ISA HDEZ

Corrían como locos a la cita y, ninguno de los dos deparó en los nubarrones que se avecinaban. El aguacero parecía el diluvio universal, pero sus deseos eran ávidos, efusivos y alborotados; no les importaba calarse hasta los huesos como si el agua no fuera con ellos. Hacía tiempo se habían alejado por cambios del destino, permutas en el trabajo de sus progenitores.  No tenían la edad permitida para juntar sus vidas, pero se prometieron amarse y esperarse pese a estar en diferentes continentes y mundos sociales desiguales. Sus trances eran insondables y sus familias hicieron lo posible por saldar su historia, pero no solo no lo consiguieron, sino que la afianzaron con más intensidad. Alma y Pedro lucharon contra todos los trances con el fin de poder juntarse. Necesitaban crear un núcleo tan fuerte como el diamante, que los uniera hasta la eternidad. Sus mentes estaban conectadas y sus pensamientos besaban sus corazones mientras crecían y cimentaban las fórmulas mágicas para la unión. Cuando lograron determinar su encuentro, derrocharon su amor a borbotones con una inmensa paz, y emergió el júbilo, la ilusión y la certeza. Nadie los volvería a separar. No se apercibieron de la lluvia, y empapados se abrazaron con pasión en medio de la nada. ©

Un comentario sobre “La lluvia

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