ISA HDEZ

Le gustaba tener libros apilados por la estancia. Los miraba y se sentía acompañada con las historias que se albergaban entre sus páginas. Se imaginaba los personajes realizando sus acciones para dar vida al tiempo vivido y al que faltaba por vivir. A veces se agobiaba porque quería tener tiempo para leerlos con premura y que no esperaran por ella. Siempre tenía dos o tres empezados y, según leía los iba colocando en el anaquel cobrizo, y resaltaban como si fueran reliquias que dejaban huella en su vida, como si los personajes fueran parte de su existencia. En cada libro que leía se impregnaba de expresiones, tonos y voces narrativas. Le gustaba observar los estilos literarios y extraía enseñanzas que, escudriñaba de las entrañas de los escritores y los enaltecía para mentarlos en sus escritos cuando sentía que coincidía en algunos párrafos o frases destacadas que se le grababan en el alma como metáforas o analogías, que ella guardaba en sus adentros y que no se atrevía a mostrar por sí misma. Prefería mentar a sus elegidos; consideraba un privilegio poder citarlos y, lo hacía con gran respeto y admiración. Deseaba hacer un homenaje a los escritores y les dedicaba todos los elogios que salían de su pensamiento con la mayor humildad. Su pluma trazaba halagos y requiebros como premio y solidaridad por la inmensa compañía a la soledad, al recuerdo y a las vivencias compartidas que le brindaban entre sus letras, gracias al don sorprendente del saber crear, enlazar y mostrar los sentimientos profundos a través de las palabras. ©

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