SOMBRA

Capítulo 7

– ¿Por qué los abandonaste?

Håkon nunca había querido ser rey. Provenía de una familia de granjeros, y él mismo había sido uno. Ser conde había sido un gran paso, y ser rey había sido el paso final.

Nadie sabía que se escondía detrás de aquel título. Ser rey significaba darle a la gente lo que quería, necesitaba, y pedía, y, francamente, aquellas tres cosas apenas nunca resultaban ser la misma.

La traición en batalla del antiguo rey había provocado la muerte de Colton Heimandall, el hermano menor de Håkon , por lo que él tuvo la necesidad de vengarse. De haber comprendido en aquel momento qué conllevaría matar al rey Herve y robarle su título, se habría parado a pensar en si realmente merecía la pena. Pero no lo hizo, y una corona que nunca llegó a colocarse sobre las trenzas acabó en sus manos.

Su pueblo lo quería. Lo respetaban e idolatraban porque era un hombre justo y de trato fácil, era jovial, y generoso… y, para muchos, un Dios.

La gente creía que él era descendiente de Odín, Dios de los Dioses, y no era fácil estar a la altura de eso.

Håkon nunca había querido ser rey. Tal vez fue aquella la razón de su repentina huida. O el cansancio, o la necesidad de encontrar algo de paz para su pesada alma. Fuese cual fuese la causa, no le había ido mal. Bajó los peldaños del poder de un solo salto, de rey a viajero, de rico a pobre, de mesas repletas de manjares a días sin probar bocado.

Junto aquella niña llamada Nilsa, cuyos ojos brillaban tanto como sus ganas de vivir, Håkon recorrió millas y millas bajo sus pies. Montañas, ríos, y valles; visitó ciudades en las que años después de su monarquía su nombre era un leyenda, y pueblos en los que nunca habían oído hablar de él.

– Porque no estaba preparado para darles lo que ellos necesitaban de mí- respondió él, tendiéndole a la muchacha un cuenco de sopa calentado al fuego de la hoguera. El cielo de la oscura noche estaba formado por una poesía de estrellas; la suavidad del viento susurrando entre las hojas de los árboles era todo lo que se necesitaba para dejarse llevar por el sueño.

– ¿Y no los echas de menos?

El hombre suspiró, alzando la mirada hacia la luna mientras sonreía con nostalgia.

– Muchísimo. Pienso en ellos cada noche, contando estrellas mientras rezo porque los Dioses los estén cuidando bien.

– Han pasado diez años ya. ¿Nunca has pensado en volver y recuperar tu trono?

Él volteó la cabeza hacia la muchacha de largos cabellos y ojos verdosos.

– Todos los días.

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