SUSPHYRIA


Quizás nunca imaginé que estar bajo el efecto de las drogas resultase tan afrodisíaco, de ahí el nombre, Aphrodesia, todo un viaje a través de unas caladas de humo mientras miraba por la ventana en una cafetería demasiado vintage, demasiado perfecta, demasiado todo, de Ámsterdam. No recuerdo muy bien que pasó, pero cuando el efecto de la marihuana y el hachís se pasó, ante mi tenía la cafetería vacía, y toda una historia que contar.
El sabor era entre amargo, y picante, me tragaba el humo y sentía como mi cerebro se comprimía, era una sensación extraña, pero me gustó bastante. Para reducir en cierto sentido el efecto de la hierba, tomaba jengibre, qué rico, me aficioné demasiado a esa bebida.
A través de la ventana el Sol se ponía, las luces del barrió rojo se encendían y ya podía ver a las prostitutas abrir nuevamente su puerta. Parecían unas ramas movidas por una música que sólo ellas escuchaban. Algunas eran guapas a más no poder, quizás si no fuese tan evidente, hubiese entrado a probar la esencia erótica de esa ciudad demasiado fascinante y sensual. Pero los turistas se amontonaban en las ventanas para verlas desnudas, o con unas simples líneas a modo de ropa.
Yo estaba en un pequeño Coffe-shop, así se llaman los sitios donde podías realizar viajes astrales fumando una importante cantidad de hierba, y estaba mirando por la ventana. La ciudad no era como me la esperaba, quizás se convirtió en algo más que una ciudad, llevaba tres días ahí y éste era el último, quería pasarlo de un modo un poco más «chill», pero nunca pensé que me gustaría tanto, la ciudad del sexo…capital de mis sentidos.
Fumé un porro, dos, tres, y el camarero me preguntó si estaba bien, yo simplemente sonreí. Que ridículo me parecía todo, estaba absorta por una risa casi histérica, hasta que apareció una figura delante mía.
Se me paró el corazón, o bueno se aceleró, no sé, confundí mis sensaciones por completo, sentía la sangre golpear tan fuerte mis oídos que casi me quedé sorda.
Estaba delante de mí, mirándome, su atractivo hippie me recordó a un bohemio fumado, tumbado sobre la ventana, escuchando musica chill, mientras estaba tan colocado que todo le era igual.
Mi risa paró y respiraba con dificultad. El humo del porro penetraba a través de mi nariz, colocándome aún más. El seguía de pie, mirándome, pero con una sonrisa un poco torcida, tenía una barba que lo hacía perfecto. Madre mía, el calor me invadió, era incapaz de apartar mi mirada de él.
Se acercó despacio, sonriendo, pero yo le veía un tanto distorsionado, era como si viese 5 personas iguales que trataban de rodearme. Me quedé quieta respirando forzosamente.
Se sentó en la silla que había frente a mí y me cogió el porro de las manos, pero no lo cogió sin más, se deleitó acariciando el interior de mi mano, mientras me miraba fijamente y se mordía el labio.
Tuve que sujetarme con la otra mano a la silla porque una oleada de deseo me golpeó con demasiada fuerza en mi entrepierna y era incapaz de sostenerme.
Joder, y eso que me acababa de duchar, y me sentía limpia. Ahora sentía el líquido pegajoso que parecía un charco consiguiendo incomodarme ahí abajo.
Se ponía el porro entre los labios, y tragaba el humo, podía ver como sus pupilas se dilataba por el efecto de esa afrodesía. De fondo justo se escuchaba una canción que más tarde se convertiría en mi favorita, un vivo recuerdo de lo que pasó. Yo solté un suspiro mientras veía el humo salir de sus labios, tenía una forma extraña, era como una nube de color azulado.
Sonrió, yo hice lo mismo, mientras el tiempo se detenía en ese instante, y todo el mundo desaparecía quedando solos, él, yo, y el porro que parecía que no tenía fin.
Se levantó y se acercó delante mía, me puso el porro entre los dedos y acercó sus labios a mi cuello. Cuando sentí el roce de su aliento, otra descarga de deseo me sacudió, y solté el aire que estaba conteniendo.
Ligeramente me lamía y besaba el cuello, yo estaba paralizada, no sé si por el humo que había en la habitación, o por los 5 porros que llevaba, no sé, pero apenas podía moverme.
El sintió mi parálisis, y dio otra calada al porro mientras sonreía. Acercó sus labios a los míos y soltó el humo, despacio y volvió a morderse el labio. DIOS, no podía ser más erótico.
Entonces con maestría me subió la falda dejando al expuesto unas bragas de encaje negro, ya no eran tan bonitas ya que estaban empapadas en mi propio deseo por él. Madre mía, esto era una completa locura.
Sonrió con sus dientes blancos, parecía un vampiro….
Se arrodilló delante de mí, y con sus suaves dedos apartó la tela mojada, me lanzó otra mirada, tomó otra calada y soltó todo el aire sobre mi punto cadente. Un gemido salió de mis pulmones como el humo de la hierba, dejándome la garganta un tanto dolorida.
Acercó su rostro y con la punta de su lengua apenas lamió algo, pero fue suficiente para que otra tonelada de líquido se acumulase en mi zona íntima.
Eso provocó que un gemido gutural, muy viril saliese de sus labios, soltó un taco y se abalanzó sobre mi sexo.
Primero lamió todo el fluido, como si no fuera a soltar más, después empezó a frotar con su lengua mi clítoris, me agarré con fuerza a la silla de cuero, tenía los nudillos blancos de la fuerza que estaba haciendo para no caerme.
Trazaba círculos, lamía, y después usó los dedos, por Dios, esta noche iba a morir arrollada por el deseo sexual de esa ciudad.
Me penetraba una y otra vez, su lengua no paraba de torturarme, se lo que estaba buscando, y yo sabía que si seguía así el clímax iba a dejarme muerta. Aumentó la velocidad, y mis piernas temblaban, que habilidad.
Él me sujetó por las piernas, no me dejaba moverme, aumentó la presión sobre mi clítoris, en general sobre toda la zona, hasta que lo sentí, como un tsunami que devasta ciudades enteras, el orgasmo más intenso y potente que experimenté desde hace mucho. Chupó y lamió todo, dejándome seca, y volvió a colocar la tela en su lugar, bajo la falda y se puso de pie.
Yo estaba destartalada sobre la silla, mirando ya no una persona sino una mera sombra, veía como una figura a punto de disolverse con el resto del humo, dio otra calada y me sonrió por última vez antes de desvanecerse.
Parpadeé varias veces, y de nuevo veía la cafetería llena, con gente entrando y saliendo, mucha testosterona delante de las ventanas rojas, todo igual, pero yo estaba completamente despierta, era como si hubiese dormido horas y horas porque estaba viendo todo con claridad.
Parpadeé nuevamente, y miré a mi alrededor hasta localizar una figura, un chico, estaba charlando con el vendedor de hierba, tenía un aspecto bastante atractivo, y un gesto que me llamó la atención, no paraba de morderse el labio, no sé si era para llamar la atención del vendedor o si era una manía suya, pero sentí como una hilera de líquido bajaba por mis muslos al verle, entonces se giró y me vio.
Era él, y yo era incapaz de moverme, puesto que estaba empapada en mi propio deseo.

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