FERNANDO

Cris y yo salimos andando de urgencias, pero era tal su dolor que aun estando anestesiada le costaba andar. No cruzamos ni una sola palabra hasta que llegamos a casa y la acosté en mi cama. Estaba avergonzado de mi conducta y quise hacérselo saber.

—Cris, yo…no se…

—Alfonso, ahora no quiero hablar, estoy agotada y dolorida. Hazme un último favor, ve a la farmacia y cómprame lo que me ha recetado la doctora, solo quiero dormir.

Había frialdad en sus palabras. Por primera vez en muchas semanas me había llamado por mi nombre y no había utilizado los apelativos cariñosos con los que solía dirigirse a mí. Ella se dio la vuelta en la cama y me dio la espalda yo me limité a salir a la farmacia a buscar las medicinas.

Con mi decisión de tomar ese maldito bebedizo, había arruinado las vacaciones de película que estábamos viviendo, me lo había ganado a pulso, pero ahora solo deseaba que Cris se pusiese bien. Me preocupé por ella hasta que por la tarde me pidió que la dejase sola, que necesitaba pensar en todo lo que había pasado y que conmigo allí no se encontraba a gusto. Derrotado me fui de esa casa pensando que esa relación idílica que tenía con Cristina había acabado.

Anduve deambulando por calles y sin darme cuenta me encontré de nuevo frente al sex shop, la fuente de todas mis desgracias. Aunque mis deseos de follar ya no eran tan acentuados ni irracionales, mi polla se mantenía en una semi erección, dispuesta a entrar en acción en cualquier momento. Cuando entre me encontré a la misma chica que según me vio me sonrió y me saludó con alegría.

—¡¡HOLA!! De nuevo por aquí, afirmó, ¿Qué tal fue todo? ¿Disfrutasteis?

—Si te dijese que si te mentiría. He echado a perder la relación que tenía con mi chica, dije con tristeza.

—Pero…¿Pero qué es lo que ha pasado? Preguntó seria.

Le conté todo lo que había pasado y como me había comportado con Cris y las consecuencias. Esa chica se llevó las manos a la boca para acallar su exclamación al enterarse de lo ocurrido de que había doblado la dosis del PENETRÓN.

—Te dije que te leyeses el prospecto y que no te pasases con la dosis ya que podías pasar un mal rato y veo que ni me has hecho caso. Tienes que ir a urgencias a que te vea un médico, puede ser peligroso para ti.

—Mira te agradezco el consejo pero bastante vergüenza he pasado esta mañana cuando he llevado a mi chica al hospital, todos me miraban como un enfermo, como un agresor sexual y si encima me presento con esto, dije señalando mi “paquete” creo que puedo tener algún tipo de problema. Mi pregunta es ¿Cuánto duran los efectos?

—Mas o menos unas 24 horas pero con dosis normales, en tu caso lo desconozco. Bueno y también…también es bueno orinar muy a menudo y sobre todo correrte todas las veces que puedas. Desde que lo has tomado ¿Cuántas veces te has corrido? Me preguntó.

—Solo una vez. Dije apesadumbrado.

Esa chica me miro a los ojos como evaluando la situación y seguidamente miró a mi polla que estaba otra vez como el cerrojo de un penal y es que no era para menos. Esa monada de niña iba con la parte de arriba del bikini tapando a duras penas unas tetas muy apetecibles y su minifalda, más mini que la del otro día dejando sus largas piernas al aire y casi adivinando su tanguita como única ropa interior.

—¿Sabes? El otro día me quede con unas ganas locas de que me follases. Hoy, hoy no te va a quedar más remedio que hacerlo si quieres empezar a ser tú de nuevo. Dijo sonriendo con picardía. Por cierto, me llamo Patricia.

—Yo soy Alfonso, dije con nerviosismo.

Patricia se fue a echar la llave a la puerta de entrada y puso un cartel de “Vuelvo en un rato” Agarró mi mano y me llevo tras la puerta donde me dijo que hacía su show. Era una especie de semicírculo con cabinas. Fuimos a una en concreto que tenía una cerradura digital. Esa chica marcó un código y se abrió la puerta pasando los dos al interior. Cuando pasamos me pidió que cerrase la puerta y automáticamente se levantó una especie de persiana mostrando el “escenario” una cama redonda enorme donde una niña estaba siendo follada por un tío con una polla de considerables dimensiones.

—¡¡JO…DER!! Exclamé al ver el espectáculo. Es muy joven todavía para hacer esto ¿No?

—Alfonso, te presento a mi hermana Leticia y aunque no lo parezca ya tiene 18 añitos cumplidos hace una semana y por cierto, el que se la está follando es mi chico, Marcos.

Estaba obnubilado con esa chiquilla que se movía de una manera increíble con una buena polla dentro de su coño. Tanto él como ella o estaban fingiendo o estaban a punto de explotar en un gran orgasmo. Estaba tan alucinado que Patricia ya me había quitado la camisa y bajado los pantalones y ni me había percatado de ello. La cabina era estrecha y estar allí los dos metidos nos hacía estar muy pegados, solo me saco de mi ensoñación la exclamación de Patricia.

—¡¡¡LO SABIA, VAYA PEDAZO DE POLLÓN QUE TIENES…JODEEEER!!! Y yo que pensaba que mi Marquitos la tenía enorme.

Aun sin haber mucho sitio, esa chica se arrodilló y empezó una mamada increíble aunque no podía meterse toda mi polla en su boquita. Aun así sus labios y su lengua hacían un trabajo inmejorable, eso, unido al espectáculo que me ofrecía su hermanita y su chico y a la calentura que llevaba encima, hizo que durase menos que un caramelo a la puerta de un colegio.

—Me…me corroooooo, gemí incontrolable.

Patricia se sacó la polla de su boca y saco pecho para que me corriese en sus tetas. Fue una corrida como pocas, la puse perdida y grandes goterones de semen caían desde su barbilla y su pecho hacia el suelo. Con dificultad se puso en pie y cogiendo un rollo de papel se limpió bien.

—Ibas bien cargadito ¡¡Ehhh!! Dijo ella con picardía. Ahora quiero que me folles, quiero sentir todo esto dentro de mí, dijo agarrándome la polla.

Mi verga no había perdido dureza, creo que incluso estaba más recia que antes. Me hubiese gustado desnudarla, pero debido al poco espacio fue ella quien lo hizo dejándome ver su espectacular cuerpo.

—Me hubiese gustado hacer esto más especial, dijo Patricia, no hacerlo dentro de una cabina viendo follar a mi hermana, pero es lo que hay y no pienso dejarlo pasar. Las oportunidades están para aprovecharlas.

Al terminar de decir esto se subió a una especie de poyete que había pegado al marco del cristal y abrió sus piernas dejándome ver el coñito tan bonito que tenía. Me dio un preservativo que me coloqué rápidamente y sin preámbulo metí mi verga en ese coñito apretado que me llamaba a voces.

—Dioooos…siiiiiiiiiiiii. Gimió en mi oído.

Su coño me abrasaba, me rodeó con sus piernas mientras mi polla entraba y salía de ella sin problema. Estaba hiperlubricada con lo que la penetración era fácil, ella me miraba a los ojos mientras mis manos agarraban su culo para atraerla más hacia mí y hacer la follada más profunda. Me apetecía besarla, acerqué mis labios a los suyos y ella me recibió con un morreo muy sensual, eso hizo que se abrazara con fuerza a mí, casi la mantenía yo en vilo mientras mi verga la barrenaba sin descanso. Note como su respiración se aceleraba y empezaba a gemir quedamente, tenso su cuerpo y se abrazó aún más a mi…

—Me corrooooooo…asiiiii…no pares…ahhhhhhhhh

Patricia estaba muy abrazada a mí, mientras veía a su hermana follando. Era muy morboso ver a esa niña con un cuerpecito perfecto y unas tetas muy apetecibles follandose una polla bastante grandecita y metiéndosela hasta los huevos. Yo estaba muy excitado viviendo aquello, seguía follandome a Patricia y noté su segundo orgasmo.

—Cariñoooooo no pareeeeees…diooooos.

—No voy a aguantar mucho más, dije a punto de correrme.

—Córrete cuando quieras cielo…pero no pareeees…follameeeee.

El preservativo ayudo a controlar algo más mi corrida. Mis caderas imprimían un violento bombeo en el coñito de esa preciosidad y volvió a correrse provocando así también mi orgasmo. Justo en el momento que me corría vi como su hermana sacaba esa polla de su interior y arrodillándose el muchacho se puso en pie y empezó a correrse en la cara de Leticia que con la lengua fuera de su boca recibía los lechazos de ese chaval en su rostro. Cuando terminé de correrme en el interior de Patricia los dos estábamos muy abrazados, jadeábamos y estábamos empapados en sudor. Buscó mi boca con ansiedad y nos besamos con lujuria, intercambiando nuestras salivas y enredando nuestras lenguas. Cuando vi que la hermana y el chico desaparecían por una puerta me salí del interior de ese coñito que había hecho mis delicias.

—Joder Alfonso, ha sido mejor de lo que me esperaba, dijo Patricia jadeando, lo peor el sitio, me gustaría probarte en una cama y sin preservativo. Nunca he tenido una polla así dentro de mí.

Mire a Patricia que bajándose del poyete donde estaba sentada, agarró mi balano, duro, pétreo todavía y le quitó el preservativo mirándolo con curiosidad.

—¡¡Joder que “corridón”!! exclamó esa chica que miraba alucinada el preservativo.

Aunque el lugar era estrecho, con agilidad Patricia se vistió en un santiamén mientras me miraba con picardía y me lo soltó de sopetón y sin anestesia.

—¿Te gustaría follarte a mi hermana? Me he fijado en como la mirabas cuando me follabas y aunque no me importe, ya que me corrido contigo tres veces, no sé si tu orgasmo te lo he provocado yo o el ver a mi hermana y a mi chico follar.

—Han sido las dos cosas Patricia, ver a tu hermana follando y notar tu calor abrasador en mi polla. Y si, me encantaría follarme a tu hermana.

—Vale, si te quieres asear detrás del escenario hay una ducha. Cuando termines búscame en la tienda.

Se lo agradecí ya que mi cuerpo sudaba profusamente. Solo me puse las bermudas y Sali de esa cabina que era un horno buscando el aseo que me había dicho Patricia. No me fue difícil encontrarlo y me di una refrescante ducha que me dejó como nuevo. Empezaba a sentirme mucho mejor, esas dos corridas con esa chica me habían relajado bastante, pero mi polla seguía queriendo más y en mi cabeza aparecieron las imágenes de Leticia follando con ese chaval. Cerré mis ojos y empecé a masturbarme aunque paré inmediatamente, ¿Para qué hacerme una paja pensando en esa niña si quizás me la podía follar?

Terminé de ducharme y al poco entraba de nuevo en la tienda y lo primero que vi es un culito precioso enfundado en unos shorts pequeñísimos dejando media nalga al aire y metiéndose por su raja de forma provocativa.

—Hola Alfonso, me saludó con alegría Patricia desde detrás del mostrador.

En ese momento la chiquilla poseedora de esa maravilla de culo se dio la vuelta y era ella, Leticia, que me miró diría con deseo. Desnuda esa niña era impresionante, pero según iba vestida era aún más deseable. Tenía una cara preciosa, con dos ojos grises y una larga melena negra que le llegaba hasta casi su culo. Llevaba una camiseta anudada bajo sus tetas y se notaba que iba sin sujetador y ese pantaloncito abría los labios de su coño marcándolo nítidamente. En ese momento entro en la tienda el novio de Patricia, saludó con la mano y dando un pico a sus chicas se fue despidiéndose hasta la noche.

—Alfonso, te presento a mi hermana Leticia. Leti, este es el hombre del que te he hablado.

—Mi hermana me ha contado lo que habéis hecho, pero sobre todo me ha descrito lo que ha sentido cuando la estabas follando.

La vocecilla de esa niña era lo más dulce y sensual que había oído. Eso unido a que se había pegado a mí y me miraba con esos ojazos grises, hizo que mi polla se irguiese desesperada, golpeando levemente la entrepierna de esa niña. Ella solo se limitó a sonreírme y se pegó aún más a mi metiendo entre sus piernas lo que sobresalía de mi cuerpo. Ella solo cerró sus ojitos y se mordió el labio inferior con deseo.

—¿Me acompañas? Dijo esa niña agarrando mi mano y tirando de mí.

—Pasadlo bien, rio Patricia desde el mostrador.

Me llevó hasta una especie de camerino. Cerró la puerta y se sentó con las piernas muy abiertas mientras me miraba traviesa. Ese pantaloncito le apretaba tanto que los labios mayores sobresalían por los lados de la poca tela que tenían tapando solo lo más importante.

—Desnúdate para mí. Pidió esa niña.

Con tranquilidad, pero muy nervioso, me fui quitando las únicas tres prendas que tenía puestas, bueno cuatro contando con las zapatillas. Cuando Leticia vio mi polla se llevó las manos a la boca y abrió mucho los ojos.

—¡¡¡HOSTIAS QUE TRABUCO…Y ADEMAS DEPILADITO…ME ENCANTA!!!

Sin mediar palabra esa niña se arrodilló delante de mí y dándome besitos en mi capullo engulló solo la punta, ensalivándome, jugando con su lengua sobre mi glande que agradecido daba espasmos de placer. Me miró a los ojos mientras me pajeaba e hizo algo que me dejó alucinado, poco a poco se fue metiendo todo mi pedazo en su boquita hasta que su naricilla toco mi pubis. Eché mi cabeza hacia atrás del placer que me dio y puse mis manos en su nuca para que no terminase esa mamada tan profunda, solo se oía el gorgoteo de sus babas y mi respiración agitada. Hacía poco me había corrido abundantemente dos veces y notaba mis huevos llenos de nuevo con ganas de descargar. Unos golpecitos de esa niña en mi pierna me anunciaron que necesitaba respirar, la liberé y ella sacó mi polla de su boquita llena de babas.

—Tienes una polla riquísima, no me voy a cansar de ella. Dijo volviéndose a tragar mi polla de nuevo.

Literalmente Leticia se estaba follando la boca y eso me estaba volviendo loco de placer. Como siguiese así no iba a aguantar mucho y necesitaba follarme a ese bombón de 18 añitos que se ofrecía a mi sin ningún tipo de pudor.

—Para Leticia…para que como sigas me voy a correr.

—Bueno, de eso se trata ¿No? Además, mi hermana me ha contado lo que te ha pasado, rió con picardía, apuesto que esta mañana cuando te despertaste ni se te pasó por la cabeza que te ibas a follar a una jovencita como yo.

—Por supuesto, dije ayudándola a ponerse en pie. Lo mismo que tú ni llegaste a pensar que un “abuelete” de 50 años te iba a follar. Dije acariciando sus tetas por encima de la camiseta.

—Ya me gustaría a mí encontrar a chavales con esta pedazo de “tranca” Dijo acariciando mis huevos y mi polla.

Esa niña era puro vicio, me miró con intensidad mientras deshacía el nudo de su camiseta y se la quitaba liberando esas dos tetas perfectas, duras, altivas, jóvenes. Inmediatamente mi boca se apropió de ellas, chupando, lamiendo y acariciando, arrancando gemidos de placer de esa niña. Mi mano bajó a su entrepierna, noté su humedad, mi boca devoraba una teta suya y mis dedos frotaban su coñito por encima del pantalón.

—Deja…deja que me los quite. Dijo excitada.

Leticia no tardó en quedarse totalmente desnuda delante de mí. Los dos estábamos en ese camerino y empezaba a hacer calor, aun así esa niña se sentó en el sofá que había y se abrió bien de piernas mostrándome un coñito precioso, apetecible y brillante de los juguitos que desprendía. Creo que fue una invitación clara a que se lo comiera y no le iba a hacer ascos aun sabiendo que hacía poco rato otra polla bombeaba dentro de ella.

Empecé besando el interior de sus muslos, tenía una piel extremadamente suave y olía a gel de baño, a recién duchada, pero según me acerqué a su coñito ese olor a hembra, a excitación, inundó mis fosas nasales e hizo que mi polla tomase una dureza que nunca había conocido.

Mis labios devoraron literalmente esa rajita jugosa y mi lengua la folló a conciencia. Su sabor era una ambrosía y para cuando se corrió en mi boca, mis dedos la follaban buscando su punto G. Agarró mi cabeza y me separo de su coñito que destilaba jugos preparándose para lo que venía a continuación. Hacia un calor de mil demonios y si seguíamos así nos íbamos a deshidratar.

—Dios Alfonso, ¡¡que comida de coño!! Exclamo esa niña fatigada después de su orgasmo. Aquí hace mucho calor, dijo Leticia acariciando mi cabeza y notando como sudaba. Se de un sitio que tiene aire acondicionado y allí podríamos follar muy a gusto…¿Vamos?

Yo solo asentí con mi cabeza. Ella agarró su teléfono móvil y escribió algo, se puso en pie y rebuscó en una caja con atrezzo, cuando lo encontró pegó su cuerpo al mío y me besó. No pude evitar bajar mis manos a su perfecto culo y amasarlo con desesperación, uno de mis dedos se metió en su culito y esa niña gimió de gusto.

—Ummmm…mi vida fóllame, no aguanto más.

—Dame un preservativo. Apremié excitado.

—Nooo mi amor, a pelo, quiero que me folles a pelo, no temas nada.

Leticia estaba muy, muy excitada y yo estaba con mi polla a punto de reventar, amoratada, dura como el asta de una bandera y golpeando mi vientre. Con mis manos en su culo tiré de ella y la levanté, ella pasó sus piernas por mis caderas y mi glande ya notaba la humedad de su coñito.

—Salgamos de aquí. Me susurró.

Salimos de esa habitación y algo de frescor nos invadió a los dos, cosa que agradecimos, me indicó una puerta y antes de entrar me puso un antifaz y dejándose caer se metió mi polla en su coñito, la sensación fue brutal, era muy estrechita y mi polla la abrió sin problema, pero apretaba mi balano de una forma deliciosa.

—Por diooooos que buenooo…reviéntame…que gustooooo. Gimió fuera de si esa niña.

Cuando abrimos la puerta, me encontré con el escenario donde hacia un rato Leticia follaba con el novio de su hermana. Me miró y me besó con cariño, como pidiéndome perdón por la encerrona.

—No temas nada cielo, nadie te va a reconocer. Tú solo concéntrate en mí.

Y allí me encontraba yo, en un escenario ofreciendo un espectáculo porno, con una niña de 18 años ensartada en mi polla y por lo que intuía con todas las cabinas, menos una llenas, y me dije:  «¿Por qué no? Quieren espectáculo, pues lo van a tener»

Leticia estaba tan excitada, tan caliente, que fue moverla unas cuantas veces sobre mi polla cuando entre gritos empezó a correrse. A partir de ahí y durante algo más de veinte minutos, me follé a esa niña en todas las posturas imaginables, pero sobre todo ofreciendo espectáculo, que los espectadores viesen como mi polla entraba y salía una y otra vez de ese coñito lleno de babas. Leticia se corrió muchas veces y yo no pude aguantar mucho más y se lo avisé, estaba a punto.

—Leticia me voy a correr, ¿Dónde lo quieres?

—Dentro por favor, córrete dentro de mi…llenameeee.

En ese momento Leticia se encontraba encima de mí. Sin sacar la polla de su interior me dio la espalda moviendo sus caderas y follandose ella misma y exploté llenando su útero de semen espeso y calentito. Leticia al notarlo gritó su orgasmo mientras sus piernas descontroladas se movían y su cuerpo temblaba. Noté como mi corrida la desbordaba y en ese momento se oyeron murmullos procedentes de las cabinas y algunos aplausos.

Cuando terminaron los espasmos del orgasmo esa niña cayó sobre mi pecho desfallecida pero feliz. Saqué mi polla de su interior y ella se quedó con sus piernas bien abiertas ofreciendo el espectáculo de su coñito supurando fluidos y semen.

—Alfonso has estado fantástico, creo que el día de hoy no lo olvidaré en mi vida. Me dijo esa niña buscando mis labios.

Cuando nos recuperamos, nos levantamos y salimos de ese escenario, metiéndonos en el camerino de nuevo. Pensé que ya había terminado todo, me quité el antifaz y agarre mis pantalones y mi ropa interior pero Leticia me detuvo.

—¿Nos duchamos juntos? Me preguntó con picardía.

—Me parece una idea estupenda.

Cuando nos metimos en la ducha ninguno de los dos se mantuvo quieto. Besos, caricias, nuestras manos enjabonaban el cuerpo del otro recreándose en los sitios más sensibles. Aun habiendo estado cerca de media hora follando con esa joven de ensueño, mi polla seguía con una dureza que no recordaba y esa niña con sus caricias y sus manitas ayudaba a que estuviese así. Por mi parte mis manos amasaban ese culo joven, duro y tremendamente apetecible, mis dedos ya se habían introducido en su interior dilatando su esfínter.

—¿Quieres follarme el culito? ¿Es eso lo que pretendes? Dijo besándome el cuello y sacando más su culo para que mis dedos entrasen mejor.

—No lo pretendo, te lo voy a follar ahora mismo. Dije con seguridad.

Lo mío con esa niña era puro deseo animal y ella lo sabía provocar muy bien. Con algo de violencia le di la vuelta y apoyé su cara en la pared. Ella abrió sus piernas y sacando su culito lo expuso ante mi provocadoramente.

—Hazlo con cuidado amor, es mi primera polla de verdad pero no lo primero que entra en mi culo, y tu verga es bien grandecita.

Viendo lo zorra que era esa jovencita, imagino que tanto su culo como su coño habrían recibido las visitas de dildos de considerables dimensiones. Iría con cuidado, pero seguro que ella no sufriría como una primeriza.

Embadurné su anito y mi polla con gel de baño y ella excitada abrió los cachetes de su culo ofreciéndome esa preciosidad que tenía. Apunté mi polla y casi sin esfuerzo como me imaginaba metí más de la mitad de mi balano en su culito.

—Ahhhhhh…diooos que ricoooooo, gimió moviendo sus caderas con lujuria.

Esto no había hecho nada más que empezar, mis manos agarraron sus caderas y sacando mi polla y de un fuerte golpe de caderas se la metí hasta que mis huevos rebotaron en su coñito.

—¡¡¡OOUUUAAAAA…SIIIIIII!!! ¡¡¡REVIENTAME EL CULITOOOOH!!!

Me quedé quieto unos instantes para que se acostumbrase a mi grosor pero ella me conminó a que no parase. Mis manos subieron a sus tetas y se apoderaron de ellas mientras mi boca besaba, mordía, lamia los hombros y el cuello de esa joven loba.

Mis empellones fueron a más, estaba muy excitado y ella muy cachonda. Mis golpes de cadera empezaron a rozar lo demencial y a cada envión la levantaba del suelo. Una mano de esa niña estaba en su coñito dándose placer y nuestros orgasmos eran ya imparables.

—Asiii…asiii…maaas…maaaaaas…¡¡OHH DIOOOS!!…¡¡OHHHHH!!…VAMOOOS…ME VENGOO…

Noté como esa niña se tensaba y empezaba a temblar. Echó su cabeza hacia atrás y abrió su boca como si la faltase el aire y su orgasmo explotó en su cuerpo.

—¡¡¡YAAAAAAH!!!…¡¡¡YAAAAAAAAAH!!!…¡¡¡SIIIIIIH!!!

Con mi polla bien clavada en sus intestinos y las contracciones de su anito sobre mi verga, me abracé a ella con desesperación mientras mis huevos se vaciaban dentro de su culo notando su orgasmo. Ni cuando tenía veinte años me llegué a correr en tan corto espacio de tiempo tantas veces. Ese bebedizo que me tomé por la mañana era como “La piedra filosofal” para el sexo. Te garantizaba una erección casi permanente y eyaculaciones copiosas.

Cuando recuperamos nuestras respiraciones y nos tranquilizamos, Leticia me miró fascinada y me volvió a besar en la boca. Mi polla seguía dura, dentro de su culo y si de mi hubiese dependido, me quedaría dentro de ella y la volvería a follar. Pero esa niña aunque feliz estaba ya agotada, solo su juventud y sus hormonas la habían hecho resistir, pero todo cuerpo tiene un aguante y creo que el de ella había dicho “hasta aquí” Como a cámara lenta, Leticia se fue sacando mi verga de su interior mientras ponía una cara de placer infinito.

—Me escuece el culo y mañana seguramente me acuerde de ti al sentarme. Pero te aseguro que este polvo no lo olvidaré en la vida.

Seamos sinceros, a partir de ese momento todo fue muy frio y lo entendí. Ya se había terminado el momento pasión y volvíamos a la realidad, ella era una niña aun y yo un maduro “asaltacunas” que había tenido el privilegio de poseer el cuerpo de una jovencísima “lolita” no me arrepentía de nada. Ya vestidos no pude dejar de observar como esa niña provocaba con esos mini shorts que marcaban su anatomía con procacidad.

Antes de entrar en la tienda Leticia se abrazó a mí y me besó con cariño dejándome notar su cuerpecito nuevamente. Me dio un papelito donde estaba su nombre y su número de móvil.

—Se que estas aquí de vacaciones, pero quiero que me llames de vez en cuando y poder charlar y bueno…si te apetece y vuelves por aquí…pues…no sé, dijo dejando el comentario en el aire.

Sabía de sobra, que lo de esa tarde había sido todo fruto de una serie de hechos. El hecho que yo me tomase el bebedizo y me excediese con la dosis, el hecho que me portase como un animal con Cris, el hecho que ella me pidiese que me fuera, el hecho que apareciese en esa tienda y el mayor de los hechos, que en ese momento Leticia se encontrase en el escenario follando con el novio de su hermana. Todos esos hechos me llevaron a follar con esas dos putas y a disfrutar como animales, pero esa niña era muy joven y muy golfa y yo demasiado mayor y con muchos prejuicios hacia ella, el resto seguro que no sería buena idea. No quise ser descortés ni borde, besé su frente y se lo dije intentando ser lo más convincente posible:

—Claro que si cielo. Seguro que estaremos en contacto.

Cuando salí de esa tienda tiré el papelito en la primera papelera que encontré, la tentación de llamarla sería demasiado fuerte. Fui a echar mano de mi teléfono móvil y recordé que cuando Cris me dijo que me fuera me lo dejé encima del mueble de la entrada. Parecía mentira que después de lo vivido con mi diosa de fuego todo se hubiese ido a la mierda por culpa de una estupidez que hice.

Era curioso, desde que Cris me dijo que me fuera y la dejase sola, mi cabeza había empezado la “desconexión” y no me había acordado de ella en toda la tarde. Tenía una sensación amarga, primero por haber terminado con una relación que empezaba a ser idílica y segundo porque al haber follado con esas dos chicas la sensación que tenía era de plenitud, no de culpa. Me incomodaba el volver al chalet y enfrentarme con Cris, pero mirando la hora vi que tenía que acercarme a casa de Inma y Angel, recoger a Noelia e irnos a casa y esperar acontecimientos.

Estaba llegando a la altura de la casa de ese matrimonio cuando alguien me llamó por mi nombre. Cuando me di la vuelta era Inma que venía de la playa, pero acostumbrado a verla bastante modosita cuando iba con su marido, ahora frente a mi estaba esa mujer con un bikini que eran trocitos de tela tapando lo justo y un vestido calado tan escaso y corto que dejaba adivinar sus curvas y lo que llevaba debajo. Su atuendo lo remataba con una pamela, unas gafas de sol unas chanclas como calzado y su inseparable bolso de playa.

Inma debió de ver mi cara de alucinado y divertida giró sobre si misma constatando que su braguita era un tanga muy escaso y dejaba su culazo al aire.

—¿Te gusto? Rio divertida.

—Uffff…ya lo creo, estas impresionante, dije babeando. ¿Y Angel? Pregunté con curiosidad.

Intuía por las pocas veces que hablé con él que Angel era el típico machito controlador que podía mirar y desear a cualquier mujer pero que a su Inma no la miraba nadie nada más que él.

—¿Angel? Dijo Inma con ironía. ¿Te puedes creer que le han llamado del trabajo esta mañana y ha tenido que irse a Sevilla? Creo que volverá mañana, pero me ha dejado sola.

Esto último lo dijo acercándose mucho a mí y pasando su dedo índice por mi pecho y bajando hacia mi pubis poniendo un mohín que se asemejaba a un puchero. Increíblemente mi polla empezó a llenarse de sangre nuevamente.

—¿Y tú? ¿Qué haces aquí? ¿Y Cristina? Preguntó Inma.

—Bueno estaba haciendo algo de tiempo hasta que viniesen las niñas…y Cristina, pues esta mañana ha tenido un percance, se ha caído de culo por las escaleras y tiene fisura de coxis. Inventé improvisando sobre la marcha.

—¡¡¡Ay pobre!!! Con lo que duele eso. Anda ven que te invito a una cerveza. Dijo Inma agarrando mi mano y tirando de mí.

Pensé que nos iríamos a cualquier chiringuito de la playa y tomaríamos algo, pero ella me llevó hasta su casa. Cuando entramos, nos fuimos a la cocina y sacó dos botellines, me miró como una leona mira a su presa y pasó su lengua por sus labios de manera sensual. Sin dejar de mirarme y con su móvil en la mano escribió algo y casi al instante recibió, imagino, la respuesta y una sonrisa se dibujó en su cara.

—Sabes, tengo en wasap un grupo de amigas que están más salidas que una esquina y son unas calentorras de cuidado. Dijo con una sonrisa maquiavélica.

—Emmmmm…jajajajaja…curioso, y…¿Y por qué me cuentas eso? Pregunté ya algo nervioso.

—Porque esta tarde, en un conocido sex shop de esta localidad un hombre con una polla enorme se ha follado a una jovencita durante más de veinte minutos. Alguien lo ha grabado y una de estas amigas me lo ha mandado, creo que se ha convertido en viral.

Inma me enseñó el video y efectivamente, era yo follándome a Leticia. Aunque la grabación no era de mucha calidad y el que grababa utilizaba mucho el zoom, grabó todos y cada uno de los orgasmos de esa niña y por ultimo y en un primer plano mi corrida dentro de ella desbordando su coñito. Eso me preocupó bastante, aunque con el antifaz no se me veía la cara, si había partes de mi cuerpo que digamos tenían alguna característica que me podían delatar y me podrían poner en un apuro.

—Es increíble como ese hombre, comentó Inma mientras seguíamos viendo el video, ha conseguido volver loca de placer a esa niña, pero lo que me ha descolocado es el aguante que ha tenido follandose a esa nínfula…creo que cualquier mujer sueña con un semental así, que la lleve al paraíso del placer y por suerte yo conozco a este hombre.

—¿Lo conoces? ¿Y qué piensas hacer? Pero lo que me sigue intrigando es ¿Por qué me cuentas esto?

Inma en ese momento se quitó el vestidito que llevaba quedándose solo con el bikini. Madre mía que pedazo de tetas tenia, mi polla ya estaba pidiendo guerra de nuevo y empujaba dentro de la pernera del pantalón intentando salir. Inma se puso frente a mí y apoyo su cuerpo en el mío, me miro con deseo y me dio un tierno beso en los labios.

—Sabes de sobra que el hombre de este video eres tú, te reconocería sin problemas por el antojo que tienes en tu espalda y por ese pequeño tatuaje en forma de corazón que tienes en tu antebrazo a la altura del hombro. ¿Quieres más pruebas? Dijo Inma bajando su mano y acariciando mi polla por encima del pantalón.

—Joder Inma…uffff…¿Y Angel? Pregunté excitado.

—Seamos sinceros Alfonso, gemía Inma en mi oído mientras me hablaba sobreexcitada, soy muy puta y mi marido es un cornudo que no sabe darme lo que necesito, pero le quiero. Y ahora mismo lo que necesito esta entre tus piernas.

—Las niñas pueden aparecer en cualquier momento. Dije bajando mis manos a su culo y besando su cuello.

—Tenemos una hora y media, mi hermana sabe que estoy contigo.

Separándose de mí, agarro su vestido y dándome la mano me llevó a su habitación. Cuando llegamos me desnudó ella con rapidez y cuando vio mi verga, dura, surcada de venas y amoratada se relamió.

—¡¡¡HOSTIA PUTA NIÑO…VAYA CIPOTE!!! Exclamó Inma arrodillada frente a mí.

Sin preámbulos empezó a mamarme la polla, sin mucha maestría pero con mucho empeño y eso me arrancó mis primeros gemidos. Reconozco que con ese bikini Inma estaba tremenda, pero quería verla desnuda y sobre todo quería follarla. La ayudé a ponerse en pie y no me costó mucho trabajo dejarla completamente desnuda para mí y aunque los años no perdonan se notaba que se cuidaba mucho. Tenía algo de tripita pero incluso eso la daba un toque de belleza que me encantaba y su coñito lo llevaba muy arreglado pero con algo de vello en su pubis. Cuando mis dedos jugaron con su rajita estaba empapada, casi goteando y ella ruborizada apartó mi mano.

—Lo…lo siento, cuando me excito soy una fuente. Se excusó Inma.

—¿Y eso te preocupa? Le pregunté. Ven cielo, túmbate en la cama.

Inma obedeció sin rechistar pero se notaba que estaba incomoda. Cuando se tumbó lo hizo con las piernas muy cerradas intentando proteger o esconder algo, pero con delicadeza abrí sus piernas mostrando un coñito brillante, con sus labios mayores lampiños, su clítoris sobresaliendo y su vagina palpitando. Me tumbé y me dispuse a disfrutar de ese manjar pero Inma me frenó de inmediato.

—¡¡NOOO!! No hagas eso, te va a dar asco. Angel no lo soporta.

No me quise parar a hacer preguntas pero algo no me cuadraba. Si Inma era tan puta como decía y su marido un cornudo…¿Es que nunca le habían comido el coño?

—Yo no soy tu marido y por supuesto esto no me da asco, al contrario, es un manjar.

Me amorré a ese coñito babeante y nada más empezar a lamer y chupar esa golosina Inma ya explotó en un gran orgasmo que dejó empapada mi cara. Aunque intentó separarme de su coñito, yo me agarré a sus muslos y seguí lamiendo y acariciando su clítoris con mi lengua hasta que sus caderas me indicaron que estaba a punto de correrse de nuevo, trepé por su cuerpo y dejé mi glande a la entrada de su vagina, la besé para que probase su propio sabor y la miré enfebrecido.

—Pídemelo Inma, dime lo que deseas.

—Qui…quiero que me folles…¡¡¡FOLLAME!!! Me exigió.

Enterré mi polla en ese coñito hasta que solo mis huevos quedaron fuera. Durante casi una hora me follé a esa mujer en todas las posturas que ella me pedía, mi aguante era lógico después de haber estado con Patricia y su hermana, pero gracias a eso Inma se corrió cinco veces más y al final ni se lo pregunté, exploté dentro de su coño regando su útero con mi corrida.

—Joder…que bestia, que animal…que manera de follar. Decía Inma con la respiración acelerada. Envidio a Cristina por tenerte y poder disfrutar de ti cuando le venga en gana.

Los dos estábamos empapados en sudor, Inma miró la hora y tirando de mi nos fuimos a duchar y aunque me hubiese gustado seguir follando a esa mujer la hora nos aconsejaba parar. Cada uno se limitó a enjabonarse pero aunque nos mirábamos febriles, no nos tocamos un pelo sabiendo que si lo hacíamos nos engancharíamos como perros.

—Date prisa y vístete, me conminó Inma, mi hermana está a punto de llegar.

Yo me fui al salón y dejé que ella se vistiese cómodamente y sin prisas. Miré la hora, eran cerca de las nueve y Cristina no sabía nada de mí y yo no sabía nada de ella. Imagino que estaría preocupada por la niña así que descolgué el teléfono y me dispuse a llamarla, entonces me di cuenta que ni me sabia su número de móvil, cuando la llamaba buscaba su nombre en mi agenda. Así que hice lo más lógico, sabiendo que mi teléfono estaba en casa me llamé a mi mismo y a los pocos tonos la voz apagada de Cris sonaba al otro lado.

—¿Dígame? Preguntó Cris.

—Hola Cristina soy Alfonso.

—¡¡Cariño!! ¿Dónde te has metido? Estaba muy preocupada por ti. Dijo Cris echándose a llorar. No sabía cómo localizarte y miles de pésimas ideas se me han pasado por la cabeza.

—Bueno, me dijiste que necesitabas estar sola y que el que yo estuviese allí te incomodaba. Dije sorprendido.

—Se…se lo que te dije, pero necesito que vengas, ¿Dónde estás?

—En casa de Angel e Inma, he venido a por la niña.

—Vale, me alegro que me lo digas estaba también preocupada por eso. Venid en cuanto podáis, os echo de menos.

Nos despedimos con cariño, como siempre lo hacíamos. Sabía que tendría que aclarar con ella mi actitud de la mañana, pero mis peores temores de que Cristina me dejase se fueron de mi cabeza.

Cuando llegó la hermana de Inma, quiso que nos quedásemos a cenar todos. Vi su mirada de deseo cuando me saludó, pero yo necesitaba ver a Cris, estar con ella y aclarar todo. Me excusé diciendo que Cristina al estar muy dolorida me necesitaba a su lado y nos despedimos. Cuando llegamos al chalet y abrimos la puerta, Cris vino andando a duras penas hacia nosotros y se abrazó a mí con fuerza, estaba tan dolorida que al abrazarla se quejó de dolor. Ni podía sentarse, con lo que Noelia se fue a duchar y yo preparé la cena para los tres.

Noelia estaba tan cansada que según terminó de cenar se fue a dormir y Cris y yo cenamos de pie en la cocina entre miradas de cariño.

—¿Me ayudas a ducharme? Me preguntó Cris, me duele tanto el cuerpo que ni puedo doblarme.

—Por supuesto que sí, pídeme lo que necesites.

Aunque en un principio no me quise meter en la ducha con ella, me convenció que sería mejor, así no pondríamos todo perdido de agua. Fui muy cuidadoso cuando la enjaboné. Me fijé que sus tetas tenían moratones imagino del fuerte magreo al que las sometí. Puse especial cuidado cuando lavé su culete y su entrepierna y ahí sí que se quejó de mucho dolor, cuando terminé la sequé con mimo y la llevé a nuestra habitación para ayudarla a vestirse y hacer la cura en su anito. Cuando pude ver lo que le había hecho se me saltaron las lágrimas. Todo su esfínter era un hematoma, estaba hinchado y todavía sangraba ligeramente. Vi su sexo también tenía hematomas y estaba enrojecido, sentí vergüenza de mí mismo.

—Mi amor te ruego que me perdones por lo que te he hecho, no tengo palabras con que expresar esto.

Ella solo, me sonrió entre dolores, aplique una pomada cicatrizante en su esfínter y luego le di el antibiótico y el analgésico que le habían recetado. Con esto le ayudé a acostarse y me acosté a su lado, ella enseguida se acurrucó contra mí y yo la abracé con cariño.

—¿Me vas a contar que ha ocurrido esta mañana? ¿Por qué me has tratado así? Me preguntó Cris.

Le conté todo, desde que entre a ese sex shop hasta lo que compre. Le dije que quería sorprenderla con un día de sexo increíble y que para eso adquirí esos productos.

—Cometí una temeridad y doblé la dosis que tenía que tomar. No sé qué demonios será ese producto ni de donde estará sacado pero te cambia, te transforma en un sátiro, en un depredador sexual. Cuando te follé había perdido la razón, no era yo.

—¿Y cómo te encuentras ahora? Preguntó Cris.

Yo agarré una manita suya y la lleve hacia mi polla. El sentir el cuerpecito cálido de Cris pegado al mío me había puesto como una moto. Ella metió su mano dentro del slip y acarició mi verga e hizo un intento de masturbarme, pero debido a las folladas que había tenido me dolía, con lo que quité su mano con delicadeza.

—¿No quieres que te alivie? Preguntó extrañada.

—Hasta que tú no te encuentres mejor y puedas disfrutar…no. Digamos que es como un castigo que me autoimpongo por haberte hecho sufrir.

—No te martirices con eso mi amor. Aunque esta mañana estaba furiosa contigo y estuve tentada de dejar lo nuestro, te reconozco que has cumplido una de mis fantasías que creo que nunca me hubiese atrevido a confesarte. Siempre fantaseé con que se sentiría cuando te violan, cuando te fuerzan a hacer algo que no quieres, hoy he sentido eso…ha sido uno de los mejores polvos de mi vida.

Cristina me dejó a cuadros, esa confesión me demostró que nunca se sabe lo que pasa por la cabeza de una mujer y que todavía me quedaba mucho que descubrir de esa joven increíble.

—Alguna vez, continuó diciendo, me he vestido muy provocativa, con una ropa tan escasa que solo faltaba en mi frente la palabra “FÓLLAME” Me paseaba por el pueblo de semejante guisa esperando que algún “garrulo” me forzase y me violase, pero siendo la hija de quien era y como me conocía todo el mundo, creo que incluso si hubiese ido desnuda no me tocarían un pelo, era desesperante.

—Esto que me has contado Cristina aparte de sorprenderme no me hace sentir mejor.

—Bueno mi amor, es nuestra última semana intentaremos pasarla lo mejor posible, lo único que te quiero pedir ahora es que me compres un flotador para que me pueda sentar.

—Mañana mismo te lo compro a primera hora. Por cierto Inma me preguntó por ti y le he dicho que te caíste de culo por las escaleras y tienes una fisura en el coxis

—Jajajajajaja, rió Cris, bien pensado. Anda vamos a dormir estoy cansada.

Esa semana dio para poco más. Cristina me demostró la entereza que tenía, aun sufriendo los dolores que sufría, no nos privó a Noelia ni a mí de bajar a la playa y pasar la mañana entre baños y viajes al chiringuito a por cervezas o refrescos y charlas con Inma y Angel. No me separé de su lado en ningún momento aun sintiendo las miradas de deseo que me echaba Inma y ya a mitad de semana con mi ayuda se dio los primeros baños. Creo que el agua de mar ayudó también a que mejorase y día a día veía como su anito iba mejorando a marchas forzadas.

—Te voy a ser sincera, me dijo Inma en un momento en el que nos quedamos solos. Antes de que te vayas me gustaría que me follases de nuevo, joder, no me puedo quitar de la cabeza el polvo que echamos y si ahora tocases mi coñito notarías que estoy chorreando.

La oferta era tentadora, no lo niego, pero los efectos del “PENETRÓN” ya hacia días habían desaparecido y me negaba a ser promiscuo e infiel, de acuerdo, ya lo había sido, pero esa no era mi manera de ser ni de pensar.

—Va a ser complicado Inma, me disculpé con ella, Cristina me necesita y no puedo dejarla sola ni un momento.

—Lo entiendo, dijo con pena, pero prométeme que lo intentarás.

Ella y yo sabíamos que ya no habría más encuentros, pero la esperanza es lo último que se pierde. La tarde que me follé a Inma se dieron todas las circunstancias para que así fuese y pienso que fue un polvo increíble, pero las situaciones no deben de forzarse o todo sale infinitamente mal.

Con pesar por nuestra parte el domingo iniciamos el viaje de vuelta a la rutina. Aun con el incidente que dejó a Cris maltrecha, comentamos lo bien que lo habíamos pasado y que repetiríamos. Se que el viaje de vuelta para Cristina fue un suplicio y que gracias a los analgésicos no sufrió tantos dolores, pero estaba deseando llegar. Antes de llegar al pueblo donde vivía Cris nos paramos a descansar y a tomar algo y me lo comentó Cris.

—Alfonso me gustaría pedirte algo si es posible.

—Claro, pídeme lo que quieras.

—Veras, el lunes ya he pedido cita con el proctólogo y con el ginecólogo y me gustaría que me acompañases. Paso de que mi madre venga conmigo y me haga preguntas incómodas y las hará por qué no se querrá quedar fuera de la consulta y se enterará de todo.

—No te preocupes mi vida, cuenta conmigo para lo que haga falta.

Aunque Cristina dentro de la hacienda tenía una casa propia y aislada de la de sus padres, donde vivía y llevaba la parte económica de la hacienda, la bodega y los viñedos, consideré apropiado irme al motel del pueblo, pero cuando llegamos y sus padres conocieron el problema y que yo me quedaría para ayudarla, no dudaron en ofrecerme alojamiento e insistieron que me quedase con ellos. Eso de alguna manera ayudó a conocer más a esa familia y sé que Cris estaba encantada con tenerme en su casa, aunque no compartimos dormitorio.

Cris se recuperó de sus dolencias aunque tardó cerca de dos meses en poder ser ella misma. No me quedó más remedio que irme a mi casa y atender mi negocio, alargué las vacaciones más de la cuenta, aunque los muchachos que trabajaban conmigo fueron los encargados de abrir la tienda y atender las averías. Esa semana me encontré muy solo después de haber vivido con Cris cinco semanas y no habernos separado prácticamente para nada, hablábamos a diario y más de dos y tres veces hasta que llegaba el fin de semana en el que ya fuese ella o yo nos juntábamos ya fuese en su casa o en la mía y prácticamente no salíamos de la cama en sesiones de sexo interminables que apaciguaban nuestro deseo de sentirnos y darnos todo el placer que reclamábamos.

El culito de Cris fue visitado de nuevo por mi polla, pero gracias a ese gel que compré en su momento en el sex shop, mi verga entro sin dolor y suavemente. Esa segunda vez Cristina sí que disfrutó de esa follada y además también probó el sentirse follada ocupando sus dos agujeritos con el dildo que también adquirí en ese verano, se volvió loca de placer y tuvo unos orgasmos que la dejaron rota y a mí con los huevos totalmente secos.

Bueno, durante casi año y medio estuvimos manteniendo esa relación. En ese tiempo el padre de Julia falleció y su mujer, madre de Julia y abuela de Noelia pudo dedicarse a su nieta a tiempo completo, con lo que Cris y yo también tuvimos más tiempo para demostrarnos nuestro amor. Y no es que la niña fuese un estorbo, la queríamos como si fuese nuestra hija, pero egoístamente eso nos daba más libertad. También durante ese año y medio el padre de Cris me enseñó los entresijos de los viñedos y la bodega. Me ayudó a distinguir un Cabernet Sauvignon de un Merlot, o un Tempranillo de un Pinot. Educó mi paladar y supe sacar matices en los caldos que nunca había apreciado sin yo saberlo.

Pero realmente los planes de ese hombre iban más allá. Para darme más confianza a mí mismo en ese mundo que yo desconocía hizo que tomase decisiones tanto en la recogida de la uva como en llevar la bodega y “mimar” lo que en ella se guardaba para conseguir unos vinos que fuesen únicos. Mas tarde me enteraría que su deseo es que uniese mi vida a la de Cris y que entre los dos nos hiciésemos cargo de la hacienda y el negocio familiar.

Fueron muchas las veces que juntos nos íbamos al pueblo. Él quería que nos viesen juntos, que todo el mundo supiese quien era yo y de hecho cuando entrábamos en el bar del pueblo y me presentaba a alguien se refería a mi como su “yerno” el futuro marido de su hija. Y no es que me molestase, al contrario, pero Cris y yo nunca nos habíamos parado a pensar en juntar nuestras vidas, de hecho ni habíamos hablado de ello y no sé si ese era su deseo, pero ese hombre se encargó de que lo supiese.

—Veras Alfonso, empezó diciendo ese hombre, Cristina ya ha cumplido 31 años y va camino de los 32, tú tienes 52 y mi mujer y yo desearíamos que un nieto o varios correteasen por la casa y poder ejercer como abuelos. Con esto quiero decirte que tienes mi bendición para juntarte o casarte con mi hija, eso lo decidís vosotros, pero lo más importante es que quiero que los dos llevéis el peso del negocio y decidáis en todo momento, aunque yo me mantendré en segundo plano y si necesitáis consejo os lo daré encantado.

—Don Eladio, su hija y yo nunca hemos hablado de juntar nuestras vidas y no sé si es lo que ella desea.

—Joder Alfonso o estas muy ciego o es que no ves lo que hay más allá. Mi hija esta perdidamente enamorada de ti, nunca la he visto así y habla de ti a todas horas. Si vieras la cara de felicidad que tiene cuando llega el fin de semana lo sabrías.

Eso me hizo pensar que quizás debería ver más allá, como me dijo su padre. Quizás Cristina no quería agobiarme y estaba dándome tiempo para que se lo pidiese. Ella no me ponía objeciones a que nos viésemos las veces que hiciesen falta, siempre organizábamos las vacaciones juntos o escapadas de fin de semana. Nuestras discusiones eran prácticamente cero, no discutíamos aunque alguna vez si nos enfadábamos pero un beso o una caricia o un sentido lo siento, te quiero, hacía que nuestros enfados no durasen más de diez minutos. La relación era idílica, entonces, ¿Qué me frenaba? ¿El miedo al rechazo?, ¿A que me dijese que no?, ¿A que nuestro abismo generacional fuese un obstáculo insalvable?…¿A hacer el mayor de los ridículos delante de la mujer que amaba? MIEDO, esa era la palabra, un miedo atroz a que Cristina me rechazase, pero así no podía seguir, cada día que pasaba quería más de ella y ella más de mí, tendría que dar el paso y tirarme a la piscina con miedo que no hubiese agua.

Ocurrió el día que decidí decirle que necesitaba estar con ella a todas horas, que me ahogaba sin sentirla a mi lado. Elegí ese día por que me entregaban el coche nuevo que había comprado para los dos, un precioso Volvo XC90 y por qué Cristina estaba muy estresada con la adquisición de una nueva bodega propiedad de su máximo competidor. Cris deseaba que me deshiciese de mi viejo coche y comprase uno más moderno con más seguridad y que contaminase menos. El jueves por la tarde fui a recogerlo a la concesión y pensé que sería buena idea el irme el viernes por la mañana y dar la sorpresa a Cristina presentándome sin avisar en su casa y compartiendo ese coche que había comprado e invitándola a un fin de semana relajante.

Ese viernes salí un poco más tarde de lo que había pensado, pero con tiempo de sobra para llegar a la hora de comer. Durante todo el camino, fui ensayando las palabras adecuadas con que decir a Cristina que deseaba pasar el resto de mi vida con ella iba nervioso no, nerviosísimo por lo que pudiera ocurrir y aunque el coche tenía todo tipo de comodidades, incluido climatizador, mis manos sudaban por lo inquieto que iba.

Casi llegando a la hacienda, vi como un cochazo impresionante salía de ella. Cuando me crucé con ese coche pude ver perfectamente a Cristina con un escotazo de vértigo y acompañada de un hombre de pelo cano con pinta de chulo vividor.

Inmediatamente hice el cambio de sentido y me dispuse a seguirlos. Tomaron la carretera principal y al cabo de algo más de media hora entrábamos en Toledo (capital). Durante todo el camino me estuve preguntando si la vista no me habría engañado y no sería Cristina si no otra mujer. Pronto salí de dudas cuando pararon en un restaurante muy exclusivo y los aparcacoches abrieron la puerta del acompañante y vi bajar a Cristina. La sangre se me helo en las venas, parecía una puta de lujo, ese vestido dejaba su espalda al aire, no llevaba sujetador y solo la tela del vestido tapaba sus tetas que libres se bamboleaban sin que nada se lo impidiese.

Pero lo que me dejó más aturdido fue lo cortísimo que era el vestido que a duras penas tapaba su culo y de seguro que de frente se verían sus braguitas, si es que las llevaba. El hombre agarró de la cintura a Cristina y los dos entraron al restaurante. Yo me quedé en el coche intentando digerir lo que había visto sin creérmelo aun. Al poco rato me bajé y entré en ese establecimiento, pedí una tónica y eché un vistazo por el local, los vi en una especie de reservado donde tenían algo de intimidad, pero con un camarero única y exclusivamente para ellos.

Lo poco que pude ver fue desolador para mí, ese hombre era como un pulpo, pero lo peor de todo es que Cristina no le impedía que le sobase por donde quería y como podía. Ni me terminé la tónica, me fui al coche y esperé a que salieran. Casi dos horas después, vi como los aparcacoches traían ese cochazo y del restaurante salían Cristina y el tipo ese. Su mano ya no estaba en su cintura si no que amasaba una nalga suya con descaro levantando su vestido de tal manera que iba enseñando todo.

Se montaron, iniciaron la marcha y llegaron a un hotel donde aparcaron, se bajaron del coche y entraron dentro. Bien si tenía alguna duda con esto ya se había aclarado todo. Mientras yo estaba en Madrid trabajando, se supone, ella se divertía entre semana con su amante o amantes. La mujer que amaba era una golfa y desde luego en esos momentos todos los planes que tenía los deseché incluido por supuesto el juntar mi vida con la suya.

Aun así y movido por la curiosidad, no fuese a ser que solo estuvieran tomando algo en el bar del hotel, me acerqué y miré en su interior buscándolos y lógicamente no había rastro de ellos. Me fui a recepción y un joven muy amable me atendió.

—Buenas tardes, hace un momento un hombre y una joven pelirroja con un vestido muy escaso han entrado en este establecimiento, aseveré.

—En efecto, así es señor.

—¿Me podría decir en que habitación se encuentran?

—Lo sentimos mucho señor, pero las normas del hotel nos impiden dar esa información.

Saqué la cartera y puse dos billetes de 50€ sobre el mostrador. El recepcionista miró los billetes y puso su mano encima de ellos, pensaba que los iba a coger y me iba a dar esa información, pero los acercó nuevamente a mí.

—¿Realmente desea ver lo que le están haciendo a esa chica en estos momentos? Se que cada persona es un mundo, pero si yo estuviese en su piel no desearía verlo, he visto muchos cuernos en este hotel y las consecuencias de verlo no son agradables. Hágame caso y márchese a su casa y si lo desea ya lo hablará con ella, pero en la intimidad, no monte un numero aquí que haga que venga la guardia civil y se lleven a todos al cuartelillo.

Sopesé las palabras de ese joven y tenía razón, me despedí de él amablemente, monté en mi flamante coche nuevo y puse rumbo a Madrid, triste, hundido, deprimido y sin ánimo para hacer nada. Casi llegando se me ocurrió llamar a Lola, esa clienta que me llamaba de vez en cuando para que le quitase las telarañas del coño. A nadie le amarga un dulce y esa loba sería una buena cura para olvidarme por un rato de Cris y pagarla con la misma moneda. Busqué en la agenda su teléfono y di a llamar a los pocos tonos oí su voz algo fatigada.

—Alfonso cielo que alegría, ¿Qué tal estas?

—Bien, voy tirando, ya sabes. ¿Y tú, que tal vas?

—Muy bien, muy contenta con mi nueva vida. ¿A qué debo el honor de tu llamada?

—He pensado que por qué no nos vamos a cenar por ahí tú y yo y luego nos vamos a tú casa o la mía a tomar una copa.

—¡¡Ayy!! Cariño lo siento, pero estoy acompañada.

Ahora entendía su respiración agitada, la había pillado en pleno polvo, eso hizo que me deprimiese aún más y no me quedo otra que despedirme de Lola.

—¡¡Vaya!! Siento si te he interrumpido.

—Tranquilo, no pasa nada.

—Bueno, pues nos vemos, dije con tristeza.

—Nos vemos, un beso.

Miré mi teléfono móvil, estuve tentado de llamar a Cristina y montarla una bronca monumental por lo puta que había sido, pero en vez de eso lo apagué, no quería saber nada de ella y sabía que esa misma noche me llamaría.

Ese fin de semana fue anodino. Solo me mantuvo algo activo mi nuevo coche. Tanto el sábado como el domingo me fui a hacer kilómetros para acostumbrarme a su manejo. La semana empezó sin alegría y el martes poco antes de cerrar entró en la tienda Cristina con cara de pocos amigos, aunque cuando vio la mía, supo que algo muy grave ocurría.

—¿Se puede saber que te pasa Alfonso? ¿Por qué no has respondido a mis llamadas ni a mis mensajes? Estaba muy preocupada, pensé que te había ocurrido algo.

Iba a estallar, a llamarla de todo y a acordarme hasta de sus ancestros por haberme engañado. Pero nuevamente me sorprendí a mí mismo y solo la miré con dureza sin decirle ni una palabra. Recogí lo poco que había que recoger y cerré la tienda con Cris a mi lado mirándome sin entender nada de lo que pasaba.

—Alfonso sé que algo muy grave ocurre, pero si no hablas conmigo no sabré lo que pasa.

Me fui hacia mi casa con Cristina andando detrás de mí. Sabía que la actitud que estaba tomando era infantil y tenía que hablar con ella y que sintiese mi dolor y mi rabia por el engaño que vi. Cuando llegamos a mi portal ya me lo dijo muy enfadada:

—Mira Alfonso, solo te pido que tengas la deferencia de decirme lo que ocurre ya que me venido deprisa y corriendo por que estaba muy asustada. Creo que me lo debes y con tu silencio no vas a conseguir nada, solo cabrearme más aun. Dijo Cris elevando un poco el tono de su voz.

—Pasa, indiqué franqueándole la entrada, no quiero estar en boca de los vecinos mañana. Dije secamente.

Subimos en el ascensor mirándonos a los ojos con dureza, ella estaba enfadada, yo estaba que me subía por las paredes y una vez en casa y a salvo de miradas y oídos indiscretos me lo volvió a preguntar de nuevo.

—¿Qué está ocurriendo Alfonso?

—Se que me engañas Cristina, que no eres fiel y te acuestas con otros hombres. Afirmé tajante.

La cara de Cris era de alucine total, como si no se creyese lo que estaba oyendo.

—Creo que te estas equivocando, aunque si lo dices es por algo, ¿No?

—Veras, el viernes pasado tenía tantas ganas de verte, de estar contigo, que antes del medio día me fui hacia tu pueblo. Pero cuando llegué a tu hacienda vi que salía un coche, y dentro de ese coche ibas tú y un hombre de pelo cano y pinta de putero.

—Si, no te lo niego. Afirmo con tranquilidad Cristina.

—Os seguí hasta Toledo a un restaurante muy exclusivo, cuando te vi bajar del coche se me helo la sangre en las venas cuando vi el vestidito, por llamarlo de alguna manera, que llevabas. Parecías…parecías…

—Dilo claramente y sin miedo Alfonso, parecía una puta, una golfa. Tampoco te lo niego.

—En el restaurante y aunque estabais en un reservado, pude apreciar como ese baboso te metía mano y tu no hacías nada por evitarlo. Y por último os seguí hasta el hotel donde os metisteis imagino a terminar el día. Dije con ironía y molesto ante la tranquilidad de Cristina.

—Todo ocurrió según lo has contado. No te puedo negar nada. Aseguró Cristina.

Nos quedamos callados por unos minutos, ella no dejaba de mirarme con una extraña mueca de seguridad y yo me estaba hundiendo cada vez más ante su humillación.

—¿Hubo sexo? Pregunté estúpidamente.

—Por supuesto que hubo sexo, mucho sexo. Admitió Cristina con una ligera sonrisa.

Estuve a punto de echarme a llorar delante de ella y no quería eso, no quería que viese como me había humillado y hundido. Necesitaba estar solo y desahogarme, así que me levanté y lo dije con voz temblorosa.

—Bien, dije sin mirarla, entonces creo que no hay más que hablar, aquí termina todo.

Me fui hacia la puerta y Cristina me siguió, antes de abrir la puerta Cris puso su mano para que no abriera y me hizo mirarla.

—Antes de que mandes lo nuestro a la mierda, ¿Me dejas mostrarte algo?

—Que me quieres mostrar. Dije con cansancio.

Cristina buscó algo en su bolso y sacó su teléfono móvil, busco algo y llamó.

—Lena soy Cris, ¿Estas en casa?

—… …

—Pues espérame que necesito algo muy importante de ti.

—… …

—No me jodas Lena, no estoy para bromas, te necesito como no te haces una idea, esto es algo personal y de vital importancia.

—… …

—Tardo poco en llegar.

Cuando terminó de hablar me miró muy seria, sabia que estaba frustrada por algo pero no sabía por qué, aparte claro está, de haber terminado con nuestra relación.

—Nos vamos. Afirmó Cris.

—¿A dónde?

—Dentro de un momento lo averiguarás. Y no hagas mas preguntas por favor. Respondió Cris con sequedad.

—Mejor, tampoco tengo muchas ganas de hablar contigo. Respondí enfadado.

La tensión entre nosotros se palpaba en el ambiente y cualquier palabra mas alta que otra haría saltar chispas. No entendía su enfado, la parte ofendida era yo. No se si la había dolido mas que descubriese su infidelidad o que hubiese terminado nuestra relación. Era tal la poca empatía que había en ese momento, la nula complicidad entre nosotros, que cuando vio el coche nuevo solo se limitó a sentarse y sin yo decir nada me indicó.

—Vamos a la colonia El Viso, a la calle Nervión, yo te indico.

Durante el trayecto hasta esa dirección el silencio se instaló entre nosotros, no cruzamos ni una sola palabra hasta que llegamos al destino y sacando un mando de su bolso nos metimos en una especie de urbanización de lujo y me dijo donde aparcar. Entramos en un edificio de tres plantas y subimos hasta la última planta. Cuando salimos al rellano lleno de mármol por todos los lados Cris llamo al timbre de una puerta y casi de inmediato abrió una chica impresionante, alta, de pelo negro y con unos inmensos ojos azules, y un cuerpazo que quitaba la respiración. Nos invitó a pasar y Cris y ella se saludaron con un beso, Cris me miró con indiferencia y se dirigió a su amiga.

—Lena, te presento a Alfonso.

—¡¡¡ALFONSOOO!!! Exclamó esa mujer con alegría, el secreto mejor guardado de Cristina, el hombre invisible, el amante perfecto, el…

—¡¡HELENA, COÑO, QUE NO ESTA EL HORNO PARA BOLLOS!! Cortó Cris muy enfadada.

—Joder, vale no te pongas así, ¿Pero que os pasa? Preguntó esa chica confundida.

—Lena, solo quiero que le cuentes a Alfonso que hicimos el viernes pasado. Hazlo como si yo no estuviese aquí.

—Bueno dijo Lena, como creo que Cris no te ha hablado de mí, me presentaré para que me conozcas. Me llamo Helena, Lena para los amigos, Cris y yo nos conocemos desde que éramos niñas, siempre hemos sido buenas amigas aunque ahora sé que se avergüenza un poco de mí.

—Eso no es cierto. Exclamó Cris molesta.

—Calladita guapa que tu no estas aquí. Le cortó Lena. Como te iba diciendo, fuimos, somos y seremos siempre buenas amigas, aunque ella eligió su carrera de empresariales y yo elegí la de prostituta de lujo.

Abrí mis ojos como platos a la vez que un cosquilleo en mi entrepierna anunció que mi polla empezaría a cobrar vida ante semejante hembra. Miré a Cris que permanecía seria y pasiva y luego miré a Lena que me miraba divertida.

—A lo que vamos, Cris y yo mantenemos una amistad y aparte una especie de simbiosis. Ella tiene ciertos negocios que requieren de sexo y ella es el gancho y yo la mano ejecutora.

—¿Negocios que requieren de sexo? Pregunté extrañado.

—Si Alfonso, como por ejemplo el del viernes pasado, continuo Lena. Creo que estarías al tanto de que Cristina quería cerrar la compra de las bodegas Del Huerto. El dueño es el típico vividor, putero y vicioso que puso como condición que firmaría los contratos siempre y cuando Cris follase con él. Cris se vistió para la ocasión con un vestido que yo la elegí para que le hiciese babear.

—Si, conozco ese vestido. Comenté molesto.

—Alfonso, cuando Cris y ese hombre entraron en la habitación todo estaba preparado. Yo me mostraba ante él con una sugerente ropa interior, babeó al verme y vino a mi como un oso ante un tarro de miel, Cris hizo sonar su móvil como si recibiese una llamada y disculpándose me dejó a solas con ese hombre, en ese momento entré yo en escena y Cris desapareció. Ella se fue a otra habitación donde tenia ropa normal, se cambió y se fue a su casa en mi coche. Por la noche tenia encima de su mesa su ansiado contrato firmado y yo seis mil euros en mi cuenta.

—¿Y si no hubiese firmado? Pregunté.

—Cariño, en lo mío soy muy buena, eso nunca ha ocurrido ni ocurrirá. Pero en el hipotético supuesto que un día ocurra entonces me retiraré. Dijo con arrogancia.

—Entonces según me has contado y lo que yo he entendido Cristina no folló con ese hombre todo fue un montaje vuestro para que firmase un contrato y la que se lo folló fuiste tú.

—¡¡Bieeen!! Exclamó Lena, veo que lo has captado a la primera.

—¿Y como se que lo que has contado es cierto, no algo pactado entre vosotras? Cris tu misma confesaste que había habido sexo, mucho sexo.

—Y no te mentí, pero en ningún momento dije que fuese conmigo. Mira cariño, dijo Cris, quiero pedirte perdón por lo que viste, estoy avergonzada, pero todo lo que ha contado Lena es lo que ocurrió tal cual. Solo te pido que confíes en mí, nunca escúchalo bien, nunca se me ocurriría hacerte eso, pero si sigues dudando puedo conseguir las grabaciones del hotel para que veas que no tardé ni media hora en abandonar ese establecimiento.

—No, no es necesario. Dije algo avergonzado por la situación.

Durante unos minutos se hizo un silencio incómodo entre nosotros. Cada cual estaba con sus pensamientos. Aunque lo que me había contado Lena parecía algo fuera de contexto y no se sostenía por lo estrambótico, la seguridad de Cris, su tranquilidad y sobre todo el ofrecerme tantas pruebas para que me convenciese de que todo era cierto, me hizo pensar que todo ocurrió como me lo habían contado. Noté la mano de Cris agarrando la mía y entrelazando sus dedos con los míos mientras apretaba con fuerza. Nos miramos y ella me sonrió con dulzura.

—Lena, nosotros nos vamos a ir.

Nos levantamos y Lena se despidió de nosotros con cariño. Nos montamos en el coche y yo tomé camino de mi casa, aunque no sabia muy bien que es lo que quería hacer Cristina, pero pronto me sacó de dudas.

—¿Me dejas pasar la noche en tu casa?

—Pues claro que si Cris, no hay problema.

Reconozco que el trayecto de vuelta fue mas relajado que el de ida. Hubo muchas miradas entre los dos, miradas de cariño y complicidad. Cuando llegamos a casa Cris sacó de su coche una pequeña maleta y una cartera y entramos en mi casa. Cristina se quedo de pie en el salón y me llamó a su lado.

—¿Aun quieres terminar con lo nuestro? Preguntó Cris con tristeza.

—Estoy muy confundido Cris, no me gustó lo que vi, pero no, no quiero terminar con lo nuestro.

Cristina se abrazó a mi y me besó hasta quedarnos sin aire. Cuando nos separamos me miró con amor.

—Daria lo que fuera por que no lo hubieses visto, pero hay algo que aun me pregunto. ¿Que era eso tan importante que te hizo venir el viernes a verme?

—Bueno, lo primero enseñarte el coche que había comprado para los dos.

—Es precioso mi amor, me gusta mucho aunque no te haya dicho nada. ¿Y lo segundo?

—Lo segundo…lo segundo es que quería decirte que no soporto estar alejado de ti, que mis días son tristes y eternos si no estas a mi lado. Quiero pasar el resto de mi vida contigo, no lo hemos hablado pero me gustaría casarme contigo o que seamos pareja de hecho, lo que tu desees, pero estar siempre a tu lado.

Los ojos de Cris se llenaron de lágrimas que caían por sus mejillas mientras asentía con la cabeza. Sus ojos no pudieron retener esa avalancha y se abrazó con fuerza a mi llorando, mientras decía una y otra vez:

—Si, si, siiii mi amor, si quiero, si quierooo.

Esa noche hicimos el amor, nos amamos de una manera muy especial y antes de quedar dormidos abrazados, sintiendo la calidez de nuestros cuerpos, empezamos ha hacer planes de futuro.

Esa semana Cris se quedó conmigo y trabajó desde mi casa conectándose en remoto a su ordenador. Por supuesto estuvimos de acuerdo en que yo me instalase en su casa de la hacienda y empezar a compartir nuestras vidas. Traspasé mi negocio de fontanería y los dos muchachos que trabajaban conmigo se quedaron con él. Alquilé mi casa y a los dos meses empecé una vida increíble al lado de la mujer mas maravillosa que había conocido.

En estos momentos somos una de las bodegas mas fuertes de la zona sur de Madrid. Hemos conseguido un premio a la calidad de nuestros vinos y se puede decir que Cris y yo vivimos muy, pero que muy bien. Por supuesto hubo mas “negocios con sexo” pero me negué a que mi mujer participase en eso. Así que instruimos a Lena para que fuese ella la que llevase de principio a fin las posibles negociaciones y no lo hace nada mal de hecho ya ha cerrado varios contratos que nos están generando unos buenos beneficios, tanto a ella como a nosotros. Noelia nos sigue visitando pero no tan a menudo, ya va a cumplir trece años, esta en el instituto y tiene esa edad difícil que hace que no quiera pasar mas tiempo con nosotros. Sabemos y ella también lo sabe que cuando fallezca su abuela se vendrá a vivir a la hacienda y que con el dinero que le dio su padre estudiará donde ella desee. De momento Cris ya me ha dejado caer que le gustaría ser madre y yo estoy encantado de poder complacerla en todo lo que me pida, ¿Quién soy yo para negar nada a la mujer que amo?

FIN

Un comentario sobre “Buenos vecinos (3)

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s