ALMUTAMID

Mi regreso del puente fue de lo más decepcionante. Preocupado por Viqui, preocupado por nuestra relación, preocupado por un posible embarazo y como enfrentarnos a él, el futuro, y todas las cosas que se te pasan por la cabeza en esa situación. Mis amigos me notaron taciturno y distante y más cuando al interesarse por qué me pasaba yo negaba o me evadía. De hecho esa evasión retrasó el momento de encarar a María para terminar nuestra relación o lo que fuese.

Tampoco varió mucho. Tanto aparentar era muy fácil cuando sólo había palabras y nada más. Aunque también notó que me quedaba pensativo en silencio no me dijo nada seguramente por miedo a que la causa fuese “lo nuestro”. Viqui y yo pasamos de mandarnos mensajes por las noches a hablarnos muy seguido en cualquier momento. Bueno, en realidad era yo el que todas las tardes le preguntaba por cómo estaba. Los primeros días sus respuestas eran secas con cierto rencor y me cortaba rápido con la excusa de estudiar para los exámenes, pero a los pocos días su talante volvía a parecerse al habitual con respuestas más cariñosas a mis requerimientos y alguna broma.

Sin embargo, todo cambió el día que le tenía que venir la regla. Tenía retraso y su sequedad y reproches volvieron a nuestras conversaciones por mensajería. Por más que me disculpaba y la apoyaba seguía culpándome de lo sucedido, de haber sido incapaz de controlar un calentón.
La situación me afectaba en todo. El partido de aquel jueves fue criminal. Estuve tan mal que apenas jugué 15 minutos con malos pases, pérdidas de balón peligrosas y alguna maña patada al contrario. Era tan evidente que algo me pasaba que Claudia me abordó a solas por los pasillos de la residencia:

-Algo tienes y me lo vas a contar…
-No me pasa nada, de verdad…
-Mira Luis, te conozco ya lo suficiente como para saber que estás preocupado por algo. Y si tus amigos no te podemos ayudar por lo menos desahógate contándolo. A lo mejor resulta que sí te podemos ayudar.
-En serio, Claudia. Te lo agradezco, pero no es nada importante. Son cosas mías, en unos días se me pasará.
-¿Te ha pasado algo los días del puente en tu casa?
-Sí, eso es- mentí- cuestiones familiares que no quiero ir explicando por ahí.
-Bueno, que sepas que aquí me tienes para lo que necesites, hablar, un hombro donde llorar, o simplemente compañía. Te debo un masaje. ¿Quieres que te relaje los hombros cómo tú me hiciste cuando estaba agobiada?

Claudia tocándome. Es lo que más me habría gustado en este mundo, pero mi cabeza no estaba en aquel momento para eso. Por relajarme más de la cuenta me veía así ahora.

Se lo agradecí y me dio un abrazo y en beso en la mejilla. Recibí su cuerpo menudo con agrado más por el calor humano que por otras consideraciones que meses antes me habría hecho empalmarme. Mal estaba yo para rechazar la compañía de Claudia.

Así transcurrió el fin de semana siguiente, conmigo encerrado evitando a todo el mundo y dándole vueltas a la cabeza. ¿Cómo estaría la pobre Viqui? Por fin el lunes por la tarde recibí una llamada de teléfono de Viqui. Me sobresalté. Era la primera vez que me llamaba. Me temí lo peor. Una prueba de embarazo, sus padres lo sabían…Salí al pasillo para coger el teléfono para evitar que Óscar me oyera y descolgué:

-¿Está todo bien princesa?
-Perdóname Luis, perdóname.-me respondió su vocecita algo llorosa.
-Perdornarte yo, ¿por qué?-susurré para que no se me oyera bajando raudo las escaleras para salir a la calle a pesar de ir en chanclas, calzonas y una camiseta y hacer aun frío fuera.
-Porque he estado muy borde contigo estos días echándote la culpa de todo cuando yo también estaba deseando sentirte…perdóname de verdad.
-Princesita, no llores. ¿Qué ha pasado para que estés así?
-Luis…me ha venido la regla…
-Uffff….-respondí quedándome en silencio y pasándome la mano por la frente que a pesar del frío me sudaba.
-…me duele más que nunca, y no veas como he sangrado…
-¿Pero estás bien princesita?
-…sí, sí, muy contenta. Te echo de menos y ojalá estuviera contigo ahora…que te he hablado tan feo y…
-Mi niña, olvídate ahora de eso. Ya está. Lo importante es que sólo ha sido un susto y tú estás bien, porque estás bien ¿verdad?
-Sí, Luis. Te q…te q….te quiero mucho…
-Y yo a ti, princesa…

Terminamos la conversación. ¿Nos habíamos dicho te quiero? ¿Los dos? Tenía sudores por el cuerpo, el corazón acelerado y un gran, gran, gran alivio. Pero ¿la quería? En ese momento me lo pregunté. ¿La quería? Creo que sí, que la quería….

La noticia de que el susto ya había pasado me tranquilizó de tal manera que volví a ser el de siempre. Claudia incluso llegó a pensar que su charla había sido el motivo de mi mejoría y sus saludos habían ganado en efusividad creyendo que eso me levantaba el ánimo con abrazos y palmaditas en la espalda y los hombros, e incluso el gesto leve de masajearme los hombros cuando me encontraba sentado en el comedor de la residencia. Mi tranquilidad además era que todo había quedado oculto a ojos de mis padres, los de Viqui y mis amigos.

Mi cambio de ánimo afectó a todo mi comportamiento. Estando menos seco con María con quien tenían aún pendiente una conversación. Sin embargo seguir actuando como amigos no me incomodaba pues el sexo o cualquier muestra de cariño quedaba apartada y María tampoco parecía buscarlas aunque apreció que mis ratos de silencio hubieran pasado. Era evidente que rehuía el cariño porque sabía que llevaba al sexo. Y parecía contenta de que yo respetara esa decisión aunque mis motivos eran otros que dudo que sospechara.

Viqui y yo habíamos entrado en fase melosa, diría yo. Mantuvimos la costumbre de mensajearnos más seguido con muestras de cariño y contándonos nuestro día a día. Todo parecía haber vuelto a la normalidad entre nosotros, incluso yo diría que habíamos superado una fase reforzando nuestra relación. No sé si madurando o al menos sintiéndonos más unidos después del susto.

Hasta mejoré mi rendimiento deportivo. Recuperé mi estado de forma aunque empecé a parecerme al Luisinho de principios de la liga, el que desbordaba, centraba, daba asistencias pero no lo metía. Esperemos que no fuese algún tipo de premonición.

Sin embargo una semana después de la llamada de Viqui, estábamos Claudia y yo un domingo por la tarde metidos en su dormitorio vagueando. Llevaba dos días lloviendo y se nos quitaron las ganas de salir. Ella estaba tirada en su cama y yo en el suelo con la espalda en la pared. Desde donde yo estaba veía sus piernas cruzadas pues el calor de ese dormitorio con la calefacción a ratos llegaba a ser agobiante y siempre andábamos con ropa de verano, ella con sus habituales minishorts y camisetas ajustadas. Aunque reconozco que ya me había acostumbrado a ver sus tetitas libres bajo la tela de la camiseta o top que llevaba la visión de sus piernas desde yo estaba me estaba poniendo algo nervioso dos semanas después de mi último contacto sexual. Además llevaba todo ese tiempo sin masturbarme, al principio por desgana y después por considerarlo innecesario para alguien que ya follaba con su novia. Cosas de juventud.

Hablábamos son vernos por la postura en que estábamos ambos. Pero hablamos de muchas cosas. En un momento dado me contó que se había instalado una app en el móvil similar a una agenda pero que le permitía planificar los días de estudio por tema y asignatura hasta los exámenes del segundo cuatrimestre y que le servía para marcarse el ritmo. Me la instalé pero era incapaz de hacerla funcionar ni sincronizarla con la agenda de la web de la facultad y mi propia agenda.

-Dame tu móvil torperas…-me dijo.

Yo se lo alargué a la cama y recuperé mi postura indolente en el suelo.

-Luisito- me explicaba Claudia de la que seguía viendo sólo las piernas cruzadas en alto- si no le das permisos a la app para acceder a tus contactos, agenda y multimedia no va afuncionar. Espera…

Durante unos instantes escuché a Claudia trasteando el teléfono hasta que la oí decir:

-Luisito, Luisito…qué calladito te lo tenías…

Sin darle importancia pregunté:

-¿Qué?
-Vaya bomboncito…
-¿Qué me dices niña?-pregunté extrañado levantándome hasta quedar de rodillas junto a su cama.

Claudia trasteaba el móvil con media sonrisita en la cara.

-Niño, es monísima. Que callado te lo tenías…

Por fin giró el teléfono y me mostró una de las fotos que le había hecho a Viqui en sujetador. Se lo arrebaté rápido esperando que no hubiera visto las fotos desnuda.

-No seas cotilla, Claudia. Eso es privado.-dije molesto.
-Tranquilo, no estaba trasteando. Al darle a los permisos se abrió la galería y es la primera foto que salió. ¿Es tu novia?
-No- mentí. -Esas fotos son antiguas.
-Si ya sabía yo que Luisito era un galán, tan guapito y con ese cuerpín.-añadió Claudia con cierta ironía. ¿Tu amiga la rubia sabe esto?
-Son antiguas Claudia.
-Mira, que a mí ni me va ni me viene, Luis.-dijo sentándose en la cama para poder mirarme a los ojos- pero son fotos de cámara y recién hechas. Que yo entiendo de móviles, ¿vale? Me parece estupendo que tengas tu amiguita y te pegues los revolcones que quieras. Disfruta la vida. Sólo te digo que alguien muy cerca de ti está enamorada de ti y deberías dejarles las cosas claras.
-María y yo sólo somos amigos- mentí de nuevo.
-Pues déjaselo claro si tienes a otra “amiga”. Por cierto, niño, muy guapa. Haces buena pareja…

Escabullí la conversación pero cuando me despedí de ella tras la cena en el descansillo del pasillo me dio un cachete en el trasero y me guiñó un ojo diciéndome: “Que descanses, picha brava…”

Sentirme descubierto me puso nervioso. Aunque dudaba que Claudia y María se contaran algo así teniendo en cuenta lo mal que se caían mutuamente. Además si iba a cortar con María dudo que ésta lo fuese contando por ahí cuando ella misma lo llevaba en secreto.

Lo que realmente me jodió fue la actitud de Claudia. Definitivamente y a pesar de la tensión sexual que habíamos tenido en algunos momentos yo no le interesaba. Al menos desde ese punto de vista. Me trataba siempre como a un hermano pequeño dándome consejitos y tratándome en esos asuntos como si ella fuese mayor. Evidentemente la tensión sexual sólo la había sufrido yo enseñándole la churra el día de la partida de póker, o cuando la masajee e incluso cuando me empalme el día que estudió “mi anatomía”. Para ella no era más que un amigo con tanta confianza como para que hubiesen ocurrido tales cosas y no veía en mí a un novio, ni siquiera a alguien que pudiera aparentar que le apeteciera sexualmente hablando. Se comportaba como alguien asexual, como si eso no fuese con ella. Eso o más propiamente dicho, yo.

Y me jodía. Porque yo albergaba alguna mínima esperanza de tener algo con ella y tras descubrir lo mío con Viqui se quedó igual. No encontré en ella la más mínima muestra de lamentar que yo no estuviera libre. Sus prevenciones contra María no habían sido porque ella tuviera interés en mí sino simplemente porque no veía claro lo nuestro o ella le caía mal.

Así que empezaba a despejar mi vida. De las tres mujeres por las que me había inclinado aquellos meses una quedaba descartada. Evidentemente la amistad seguiría, pero mis intentos por buscar algo físico con ella definitivamente quedaban descartados. El siguiente paso sería arreglar lo de María. Tenía dos semanas antes de las vacaciones y el mejor momento sería justo la semana antes para mantener distancia con ella al menos durante la Semana Santa.

La ocasión se me presentó pintada con el plazo de entrega de un trabajo. Como siempre quedamos en su casa. No era jueves, no había tenido partido y no había motivo para uno de sus “masajes”. Todo fue bien, como siempre. Ella encargándose de la documentación y yo de la edición. Hacíamos buen equipo como compañeros pero una pésima pareja. Ni nos habíamos besado en tres semanas.
Terminamos antes que otras veces. Tenía casi una hora para volver a la residencia y me armé de valor. Subí el trabajo a la plataforma virtual y me levanté de la silla.

-Listo, trabajo acabado.
-Que prontito hemos acabado esta vez. Pero vamos que sabes que si hubiera hecho falta te podrías haber quedado a dormir aquí.-dijo María.
-De eso precisamente quiero hablarte…-dije serio sentándome a su lado en su cama.
-¿Qué pasa Luis?-preguntó preocupada.
-María. ¿Tú y yo que somos?

Se quedó en silencio sin contestar y continué:

-Desde que salimos apenas tenemos más relación que antes. Ni muestras de cariño. ¿Un abrazo? ¿Un beso?
-Verás Luis. En parte te evito para que no te excites y no tener que enfadarnos como la última vez.
-Pero ¿tú crees que eso es una relación normal? Una pareja lo es porque se gusta, se atrae, tiene ganas de meterse mano…pero tú me tratas como a un amigo. Y mientras tanto yo quiero algo más y teniendo novia, no puedo….¡si me tocas menos que antes¡
-Sabía que esto pasaría. Pero es que yo si quieres te toco. Me encanta tocarte de verdad. ¿Quieres que te la toque para descargarte?
-No María, no quiero. Yo quiero que lo hagas porque te apetece. Y tocarte yo a ti. Y hacer el amor como dos novios que se gustan y se abrazan y besan, y se desean. Me da igual que sea a escondidas, pero quiero disfrutar tu cuerpo, darte placer, que tú me lo des…vamos, María, ser una pareja.

María miraba en silencio hacia abajo pero temblaba. La abracé pasando mi brazo por detrás. Entonces puso una cara de enfado como nunca la había visto y mirándome me dijo:

-No será por tu amiga esa de la residencia. No querrás salir con ella.
-María, Claudia pasa de mí. Nunca ha demostrado el más mínimo interés en mí más allá de la amistad. Nunca me ha tocado la polla como tú…
-Luis, por favor, no lo digas así, que me siento sucia pensándolo.
-¿Ves María? Ninguna chica se siente así estando con su novio. Tienes que superarlo. Y te digo una cosa- continué tomando su barbilla con mi mano para mirarnos a los ojos- habría sido el chico más feliz siendo el primero, pero yo no puedo seguir esperando algo que no sale de ti. Ojalá te liberes de ese peso y empieces a disfrutar. Eso sí…

María ya lloraba cayendo lágrimas por sus mejillas rompiéndome el corazón. Empezaba a arrepentirme de haber dado el paso y dejarla así pero fui capaz de terminar la frase:

-….por nada del mundo quiero perderte como amiga. Vales mucho y soy muy feliz de conocerte.
La abracé mientras sollozaba en mi hombro. Y por fin volvió a hablar levantando la cabeza:
-Sólo espero que no me partas más el corazón y que si algún día me decido pueda cumplir mi sueño de que seas mi chico…

La abracé de nuevo. Le besé la mejilla y me levanté para irme a la residencia. El mal trago estaba pasado.

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