PENÉLOPE

Un viernes cualquiera salí de casa con la intención de darme algún capricho y comprarme ropa interior, lo cierto es que me hacía falta, tenía casi todo por no decir todo estropeado y antiguo.

Así que me preparé y llamé a un taxi para que me llevara al centro de la ciudad y entre en unos grandes almacenes. Estando mirando la lencería, se me acercó la dependienta muy amablemente, se dio cuenta que no me decidía y se ofreció a asesorarme en la compra de ropa interior.

Entre materiales, colores, las tendencias, me decidí gracias al criterio de esta chica por unos tangas pequeños, minis y super minis que apenas tenían una tira delgada. Me divirtió la idea de llevar aquellas prendas que apenas cubrían nada y de un precio tan elevado.

Pero me gusto la atención, me dejé aconsejar y los compré pensando que me merecía esos caprichos. Al salir vi un conjunto de dos piezas que estaba rebajado, del que había una sola talla, me gustó y regresé para probármelo, fui al probador y me lo puse.

Me quedaba perfecto, era como que me estaba esperando, así que me quite mi ropa interior, me lo probé y me gusto, me quedaba sensacional, me sentía bella, diferente,  así que me lo quite para ponerme lo que yo llevaba puesto, pero entonces pensé que lo mejor era tirarlo para no caer en la tentación de volvérmelo a poner y lo tire a la papelera que en el probador había y me vestí.

Me acerqué al mostrador y aquella chica tan simpática, me hizo una sonrisa de aceptación y le pagué las últimas  prendas, al salir del centro comercial,  fui consciente de que no llevaba ropa debajo, había olvidado ponerme la ropa interior, sonreí para mis adentros y hasta me gusto la sensación de libertad que sentí.

Estaba contenta con la compra que había hecho y fui a tomar un café y un trozo de tarta de manzana, y allí sentada, me di cuenta que estaba sonriendo yo sola, pensando en lo que me había comprado, no me di cuenta que el camarero esperaba que le pidiera mi consumición.

Pedí y el sonreía al ver mi despiste, era un chico muy agradable. Estaba teniendo suerte con la gente que me había tropezado ese día .

Deguste tranquilamente la tarta de manzana y el café, absorta en mis cosas, había pasado casi hora y media. Pedí la cuenta, se acerco el camarero y le abone la nota, después hice  una llamada a una compañera de trabajo y me levanté para marcharme.

Apenas había andado unos cientos de metros, cuando alguien me saludó y al volver a mirar, vi al camarero que me había servido el café y la tarta. Comento que había terminado su jornada laboral y solía ir andando hasta su casa que estaba a pocas manzanas de donde estábamos.

Dije que también me gustaba andar y que iba en la misma dirección, que cuando me cansara, cogería un bus hasta mi casa, puesto que yo vivía más lejos.

Por el camino fuimos conversando….

se llamaba George y tenia apenas 34 años, el saco el tema de las bolsas que llevaba y lo que había comprado, dijo que correspondía a lencería, en ese momento me sonrojé un poco, pero el me animó a que le contara lo que había comprado.

Me sentí cómoda, era un chico agradable, un baby grande y me encontraba bien hablando con él. A los treinta minutos más o menos del paseo dijo que había llegado a su destino y que nos separábamos en nuestro trayecto.

Nos paramos e hicimos bromas, le notaba que no tenía ganas de marcharse y que le apetecía seguir hablando conmigo. Y de repente dijo así de golpe que porque no subía a su casa y preparaba un café y seguíamos conociéndonos.

Y no se que paso por mi cabeza, que acepte, subimos a su apartamento y al entrar, solo había una habitación cerrada, el baño, el resto todo era una sola habitación, vi su cama abierta, pero cubierta con sabanas y cuidada, se notaba que era un chico limpio.

Preparo café y nos sentamos en un sofá pequeño de solo dos plazas y mientras tomábamos el café, conversábamos del momento, de mujeres, de hombres, de parejas y poco a poco íbamos profundizando en temas personales y de repente, me dijo que porque no le enseñaba lo que había comprado.

Y sin pensar empecé a sacar todo de dentro de las bolsas y enseñárselo, él me animaba para que me probara las prendas y en ese momento tuve dudas de si le gustaban los hombres, me dio tanta confianza como si fuera una amiga y estuviéramos hablando de nuestras cosas, que perdí la vergüenza y empecé a probarme todo sin ningún pudor.

Después de probarme lo ultimo, empecé a quitarme todo para guardarlo y según estaba agachada, note como me agarraba por detrás de las caderas, notando un bulto duro en mi culo.

El caso es que me dejé llevar, no sé si por la conversación, el haberme probado la ropa, que no pensé en nada más que en el momento…

Me cogió la cabeza, la agacho hacía adelante y me penetro, me metió la polla en el coño por detrás, agachada conforme estaba. Noté su polla caliente y erecta dentro de mi vagina empujando sin miramientos y con fuerza, no era una polla grande pero si poderosa en dureza.

Me estremecí y cerré los ojos, concentrándome en el calor y cosquilleo que sentía en lo más profundo de mi vagina, no dije nada, solo pensaba en que siguiera metiendo y sacando su polla de mi coño goteante. Estaba tan húmeda que su polla resbalaba dentro de mi vagina, fue una sensación dulce y excitante.

Él jadeaba en mi oído, sentía su olor y su piel firme rozar mis nalgas, yo conforme estaba agachada con las manos apoyadas en el sofá, abrí aún más las piernas y me incliné un poco más para que su polla siguiera rozando las paredes de mi coño con esa agilidad que me enloquecía.

Estaba caliente, cachonda al máximo, cuando de repente paro de moverse, me quede parada pensando que iba a cambiar postura, pero no, saco su polla, cogió papel y empezó a limpiarse, al darme la vuelta le dije que estaba caliente y que iba a hacer, y me dijo que estaba cansado, que mañana quedáramos a la misma hora y volveríamos a follar, y sin contemplaciones casi me echo, dijo que tenia que descansar y que se iba a la cama.

Me fui a casa llamándome tonta y con el coño caliente.

womanpenelope.wordpress.com

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