ISA HDEZ

La salita permanecía con la luz oscura. Se percibía la tristeza en el ambiente como cada tarde. Permanecía el silencio ensordecedor pese al sonido de la tele que con mano frágil subía y menguaba el volumen quien habitaba en la estancia, sentada en la otra esquina, que, también se sentía solitaria, aunque emulara palabras vacías. Se advertía con el recuerdo del cómplice en el tiempo vivido en compañía, de toda la etapa anterior de sus vidas. Permanecía a la espera como si ya no le quedara nada por vivir, esperando al viaje que tiene pendiente de realizar, donde ella será la única viajera, y con el ansia de reunirse en el lugar donde la está esperando para seguir tramando las riñas sobre lo cotidiano de los días participados, cuando había risas y enojos rutinarios, que transitaban con algún chascarrillo o unos cafés. Pareciera la nostalgia lo que invadía la sala y las dos esquinas frente al televisor; en su esquina seguía la mesita de madera y cristal con el pequeño florero con un ramito de margaritas que emulaban alegrar el rincón, pero espinoso cuando el ruido se ha marchado y no se puede acallar. ©

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s