ALMUTAMID

El domingo transcurrió sin sobresaltos mencionables. Pero el lunes de nuevo trajo algunas emociones.

Nada más llegar a la facultad me encontré con Marina de frente. Me saludó afablemente con dos besos y una sonrisa.

-Gracias por salvarle el culo a Óscar-me dijo tras el saludo.
-Es mi compañero. Tampoco es plan de putearlo.
-Ya, ya…pero conque yo hice todo el trabajo…-comentó con tono de regañina-¿a qué te referías con eso?
-Tú sabrás, Marina el trabajo que hiciste con Óscar…

Puso una sonrisa maliciosa y dijo:

-Te enteraste de todo ¿no?
-Tampoco había que aplicarse mucho para oíros, sólo estar despierto. Parece que le hiciste un buen trabajito…
-¿Acaso sabes qué pasó?

Imité el sonido de una chupada apretando con mi lengua las mejillas desde dentro.

-Vaya el pardillo, si nos ha salido espabilado-respondió a mi descaro.
-Y lo que más me gustó fue el final. Lástima que a mí no me hicieras algo así el día del baño…

Se acercó a mi oído y me dijo:

-Tú gana la liga…a ver qué premio te llevas…

Me besó en la mejilla y se fue a su clase dejándome en medio del pasillo cortado y empalmado. Con disimulo me recoloqué la polla por si alguien se daba cuenta y por fin llegué a mi clase. Llegaba tarde y no había sitio delante, así que miré al fondo desde donde Marta me hizo señas y me senté con ella. María me siguió con la mirada para ver donde me sentaba. Pudo ver cómo nos dábamos dos besos.

En el cambio de clase María se nos acercó para preguntarnos si íbamos a la cafetería y evidentemente invité a Marta a acompañarnos. Noté una amabilidad forzada. No me gustó la charla nada, pero para no llamar mucho la atención nos sentamos en la siguiente clase los tres junto Teresa y Chusa que tuvieron una actitud cauta con Marta y miraban de vez en cuando a María de reojo. Me olía algo pero no le di importancia.

A la hora de comer Marta se fue a su piso y yo me fui con María. El almuerzo fue un interrogatorio completo. Yo empecé respondiendo a sus preguntas con naturalidad. Pero su insistencia empezó a cabrearme hasta que ya no pude más y se lo solté así:

-María, vamos a ver si te queda claro. Marta y yo no tenemos nada, pero tú y yo tampoco tenemos nada. Puedo desayunar con ella, puedo desayunar contigo. Eres mi amiga y me gusta comer contigo pero si este va a ser el plan no voy a querer comer contigo. ¿No puedo hablar con otras chicas?
-Es que os veo muy pegaditos.
-Pero es que yo me puedo pegar con quien quiera. Tú no quisiste tener relaciones. Me parece bien. Es tu decisión. Yo no lo veo normal tener pareja y no tener nada, pero bueno tú lo has elegido así. Ahora yo estoy libre y puedo hablar con otras chicas…
-Hablar y lo que no es hablar…
-Pero vamos aver ¿Tú que eres el perro del hortelano que ni jo…ni deja …. No quieres tener sexo conmigo pero tampoco me dejas que yo tenga nada con nadie.
-Entonces quieres tener algo con ella…-insistió.
-Joder, que no. O sí, O no lo sé, si es que sólo somos amigos.
-Ya, pero después de los partidos hay mucho tonteo…
-Pero de ahí no pasa…
-¿Ya no te gusto?-preguntó muy seria.
-Claro que me gustas. Me sigues pareciendo una de las niñas más monas de la facultad, y la más lista y cuando no te pones tan pesada de las más agradables…pero lo hemos intentado y tú te bloqueaste. Aclárate, por favor, pero déjame vivir…

Le di un beso en la mejilla y me fui dando por zanjada la discusión.

La discusión marcó un cambio en la dinámica de relaciones en la facultad. Aunque yo solía sentarme con María en clase e incluso seguíamos comiendo juntos alternaba con más gente, pues mi nueva amistad con Marta me hizo tratar a compañeras con las que antes no tenía relación. De hecho, muchos jueves yo había coincidido con ellas en las quedadas después de los partidos sin apenas haber cruzado palabra y ahora éramos de saludo y charla habitual en los pasillos y la cafetería para incordio de María, a la que no le gustaba ampliar nuestro círculo de amistades.

Lo malo de aquello es que los jueves ninguna venía a sentarse a mis rodillas. Me trataban ya como amigo y compañero y se ve que les daba corte sus ligerezas de antes. O yo que se. Pero me fastidió ese ratito de los jueves de tener chicas agasajándote y sin llegar a ser un sobeteo exagerado pero alguna palmadita en un culo caía. Aun peor, “mis compañeras” ya no me agasajaban pero al estar de charla con ellas las demás tampoco. Así que abusando de la confianza le dije a Marta:

-¿Ya no vienes a sentarte en mis rodillas como antes?
-¿Tanto te gusta que me siente encima tuya?-respondió.
-A nadie le disgusta tener cerca a una niña guapa.
-¿Y en clase también me siento encima?-repreguntó.
-Bueno, es un poco incómodo para coger apuntes pero tampoco me importaría…

Mata se levantó de su silla y se sentó en mis rodillas como la semana anterior. Yo puse mi mano en su muslo resguardado bajo la tela de un pantalón vaquero y me dijo:

-Tú lo que querías era sobarme la cacha…
-Es agradable. El otro día no te quejaste. Pero si te molesta paro…-respondí sin levantar la mano.
-Luis, aclárate. Te apetece que yo me siente encima de ti o te da igual quien se siente y te conformas con una niña guapa…

Sin pensarlo le di un pico. Marta no se lo esperaba y se me quedó mirando cuando me retiré.

-Eso no es una respuesta…-acertó a decir.

Me acerqué de nuevo y le ofrecí mi boca. Esta vez me respondió con un beso más largo.

-¿Esto es una respuesta?-pregunté con seguridad.

Se levantó de mi regazo y me pidió que la acompañara. Salimos a la calle a dar un paseo. Marta quería saber mis intenciones pues me preguntó:

-Luis ¿vas de rollete o de algo más?
-Me gustas. La forma es lo de menos.
-No quiero un novio de esos que tiene muchas amigas y te busca sólo para echar un polvo.-me dijo seria.
-¿Crees que soy un picaflor?¿Por qué me has besado entonces?
-Luis, tú no eres tonto. Tú sabes que me gustas y por eso has venido a por mí cuando no te habías fijado en mí hace una semana.
-Tú lo has dicho. De golpe has aparecido y has cambiado muchas cosas. Me gusta desayunar contigo, y sentarme en clase contigo. Y de todas las chicas que había en el bar sólo te he pedido a ti que te sientes encima de mí.
-Luis- me dijo deteniéndose para mirarme-estás muy creído. Tu famita de estrellita del equipo se te ha venido arriba y sobre todo tu éxito con las chicas. Pero lo mío no va de éxito. Ya te dije que el que entra en mi cama es para algo más que para dormir y no hablaba sólo de follar. Estás muy bueno…
-Gracias…
-…no me interrumpas. Estás muy bueno y seguro que me lo pasaría muy bien conmigo en la cama. Pero quiero algo más. Puedo coquetear mucho pero una relación es algo más serio. Y no soy de las que se enrollan con un tío porque sí.

En realidad nos habíamos detenido porque habíamos llegado a la puerta de su casa y ni me había dado cuenta.

-Entonces ¿qué vamos a hacer?¿Puedo besarte?
-Necesito pensar si lo que me apetece es lo que debo hacer. Si es bueno darte lo que quieres en mi cama o probarte…
Ya me imaginaba echando un polvazo en su dormitorio cuando Marta dijo:
-…necesito unos días. Como me dijiste que la semana que viene te ibas a tu ciudad por la feria déjame pensármelo, y tú también. Te veo mañana en clase.

Me dio un largo beso en los labios y se metió dentro del portal con los huevos llenos de amor al hacerme ilusiones de liarme con ella esa noche.

Joder, el cabrón de Óscar era un capullo, grosero y borde pero se hartaba de follar. Después le montaban el lío, pero él antes se había puesto las botas. Yo yendo de bueno lo había conseguido con Viqui, pero ahora me había cortado las alas, María ni pensarlo, Claudia me había dado largas todo el curso, y ahora que creía que Marta quería tema me pone a prueba. Si aparentemente yo les gustaba ¿por qué no querían algo más?

Con ese pensamiento gasté la mañana del viernes ternando entre María y Marta como había hecho durante toda la semana. Y por la tarde me fui a casa. Iba a perder 3 días de clase sólo pero no me iba a perder la feria de mi ciudad. María se había ofrecido a pasarme los apuntes después y yo me había comprometido con ella en ir adelantando un trabajo en común en mis huecos libres.

Llegué el viernes por la noche pero Viqui no estaba. Es costumbre entre las niñas jóvenes de la ciudad irse a la playa antes de la fiesta para coger bronceado y lucir con los vestidos de colores generalmente entallados y escotados de pecho y espalda que se usan durante la feria. Es probablemente el traje regional que mejor luce las formas de la mujer pues marca sus formas perfectamente de culo, caderas, cintura y pecho haciendo parecer espigadas incluso a las más rechonchas. La capacidad de sacar provecho de las formas de la mujer de los vestidos embelleciéndolas tiene como contraprestación su incomodidad de quitar y poner, siendo algunos tan ajustados que impiden a sus portadoras ir al baño mientras los llevan puestos. Ya no digo hacer otras cosas más relacionadas con la calentura…

Pero no quiero desviarme de la historia. Viqui no estaba y yo me fui de botellón con mis amigos. Hasta la noche siguiente no nos veríamos y sería ya para ir a la feria. Es costumbre que la noche que empieza la fiesta la gente cene en las casetas que componen la feria y a las 12 de la noche se enciendan las luces que adornan la portada y las calles del recinto. Pero la gente joven generalmente no puede acudir a esa cena reservada a los socios de cada caseta, o sea los más adultos.

Por tanto quedamos todo el grupo para beber e irnos después a ver el alumbrado para empezar después inmediatamente la fiesta entrando en las casetas. Viqui venía preciosa. Con una falda negra ajustada con medias a juego y zapatitos de tacón. Arriba llevaba un top plateado con escote generoso y una chaqueta ajustada que aun cerrada no cubría el escote por ser de cuello abierta. Le hice saber lo guapa que venía y cuanto la echaba de menos con besos y abrazos pues llevábamos dos semanas sin vernos.

Lo pasamos muy bien. Pues en la caseta de un amigo sus padres y socios de allí nos invitaron a beber y comer por animarles la caseta con nuestros cantes y bailes. La juventud siempre anima una fiesta. Yo admito que me lucí bastante, porque uno de los detalles que no os he contado es que toco la guitarra y hago mis pinitos en el cante, sin ser un gran cantaor de relumbre pero no desafino demasiado. Me prestaron una guitarra en la caseta y a coro cantamos un buen rato entre sorbos de vino. Además cuando descansaba de tocar era buscado para bailar, de modo que sólo bailé una vez con Viqui que se sintió un poco dejada de lado por mí mientras yo no dejaba de sentirme el alma de la fiesta vitoreado y agasajado.

Bastante tarde ya me dijo que nos fuéramos a casa y me despedí de aquella gente tan divertida y mis amigos para llevar a mi novia a casa. Yo estaba hinchado de orgullo de sentirme centro de atención como no lo había sido nunca en mi vida, era una sensación parecida a la que sentía en los partidos de liga en los que me salían las cosas bien. Pero Viqui estaba mosqueada y se le notaba. Seria, poco habladora. Yo a pesar de mi borrachera era consciente aunque no encontraba el motivo.

El remate llegó cuando llegamos a su casa y se me ocurrió decirle:

-Princesa, vámonos a nuestro rinconcito que llevo dos semanas sin verte casi…
-Ahora te has acordado, porque en la feria bien que has pasado de mí…
-Pero princesita, estábamos en grupo. Pero ahora estoy contigo, que me muero de ganas de hacerte de todo…mmmmm

Intenté besarla pero se resistió.

-Estás borracho…-dijo apartándose- ¿no pensarás que después de pasar de mí toda la noche ahora me vas a meter mano?
-Mano y otra cosa si me dejas…-dije con media risa y cara de tonto.
-Ni sueñes, Luis. Parece que solo piensas en eso. Me llevas a la feria, me paseas, me exhibes, pasas de mí y ahora quieres meterme mano. Pues esta noche nada de nada.

Me dio un beso y se metió en el portal dejándome con cara de tonto.

Mal empezábamos el primer día de feria. Al día siguiente me fui con la familia y quedé por la noche con el grupo pues Viqui no había querido que fuese a buscarla. Cuando llegué al punto de quedada alucine al verla vestida. Estaba espectacular con un vestido rosa de lunares blancos muy entallado marcando su figura perfectamente y con sus pechos apretados mostrando un canal que daba vértigo…y yo pensando en la de días que llevaba sin catarlos…

Me acerqué a ella con la cabeza baja para decirle lo guapa que venía y a disculparme por lo de anoche. Me respondió seca pero al menos fuimos de la mano hacia la feria. Una vez allí pareció relajarse y ya me dejaba abrazarla por la cintura. Bailamos una sevillana muy pegaditos sin dejar de mirarnos a los ojos para terminar en un largo beso. Parecía que la tormenta había pasado. Y más cuando al sentarnos se sentó sobre mis piernas con el imponente culo que le hacía el vestido. Aquella noche al dejarla en casa nos despedimos con cariños y arrumacos en nuestro rincón debajo de su casa. No me atreví a más que a besarla y abrazarla. Tampoco el vestido colaboraba mucho. Parecía haber reconducido la situación.

De hecho casi toda la semana transcurrió así. Pero el jueves se repitió algo parecido a lo del sábado. Guitarra, cante, baile con otras niñas. Yo un poco pasadito de alcohol. Y cuando me dijo que se quería volver a casa en medio de la juerga me jodió bastante pues yo me lo estaba pasando de muerte. Discutimos pero al final accedí a llevarla a casa con la promesa de volverme a aquella caseta. Por el camino a su casa, unos 20 minutos andando, se le fue pasando el cabreo y cuando llegamos a nuestro rinconcito oscuro nos enrollamos y yo me atreví a sobarla encima del vestido. En medio del fragor no se me ocurrió otra cosa que decirle:

-Viqui, como me pones…hazme una mamadita.
-Con el vestido no puedo…
-Mira que dura me la pones…-llevé su mano a mi paquete.
-No puedo agacharme aquí, Luis…
-Me siento en el poyete…

Me senté con la polla al aire y Viqui empezó a pajeármela. Pero yo crecidito como mi miembro le insistí:

-Chúpamela, princesita…

Viqui se agachó ligeramente y comprobó que no le molestaba el vestido aunque la flor de la cabeza chocaba con mi barriga. Me eché atrás y ya no chocaba. Se lo estaba poniendo fácil. Y ella empezó a chupármela entre gemidos míos. Sería por el tiempo que había pasado, pero su boca me parecía más caliente y húmeda que nunca. Por la postura no podía hacer mamadas profundas pero el trabajito de su boca en mi glande me daba un placer muy intenso que acompañaba de su mano meneando el tronco de mi nabo. Me mandó callar una ve pues se ve que mis comentarios a su trabajo eran más altos de lo habitual. Estaba cargadito y llevaba mucho sin correrme, con lo que unido al morbo del sitio y su vestido en menos de 10 minutos sentí que me venía y me dejé ir. Solté el aire de mis pulmones con el primer lechazo. Pero Viqui se levantó escupiendo mientras mi polla seguía soltando semen.

-Luis, cerdo, ¿por qué no me avisas?
-Pensé que te gustaba…
-Pero yo decido. Tú me avisas y yo decido…Mierda-se quejó- te sabe asqueroso, ¡y me has manchado el vestido¡

Guardándome la polla a pesar de estar pringosa intenté disculparme, pero Viqui se limpió un churretón mío de la pechera del vestido con un pañuelo y se fue enfadada a su casa. Yo me volví a la feria a terminar la juerga hasta el amanecer.

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