ALMUTAMID

Tenía que aprovechar el tiempo con Viqui. Le pregunté si quería que me quedara a dormir con ella y me abrazó ilusionada así que llamé a casa y dije que me quedaba en casa de un amigo al que previamente había avisado. Evidentemente uno con quien mis padres no tuvieran relación con los suyos. Después terminamos de comernos la pizza y Viqui me preguntó qué me apetecía hacer:

-Seguir comiendo.-dije tranquilamente.
-¿Tienes más hambre? ¿Dónde lo echas tan delgado como estás?-respondió extrañada.
-Es otra hambre…te quiero comer entera…y quiero empezar por ahí abajo…-hice el gesto como si mirara a su entrepierna.

Cruzó las piernas como gesto instintivo y me sonrió.

-Tú hoy ya has comido-continué- pero yo no, y me he quedado con hambre…¿o tú tienes hambre también?
-Yo hoy he comido muy bien…-dijo con media sonrisa mojándose los labios.
-¿Te ha gustado el plato?
-No me ha disgustado…-dijo girando la carita.
-Cuando quieras te lo doy a comer otra vez…porque a mí me ha encantado dártelo…pero creo que a ti también- comenté orgulloso.
-¿Y cómo estás tan seguro de eso?- respondió pícaramente.
-Porque si no te empujo te llevas el postre…
-Jajajaja-rió- menos mal, porque eso seguro que me habría dado mucho asco y se me habrían quitado las ganas de repetir.
-¿Pero tienes ganas de repetir?-pregunté.
-Quien sabe…-dijo levantándose de la silla y sentándose en mis piernas-…a mí me gusta darte lo que te gusta…
-A mí me gustas tú…-y empezamos a besarnos de nuevo.

Buscaba empezar el tema otra vez y lo estábamos haciendo. Además sin prisas. Toda la noche para nosotros. Y sin interrupciones como en el hotel.
Así tal y como estaba sentada en mí pasé mis manos por detrás de su espalda y bajo sus piernas y me levanté portándola en brazos. Soltó mi boca pero se aferró a mi cuello por miedo a caerse. Con cuidado salí de la cocina, atravesé el salón y el pasillo y llegué a su dormitorio donde la tendí en la cama con cuidado. Me erguí mientras nos mirábamos a los ojos sonriendo a la vez que Viqui soltaba un largo suspiro. Me quité la camiseta y me senté en la cama junto a ella. Fui directo a quitarle su camiseta con su colaboración. Y con la misma determinación saqué sus braguitas dejando la sombra de su pubis a la vista. Me quedé sentado a su lado mientras Viqui me ofrecía el esplendor de su cuerpo juvenil pasando sus brazos tras su cabeza en una pose similar a la maja de Goya (sin premio). Mirándola a los ojos posé mi mano en su mejilla. La acogió mimosa. Ya habíamos follado esa tarde podíamos dedicarnos a darnos mimos antes de darnos caña.

Seguí recorriendo su cuello con la palma de la mano pero al llegar a su hombro dejé sólo el dedo índice. Con el dibujé el contorno de sus pechos mientras Viqui me observaba dejándose hacer sin cambiar de postura mirándome. Una vez rodeados sus pechos rocé sus pezones increíblemente duros ya. Me incliné y los lamí ambos obteniendo un gemido pero no que cambiara de postura. Repetí la operación succionándolos, cuidándome de sólo tocar su piel con mis labios. Viqui se estremecía pero mantenía su postra invitándome a seguir.

Tras unos instantes de chupar y succionar sus pezones con mi boca me erguí de nuevo y retomé el pase de mi dedo, de nuevo sus pechos, sus pezones mojados por mi saliva…pero ahora mi dedo bajó a su ombligo rodeándolo, haciendo círculos en torno a él. La miraba de vez en cuando. Estaba seria. Concentrada en las sensaciones que mi juego le proporcionaba. Tragaba saliva y se mojaba los labios con su lengüita poniéndome más nervioso. Pero tenía que controlar mi impulso de abalanzarme sobre ella y continuar con el juego.

Me agaché y lamí su ombligo para después introducir mi lengua en él. Debí hacerle cosquillas porque se estremeció y sonrió haciendo que su vientre subiera y bajara. Miré su pubis encajado entre sus muslos. Me vio mirarlo y su respiración se agitó. Sabía que me acercaba al mayor centro de su placer y no sabía cuáles eran mis intenciones. Bajé mi índice hasta donde el incipiente vello oscurecía su piel y marqué su contorno por las ingles. Su vientre se agitaba junto a su respiración. Pero pasé de largo bajando mi mano por su muslo para volver a subir y tras pasar por su pubis descender al otro muslo.

Entonces Viqui se movió ligeramente y cuando mi dedo subía de regreso por su segundo muslo abrió ligeramente las piernas enseñándome su rajita cerrada aun entre sus labios mayores. Me la estaba ofreciendo. Acerqué mi dedo a su pubis de nuevo rodeando su triángulo invertido pero sin llegar a tocar su chochito. Su agitación crecía. Me incliné y besé su pubis e ingles con cuidado de no rozar su chochito. Me erguí de nuevo y mirándola le dije:

-Me está entrando un hambre terrible…
Su respuesta fue abrir más las piernas sin cambiar de postura mostrándome su raja ya abierta…

Desde luego Viqui había empezado a disfrutar del sexo. Había descubierto que su cuerpo era un arma para dar placer al chico que le gustaba pero por supuesto también para recibirlo, y que incluso la complicidad convertía el sexo en más placentero. Esto no lo digo porque yo también lo supiera dada mi escasa experiencia pero lo estábamos descubriendo a la vez aunque con un matiz diferente. Los hombres generalmente tenemos menos desarrollado el pudor, vivimos paseándonos en calzoncillos y en cuanto estamos en edad de merecer hacemos lo posible por exhibir nuestros genitales para provocar el deseo de la otra parte.

El sexo femenino es más íntimo. Pese a la voluptuosidad de los senos abundantes en muchos casos y la generosidad de las curvas, cintura, caderas, muslos, del cuerpo femenino, los genitales están escondidos entre las piernas que cerradas solo permiten la contemplación del pubis pero no de la vulva propiamente dicha. Las mujeres generalmente viven con las piernas juntas como medio de ocultación o protección de su sexo. Cuando se llega a ese nivel de complicidad, comunicación y deseo en que Viqui me ofrecía su sexo abierto y palpitante para mi contemplación y en aquel momento para que lo invadiera con mis labios y lengua me estaba diciendo mucho más, me estaba diciendo sin palabras lo que su boca había dicho un instante antes al decir que me lo daba todo.

También tengo que deciros que esta reflexión no fue instantánea, sino madurada más tarde con más bagaje sobre mis espaldas. En aquel instante con mi chica pidiéndome que le comiera el coño sin decirlo yo no pensaba. La sangre ya se me había ido toda lejos del cerebro y la capacidad que había tenido de jugar con su cuerpo conteniendo mis impulsos se había acabado. Volvía a ser un adolescente desnudo en una habitación juvenil con su chica abierta de piernas pidiendo guerra. Así que me levanté de estar sentado a su lado y rodeé la cama situándome a sus pies desde donde veía mejor su raja mientras Viqui seguía con sus brazos detrás de la cabeza. Que maravillosa visión de su carita y sus pechos. Me quité los calzoncillos. Me molestaban. Estaba tan empalmado que quería tener mi falo libre sin apreturas. Me subí a la cama de rodillas y apoyé mis manos a ambos lados de sus caderas y sin miramientos bajé mi cara hasta su chocho y di un primer lengüetazo obteniendo el primer gemido y la agitación de su pecho y vientre. Repetí la operación varias veces recorriendo toda su raja desde casi el ano hasta el clítorix con idéntico resultado. Notaba esa mezcla de sabor dulzón y metálico en mi boca.

No sé que sentirán las chicas con una polla en la boca. Yo admito que el sabor de un coño no es especialmente rico, pero desde luego la sensación es increíble. Sentir los estremecimientos ante cada lamida, como se humedece más y más, los gemidos y grititos cada vez que succionaba su clítorix. Esa sensación de dar mucho placer me excitaba tanto que sólo la postura me impedía pajearme en ese momento. Además Viqui no se cortaa la hora de demostrar su placer, sus “ummmm” “ayyyyy” “Luiiiiiiisssss” “Siiiiiiiiiiiiii” Me empujaban a no dejar de lamer y succionar. Sentía mi propia polla chorrear precum sin ni siquiera tocarla. Estaba disfrutando de la comida enormemente e imaginando que quizá ella había tenido las mismas sensaciones cuando unas horas antes se comió mi polla. Pero había una diferencia, yo estaba deseando sentir el cambio de sabor en mi boca a ese punto más amargo que noté la primera vez que se lo había comido cuando se corrió.

Entretenido en la comida pasé mis brazos bajo sus piernas y mientras succionaba su botoncito empecé a penetrarla con un dedo. Pude atisbar que sus manos apretaban sus pechos aumentando mi excitación y seguramente su placer. Yo estaba obsesionado con que se corriera, tenía prisa por sentirlo y no tardó demasiado. Viqui empezó a gritar “Sí, sí, sí, sí…” mezclándolos con ayes mientras sus manos agarraban mi cabeza apretándola a su entrepierna con muchísima fuerza mientras yo no dejaba de succionar y su voz se quebraba. De nuevo el cambio de sabor, de nuevo mi barbilla empapada y de nuevo las contracciones de su vientre en un movimiento reflejo.

Me pidió que parara con la voz muy ronca pero tuve un impulso irreflexivo. Me fui hacia su cara y empecé a besarla. Supongo que del mismo modo que había ocurrido antes ella ahora estaba saboreando su propio coño a través de mi boca. No se quejó, seguía absorta en las últimas contracciones sensaciones que desde su entrepierna se repartían por el resto de su cuerpo. Al pegar mi cuerpo al suyo mi polla se encajó entre sus labios mayores calientes y empapados. De nuevo sin pensar dejé que mi polla durísima y empapada se deslizara entre ellos y moví la cadera sintiendo por primera vez en mi vida como se colaba mi nabo sin un condón que le impidiera rozarse directamente con su vagina. Sentía su calor, más bien diría su ardor, envolver mi falo que se deslizaba dentro con facilidad por su orgasmo reciente. Viqui rodeó mi cuerpo con sus piernas abrazando mi espalda con sus brazos y yo tras exhalar todo el aire de mis pulmones dejé caer mi cuerpo sobre el suyo besándola.

Era increíble sentir como nuestras pieles se unían. Instintivamente empecé a moverme dentro de ella olvidando la falta de precaución, y además no lo hice despacio sacaba y metía mi polla casi entera para sentir al máximo el roce y su calor. Mis pelotas estaba mojadas por la cantidad de su flujo y Viqui tenía los ojos cerrados concentrada en su placer. De golpe su cuerpo se contrajo de nuevo aferrándose fuerte al mío casi impidiendo que la penetrara en el mete y saca. Sentía las contracciones de su vagina apretando mi polla y un placer indescriptible me subió por las pelotas hasta que empecé a descargar mi semen dentro de su coño entre gritos a dúo de ambos. Cuando las contracciones de nuestros sexos terminaron y recuperábamos la respiración profunda con mi cuerpo sobre el suyo y mi polla aún clavada en mi chica exclamó:

-Luis, ¿qué hemos hecho?

Yo no reaccionaba.

-Luis, te has corrido dentro sin condón…

Me levanté de encima de ella. Efectivamente mi corrida empezaba a salírsele por su rajita hinchada y empapada en ese momento. Se levantó corriendo al baño y se sentó a limpiarse mientras yo no era capaz de decir nada.

-¿Qué vamos a hacer?-preguntó alarmada.

Por fin fui capaz de decir algo:

-Vamos a una farmacia.

Nos vestimos apresuradamente y corrimos a la farmacia de abajo a ver cuál estaba de guardia. No teníamos coche. Íbamos los dos andando muy ligeros cogidos de la mano. Por fin llegamos a la farmacia pero ninguno se atrevía a decir que nos pasaba. La farmacéutica nos preguntó si éramos mayores de edad y queríamos preservativos. Por fin respondí que éramos mayores pero fue Viqui la que le dijo que habíamos tenido un accidente. La farmaceútica nos indicó que teníamos que acudir a un centro de salud de urgencias. Nos indicó el camino y esperamos durante media hora a que nos atendiera el médico de guardia. Era un señor de unos 60 años que tras explicarle el sucedido nos dio una charla moralizante sobre los riesgos del sexo sin protección, ETSs, embarazos no deseados…y por fin nos dio una caja con dos pastillas que Viqui debía tomar con 8 horas de diferencia.

Tras agradecerle todo al médico nos volvimos abrazados por la calle mientras yo intentaba tranquilizar su estado de nerviosismo. Llegamos a su casa pasadas las 2 de la mañana. Viqui se tomó la pastilla tal y como el médico había indicado. Nos desnudamos. Yo en calzoncillos, pero ella se puso una camiseta y las braguitas. Le dije de dormir desnudos pero me dijo que estaba cortada por lo que nos había pasado.

Con el susto ninguno de los dos podíamos dormir. Estábamos metidos en su cama en postura de cuchara con su espalda pegada a mi pecho y mi brazo rodeándola. La sentía suspirar de vez en cuando pero no era como unas horas antes. Al final bastante tarde me venció el sueño. Cuando me desperté Viqui no estaba. Me asusté. Me levanté a buscarla. Estaba llorando en el baño.

Abrí la puerta y me la encontré sentada en el wáter con las braguitas en los tobillos y sus manos en la cara. Me conmoví. Me sentía mucho peor que cuando fui consciente de que le ponía los cuernos con María engañándola. Me arrodillé frente a ella apoyando mis manos en sus muslos y levantó la cabeza mirándome entre lágrimas.

-¿Qué vamos a hacer si…?-no la dejé terminar.
-Viqui, con la pastilla no va a pasar nada. ¿Te has tomado la segunda?
-Sí. Pero me siento fatal.
-¿Qué te pasa? ¿Te duele algo?-pregunté abrazándola.
-Me duele la cabeza y tengo un dolor parecido a la regla…
-Eso será la pastilla que te está haciendo efecto. Anda levántate que voy a prepararte el desayuno.
-Date la vuelta que voy a limpiarme…
-Viqui si te lo he comido…
-Por favor…-respondió tajante.

Me fui al dormitorio a ponerme la camiseta porque tenía frío y la encontré saliendo del baño. La abracé.

-Pase lo que pase me tienes a mí…-le dije para tranquilizarla.
-¿No te diste cuenta Luis?
-Viqui, estaba tan caliente que no pensaba en ese momento. Fue tan maravilloso que no pude controlarlo. Pero tú podías haberme parado…-le reproché arrepintiéndome al instante.
-Me acababa de correr, Luis, y tú seguía y seguías…y cuando te sentí creí que controlarías como cuando te la estaba chupando…
-Perdóname- le respondí abrazándola aún más fuerte- ha sido culpa mía.

Nos quedamos en silencio abrazados en el pasillo un rato y después Viqui se fue al dormitorio y yo a la cocina. Apareció a los pocos minutos con un chándal y una sudadera suelta y se sentó a la mesa mientras yo servía dos colacaos que había preparada en el microondas.

-¿Y si me quedo embarazada que va a pasar?-me preguntó.

Tragué saliva y respondí:

-Lo que tú quieras. Sea lo que sea yo estaré contigo. Pero, mi princesa, no va a pasar nada y todo se va a quedar en un susto.

Después del desayuno pasé por casa para disimular con mis padres con la promesa de volver con ella después de comer. Por supuesto lo que iba a ser un puente de sexo y desenfreno se acabó ahí. Viqui no me dejó que le pusiera más una mano encima en todo el resto del puente que pasé con ella, y no quiso dormir conmigo la segunda noche. Mucho abrazo y mimito pero ni un beso con lengua hasta que me despedí de ella. No nos veríamos en un mes, hasta las vacaciones de Semana Santa.

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