15 de Julio

Fermín​

Al amanecer, después de más de 6 meses navegando en alta mar entrar en la bahía de Santander era toda una alegría. Además tendría varios meses de descanso antes de embarcar de nuevo que le darían tiempo más que suficiente para concretar sus planes. Llevaba varios años trabajando para Yago pero quería establecerse por su cuenta. En este tiempo habían llegado a considerarse amigos pero en este mundo las cosas eran así. Yago era listo, nunca se reunía con alguien, nunca trataba directamente con alguien. Siempre lo hacía por medio de contactos de contactos de contactos y así hasta el infinito, nadie sabía nada de él, era un puto fantasma, solo sabían de su existencia unas pocas personas, como él mismo, que tenían trato directo con él, y aún así ni ellos sabían demasiado. Nadie sabía de dónde salió Yago, ni por qué cuando hacían registros aleatorios de sus barcos estos, casualmente, estaban limpios. Cuando amarraron en el puerto del Callao en Lima necesitaron 3 días para repostar, llenar las bodegas de agua y comida además de todo lo necesario para pasarse varios meses en los caladeros del pacífico faenando sin interrupción. Sabía que en esos días recibirían una carga especial, ni él mismo sabía muy bien donde y que lo matasen si sabía cómo Yago podía confirmar desde Santander que la carga estaba en el barco pero el cabrón siempre lo sabía. Sin embargo esta vez Fermín Jiménez había tenido suerte. Como buen marino seguidor de las viejas tradiciones del mar nada más poner los pies en el suelo fue de putas. Estando en un antro de Lima con una scort lo que comenzó como una conversación casual con un hombre acabó en una propuesta de trabajo, el hombre afirmaba que a sus jefes no les gustaba tratar con intermediarios y que preferían poner cara a sus socios, por lo tanto le habían ofrecido reemplazar a su desconocido patrón y le dieron varios modos de contactar con ellos cuando volviera a España. Se lo estuvo pensando bastante durante el viaje y decidió que tras unos días de descanso lo haría. Casi le daba pena hacer esto a Yago pero el mundo es cruel y cada uno debe buscarse la vida como mejor pueda aunque para eso tenga que joder a Dios o al Diablo.

Aldara​
Ya que al día siguiente Hernán debía incorporarse en su puesto para que estuviera más relajado Aldara le invitó a un día de playa. A ella no le gustaban las playas masificadas de modo que irían a una que ella y Yago conocían muy bien. Era pequeña, de no muy fácil acceso y estaba encajonada entre dos grandes acantilados de piedra negra por lo que a pesar de su arena dorada y su agua transparente rara vez había en ella más de una docena de personas.

Al ser ese, según ella, un día especial debido a que su amigo por fín salía de la ciudad estaba decidida a hacer todo lo posible para que fuera un día que Hernán recordara durante mucho tiempo y así parecía que estaba siendo. Sin embargo cuando lo encontró a la puerta del gimnasio creyó que había cometido un error al proponerle irse con él, no por lo que pensara la gente al verlo irse con ella ya que a ella lo que otros pensaran no le podía importar menos. La duda acerca de su posible error se dió por el coche que llevaba, un Morgan Aero 8 rosa y descapotable que Yago le había comprado hace poco tiempo. Al verlo la cara de Hernán fue de sorpresa, claro, un hombre, ya se sabe, un coche rosa… en fin, tal vez no fue la decisión más acertada y al principio él dio la excusa de que no traía ropa de baño ni toalla ni nada pero ella intentando calmarlo rió y le dijo que eso lo podían comprar en cualquier tienda en menos de 10 minutos y que además siendo hombre incluso los pantalones cortos deportivos que llevaba podrían servirle, al principio pareció que Hernán dudaba mirandolos alternativamente al coche y a ella, no parecía muy entusiasmado de que le vieran en el, pero finalmente aceptó y ahora estaban bromeando mientras bebían un Red Bull cada uno rumbo a la playa con música de los ZZ Top a todo volumen.

Hernán​
Lo que a Hernán le parecía que iba a ser un nuevo día de cortejo encubierto pronto cambió. Nada más llegar al gimnasio un fuerte bocinazo y un motor rugiente le hicieron girarse 180 grados para descubrir a una sonriente Aldara en un maldito hot rod rosa. ¿Existía algo más sexy en el mundo?. Cuando le dijo lo de la playa decidió tantear sus intenciones proponiendo sutilmente ir a una playa nudista al decirle que no iba preparado para la playa pero su plan se chafó al decirle ella que en menos de 10 minutos podía comprar lo que necesitara. Se quedó un minuto en silencio evaluando sus opciones “joder, estamos en una ciudad costera, claro que lo puedo comprar en 10 minutos pero…. bueno, da igual, al menos la veré casi desnuda” al no ver opción realista para insistir en la falta de equipación y creyendo que proponerle una playa nudista era un opción arriesgada que provocara una negativa radical por parte de la rubia finalmente se subió al coche. Pararon en un supermercado cercano, compraron unos refrescos un bañador y una toalla y se dirigieron a la playa.

Yago​
Desde el muelle Calderón una pareja observaba, con mucha atención, la entrada del Stella Maris en la bahía de Santander. Una hermosa mujer mulata de ojos azules acompañaba a Yago. -Ahí está- dijo Yago pasandole los prismaticos -¿Donde va la carga patrón?-. El sonrió y la mujer solo obtuvo una escueta respuesta. -Donde es imposible que la encuentren.

Yago lo tenía todo atado y bien atado. Los idiotas del astillero creen que solo lo saben ellos. El dueño del astillero no sabe que Yago está al tanto de todo y que dirige la operación desde las sombras, cree que es todo idea suya. Hizo varios compartimentos secretos estancos en los tanques del lastre. Al ir la carga bajo millones de litros de apestosa agua marina estancada hizo varios compartimentos para mantenerla separada y que de ese modo si encontraban o se estropeaba una parte el resto siguiera intacta. El pagó a los peruanos y alguien le pagará a él en nombre de Yago también sin saber que lo hace en nombre de el. Le sale algo más caro, pero el riesgo es cero pues en caso de que descubran el pastel las pruebas que fue dejando los implican a ellos como culpables y a él mismo como víctima de haber usado en secreto uno de sus buques. Los imbéciles trabajan para él sin saberlo. Ahora el Stella Maris irá a su dique seco para la revisión y allí ellos se encargarán del trabajo sucio. -¿Y Fermín?. Silencioso como siempre Yago se llevó un caramelo a la boca y respondió. -Será su fiesta de despedida-

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