MARTINA17

13 de Julio

Aldara​

Mientras sonaba Venus in Furs de The Velvet Underground se sentó en la cama, abrió las piernas y observó el estado de su vágina.-Joder, está demasiado roja-. La noche anterior Yago fue pronto a dormir como siempre, ciertamente los fines de semana su marido estaba muy activo, pero por semana tenía horario de abuelito, se acostaba al anochecer y se levantaba al amanecer y ella que en cambio se levantaba tarde tardaba en dormirse. Ayer estaba especialmente cachonda, bueno, realmente no estaba cachonda, simplemente por alguna razón quería una polla dentro, como por costumbre, como cuando no te apetece fumar pero enciendes otro cigarrillo, tal vez por hábito, tal vez por inercia, ni ella lo sabía y además el motivo fue lo de menos, simplemente al llegar a la cama y ver a Yago durmiendo con una más que notable erección se desnudó y aún seca comenzó a metersela. Yago sin llegar a tener una de esas monster cock estaba claramente por encima de la media pero aún así insistió y poco a poco consiguió que entrara toda. No fue fácil. Meter unos 19 cm en seco no es algo recomendable y menos si además es gruesa pero ella sentía una pulsión que le impulsaba a clavarse aquello. Afortunadamente su coño no tardó en reaccionar y cuando comenzó a dar lentos sentones sobre su marido su coño estaba ya totalmente encharcado. El seguía dormido, lo hacía tan despacio que en su estado de sueño profundo no se enteraba de nada. Eso la puso aún más cachonda. Se sentía como una mafiosa, una violadora tomando lo que por capricho decide que le pertenece. -Tchsk- chasqueó la lengua. -Espero que las mallas del gimnasio no me hagan daño, lo último que quiero son rozaduras extrañas y preguntas de Yago, joder, ¿como le explico que me lo follé sin que enterase? no me iba a creer-. Se puso una crema calmante de menta y otra hidratante. El frío producido por el extracto de esa planta la calmó de inmediato y la rojez disminuyó. Apenas le tomó dos minutos preparar su equipación del gimnasio y se dispuso a marchar, saludó a Elena y Sandra y al cruzar la puerta recordó a su nuevo compañero de gimnasio“Creo que mañana o pasado mañana ya se incorpora en destino hummm, quizá esté nervioso, tal vez lo invite a tomar algo a la salida del gimnasio para que se relaje”.

Hernán​

La mano de Hernán subía y bajaba lentamente sobre su polla de un blanco casi transparente, todas sus venas rojas verdes y azules se marcaban sobre ella como un mapa de ríos, su glande rosa combinaba con sus vellos pelirrojos como un bosque de fuego. -Mmm Aldara, que caliente lo tienes putita- decía mientras miraba un video porno con una protagonista similar a ella. -Ah ah ah si perrita, te lo voy a dar todo dentro, te voy dar un bastardito oooooh Aldara- miró absorto su propia polla mientras se corría lentamente y en grandes cantidades. La puta era fiel, pero ya daba señales de ir cediendo, ayer mismo por ejemplo la había tanteado y se había anotado un gran éxito. Le había pasado su pollón duro por la cara, por accidente por supuesto, ella se ataba los zapatos arrodillada y él fingiendo no verla tropezó casualmente con su entrepierna contra su cara, incluso la mantuvo contra la cara de ella unos segundos esperando una mala respuesta que nunca llegó por lo que decidió apartarse él y disculparse afirmando no haberla visto. “Ja, ella no me vería llegar pero sí que me olió la polla y se calló como una puta recien pagada”. Sonrió al pensar en eso y decidió no limpiarse la corrida para que hoy con suerte oliese algo más.

Un par de horas después de su tradicional corrida matutina estaba entrando en el gimnasio donde Aldara les estaba ofreciendo a todos los presentes una imagen digna de recordar de por vida. Puesta a 4 patas, con un rodillo de abdominales se balanceaba adelante y atrás provocando que sus nalgotas se bamboleasen como dos enormes flanes y eso por no hablar de sus dos grandes ubres que parecían querer escapar de la prisión que suponía su camiseta de lycra. Sin dudarlo se puso frente a ella sabiendo que cuando extendiera los brazos hacia delante su cara quedaría casi pegada al suelo y su culazo apuntando al cielo ofreciendole una visión digna de un Dios. Acomodo su paquete que comenzaba a engordar peligrosamente y la saludó de forma amistosa e inocua sin mostrar sus verdaderas intenciones. -Hola Aldara, veo que hoy cambiaste tu rutina de ejercicios.

– Ah hola Hernán, si, jejeje, ya ves, hoy estoy probando la rueda de abdominales, dicen que con práctica es más cómoda que haciendolos de forma normal pero nunca la usé, no tengo práctica se me resbala y acábo besando el suelo.

– Ya veo, no te preocupes, suele pasar, déjame que te ayude-. Poniendose al lado de ella apoyó una mano sobre el hombro de Aldara y el la otra sobre su espalda a milimetros del nacimiento de sus nalgas. -Prueba ahora, yo te sujeto, solo avanza y retrocede lo que yo te indique, creo que tu problema es que das demasiado impulso-Al comenzar de nuevo el bamboleo la mano que Hernán tenía sobre la espalda de Aldara de forma casual y claramente no intencionada para ella se fue deslizando hacia sus nalgas hasta que sus dedos notaron el hueco entre sus labios vaginales.

– Humpppffff-Aldara ahogo un gemido mordiendose los labios  Jajajaja Hernán ten cuidado que con tanto sube y baja mira donde se te deslizó la mano y yo después de esta noche no tengo eso para roces-

– ¿Que? Joder, lo siento, al estar vigilando que no salieras disparada al frente no me di cuenta, lo siento mucho, en serio.– Quitó la mano rápidamente e incluso fingiendo vergüenza se apartó de ella dos pasos “¿Hoy no lo tiene para roces? como odio ahora al cabrón de su marido”. Simulando rascarse la nariz olfateo sus dedos. “Joder!!! Hasta lo tiene perfumado con menta para comerselo mejor”

– Ah por cierto no se si te lo conté, pero mi marido fue marino, estuvo destinado en Madrid, es de tus años, quizá coincidisteis en la Academia Naval-

– Puede, éramos muchos de distintos cursos, así que aunque coincidieramos en ella quizá no lo conozca. “Bfff marino en Madrid, un puto oficinista pegasellos”

– Se llama Yago Cienfuegos, pelo negro, ojos verdes como los míos, más o menos como tu de alto y de tu peso-

– Coño, el asmático, jajaja si, vaya desgraciado, se pasaba el día estudiando y al final lo pusieron a hacer fotocopias- “Puto inútil de mierda ¿Este coño es suyo? No no no, tiene que ser broma, hay gente que se llama igual, no puede ser ese inutil”

– ¡¡¡Oye, un respeto, es mi marido!!!

“Calma Hernán, no la cagues tan pronto”– No, si quería decir que fue una desgracia, el pobre con todo lo que se esforzaba acabó en una oficina haciendo cafés a los almirantes del Estado Mayor, no me malinterpretes, por eso decía lo de desgraciado.

– Ya, pero no le fue tan mal- Aldara se levantó y se secó el sudor de la frente con una toalla mientras miraba a Hernán. – Resulta que tenía familia en Guatemala por un hermano de un tatarabuelo suyo o algo así, ni el mismo lo sabía, pero al final el último descendiente de ese hermano de su tatarabuelo murió sin hijos ni nada y le dejó una herencia grandisima ¿te imaginas? al parecer tenía ranchos y una mina de no sé qué, lo vendió todo y consiguió casi 40 millones de euros. Montó una pesquería y ahora tiene más de 20 barcos. Al año… no se exactamente, creo que saca unos 15 millones de euros de beneficios después de pagar sueldos impuestos y todo eso. Además el asma se le curó.

“Todos los tontos tienen suerte joder, ahora que sé eso me va a gustar el doble regalarle unos cuernazos”. – Vaya, pues que bien, me alegro mucho por vosotros, pero creo que la joya de su corona eres tu Aldara.

Yago​

La noche anterior fue extraña, nunca había visto así a Aldara, supuso que era una fantasía suya y fingió hacerse el no enterado siguiendole el juego, no sabía que ella tenía esos fetiches, pero ciertamente no fue una sorpresa desagradable, sin embargo tenía otros asuntos más urgentes en que pensar. Asuntos flotantes para ser más exactos. Las cosas iban mejor de lo previsto, hace dos días que Fermín lo llamó para contarle que el Stella Maris estaba en Canarias y que llegaría dos días antes de lo previsto. Es perro viejo, conoce el mar mejor que su casa, al salir de Montevideo en lugar de tomar la ruta habitual bordeando la costa de Brasil en dirección norte se desvió hacia el este en rumbo a Angola, allí tomaría la corriente del Atlántico Sur con rumbo norte, la corriente en Brasil al ir en la contra de la dirección de las agujas del reloj lo frenaría, en cambio desde Angola lo empujaría hacia el norte de forma constante. Parece una estupidez ya que la distancia era mayor y en condiciones normales sería un gasto inútil en combustible, pero Fermín era un puto as leyendo el mar y notó que la contracorriente era más fuerte de lo normal, por tanto ya que su movimiento es circular la corriente también sería más fuerte, de modo que aunque perdiera unos días para alcanzarla pronto los recuperaría. Si había leído bien la corriente en el peor de los casos llegaría en la fecha prevista sin retraso y en el mejor podría ganar dos o tres días tal y como sucedió y todo esto, además, ahorrando combustible.

Hoy, aunque la rutina de Yago era la habitual hubo un pequeño cambio, casi siempre leía un diario deportivo, el Marca para ser más exactos, hoy en cambio sobre su mesa estaba el As. Dentro del periódico enrollado, pegado con cinta aislante había un pequeño teléfono móvil de una marca nada conocida, uno de esos teléfonos de 30 euros de fabricante desconocido, o aparentemente era eso. En realidad era un teléfono israelí cifrado con códigos militares, el kioskero siempre se lo tenía preparado en un As especial para cuando lo pidiera, él era uno más de su red. No le importaba que lo tuviera, al contrario, cuanto más lejos estuviera de el mismo era mejor ya que dificultaba su identificación. Solo Yago podía encenderlo, solo él conocía el algoritmo con el que podía predecir la clave con que desbloquearlo, él y solo él. Si otro lo intentaba el móvil sufriría una descarga eléctrica interna y literalmente quedaría frito con sus datos irrecuperables para quien lo tuviera. No es necesario decir que nadie se atrevía a tocarlo sin su permiso, ni siquiera su guardián lo tocaba más que para tenerlo preparado para cuando lo necesitara. Marcó un largo código alfanumérico e hizo una llamada. El interlocutor estaba claramente esperandola pues apenas al primer tono de llamada lo descolgó aunque no dijo nada. -Stella Maris, Santander, Paso Inocente- Dijo Yago que por respuesta obtuvo –Stella Maris, Santander, Paso Inocente, Copiado-. No hubo más palabras, Yago dio por terminada la llamada y ocultó el teléfono en un lugar seguro, después pasaría por el kiosco a comprar chicles y entre los billetes devolvería el teléfono para la próxima vez que lo necesitase. Para un desconocedor de ciertos códigos lo que dijeron parecería un mensaje estúpido, sin embargo acababa de dar el nombre del barco y el puerto al que debían permitir entrar sin problemas ni registros de ningún tipo dándole algo similar al llamado Paso Inocente que concede inviolabilidad a los buques militares aliados en tránsito.

Yago en su segundo año de estudios de ingeniería de telecomunicaciones decidió entrar en la Academia Naval, pronto lo seleccionaron, en secreto por supuesto, para entrar en el CNI, además de sus estudios normales estudió varios idiomas, protocolo, informática, guerra electrónica y adquirió una serie de variados conocimientos adicionales a los del resto de sus compañeros de promoción, el último año de sus estudios militares le falsearon unas pruebas médicas, aparentemente tenía asma, un asma muy leve, pero lo suficiente para no formar parte del servicio activo y fingir que lo destinaban a labores administrativas cuando su destino real era el Centro Nacional de Inteligencia. Si, Yago Cienfuegos era espía, o mejor dicho, lo fue, o lo es ¿quien sabe?. Había aprendido muchas cosas, pero tras conocer a Aldara asqueado de politiqueos y de ser el tonto útil del gobierno abandonó el servicio activo pero antes procuró ganar ingentes cantidades de dinero de modos en ocasiones no muy éticos, y parte, apenas una fracción del total, la legalizó mediante una herencia de un desconocido y ficticio pariente lejano, hermano, al menos aparentemente, de uno de sus tatarabuelos y emigrante a América Latina como tantos otros en los convulsos y lejanos tiempos de principios del siglo XX.

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