ISA HDEZ

Se miraba en el espejo con recelo, como si advirtiera algo más allá de lo que la imagen le mostraba. Una vez le contó que le daba repelús contemplarse, porque su mente le descubría su esqueleto, y entonces notaba que sus huesos se desordenaban y se iban cayendo uno a uno sin poder evitarlo y, cuando quería sujetarlos no podía moverse como si se quedara paralizado, y todos los huesos se desparramaban por el suelo. Ella lo miró como pensando que se había trastornado y, él se percató de esa impresión que trascendía a través de su ávida mirada. No volvió a contarle historias que se le representaban ante el espejo con más frecuencia de la deseada. Sabía cómo estaban organizados todos sus huesos y lo vulnerables que podían ser. Aprendió a mirarse con más ligereza, agilidad e indiferencia y, a tratarse con sumo cuidado para no dañarlos porque descubrió que son los únicos soportes que le acompañarían en su existencia. ©

2 comentarios sobre “La imagen del espejo

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