DO.LOBERA

Las nubes avanzaban suavemente por el cielo, estaban acudiendo a la cita que tenían. Había pasado tiempo desde su último encuentro y querían contarse todo lo que habían visto y vivido. Siempre resultaba emocionante conocer cómo había sido su paso por el mar o las altas montañas, si habían tenido problemas para recoger el agua, a que temperatura estaba…

Iban bien cargadas y ya tenían ganas de verse. En esta ocasión el punto de encuentro eran las montañas de la isla de Mallorca. Y debían acudir todas las nubes que tenían a cargo esa zona. Por el camino se juntaron más y más nubes, que empezaron a ocultar el sol. Al parecer en esta ocasión iban a estar todas.

Ya era casi la hora y empezaron a saludarse. Sus risas, sus gritos, eran truenos de alegría que anticipaban la fiesta que iban a celebrar. Si, el ruido de sus saludos eran profundos y potentes que resonaban en todo el cielo y lo hacían temblar. Sabían que asustaban a las pequeñas criaturas que vivían en la tierra, y les causaba pena, pero entonces, ¿cómo debían contener toda la alegría que sentían? ¿Cómo podían avisarles que debían resguardarse de la lluvia que iban a dejar caer?

Al llegar la hora empezaron a derramar el agua que llevaban y que regarían los cultivos, campos y montañas. Los torrentes comenzaban a llevar agua por sus secos cauces distribuyendo el líquido que llevaban. Siempre les gustaba ver correr el agua por aquellos arroyos, pero no siempre conseguían llenarlos. Esta vez estaban haciendo un buen trabajo.

Empezaron a venir más nubes, atraídas por sus risas y se unieron para bañar con su agua las tierras de aquella isla.

Tantas nubes se habían juntado que apenas si se podía ver. Alertadas por aquella oscuridad, pusieron en marcha el plan de emergencia para situaciones de gran penumbra. Así, empezaron a soltar sus rayos azules para iluminar el firmamento, para recordarnos la luz del día que ellas se han llevado momentáneamente.

Tras terminar de descargar todo su preciado líquido, las nubes empezaron a alejarse. Se retiraban a su descanso, contentas por haber cumplido su tarea. Volverían a pasear apaciblemente sobre el mar y las montañas evaporando el agua de todos aquellos puntos por los que pasaban.

Tal vez su siguiente encuentro volvería a ser en Mallorca o tal vez en otro punto, pero quien sabía donde se volverían a reunir. Todo dependía de quien organizase un nuevo encuentro de nubes. Pero si se vuelve a oír el tronar de las risas de las nubes, ya sabrás que la hora ha llegado y muy pronto las nubes se volverán a reunir para llover.

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