SARA LEVESQUE

Tú y yo no nos apreciamos de manera habitual. No nos miramos con los ojos, nos vemos con el Corazón; “El Principito” tenía razón.

Una de las cosas que aprendí hace poco es abrazar árboles. Apreciar su energía. Empatizar con su robusta calma. Fascinarme por la cercanía de sus tonos naturales. Eso me llena de tranquilidad, serenidad, bondad…

Ahora sé que abrazarte a ti es tan maravilloso como a ellos. Estoy hambrienta de enlazarme contigo. No quiero soltarte, solo envolverte con mis brazos mientras unimos nuestros dedos en ese gesto íntimo y perfecto, para que tu terror desaparezca y mi pecho vuelva a sentir ese calor que te revive el Alma.

Y tu voz… Me provoca dulzura sentir su cercanía en mi oído susurrando palabras coloridas, nada doloridas. Me emociona sentirte temblorosa y tímida al hablar… ¡Lo haces con tanto Corazón y humildad!

Tu murmullo es una melodía decorada con miel. Me provoca lo mismo que las teclas de un piano en días de lluvia, sobre una alfombra, junto a un fueguito y con vino para dos. Me eriza la piel contemplar tus ojitos somnolientos y hermosos. Te imagino frotándolos como ese berrinche de una niña que no quiere despertar, y lo que me provocas es la más auténtica de las ternuras.

Te quiero con el Corazón. ©

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