TANATOS12

Capítulo 54

María se soltó de aquella mano que la sujetaba simultáneamente a que él dijera aquello. Como si estuviera dispuesta a lavarse dijera lo que él dijera.

Roberto mostraba algo de humanidad finalmente y ambos veíamos como María se marchaba hacia el cuarto de baño. Empapada, humillada, enfadada, pero a la vez con una cierta paz por haber alcanzado aquel clímax inmenso que solo con amantes como él podía alcanzar.

Aquel animal se recuperaba del esfuerzo físico y yo, sin moverme, me sentía incómodo al encontrarme con él a solas. Allí me tenía, vestido de aquella manera humillante, sin hacerme caso, sin mirarme, como un figurante del que echar mano cuando a él le viniera en gana.

Se escuchó el grifo del lavabo y a María escupir y yo no sabía si ir hacia ella o qué hacer y fue finalmente Roberto quién tomó esa decisión.

Fue hacia el aseo, tranquilo, enorme, con su espalda gigante, sus piernas musculadas, su culo proporcionado y su pollón grueso y oscuro colgando. Pollón que había cumplido con creces lo demandado por María.

Me quedé solo y pude oír cómo hablaban en voz baja, en un tono que parecía afable. Me sorprendió ese cambio, parecía que, después de su orgasmo, Roberto no quería más conflicto. Tampoco pensé que se estuviera disculpando, pero el tono era muy diferente.

No pude dejar pasar más de un minuto hasta que decidí asomarme a aquella puerta. En un estado de distensión, quizás contagiado por él, arrastré mis pies hasta la entrada, y desde allí miré al cuarto de baño. María estaba frente al espejo del lavabo, se secaba la cara con una pequeña toalla y Roberto estaba detrás de ella, casi pegando su pecho contra su espalda.

—¿Tienes una fuente ahí o qué? —le preguntaba ella, y de golpe no parecían un psicópata peligroso y una mujer superada y doblegada, sino que se hablaban de igual a igual.

—Me tenías cargadito… Venía acumulando desde el bar.

María colgó la toalla y se miró en el espejo. Con la camisa abierta, las tetas enormes cayendo sobre el sujetador bajado y un brillo especial en sus ojos. Estaba más guapa. Estaba calmada, templada, destensada.

Roberto comenzó entonces a acariciar su culo, con dulzura, con las yemas de sus dedos. Llevó después sus manos por su espalda, bajo la camisa, hasta que llegó al broche trasero de su sujetador. Lo soltó, lo dejó caer al suelo, y los tres pudimos ver como sus tremendas tetas descendían un poco y se disparaban hacia adelante, por fin absolutamente libres. Aquellas tetas siempre tan anchas, tan imperiales, que mantenían su camisa apartada y abierta de par en par, con una superioridad absoluta.

Le apartó un poco el pelo y la besó en la nuca. Ella cerró los ojos y llevó su mano atrás, a la cabeza de él. De golpe todo era diferente. No había prisa. Roberto ya no era el desequilibrado peligroso que parecía que podría intentar agredirla a ella o a mí en cualquier momento. Ya no era el sádico que enganchaba una orden ultrajante tras otra. De repente era un amante, enorme, corpulento y tranquilo, un semental a disposición de una hembra que muy pocas veces se encontraba ante aquella oportunidad.

Y él me volvió a sorprender, diciéndole que aún tenía semen en los pechos, y lo que vino después me hizo empalmarme tremendamente, y es que, sin dejar de estar tras ella, alargó una de sus manos y se echó jabón en ella, también se echó agua y llevó aquella mano a uno de los pechos de María. Ella apartó aún más su camisa, para que no se mojase, lo cual no tenía demasiado sentido pues tenía también bastante restos de su semen…. y entrecerró los ojos y dejó que aquel hombre comenzara a masajear, a lavar, a crear espuma… en aquella teta… y después en la otra. Aquellas tetas se llenaban de jabón, de espuma, y sus pezones se erizaban. Usaba las yemas de sus dedos para masajearla… Por fin las perfectas tetas de María eran tratadas como merecían. Dejaba sin aire aquella imagen, aquel ritual, aquella belleza… de su camisa abierta y sus tetas enjabonadas, de su ojos entrecerrados, mirándole a través del espejo… y ella agradeciéndole aquel masaje… que contenía una carga erótica tremenda, y hacía que mi polla se pusiera durísima y también le hacía empalmarse a él, pues su pollón ya palpitaba, con espasmos, tocando una de las nalgas de María.

Se echó entonces más agua y comenzó a quitar el jabón… Iba dejando aquellas tetas colosales limpias, relucientes, y las areolas comenzaron a lucir no solo enormes sino impactantemente brillantes y pulcras. María apoyaba sus manos en el lavabo y llegó a mirarme un instante… y me vio, excitado, boquiabierto, aún vestido de aquella ridícula manera, aún en la etapa anterior, y no buscó mi humillación, sino que parecía agradecerme con la mirada… agradecerme que gracias a mi juego, a nuestro juego, ella pudiera llegar a disfrutar de momentos como aquel.

La polla de Roberto alcanzó una dureza total… Su polla se apoyaba con ímpetu sobre el culo de María y, cuando consideró que aquellas magníficas tetas no podían estar más relucientes, le dijo:

—Separa las piernas.

María movió sus tacones a izquierda y derecha y miró al frente. Le miraba a través del espejo. Expectante. Y él flexionó entonces su piernas, se agarró la polla, la restregó con paciencia, hacia arriba y abajo… sobre el sexo de María… y comenzó a penetrarla… sin dificultad alguna. Se la metió hasta el fondo y María llegó a ponerse de puntillas, algo empujada contra el lavabo… y abrió más los ojos… y esbozó un “Diooos…. ” a medida que iba sintiendo aquel pollón adentrarse de nuevo en su cuerpo.

Yo, empalmado, les veía de lado, en aquella follada suave y sentida. Parecía que María, después de aquella locura, por fin había domado a aquel animal. Ella echaba la cabeza hacia atrás, giraba un poco su torso, pero consiguiendo que la siguiera penetrando, y se besaban. Se apoyaba en el lavabo y la cadera de él iba adelante y atrás. Se miraban a través del espejo… Él le abría más la camisa para no perder nunca de vista aquellas tetas que él había limpiado. El impacto visual era tremendo y yo entendí por primera vez que se merecían, que aquellos cuerpazos merecían aquel encuentro, aquel disfrute mutuo.

La estuvo follando así, con una lentitud exasperante, durante varios minutos… mientras yo me tocaba levemente y los “¡Ahhh… Diooos!” de María eran un melodía sentida y agradecida que impactaba. Hasta que él acabó por salirse. La hizo girar y se besaron. Le iba sacando al camisa a medida que aquel beso iba avanzando, hasta que se la sacó por completo y la dejó caer al suelo, y le dijo “ven”, cogiéndola de la mano, para llevarla hacia la bañera.

Roberto avanzó y ella le dijo que esperara, pues tenía que quitarse los zapatos. Él entró entonces en la bañera y abrió el grifo, buscando la temperatura adecuada y pronto el agua caía desde arriba y María, completamente desnuda, se encontraba de nuevo con él.

Él me miró un instante y cerró la mampara de cristal. Lo que fueran a hacer allí lo vería a través de aquel vidrio.

Del miedo a la pérdida de dignidad, y, por último, al sexo sosegado y tranquilo. Aquella parecía ser la transición improvisada de lo que iba sucediendo.

Me sentí extrañamente feliz, todo salía bien finalmente. Podía disfrutar de verlos follar, podía ver a María disfrutar y a la vez mantenía aquel poso de propia humillación permanente, por ver como un macho se folla a tu novia en tu presencia.

Lo que vino después fue simplemente maravilloso, si bien yo cada vez podía ver menos pues a medida que aquel cristal se iba empañando sus cuerpos se iban desfigurando.

Yo no me quitaba aún aquellas medias y aquel liguero pues aún quería sentir aquella pérdida de dignidad y humillación… y comencé a ver y a sentir sus cuerpos desde mi posición.

Tras besarse durante un largo rato, con la permanente caída de agua sobre sus cabezas y sus caras, Roberto se agachó, le apartó las piernas… y se dispuso a comerle el coño a María. Ella dejaba caer su cabeza y toda su melena hacia atrás. Se agarraba una teta y la otra mano la llevaba a acariciar el pelo de él, y él debía de comer y lamer con especial destreza, pues María comenzó pronto a gemir entregada.

Sus jadeos, sus gemidos… Todo era como un sueño, maravilloso. Yo veía su cabeza entre sus piernas y la boca de María abrirse y resoplar con fuerza. Después él se puso en pie y fue ella la que se agachó y se esmeró en ponerle la polla dura con su boca. Él la sujetaba por la cabeza y cerraba los ojos. Nadie me miraba y eso lo extrañaba, pero no por ello no disfrutaba al ver la tremenda mamada que María le hacía. Húmeda, líquida, le mataba del gusto… y él se dejaba comer la polla, con calma, sin violencia, sin insultos… Hasta que María dio por finalizada su obra y se puso en pie otra vez. Estaba ya claro. Los dos estaban listos… María, por decisión propia, le dio la espalda y puso su torso contra la mampara, él se colocó detrás, todo estaba cada vez más empañado, la empujó un poco hacia adelante, de tal forma que sus tetas y sus areolas marcaron el cristal, haciéndose más grandes, más extensas… yo alucinaba con lo gigantes que parecían sus tetas al aplastarse contra el cristal…. Y un “¡Oooohhhhh….!” tremendo de María me anunciaba que ya la penetraba, que ya la follaba, que la empalaba con su pollón, de nuevo, contra aquella mampara.

Lo que vino después fue mi fascinación absoluta… de ver aquel polvo, ya no contenido como contra el lavabo, pero sin la locura alarmante de lo anterior. La follaba con fuerza y sus pechos marcaban constantemente el cristal, y ella apoyaba allí sus manos y él la sujetaba por la cintura… El sonido de sus cuerpos chocar… aquel “¡Plas! ¡Plas!” constante y sonoro, junto con el ruido del agua caer, creaba un ambiente onírico y maravilloso… Los “¡Ohhh…! ¡Diooos…!” de María se hacían constantes y él se mantenía casi en silencio, solo emitiendo unos leves bufidos extraños, disfrutando sin más aspavientos de aquel cuerpo increíble.

Los dejé allí, follando… y me fui un momento al dormitorio. Desde allí seguía oyendo aquel sonido de sus cuerpos chocando y los “¡¡Oooohhhh!!” “¡¡Aahhhhh!!” “¡¡Diooos!!” de María. Me excitaba sobre manera, casi aún más, desde allí, sin verles, pues podía disfrutar en soledad de aquella maravilla, de ser plenamente consciente de que a tu novia se la está follando un auténtico semental.

Fueron unos minutos extraordinarios, estimulantes como nunca había sentido, de plena consciencia, de plenitud. Y sí, la hizo correrse allí, en aquella ducha. Lo supe yo y seguro lo supieron, al menos, los de las habitaciones contiguas. María pregonó aquel orgasmo, desvergonzada, agradecida. Gritando unos “¡¡Ahhhh!! ¡¡Aahhhh!! “¡¡Dioooos!! ¡¡Me corrooo!!” “¡¡Me corroooo!! a la vez que el ruido de sus cuerpos chocar se hacía aún más impactante y brutal. Yo visualizaba a María, empotrada contra la mampara… con sus tetas empapadas, contra el cristal, enormes… y con su boca abierta… con su coño destrozado, pero agradecido…. Con aquellos gritos… aquellos “¡¡Oooohhh!! ¡¡Oooohhhh!! ¡¡Me corroooo!!” y yo no me tocaba porque de hacerlo eyacularía sobre el suelo de aquel dormitorio.

Después de aquel clímax el grifo se cerró. Yo intuí que vendrían al dormitorio. Me fui hasta mi posición inicial, al otro lado de la cama, y miré un instante por la ventana. Ya amanecía.

Deduje que se secaban, y acertaba, pues entraban en la habitación con los cuerpos secos aunque con los cabellos mojados. Y deduje que Roberto no se había corrido, y acertaba, pues su polla lucía erecta, enorme, y era una imagen extraña aquella de verle caminar con la polla casi apuntando al techo.

Yo no existía para ellos, pero casi me daba igual, ya había existido lo suficiente… y ella le hacía entonces tumbar boca arriba en la cama, mostrando que quería más.

Se colocó a horcajadas sobre él, sujetó aquella polla, y se sentó sobre ella… metiéndosela… hasta el fondo… Suspirando un “¡¡Ooohhhhh!!” “¡¡Qué gusto…. Dios…!!” que me dejó sin aire. Y se plasmaba que a ella no le importaba dar la imagen de necesitar aquel cuerpo y aquella polla… Quería saciarse, desahogarse… para no necesitar más de aquella impactante sexualidad durante un tiempo.

Definitivamente María ganaba, finalmente había domado a aquel semental. Finalmente podía disfrutar de aquel cuerpazo y de aquel pollón con tranquilidad, marcando ella los tiempos. Aquellas vejaciones anteriores y aquel cumplimiento de sus órdenes habían aportado morbo a aquella locura y habían servido para ir llevándolo, con cuidado, hasta llegar al punto querido por ella. María le montaba, gustándose, con sus manos en su cintura, con sus brazos en jarra, mirándole, retándole y agradeciéndole, moviéndose, adelante y atrás, con sus tetas enormes, con su melena aquí y allá… Demostrándole que él no se había dado cuenta de lo que se había follado…y de lo que se estaba follando… hasta ahora…

Ahora él podía admirar con calma la tremenda mujer, la tremenda hembra a la que estaba satisfaciendo. Y los gemidos y jadeos… los “¡¡Ooohhh!!” “¡¡Mmmm…!!” de ella me mataban… y él, ya lúcido y consciente, disfrutaba de aquel cuerpo, llevando sus manos al culo de ella para acompasar sus movimientos de cadera… y hasta parecía María ahora la más soez, la que más ansia tenía de que aquel acto volviera a tornar un poco más sucio, pues… tras gustarse aquel rato con sus brazos en jarra, acabó echando su torso hacia adelante, dejando que sus tetas colgaran cerca de la boca de él, y movía su torso un poco a izquierda y derecha, dándole a chupar de una teta y luego de la otra, mientras, entre sus “¡¡Ohhh!!” “¡¡Ahhh… Cabrón…!!” y sus “¡¡Mmmmmm!! ¡¡Qué polla tienes…!!” le decía también “¡¡Joder… cómemelas…!!”, “¡¡Chúpame bien las tetas… cabrón!!”.

Aquel animal engullía aquellos pechos, los babeaba, los mordisqueaba y ella se los daba a comer mientras jadeaba, poderosa. Cuando retiraba sus tetas él la miraba, rogándole que de nuevo se inclinara sobre él, para que él pudiera ahogarse allí. Y ella retrasaba aquel momento y él le clavaba la mirada, y apretaba los dientes y bufaba, buscando con sus penetraciones y alargando sus manos y apretándole los pechos, convencerla para que volviera a poner aquellas preciosas tetas al alcance de su boca. Y ella accedía, adornando aquella comida de tetas con aquellos “¡¡Cómemelas, cerdo…!!” que le encendían a él y me encendían a mí, y me demostraban, una vez más, que ella había nacido para tener aquel tipo de sexo, guarro, agresivo, casi violento.

Acabó por retirarse de nuevo hacia atrás. Para volver a montarle, con chulería, con sus brazos en jarra, mirándole, gustándose, hasta que finalmente se salió de él. Se acostaron sobre la cama y acabó él poniéndola de lado y penetrándola, en cuchara, levantándole un poco una pierna para follarla mejor.

María se dejaba follar así, en movimientos lentos y profundos. Yo me moví para verlos de frente. Su coño lucía tan abierto y salido que dejaba sencillamente sin aire… y, en aquel momento, mientras se la metía con parsimonia y ella cerraba los ojos y jadeaba, me dijo él:

—Venga maricón, tráenos un café o algo, ¿no?

Yo la miré, buscaba su aprobación, pues aquella frase me recordaba al primer Roberto y aquello me hacía dudar si dejarla sola, pero ella no me miraba. Esperé un poco a que abriera los ojos, pero no lo hacía.

Comencé a quitarme aquellas medias y aquel liguero. Dispuesto a dejarlos solos un rato, siempre y cuando María me autorizase. Me vestía esperando su aprobación. Me sentía atraído de una forma extraña por dejarles unos minutos a solas, quizás por aquel antiguo afán de no saberlo todo.

Ya vestido, la miré de nuevo. Ella seguía recibiendo, de lado, aquel pollón. Él la abrazaba desde atrás, casi envolviéndola por completo y yo esbocé un “Salgo… un momento, entonces…” y María abrió los ojos y jadeó, con la boca abierta, y los ojos entrecerrados, y el coño ultrajado, pero en un agradecimiento constante…

No dijo nada… Impasible a mi frase, solo centrada en aquella polla que la llenaba, disfrutando, cada segundo, de lo que le quedase a aquella follada.

Cogí mi teléfono móvil, las llaves de la habitación… y me fui…

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s