LUIS CASTELLANOS

Era un día sábado 12 de julio en el año  1998, estaba reunido en familia con mis hermanos, en un evento deportivo tradicional en mi pueblo natal, san Joaquín de Carabobo, Venezuela  por circunstancias del tiempo como observador y conocedor de todo lo que nos rodea no sabía  ¿cómo, ni por qué? Algo me inclinaba a pensar en mis padres que estaban solos en casa, algo inconscientemente me obligaba a regresar, decidí quitarme esa angustia y dejé a mis hermanos ahí y partí a casa.

Regresaba a casa caminando y a dos cuadras antes de llegar se escuchaban unos disparos por las calles que bordeaban los alrededores, habían patrullas y policías, pasé apurando el paso y entré bastante preocupado, ya había un enfrentamiento entre los supuestos delincuentes  y la policía, llamé a mis padres y los llevé a su habitación a que se resguardaran ahí, nadie sabía que podía suceder…

 Los perros de las casas vecinas ladrando desesperados, eran las siete de la noche  y mi pulso comenzaba acelerarse, aquel instinto decía que llegarían a ese lugar , mi casa, su única opción, era su salida no había más lugar para ellos,  nunca lo sabrían, sino, hasta llegar ahí, era un callejón sin retorno.

 Tome un revolver maraca charter calibre 38,cañon corto de color plateado, de esos que su masa gira al contrario de las agujas del reloj y que siempre guardaba en la mesa de noche , en mi cuarto  al lado de mi cama , con el practicaba semanalmente  en un club de tiro al blanco en uso y defensa  con armas , al cual yo pertenecía, Salí de mi cuarto al patio exterior ya con mi pensamiento predispuesto que podría enfrentar alguna situación difícil ,pero nunca sabemos, porque en un microsegundo puede suceder cualquier cosa, ese día cambió mi vida  radicalmente y para siempre , con el arma en posición y preparada para disparar abrí la puerta lentamente , casi sin respirar, contenía mi aliento para oír; cuando sentí caer de la cerca en frente de mis  a 5 metros de distancia aquel perseguido, en esa oscuridad entre ramas y hojas un disparo salió y enseguida gritaba él con desespero no me mate  , no me mate.

Apuntándole le grité, le obligué a quitarse una capucha que cubría su rostro y a poner sus manos en la nuca, lo encaminé a un cuarto que había en el patio, era otro baño que funcionaba con cerrojo por fuera, ahí lo dejé, escuchaba a la gente gritar en la calle, un tiro, un tiro, pero nadie sabía quién había disparado, mama Salió de su cuarto bañada de un pánico y dolor sin saber que había sucedido y abrió las puertas de la casa a los funcionarios  que querían entrar.

 Para sorpresa de mi madre estando en la entrada del salón del comedor el policía me vió con el arma y me disparo enfrente de ella, confundido sin saber quién era yo, pero ya había disparado.

Aquella  confusión entre pólvora y los gritos de mi madre, mi visión al ver al policía apuntarme y disparar, mi reacción fue sin pensarlo tirarme al piso, yo gritaba también que era de la casa, desde el suelo y asustado, estaba a solo  a ocho, diez metros de distancia de ese disparo, de alguna forma en medio de todo mi madre corrió hacia mí para ayudarme.

Me levanté del piso y nervioso revisaba mi abdomen con miedo de conseguir una herida, metí mis manos por dentro de mi franela, igual mi madre asustada me revisaba, solo vi en mi franela a la altura de la posición del hígado en mi lado derecho un orificio, marcaba la entrada de una bala , que  no entró en mi cuerpo, pero mis dedos de la mano derecha sangraban, ya me comenzaba a doler todo mi brazo, la bala se había enredado en la franela y su trayectoria se desvió hacia mi brazo derecho en la parte superior interna con salida por el mismo brazo, en el antebrazo.

El policía en su momento de adrenalina accionó su arma de reglamento un revolver calibre 38 cañón largo, asustado, cansado y sin pensar, lamentablemente muchos no estamos preparados para lo que creemos estar, y la realidad en los procedimientos policiales son impredecibles, entraron los vecinos a prestar auxilio, otros compañeros del policía se llevaban al delincuente esposado, ese,  al cual yo  había encerrado en el baño, que al pasar a mi lado me dijo sonriendo en tono burlón : el ladrón soy yo, pero el del tiro  eres tú.

Llegaron mis hermanos y me llevaron a un centro médico donde me dieron atención, la bala no había tocado hueso, regrese a casa, me senté en la sala a pensar todo de nuevo, no creía lo que había sucedido, todo lo recordaba , todo lo que había vivido en tan solo un instante , me levanté pensando como esa bala no dió en mi cuerpo, había un esquinero de la mesa del comedor que estaba en la trayectoria del disparo, al quitarle el mantel también marcado observé que  ahí estaba el motivo de porque esa bala se había desviad.

Mi primer pensamiento es que DIOS está en todos lados, todavía esa marca me habla  cuando la veo, “aquí volviste a nacer” y todavía se mantiene esa mesa y su sello en el mismo sitio de la casa, la franela la guardé unos años al igual que esta historia para recordarme siempre que la vida te da lecturas y que debemos aprender a leerlas, hoy la dejo volar en el tiempo a quien también agradezco su oportunidad…

Una inquietud invadió mis pensamientos ese día,  llevándome a casa para cambiar mi vida, y una  historia que pudo haber sido más trágica, sim embargo  ese preciso momento transformó de manera muy especial mi modo de ver, sentir  y vivir  la vida…

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