ALMUTAMID

Viqui apareció espectacular el Domingo de Ramos. Llevaba un vestidito estampado muy primaveral de falda corta de vuelo y manga recta en los hombros ceñido a la cintura mostrando su delgadez juvenil con unos zapatos de tacón bajo y chaqueta a juego. Yo siguiendo la costumbre me puse una blazer azul con pantalón gris marengo y una camisa celeste con corbata roja. Los dos alabamos nuestro vestuario mutuamente. Aunque íbamos en grupo ante mis ojos la más bonita de aquellas flores primaverales era mi Viqui.

Para quien no conozca la Semana Santa de mi ciudad os puedo contar que las procesiones, muchas en número y con gran cantidad de nazarenos y penitentes, ocupan todo el centro d ela ciudad durante la semana entera, de modo que atraen a una cantidad de público enorme, las famosas “bullas” que deambulan de un lugar a otro buscando el tránsito de los pasos en lugares concretos. La gente se para en dos sitios: las calles por donde va pasando una cofradía en ese momento, y los bares y cafeterías, llenos a rebosar durante esos días. Aunque la gente joven. Más escasa de dinero, en vez de sentarse en restaurantes suele comprar bocadillos y comérselos en las plazas o parques sentados en grupo.

Así fue nuestra Semana Santa. Aquel domingo de Ramos pude disfrutar de las procesiones agarrado a la cintura de Viqui y con muestras de cariño permanentes. Y cenamos un bocadillo sentados en un poyete de una plaza con Viqui sentada en mis rodillas para no manchar su vestidito. Todo el día juntos como no habíamos conseguido hacer en los meses de relación que llevábamos. Mucho ir de la mano, sentarse en mis piernas, picos, manos en la cintura y abrazos. Hasta el Martes Santo me acompañó un rato al salir de nazareno con mi hermandad. La mejor Semana Santa de mi vida.
Pero tanto contacto iba generando más ganas de meterle mano. Y más tras el fracaso de nuestro último encuentro. El Miércoles Santo cuando regresábamos a casa ya cansados no pude más y al pasar por uno de los pasajes que llevan a rincones ocultos de la ciudad encontré la oscuridad suficiente para decidirme. Tiré de su mano y efectivamente había un rincón oscuro entre yedras junto a la muralla con una farola averiada. No llevaba a ninguna parte salvo a un patio interior entre edificios. Nada más ver el rincón Viqui me sonrió. Sabía mis intenciones.

Empezamos a besarnos y abrazarnos como si alguien hubiese dado el pistoletazo de salida a una carrera. Los vestiditos que Viqui usaba esos días facilitaban el acceso a sus piernas y bragas, pero no a sus pechos. Y cuando quise meterla mano dentro me pidió que tuviera cuidado porque lo podía romper con mi ímpetu.

La segunda barrera vino cuando quise meter la mano a su braga y de nuevo me detuvo. A pesar del retraso provocado por la píldora del día después se le había regularizado la regla y le acababa de venir. Demasiados obstáculos. Al menos mi novia se prestó a hacerme una paja en aquel rincón mientras nos comíamos la boca y le sobaba las tetas por encima del vestido. Ni se me pasó pedirle queme la chupara después de nuestra última charla sobre el tema.

Convencido de que me volvería a la residencia tras la Semana Santa sin echar un quiqui me dediqué al menos a disfrutar de la fiesta con la compañía de Viqui. Pues me agradaba ver una lenta revirá de un Palio o un cambio de paso de un de Misterio abrazado a mi chica o cogidos de la mano ante el silencio imponente de una hermandad de negro. Por mi parte intentaría al menos pegarme un buen revolcón con ella antes de irme y llevarme un buen sabor de boca y los huevos vacíos.

La ocasión se pintó el Sábado Santo. Pocas cofradías y ocasión para quedarme más tiempo con ella. No podía llevarme el coche pero como no me iba a dejar desnudarla a lo mejor caía algo en el rincón de la yedra regresando del centro. De hecho cuando pasamos por allí y tiré de nuevo de su mano me siguió sabiendo perfectamente a lo que íbamos. Ella siempre estaba dispuesta al contacto, lo que evitaba por ahora era la penetración.
Aquel día Viqui se había puesto una minifalda de vuelo sin medias con un top ajustado de tirantas anchas que le hacía un poco de escote y asomaban ligeramente sus pechos apretados por el sujetador. La noche era tibia y aun no se había puesto la chaqueta. Que entrara conmigo allí indicaba que también tenía ganas de mí.

En menos de un minuto la tenía pegada a la pared con mi cuerpo sobre el suyo comiéndole la boca como si me fuera la vida en ello apretándole una teta sobre la camiseta. Pero esta vez ella atacaba firme también pues sin caricia previa empezó a sobarme el paquete. Conseguí sacar la camiseta de la falda e introducir mi mano hasta su piel, lo que me iba a permitir tocar sus pechos desnudos, No me demoré demasiado en liberar uno de su copa y poder acariciar su pezón. Estábamos los dos lanzados y eso me empujaba más.

Tiré de la camiseta hacia arriba y conseguí dejar sus pechos a mi alcance, sacando el segundo de la copa y pudiendo lamerlos y succionar sus pezones como tanto me gustaba y por sus gemidos a ella también. Por su parte había desabrochado mi camisa y sus manos recorrían mi espalda. Hoy estaba más receptiva. Me aseguré preguntando:

-¿Hoy puedo tocarte el chochito? Me muero de ganas por mojar mi dedo…
-Pues te vas tener que esperar…porque aun puedo manchar…pero a ti te puedo hacer lo que quieras…-respondió desabrochando mi cinturón dejándome claro que iba a por mi polla.
-Eso te lo dejo a ti…hazme lo que quieras-dije intentando parecer sexy y excitado.

Viqui se dejó resbalar por la pared hasta quedar en cuclillas y en su bajada arrastró mis pantalones. Yo impacientemente me saqué el nabo tieso de los calzoncillos plantándolo frente a su cara. Viqui me miró. En aquello oscuridad casi solo veía sus ojos brillantes pero sí sentí su mano agarrar mi polla y perfectamente sus labios posarse. Yo no se lo había pedido y ella tenía ganas. ¿Por qué no aprovecharlo?

En dos mamadas su técnica había ido mejorando pues pasó digamos por los preliminares de descubrir mi glande, besarlo, lamerlo, chupar sólo la punta en repetidas ocasiones hasta que empezó a metérsela pasando su lengua por el tronco. La verdad es que supongo que se basaría en gemidos y asentimientos para hacer una cosa u otra, pero lo hacía de maravilla.

Sin embargo, cuando más disfrutaba yo de su comida de polla oímos unos pasos entrar por el pasaje que daba al rincón oscuro. Viqui no los debió oír bien pero yo sí y la alerté.

-Princesa, viene alguien…

Viqui se levantó presurosa bajando el top para tapar sus tetas sin tiempo a colocarse el sujetador y yo me subí rápido calzoncillos y pantalones intentando guardar mi nabo tieso y babeado. Efectivamente alguna otra pareja buscaba un rincón íntimo pues al comprobar que había alguien allí se dieron la vuelta.

-¿Seguimos?-pegunté.

Viqui no contestó y se agachó de nuevo. Yo me saqué la polla y mi novia empezó a chuparla de nuevo con un ritmo más alto buscando ya mi orgasmo. Pero no llevaba ni un minuto cuando de nuevo oímos pasos. De nuevo el aviso, el sobresalto y la falsa alarma pues se dieron la vuelta pero cuando le propuse terminar me contestó que así no. Así que nos recompusimos y salimos de allí igual de abrazados y acaramelados como habíamos entrado pero con mis pelotas más hinchadas.

Al llegar a su casa me tenía que despedir de ella. Las palabras de cariño y los deseos de pronta reunión me impidieron buscar de nuevo terminar lo empezado. Me iba con extrañas sensaciones. Estaba muy a gusto con ella, nos lo pasábamos bien juntos, nos apetecíamos, pero Viqui le había cogido miedo a follar…y yo no volvería a verla hasta varias semanas más tarde…

Mi regreso a la residencia fue agridulce. Había estado muy bien con Viqui a pesar de sus nuevos miedos y los encuentros sexuales fallidos. A la vez tenía miedo de la actitud que tendría María. Incluso temía la actitud condescendiente de Claudia y sus bromitas tras descubrir las fotos de Viqui en mi móvil. Fotos que guardé en una carpeta diferente de la memoria del teléfono para evitar que puderan ser vistas por alguien más, pues en ellas se veía a mi chica en sujetador pero también con sus hermosos pechos desnudos y su carita sonriente y yo quería que ese fuese mi tesoro.

El domingo por la tarde nos reencontramos Víctor, Claudia y yo en la residencia y cenamos juntos aunque Víctor se fue un rato a ver a Lourdes antes del cierre de puertas. Nos contamos nuestra semana aunque me sorprendió la discreción de Claudia al no preguntarme por aquella chica de las fotos en presencia de Víctor. Después al quedarnos solos sí lo hizo. Me gustó su discreción y sobre todo como me animó a estar con una niña tan bonita sin afearme nada de María. Le dije que había estado con ella en Semana Santa pero que no era una relación del todo seria debido a la “distancia”. Me elogió mi forma de verlo aunque yo sabía que al menos para Viqui no era así, pero evidentemente no salió de mi boca.

El lunes no pude sentarme con María en clase como era costumbre pues ya estaban ocupados los asientos de alrededor. También consiguió evitarme en la cafetería y el comedor. Mal presagio me daba. Por la tarde sin embargo me llamó por teléfono como si nada disculpándose y despidiéndose con un normal “nos vemos mañana en clase”.

Y así fue. Al día siguiente parecía la María de siempre. En todos los sentidos, pues nos planificó las semanas de trabajo que quedaban hasta que cortaran las clases a mediados de mayo. No lo había pensado pero era un mes solo prácticamente y nos quedaba un trabajo importante por terminar y empezar a estudiar para los exámenes. Nos repartimos tareas como en el primer cuatrimestre y planificamos los plazos. Bueno, mejor dicho, María nos planificó los tiempos asignándonos tareas. Sorprendente su capacidad de decisión en los estudios y sin embargo su enorme dificultad en su vida social. Empezaba a ser consciente lo que mis actos podían haber supuesto en su mundo interno y estaba dispuesto a redimirme siendo un buen amigo y compañero. Además ella parecía haber superado nuestra ruptura, al menos externamente, y yo no le iba a preguntar.

El jueves retomamos la liga y volvía tener una actuación destacada pero volví a fallar de cara el gol. Mi fallo de cara a portería empezaba a relacionarlo con mis opciones de mojar el churro. No mojaba en un partido desde que había dejado de meterla. Parece poco racional pero a mí empezaba a preocuparme. Sin embargo se me pasó pronto el extraño pensamiento pues sumar otra victoria significaba celebrarla con nuestra peña de seguidoras en el bar habitual. Además roto mi lazo con María me solté y me dejé llevar más en los abrazos, piquitos y sobeteos que nos dábamos con ellas tras cada partido. De hecho, aquel día apuré quedándome entre los últimos hasta la hora de volver a la residencia y eso permitió que una compañera de clase con la que hasta entonces había hablado poco a pesar de ser habitual de aquella reuniones terminara plantándome su trasero en mi muslo mientras yo le sobaba el suyo. Me sorprendió su naturalidad pero era algo habitual en aquellas celebraciones y di por hecho simplemente que ese día me había tocado a mí.

Ello no implicó que yo no me fijara bien en ella. Marta era de mi edad. Muy bajita, quizá como Marina pero sin sus taconazos. Era una niña muy menuda, finita, delgadita. Castaña de ojos marrones con una carita pequeñita a juego con todo su cuerpo menudo casi infantil por sus caderas poco pronunciadas y sus pequeños pechos. Su cara era bonita, pues su boquita y nariz pequeñas contrastaban con unos ojos grandes muy vivos y expresivos. Sin embargo, su voz contrastaba con su cuerpecito, pues era más grave de lo esperable, sin ser desagradable especialmente cuando reía.

Al rato de estar observándola y teniéndola tan cerca le pregunté:

-¿Tú eres de mi clase, no?
-Claro. Me siento normalmente al fondo. Tú sueles estar delante con tres chicas, ¿verdad?
-Sí. Es raro ¿verdad? En la misma clase y varios jueves aquí y no habíamos hablado nunca.-le dije.
-Es verdad, sobre todo teniendo en cuenta tu fama- me respondió sorprendiéndome su respuesta.
-¿Mi fama?
-Hombre, niño, eres una celebridad del equipo. Lo único que todo el mundo piensa que estás saliendo con la rubia con la que te sientas. Hasta ha venido aquí algunas veces y os habéis ido juntos.
-Que va, jajaja. María y yo sólo somos amigos. No nos habrás visto acaramelados ni nada- respondí con cierta duda.
-Ya, es verdad, pero no os separáis en la facu…
-Además si tuviera novia no estaría aquí tan tranquilo con una niña guapa sentada a lo alto.-respondí subiendo mi mano por su muslo.
-Bueno, todo el mundo sabe que Sebas (el capitán del equipo) tiene novia y ya se ha liado con unas cuantas…-me dijo con desparpajo.
-¿Contigo?-pregunté con picardía.
-Jajaja,-me respondió cogiéndome la barbilla con sus dos manos para mirarme de frente- Yo no voy quitando novios, Luisinho.
-Y ¿con los libres?
-Sólo con los que me gustan…
-Y yo ¿qué te parezco?-pregunté poniendo cara de interesante.
-No sabía que tenías tanta cara, niño…-jajaja.
-¿Y eso te gusta?
-Puede, jajaja. Niño, me tengo que ir ya con mi compañera de piso. Te veo por la facu.

Se levantó. Me dio un beso en la mejilla cerca del labio y se despidió del resto con un gesto.

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