bruja que le ayudase a deshacerse del chico. Ella le comunicó que estaba protegido por la diosa de la luna y que poco podía hacer contra ello. No podía matarlo, pero si maldecirlo.

Y aquella bruja cumplió su cometido. Quitándoles a ambos lo que más amaban.

Selene fue imposibilitada de reunirse con su hijo, incluso cuando más fuerte era su poder en los días de luna llena. A cambio le veía sufrir y destruir el mundo a su alrededor.

El chico se vio alejado de la manada y de su madre, obligado a vivir como humano. Una vez al mes, cuando más poderosa era su madre, recuperaría su aspecto lobuno con una mentalidad muy primitiva. Sufriría con cada transformación y maldeciría a la luna. Al verse en esa situación, el joven huyó de su hogar y buscó a los causantes de su desgracia. Les encontró y les mató.

Y, si aquello no era suficiente, la maldición se propagaría con un mordisco. Así, Selene veía aumentar el número de sus hijos de una manera que nunca deseó.

De esta manera, el hijo de la luna se transformó en el primer hombre lobo de la historia. Todos los meses, sus descendientes sufren la maldición, atados a los rayos de la luna que les transforma durante el plenilium.

Los años han pasado y Selene busca una cura para sus hijos pues sufre con ellos desde que aparece en el cielo y empieza la transformación hasta que se va y vuelven a ser humanos. Por ello, sus rayos buscan a alguien que les escuche y se apiade de Selene y su progenie maldita.

Yo no soy un mago experto en la materia pero puedo escribir con pasión y hacer llegar su historia a todos los magos, que con más habilidad puedan parar esta maldición.

Un comentario sobre “Los orígenes de los hombres lobo

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