LUIS CASTELLANOS

Lejos de ti descubrí que haces falta, es un espejo de una cobija y su marca, como parpados en caídas de agua esperando volver, sin oír aquel espumar que en mis oídos hablan.

Sentado en  aquella oscuridad, nada

aleja a la soledad en las noches que la amilanan, la indiferencia en un sueño que apresaba mi tiempo para pensar, reír, escribir  y cantar.

Ya no  veré aquel techo de siempre, que me oía en las noches  desde niño roncar, tampoco  tendré a quienes anhelo ver, no huele al amanecer que había en casa, ni la brisa es igual su fuerza la delata.

No huele a  fogón  quemado, ni veo   leña seca arder, aquellas alegrías de mañanas ya no las vuelvo a ver, el frio llega y el sol que dibujaba en mi ventana refleja una sonrisa  que deja a mi corazón ver.

Un aventurero con sus  cortas alas, toca sin cesar mi carpa, él, que no habla, pero se acerca para dejarme ver la luz y la esperanza, grande es su alma que me ha dejado entender.

Descifrando en  cualquier momento, que una cobija es el pensamiento del  espejo que  habla todos los días, en tiempo de agua o sequía de una alcoba puedes llenar cien casas de melancolía.

Libre me despierto, silbo, canto  y sonrió entre nidos y alas que me hacen volver, aprendiendo a vivir comprendí del ayer, que la vida me hizo comprender de una cobija y su marca.

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