MARTINA17

Tarde del 15 de Julio

Fermín ​

Ocho putas horas tardaron en descargar la pesca congelada del gran buque factoría. Fermín ya creía que se iba a morir de viejo en el jodido Stella Maris antes de acabar el trabajo pero por fin a las 13:49 se veía libre de sus obligaciones y por fín podía marcharse a su casa a preparar la gran jugada que lo convertiría en su propio jefe. Yago y la Negra Anises habían estado como de costumbre controlando que la descarga y traslado de la mercancía legal se hacía conforme a las normas portuarias y sanitarias que manda la ley, normalmente los consideraba un estorbo debido que retrasaban las operaciones con todas las órdenes que daban pero ¡¡¡joder!!! hoy le daba igual, pronto las cosas cambiarían Fermín Jiménez sería el puto amo de una maldita vez y no debería rendir cuentas a nadie jamás. Casi lo sentía por Yago, había llegado a apreciarlo, pero una oportunidad así solo se presenta una vez en la vida y desde luego el no la iba a desaprovechar.

-¡¡¡Fermín ven!!!!- La voz autoritaria de su patrón le sacó de sus ensoñaciones. Cuando se acercó a Yago éste tomó una carpeta con una docena de papeles de las manos de la mulata y se la dió. -Firma esto y ya estará todo terminado- Fermín agarró la carpeta y se dispuso a leer los papeles mientras fantaseaba con lo pronto que cambiarían las cosas. Aún no había acabado de leer el primer folio cuando de de nuevo Yago se ponía a dar órdenes. -Joder Fermín, son los putos manifiestos de carga, son iguales que las otras diez mil veces que los firmaste no nos tengas aquí hasta mañana-. Ya firmados los papeles se los dió al patrón que sonrió satisfecho y se los dió a la Negra Anises. Siempre era igual, Yago se mantenía en tensión hasta que la última maldita sardina estaba etiquetada clasificada y almacenada y cuando por esto estaba hecho su personalidad cambiaba completamente. -Fermín, vete a ducharte, esta tarde tenemos fiesta en tu casa- El capitán que ya se estaba yendo se dio la vuelta con el ceño fruncido mirando al patrón. -¿Que fiesta Yago?- En la sonrisa de su jefe se dibujó una sonrisa de quinceañero a punto de preparar una travesura y contestó con toda naturalidad -Hay que probar ese pisco que me regalaste, y además es tu fiesta de despedida ¿no? te vas de vacaciones chaval, hay que tomar algo para celebrar que la pesca ha sido buena y que estaremos un tiempo sin verte por aquí jajajaja-. Si, Yago en el fondo era un buen tío que lo apreciaba, casi le daba pena hacerle esto, casi.-Esta bien Yago, pero no me lieis mucho que tengo maletas que preparar- dijo ya alejandose del muelle

Negra Anises​

Tras despedirse de Yago y Fermín se fue a las oficinas de la empresa a ultimar los detalles finales.El patrón como de costumbre lo tenía todo preparado. Hoy Fermín, deprimido por su vida solitaria y su adicción a las drogas se suicidaría tras organizar una fiesta para despedirse de las dos únicas personas con las que tenía una relación más o menos estable. Incluso, en un último alarde de generosidad dejó un testamento, recién firmado hoy pero con fecha de hace 8 meses, en el que donaba todos sus bienes a la FAD, la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción con la esperanza de que gracias a su ayuda otros no tuvieran que pasar este infierno en la Tierra que él llamaba vida. Preguntó al jefe el motivo de ese irónico testamento y le dijo que era una charada para hacer más realista su pequeño complot, el cual por cierto, no tardó más de dos minutos en organizar. Jolin con Yago, era rápido solucionando problemas, apenas colgó el teléfono tras la llamada de Perú lo puso todo en marcha. Sin duda a veces daba miedo, pero en el fondo era una persona amable, era tan leal con quien le era leal como despiadado con quien le jodía. El mismo le puso el mote de Negra Anises, al principio no lo entendía, ella recién llegada de Panamá no conocía muchas cosas de España y un día enfadada al creer que el apodo era algo despectivo le plantó cara y exigió explicaciones. Yago tranquilo como siempre solo sonrió, le dio un caramelo azul totalmente esférico y explicó por qué la llamaba así. -Esto es un caramelo de anís, igual de dulce que tu y del mismo color de tus ojos-. Lizbeth, pues ese era su verdadero nombre sintió que se derretía al oír estas palabras, incluso creyó que podría estar interesado en ella, pero no, nada más lejos de la realidad ya que no tardó en comprobar que Yago solo tenía ojos para Aldara.

Yago​

El tejo es un árbol muy habitual en el norte de España, los antiguos celtas que habitaban estas tierras lo consideraban un Dios por sus propiedades, siendo perenne ni bajo las más grandes nevadas perdía sus hojas por lo que era para ellos un Dios de vida, con su fuerte pero flexible madera hacían las astas de sus lanzas y sus arcos, pero además, por si esto fuera poco era también un Dios de la muerte pues todo en el es venenoso, sus hojas hervidas en una infusión las bebían todos los miembros de la tribu derrotada para morir antes que ser convertidos en esclavos, sus pequeñas bayas rojas machacadas se usaban como abortivo, la corteza pulverizada se usaba para envenenar las armas, las virutas de su madera si eran respiradas o absorbidas por las mucosas de los ojos causaban la muerte por lo que los leñadores y carpinteros debían tener un especial cuidado con ella en su trabajo, y su savia en pequeñas cantidades era una potente droga alucinógena que les permitía ponerse en contacto con los dioses pero en dosis levemente más altas de lo correcto era tan mortal como cualquier otra parte del árbol. Es extremadamente fácil conseguir veneno de tejo, pues a pesar de su peligrosidad en esta parte de Iberia por tradición milenaria plantan tejos en “lugares sagrados o de poder”, es rara la iglesia, el cementerio, o el ayuntamiento que no tenga uno frente a su puerta, incluso se usan en los parques como árbol ornamental. Aún hoy gran parte de los suicidios que se producen en la región son gracias al tejo, y como no, Fermin se “suicidaría” con el. Unas leves náuseas acompañadas de somnolencia seguidas de un coma y un fallo multiorgánico le darían una muerte dulce. Después de todo a pesar de que planeaba traicionarlo no estaba haciendo nada reprochable en este mundo en el que ellos se movían y no quería ensañarse con el derrotado. El mismo había preparado el veneno, no era nada difícil, si los celtas lo hacían hace 3000 años con sus limitadisimos medios hoy en día cualquier persona podía hacerlo en minutos en su propia casa.

En el momento que tuvo las botellas de pisco añadió en el interior de la que llevaría a casa de Fermín el extracto de tejo. Ya con todo preparado fue a buscar a Lizbeth y le dio un paquete lleno de unas pastillas negras como el alquitrán.-Carbono activado, absorberá la taxina- pues así se llamaba el veneno de tejo. La panameña lo miró aterrada ya que eso quería decir que ellos también tomarían el veneno pero él se le adelantó antes de que ella pudiera decir algo. -Sería raro ir a su fiesta de despedida y beber agua ¿no crees? No te preocupes, serán solo dos vasitos de pisco y no te harán efecto, después cuando nos vayamos vomitaremos y no nos pasará nada… bueno, cagaremos negro como el petróleo un par de dias jajajajaja pero no tiene importancia-

Fermín​

Maldita gana que tenía de verlos, bueno, a la Negra Anises siempre tenía ganas de verla, ya había decidido para que la usaría en el futuro pero desde luego a quien no tenía ningún interés en ver era a Yago. Le jodía tener que fingir buen rollo mientras se preparaba para apuñalarlo por la espalda, él no servía para eso, pero los líderes deben hacer sacrificios y él, aunque aún nadie lo supiera ya era un líder.

Preparó unos aperitivos, se duchó y pocos minutos después de vestirse oyó sonar el timbre su puerta. Yago y Lizbeth esperaban sonrientes al otro lado. Les abrió y pusieron algo de música. El prefería tomarse unos vasos de Jerez pero Yago insistió en probar el pisco que le había traído y decidió concederle el último capricho como a los condenados. Estuvieron una hora, quizá dos, bebiendo, comiendo y bromeando. Notó que la Negra Anises le miraba más que de costumbre, o tal vez antes no se había percatado de sus miradas y sonrisas. Fuera como fuera sin duda ella era capaz de oler en él el perfume de los vencedores. De improvisto una náusea le provocó una ligera arcada que afortunadamente no se convirtió en un vómito sobre su alfombra. -Bufff chavales, creo que he bebido más de la cuenta- ya era hora de que se fueran y pudiera descansar un rato, pero antes de sugerir que quería estar solo la Negra Anises le dio otra copa llena de pisco.-Venga Fermín, que nadie pueda decir que a un marinero de pecho peludo como tú lo tumba una mujer de 50 kilos como yo jajajajaja así tu tripulación no te va a respetar-. Yago sonriendo negó con la cabeza. -Joder Fermín a lo mejor debes ir pensando en jubilarte colega-. ¿Pero que se habían creído estos dos idiotas? Pobres desgraciados que no sabían la situación en que se encontraban. Podía echarlos, pero prefería darles una lección y se bebió la copa de un trago. -Fermín Jiménez puede con esto y más- les dijo dandose un golpe en el pecho. Súbitamente se sintió muy mareado y se sentó en el sofá donde cayó tumbado tras un par de pasos trastabillantes. No entendía por qué unas malditas copas de alcohol lo derrotaban de esta manera.¡¡¡A el que bebe vodka como si fuera agua!!! ¡¡¡Imposible!!!. !!!!Entonces lo comprendió¡¡¡. Yago sustituía los vasos en los que él y la Anises habían bebido por otros iguales y se guardaba en la chaqueta los que habían usado. Después se acercaba a él con la botella en la mano. Intentando defenderse Fermín dio un par de manotazos al aire pero el sueño lo vencía y Yago le metió la botella en la boca y le obligó a beber una gran cantidad. -Fermín, Fermín, Fermín- Yago dijo su nombre tres veces, casi en un susurro, como siempre que quería corregirle. -La primera puta vez que te pongo a prueba y vas y la cagas- Negó con la cabeza antes de continuar hablando mientras a Fermín le era casi ya imposible mantenerse consciente. -Tu no sirves para mandar, no tienes lo que la Negra Anises y yo, ¡¡¡Joder Fermín!!!! deberías conocer mejor tus limitaciones- El capitán quiso responder y mandarlos a la mierda, quiso decirles todo lo que pensaba de ellos pero lo único que pudo hacer fue cerrar los ojos mientras los veía salir de su salón y alejarse de él mientras el mundo parecía desaparecer a su alrededor.

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