MOISÉS ESTÉVEZ

Ya tengo los pies fríos. Era un pensamiento más que una sensación,
porque sentir, lo que era sentir, había dejado de hacerlo. Un aura la rodeaba,
como si su alma intentara escapar, y era cierto, en unos segundos ascendería,
o descendería, porque ella siempre insistía en que cuando muriese iría al
infierno. En un callejón sucio y oscuro le dieron el ticket de entrada a modo de
navajazo. Más frío, que extraño, creí que tendría calor, me dijeron que ardería,
y no es lo que hasta ahora percibo. Preguntaré, no vaya a ser que esté
equivocada y este no sea el lugar al que pertenezco…

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