AKUARIES

Capítulo 1. Parte 3

Volver en moto a casa fue lo más suicida que he hecho nunca, me pasé como dos stops sin enterarme a toda hostia, aquella noche creo que sobreviví porque algún ángel de la guarda estaba conmigo; esa noche en la cena con mis padres, porque a mí no me entraba nada en el estomago les expliqué todo lo sucedido, ellos como siempre fueron muy comprensivos y me dijeron que dejáramos pasar un poco de tiempo a ver qué tal reaccionaba y unos días más tarde ya volveríamos a hablar. Pasó un mes y a mí todo me iba como el culo, triste, exámenes a tomar por culo, perdí el interés por todo y gracias a mis padres y a mi amigo José María que me apoyaban en todo no fue todo lo duro que podría haber sido, unos pocos días más tarde, un viernes noches, llamarón a la puerta en casa y apareció José María.

Yo: Que haces aquí tío a estas horas.

José María: Tus padres que me han invitado cenar.

Yo: Joder esto me huele a encerrona colega.

Nos sentamos todos en la mesa.

Mi padre: Mira hijo, sabemos cómo lo has pasado y lo estas pasando, pero tú eres un tío inteligente y sabes que no puedes seguir destruyéndote así, tienes que reaccionar, aquí estamos contigo las personas que más te quieren, (mi madre y mi colega subían y bajaban la cabeza confirmando las palabras de mi padre), oye te vamos a ayudar todos en lo que haga falta, tu amigo me ha prometido que no te dejará solo ni un momento, nosotros lo único que te pedimos es que apruebes este curso y lo saque adelante, si lo haces, el verano que viene puedes hacer lo que quieras, ir a Estados Unidos a Inglaterra o el viaje que tú quieras.

Mi madre: Sácate el permiso de moto y te cambiaremos la moto que ahora han salido unas muy chulas.

José María: Y empieza a hacer deporte tío, que siempre has hecho mucho y últimamente no pegas ni golpe cabrón.

Me dio por reír, me levanté, se levantaron todos y nos abrazamos con fuerza, qué gran familia y amigo de toda la vida tenía, no me los merecía.

Y así fue, mi amigo no se separó de mí para nada, me llamaba para salir a correr, y eso que él era un patán que no corría si no era de imperiosa necesidad, pero la hacía por mí y yo le estaba muy agradecido, su chica Irene también estaba siempre con nosotros y algunas veces sola para darme conversación porque José María se lo había pedido, salimos muchos días los tres juntos y yo con su compañía y corriendo me fui recuperando. Corría tanto que en casa cuando me cruzaba con alguien a la pregunta: a dónde vas Luis, yo contestaba, a correr, a la pregunta: de dónde vienes Luis, yo contestaba, de correr, corrí más que Forrest Gump, de hecho a los cuatro meses corrí mi primera maratón y a los cinco meses y medio hicimos un viaje con mis padres a una capital europea para que pudiera correr el segundo, el sábado nos dedicamos a visitar la ciudad y el domingo la carrera, fue fantástico. He corrido bastantes por todo el mundo durante mi vida, me encantan las carreras a pie y en bicicleta, mas tarde también empecé la natación y a partir de ahí a correr triatlones, algunos de distancias bastantes discutibles sí eran sanas para el cuerpo o no, ahora todavía corro diez kilómetros varios días a la semana.

Total que llegó el final de curso y yo totalmente recuperado, (el tiempo lo cura todo, sí no te mueres claro), aprobé todas las asignaturas y toda la familia y amigos felices como perdices, un día estaba en casa después de acabar todos los exámenes y llamarón a la puerta, aparecieron mis padres con una moto nueva guapísima, de color gris, una Vespa.

Yo: ¿Pero qué es esto?

Mi padre: Una promesa es una promesa, tú has cumplido con tu palabra y yo tengo que cumplir la mía.

Yo: ¿Pero en teoría no tenía que pedirla yo?

Mi madre: Esto ya te lo has ganado con tu esfuerzo, si quieres algo más que nosotros te podamos proporcionar tipo viajes o algo así pídelo por esa boquita que lo tendrás.

Yo: Bueno dejarme unos días que me lo piense y os digo algo.

Al día siguiente nos vimos con José María y su novia Irene en la plaza del pueblo tomando un refresco por la tarde y les comenté todo lo que mis padres querían hacer por mi y que me parecía excesivo, ellos me comentaron que el esfuerzo que había hecho aquel año había sido bestial comparando como estaba en el mes de noviembre y como estaba en ese mes junio, y que si ellos me lo habían ofrecido por qué no aprovecharlo, total que me lo tenía de acabar de pensar. El fin de semana como era habitual estábamos con la familia en el barco en una cala tomando el sol y aproveché para hablar con mis padres, les comenté que había tomado una decisión sobre lo que haría aquel verano, les dije, me quedaría todo el verano en casa (normalmente en el mes de julio trabajaba por las mañanas con ellos, mi padre era de la idea que si tenía de cuidarme en un futuro de la empresa debía conocer todos los departamentos de primera mano, así un día estaba en administración echando una mano, otro en el almacén, otro en contabilidad, otro con mi padre escuchando como tomaba decisiones etc.) con Rosa (Rosa era una señora que trabajaba en casa desde hacía muchos años, se cuidaba de la casa, cuidó de mi cuando era pequeño, me venía a buscar al cole, me daba de comer, me curaba cuando estaba enfermo o cuando me pegaba algún talegazo, era como una segunda madre para mí), iré a la piscina del pueblo cuando me apetezca y me tomaré el verano a la bartola, solo un día a la semana me ocuparé del jardín, limpiando las hojas o cosas así, ¿Qué os parece?, la respuesta fue la que me esperaba, como yo había cumplido aquel curso con lo que me pidieron ellos, aquel verano podía hacer lo que me saliera del bolo. Lo que no sabía yo era lo importante que fue la decisión que había tomado.

Durante aquella primavera pasada vinieron a vivir a la casa que daba detrás de la nuestra una pareja de unos treinta años, Sonia y Gonzalo, matrimonio sin hijos muy agradable que un día que estábamos en casa en el jardín aprovecharon para presentarse. Curiosamente la única habitación de la casa que daba a la parte de atrás era la mía, alguna vez mirando por la ventana pillé a Sonia tomando el sol en la piscina, (tenían una piscina bastante grande en casa, cosa que nosotros no porque mi padre creía que no valía la pena cuidar de una piscina para dos meses al año), tomaba el sol con las tetas al aire y una mini braga que a veces eran del bikini y otras eran directamente unas bragas de vestir, ella estaba en un lugar bastante protegido y discreto pero no desde mi ventana que normalmente estaba con la persiana bastante bajada para que no molestara el sol, yo dejaba cuatro dedos de persiana abierta y con la luz apagada podía espiar a mi vecina como un pervertido pajillero, joder la de pajas que me llegué a hacer a su salud, recuerdo un vez, sería finales de junio justo unos días antes de hablar con mis padres de mis planes para ese verano, ya había acabado las clases y me desperté sobre las diez de la mañana más o menos, miré por la ventana y allí estaba Sonia tomando el sol con su tipazo y sus tetas que cuando estaba boca arriba se abrían y colgaban un poco por los lados de su cuerpo, con una pierna flexionada apoyada en el pie y la otra estirada, la pierna que tenía recogida la iba abriendo y cerrando como en un movimiento involuntario de aburrimiento y a mí me ofrecía una visión de su chocho debajo de unas pequeñas bragas blancas que transparentaban los pelos, me saqué la polla y comencé a pajearme poco a poco sin perderme detalle, Sonia bajó una mano y se rascó el coño como despreocupadamente, a mí se me puso el cipote a cien y aumenté el ritmo de la paja, de pronto se giró en la hamaca colocándose a cuatro patas encima para colocar bien la toalla ofreciéndome una visión de un culo de nivel supremo marcando debajo las formas del coño, yo estaba a punto de estallar, estiró de la goma de las bragas y se las metió por el culo dejándose caer boca abajo en la hamaca, mi polla dijo basta y disparó a diestro y siniestro descontrolada saliendo varios chorros de semen por la abertura de la persiana al jardín, limpié como pude todo el desaguisado de la habitación me duché y bajé a desayunar, al llegar a la cocina me encuentro a Rosa que estaba pasándose agua con la mano por el pelo.

Yo: Rosa, buenos días ¿te pasa algo?

Rosa: No sé Luis, estaba fuera en el jardín y he notado que algo me caía en la cabeza, creo que se me ha cagado un pájaro, me puedes mirar por favor el pelo a ver que es.

Yo no me podía aguantar la risa.

Yo: Si, si claro, a ver déjame ver.

Y si, señoras y señores tenía una corrida en toda regla liada en medio del pelo.

Yo: Ostras Rosa que cagada de pájaro que tienes más rara, espera que te la limpio un poco con este trapo húmedo pero creo que lo mejor es que te des una ducha.

Unos días más tarde estaba en el jardín recogiendo unas plantas secas que había arrancado y colocándolas en un cubo cuando escuché una voz, hola, hola, me giré buscando el origen y descubrí en un hueco en medio de las plantas que separaban una casa de la otra la cara de Sonia, creo que me subieron los colores porque me vino a la cabeza la imagen de estar cascándome la polla espiándola mientras tomaba el sol.

Yo: Hola Sonia, buenos días, que tal.

Sonia: Buenos días Luis, es que estaba viendo como limpias el jardín y creo que al de mi casa no le vendría mal un poco de mantenimiento, crees que podrías pasar algún día por aquí y limpiar un poco.

Yo: Pues a mí no me importaría, tiempo tengo de sobras.

Sonia: Vale, esta tarde llamaré a tu madre para preguntarle si no hay problema, ok.

Yo: ok.

Salí por la tarde un rato con los amigos y al volver a casa estaba mi madre hablando por teléfono.

Mi madre: Oye Luis, que estoy hablando con Sonia que me está pidiendo si algún día podrías pasar por su casa a ayudarla con el jardín, ¿cuando crees que podrías pasar?

Yo: Mañana mismo, a la hora que quiera.

Joder, fui tan rápido en contestar que me preocupó que se me notara ansioso.

Yo: Bueno, o cuando a ella le vaya bien.

Mi madre: Dice Sonia si mañana a las diez y media te va bien.

Yo: Pues dile ok.

Mi madre lo confirmó y colgó el teléfono.

Mi madre: Ok, ok, que coño es eso de ok, que moderno te estás volviendo nene, moderno o gilipollas todavía no lo sé, lávate las manos qué tu padre está a punto de llegar y vamos a cenar. ¿OK?

En la cena mi madre le explicó a mi padre lo de ayudar a los vecinos en el jardín, a mi padre le pareció genial la idea.

Mi padre: Mientras ayuda a los vecinos no se estará tocando los cojones en casa todo el día, si está ocupado mejor.

Yo: Os recuerdo que me he ganado el derecho este verano a tocarme los huevos como quiera y cuando quiera.

Mi madre: El niño tiene razón, y queréis dejar de hablar así de mal de una puta vez.

Mi padre (Levantando las manos): Es verdad, te prometí que este verano era tuyo y así será, ha sido un lapsus, y tu mami no hace falta que te pongas a nuestra altura de vocabulario para llamarnos la atención, eso de –“una puta vez”- no queda bien en una dama tan fina y de buena familia como tú. (Risas)

Mi madre: (Le tiró a mi padre la servilleta a la cara.) Iros a tomar por culo los dos y dejar de tocarme lo que no suena. (Más risas.)

Yo: ¿Qué es lo que no suena papá?

Mi padre: Un poco capullo sí que eres hijo. (Descojone general).

El día siguiente pasé por la caseta del jardín y cogí un cubo y un rastrillo, después aparté las plantas que separaban nuestra casa de la vecina y salté al jardín de Sonia, caminé hasta el ventanal que se veía la cocina y el comedor y grité, Sonia, nada, grité un poco mas fuerte, Sonia, y apareció por la otra esquina de la casa.

Yo: Hola, buenos días, que te interesa hacer en el jardín.

Sonia: Buenos días, pues no sé, míratelo tú y me dices que tal lo ves.

Así que me di una vuelta por el jardín, recogí las hojas que habían por el suelo, arranqué todas las malas hierbas que encontré, y fue pasando el tiempo, al medio día salió Sonia.

Sonia: Luis, ven.

Cogí los trastos y fui en busca de Sonia, llegué a la terraza y estaba con unos refrescos encima de una mesa.

Sonia: Ven Luis, tomate algo que ya llevas suficiente tiempo arrancando matas, si quieres darte un chapuzón en la piscina para refrescarte tu mismo, como si estuvieras en tu casa.

Me pareció una buena idea y me quité la camiseta tirándome a la piscina sin pensarlo dos veces, al salir Sonia me tenía preparada una toalla y nos sentamos a tomar el refresco, le comenté que había visto muchas hojas secas en algunas plantas y que al día siguiente volvería con unas tijeras de podar y se las arreglaría un poco.

Sonia: Como quieras, pero tampoco quiero que piensen que te estoy explotando, si tu quieres de acuerdo si no ya seguirás cuando puedas.

Le contesté que no había problema y que volvería el día siguiente, además por bañarme después en su piscina ya valía la pena el esfuerzo, después hablamos de mi familia, de ella y Gonzalo, pasamos un buen rato charlando animadamente y me fui de su casa pensando que era muy buena persona, además de estar la mar de buena. Al día siguiente ya estaba otra vez en marcha, cortando hojas por aquí hojas por allá, y al medio día repetimos la escena de día anterior, baño, refresco y conversación entretenida. Y el día siguiente también, al otro también, y yo buscaba excusas para ir cada día. Estando en la cama una noche pensé, y sí le explicó a Sonia mi problema con las chicas y mi polla, ella es buena persona y tiene experiencia en la vida, en las conversaciones que hemos tenido me ha dado confianza para explicarle cosas íntimas pero yo no me he atrevido a entrar muy en profundidad, hostia no se qué hacer y si se mosquea y me envía a tomar por culo, o peor aún, después se lo dice a mis padres, joder, joder. Pues el caso es que al día siguiente como casi cada día volvía a estar otra vez en el jardín vecino, pero esta vez me tire directamente a la piscina a nadar un rato, salió Sonia con una camiseta larga de playa.

Sonia: Hola has venido a bañarte, muy bien.

Yo: Perdona por la confianza, ¿qué vas a tomar el sol?, si quieres me marcho, no querría molestarte.

Sonia: No, no te preocupes, ven coge una hamaca y ven conmigo si quieres.

Joder, salí de la piscina de un salto me agarré una hamaca que había por allí y le seguí los pasos hasta la hamaca que ella siempre tenía preparada cerca de la ventana de mi habitación.

Sonia: Ven coloca la hamaca aquí, al lado de la mía.

Obedecí rápidamente las instrucciones y me coloqué a su lado estirando la toalla en la hamaca, ella colocó la toalla en la suya y sin darle importancia se quitó la camiseta enseñándome las tetas y el minúsculo biquini de la parte de abajo, se sentó.

Sonia: Supongo que no te molestará que tome el sol así, total ya estas arto de verme desde tu habitación, ¿No?

Joder, como coño sabía esta tía que aquella era la ventana de mi habitación.

Yo (con la voz rota por los nervios): Bueno, sí, no sé, pero como sabes que esa es mi habitación.

Sonia: No lo sabía pero creo que me lo acabas de confirmar Luisito.

Coño que inútil soy, me ha pillado como a un capullo, pensé.

Yo: Joder, me has pillado como un tonto, sí que te he visto alguna vez pero por casualidad, no creas que te he espiado como un salido ni nada de eso eh.

Sonia (con una risilla de no haberse creído nada): Ya, ya.

Yo: Perdona Sonia, pero, ¿podría hablar contigo de un tema un poco delicado que me preocupa?

Ella se levantó, se puso la camiseta y me cogió de la mano.

Sonia: Claro que sí, somos amigos ¿no?, ven vamos a sentarnos más cómodos, nos tomamos algo y me explicas que te preocupa, ¿qué quieres tomar?

Yo: Hoy creo que una cerveza.

Nos sentamos en la terraza con una cerveza cada uno, bebí un trago largo como si eso me ayudara a hablar y me lancé.

Yo: Bueno, ya sabes por las conversaciones que hemos tenido todos estos días que yo he salido con algunas chicas, pero…

Sonia: Ah, es un problema de chicas, perfecto porque yo soy la persona idónea para ayudarte, venga cuéntamelo sin miedo Luis que seguro que solucionaremos lo que sea.

Eso me dio más confianza y continué…

Yo: Pues resulta que sí, he salido con chicas, con una de ellas durante algunos meses, de la que estuve enamorado como nunca en mi vida pero, pero…

Sonia me miraba con mucha atención como esperando el momento del problema y yo estaba dudando.

Sonia: Va desembucha, no te cortes hombre.

Yo: Pues, que no me he podido follar a ninguna por culpa de mi polla.

Ya está, ya lo he dicho pensé.

Sonia: Perdona, ¿puedes repetirme lo que has dicho?

Yo: Que por culpa de mi polla no me he podido follar a ninguna chica.

Sonia: A ver, a ver, pero que le pasa a tu polla, ¿que la tienes deforme?, o ¿llena de verrugas feas?, o ¿alguna enfermedad o algo así?

Yo: No, el problema es que, es que, que, que, la tengo enorme y las chicas se asustan.

Sonia: No me jodas, Luis.

Empezó a descojonarse de risa, después supongo que vio la cara que se me quedó a mí y se cortó un poco.

Sonia: Bueno, tranquilo, perdona que me ría pero es que no me esperaba que tu problema fuera algo así, ven conmigo.

Me extendió la mano y yo la cogí dejándome guiar dentro de la casa, ella se sentó en el sofá y me dejó a mí delante de pie.

Sonia: Muy bien, pues habrá que verla para poder opinar ¿no crees?

Yo: ¿Quieres que me saque la polla así, tal cual, delante de ti?

Sonia: Hombre, si te tengo que ayudar, ¿tendré de saber exactamente como es de grande el problema, no?

Así que pensé, pues venga a tomar por culo, me bajé el bañador de un tirón y dejé suelto todo el badajo ahí mismo, Sonia la miró y arqueó un poco las cejas.

Sonia: Pues la verdad es que el tamaño está por encima de lo normal no te lo voy a negar, pero para ayudarte creo que necesito verla en plena forma.

Yo: Joder Sonia me lo estas poniendo cada vez más complicado tía.

En ese momento Sonia abrió las piernas, dejándome ver la forma de su coño debajo del bikini a la vez que se sacaba la camiseta por la cabeza dejando las tetas libres.

Sonia: Va, que yo te ayudo, tengo que saber lo que hay para opinar en condiciones.

Me la agarré, y empecé a pajearme lentamente esperando que fuera creciendo, estaba muy cortado y pensé que igual ni se me levantaba, Sonia se llevó una mano al chocho y empezó a acariciárselo lentamente, mi polla reaccionó al instante y creció de golpe, tenía los ojos clavados en su mano y con un dedo se apartó el bikini dejándome en primer plano su coño, y claro, mi polla reaccionó corriéndose a raudales lanzando el semen encima de ella, del sofá y de todo lo que encontró por el medio.

Sonia: Serás hijo de puta, pero que haces cabrón, tú no tienes un problema con tu polla, tú tienes un problema mental chaval, ¿pero esto qué coño es?

Yo me apresuraba en subirme el bañador, dar media vuelta y dirigirme a la puerta de la terraza para marcharme de allí.

Sonia: Eh, ¿donde coño te crees que vas?, párate ahora mismo y ven aquí.

Obedecí al instante parándome en seco volviendo sobre mis pasos.

Yo: Perdona, perdona pero es que este es el problema que tengo, ya lo has visto en directo.

Sonia: Dios mío, eres un pipiolo de mucho cuidado, coge la toalla que he dejado en la terraza y ven a limpiar todo esto, y no te vayas, voy a ducharme y vuelvo, que quiero hablar contigo.

Limpié todo lo que pude, me tiré a la piscina para limpiarme yo y esperé que Sonia volviera, una vez los dos juntos de nuevo en la terraza.

Sonia: Vamos a ver pipiolo, es cierto que tienes un tamaño de polla importante, pero para nada el problema que tienes es el tamaño, tu problema es que no la controlas una mierda, como puedes correrte de esa manera tan descontrolada, parece que tu picha tiene vida propia tío.

Yo: Ya, es que se me acumulan los problemas, no se qué hacer ni cómo afrontarlo voy muy perdido Sonia, ¿crees que puedes ayudarme?

Sonia: Vale, tranquilo, mira, vuelve mañana por la tarde y seguiremos con esto, tengo que pensar de qué manera te puedo ayudar, se me están ocurriendo algunas ideas, mañana seguimos hablando no te preocupes que lo solucionaremos.

Yo: Muchas gracias Sonia, te lo agradezco de verdad, mañana nos vemos, ¿a las cuatro te va bien?

Sonia: Mejor a las cinco.

Yo: Vale, Ok.

Un comentario sobre “La vida en un soplo (1.3)

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