MOISÉS ESTÉVEZ

Un lugar inhóspito, un destino imaginado, una paisaje frío y gris donde
los hubiera. Era el deseo de Paula, vivir el resto de sus días en un ambiente
distinto, lejos de un clima caluroso y sofocante que hacía un efecto sinérgico
junto al ruido, atenazando sus sentidos.
Necesitaba silencio, paz, sosiego… escapar de una contaminación
acústica proveniente de una sociedad acostumbrada a compartir en voz alta
cuanto le ocurría, como si a ella le importara.
La tundra jalonaba las montañas desde los pies de pueblos idílicos, la
nieve tapaba las copas de los escasos árboles, el musgo cubría el tejado de su
recién alquilada cabaña, coronada por una pequeña chimenea humeante,
chimenea que calentaría un hogar anhelado, incentivo de ese sosiego
deseado, amigo de la tranquilidad y el descanso emocional y espiritual, y
enemigo del caos occidental.
Por fin lo había conseguido. Pasaría allí, en ese lugar inhóspito, el resto
de sus día, en compañía de unos cuanto libros, una moleskine con las hojas en
blanco y un lápiz, lejos de aquella sociedad mundana, entrometida, corrupta y
semi podrida, que hace tiempo, no sabría decir cuándo, la invitó a que se
marchara.

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