MARTINA17

Lunes 29 de Junio

Yago

Yago se despertó como cada día a las 4 de la mañana, sin importar que estuviera enfermo, nevera, diluviara o ardiera el cielo el se despertaba automáticamente, tantos años de hábito le permitían despertarse sin ayudas externas como alarmas o despertadores. Su reloj biológico lo hacía despertarse a las 4 en punto con infalible precisión militar. Se puso su ropa de deporte y una zapatillas de running. Todos los días, desde hace más años de los que pueda recordar que corría 10 kilómetros nada más despertarse sin importarle en absoluto las condiciones climáticas que hubiera ese día. Tras vestirse se bebió una gran taza humeante de café solo, sin embargo no comió nada, le hacía sentirse pesado durante la carrera y prefería ir ligero, solo el café para sentirse vivo, y después de correr un desayuno ligero para recuperar energías antes de ir a las oficinas de su empresa.

Antes de salir a correr volvió a su cuarto y beso a Aldara en la frente, ella se movió ligeramente ante su contacto pero no se despertó. Al entrar en su su jardín Yago pensó que definitivamente era un hombre afortunado, estaba casado con una hermosa mujer a la que amaba y que lo amaba como el primer día y su casa era más un palacio que una casa, varias plantas, piscina interior para invierno y exterior para verano, jacuzzy, un gran jardín, biblioteca, bodega de vinos, tantos baños y habitaciones que ni él mismo recordaba el número exacto, una gran cochera con varios deportivos e incluso el sótano era en realidad un bar privado con grifos de cerveza, cómodos sofás, pantallas planas, videoconsolas y billares. Su vida era sencillamente perfecta. Cierto era que no había sido sencillo conseguirlo, pero como se suele decir no se puede hacer una tortilla sin romper unos cuantos huevos y oh si, Yago Cienfuegos había roto unos cuantos. Sonrió al recordarlo y comenzó a trotar.

Aldara​

Esa mañana se despertó con el dulce canto de los pájaros del jardín, al abrir los ojos observo un día resplandeciente asomando entre sus ventanas. Miro el despertador y vio que eran las 10 de la mañana. No sabía muy bien quien compró ese despertador, posiblemente ella, y seguro que más como objeto decorativo que funcional, después de todo ni ella ni Yago lo necesitaban aunque por motivos muy distintos, fuera como fuera era un desperdicio, incluso tenía conexión a internet para programarlo desde cualquier parte del planeta y todo para nada por qué no lo habían usado ni una sola vez.

Tras una ducha rápida fue a la cocina, Yago como siempre le había dejado cafe en su cafetera Chemex, incluso esto era un exceso, el cristal era de Bohemia con adornos de nácar y de nuevo con conexión a internet, de ese modo sabían que mientras giraban las llaves de la puerta el café, recién filtrado, les esperaba para tomarlo apenas se descalzaran. Este si había sido un capricho de Yago, de los pocos que tiene pues es, a pesar de todo, un hombre sencillo que se conforma con poco, él, simplemente quería darle lo mejor y rodearla de lujos. Aldara tuvo una infancia difícil en centros de acogida y Yago pretendía resarcirla. Mientras pensaba en esto entraron las dos chica de servicio, la siempre sonriente Elena y la tímida Sandra

-Buenos días Señora-Dijeron casi al unísono. -Uff que valor, tomar café caliente con este día-

-Es, o mejor dicho, era con hielo, Yago si lo bebe caliente, dice que si no no le sabe a nada- Les devolvió la sonrisa y continuó hablando. -Tomaos uno.. o los que queráis, ya sabéis como funciona esta cafetera y con este día apetece algo helado. Por cierto, no sé a qué hora volveré, quizá coma con mis amigas o vaya a ver a Yago al trabajo, así que cerrad con llave.

Tomó el café, cogió la mochila para el gimnasio y salió pensando en lo extraño que era que a esas dos chicas Yago les dejase la puerta abierta para que entrasen cuando quisieran. El siempre precavido Yago no confiaba en nadie, sin embargo cuando le preguntó él simplemente guiñó el ojo y dijo que alguien debía ser la excepción.Yago​

Si a algo se podía considerar a Yago era adicto al deporte, o mejor dicho, al subidón de endorfinas que le proporcionaba. Sin su ejercicio diario su mente no funcionaba correctamente, sin embargo odiaba los gimnasios, ejercicio en conserva llamaba a entrenarse en ellos, lo consideraba algo para mujeres que quieren hacer zumba con aire acondicionado y chorradas similares, el en cambio corría por las mañanas y tras salir del trabajo hacia otra hora o dos de musculación al aire libre en su jardín, quizá sus músculos no fueran de exhibición pero eran musculos reales, no como esos músculos falsos de gimnasio conseguidos a fuerza de dietas absurdas que solo consiguen destrozar el hígado y de suplementos alimenticios de dudosos efectos. Patético.

Se dió una ducha rápida en el baño de la empresa y espero que llegasen los barcos de bajura que estaban haciendo la costera del bonito en el Mar Cantábrico, hoy estaba prevista la llegada de dos con las bodegas llenas y tras un par de días de descanso para la tripulación saldrían de nuevo el miércoles, casi todos los días amarraban alguno de sus barcos de bajura con las bodegas llenas y zarpaban otros a por más capturas, aún así el gran negocio estaba en sus 6 grandes buques factoría repartidos por los mayores caladeros del mundo, joder, hasta pescaban bacalao en el ártico durante meses para volver cargados con cientos de toneladas de peces ya procesados y listos para su distribución por toda la Unión Europea. Hoy a las 7 de la mañana debe ir la lonja, sus bonitos ya tienen comprador en Madrid y debe estar presente para comprobar que todo está correcto y sobre todo para cobrar, dinero en efectivo, jamás aceptaría otra cosa, pescado en mano y dinero en mano solía decir cuando le intentaban pagar con cheques o transferencias bancarias, no le gustaban esas cosas pues solían dar problemas, descuentos, descubiertos, intereses bancarios, no amigo, esas mierdas para otros, dinero en la mano y no promesas de dinero para cuando el banco decida hacer efectiva la transferencia, después de todo los hijos de sus empleados no comen promesas ni él puede pagar combustible con promesas. Sin embargo hoy tenía que comprobar una cosa antes. Abrió un cajón de su escritorio y sacó un telefono via satelite. Sabía que le contestarian a cualquier hora, siempre hay gente en el puente de mando. Tras un minuto de espera alguien descolgó

-Ponme con Jiménez- Dijo en cuanto la conexión estuvo establecida.

– Mmmm patrón… soy el segundo, el capitán Jiménez está en su turno de descanso-

– Por mi como si está en Jupiter, no te pregunté dónde está, te dije que me pusieras con el joder-

-Ok patrón espere unos minutos-

Para amenizar la espera encendió el pc, miro porno de asiaticas y se acomodo la polla ya morcillona pero apenas le dió tiempo a nada, al otro lado un somnoliento Jiménez le respondió. -Yago Yaguito que porculero eres, llevo un día entero sin dormir y una hora después de poder ir a la cama me llamas-

Yago suspiro y miro al techo, a él no le importaba su puta vida y lo ignoro.-Fermín majo no me toques los huevos anda. ¿Como va todo?-

El tal Jimenez pareció bostezar antes de contestar. -Bien, hoy escala en Montevideo para repostar. Mañana zarpamos de nuevo y en 15 días estamos en Santander. Medio puto año fuera joder. Por cierto, te llevo un regalo de Perú. Unas botellitas de pisco, artesanal, nada de pisco industrial, se que eso no te gusta.

Yago aspiró profundamente por la nariz satisfecho al oír que pronto estarían aquí. -De puta madre Fermín, cuídame ese pisco y ya tomaremos unas copas cuando vuelvas-Sin esperar respuesta de su interlocutor cortó la llamada y mientras guardaba el teléfono farfulló. -Más te vale que todo venga bien cabrón-Hernán​

Tras años en la marina había solicitado el ingreso en la Guardia Civil, lo habían enviado a Santander a Servicio Marítimo, esas patrullas en aguas territoriales eran un cambio agradable después de pasarse años de su vida navegando por todo el mundo sin pisar un puerto nada más que para repostar, no es que no le gustase pero ya se había cansado de pasarse el día rodeado de maromos durante meses. En fin, por el momento podía disfrutar su permiso en destino para hacer la mudanza y esas mierdas y en 15 días a la faena. De momento pensaba disfrutar unos días de descanso y quizá encontrar un coño bien caliente y húmedo. Nada más entrar al gimnasio observó el ganado presente y vio varias apetecibles. Especialmente una rubia, exuberante, grandes tetas, buen culo, ojos verdes. Lo primero que pensó fue que era una escort pero claro, no iba a ir a preguntarle el precio, además quizá se lo pudiera ahorrar. La vio corriendo en una cinta con unas pesas en manos y tobillos y se puso en la de al lado de ella. Fingió tener problemas al programarla y ella muy amablemente paró la suya y le ayudó.

-Oh gracias, estas cosas siempre me dan problemas, no las suelo usar, solo para calentar un poco, ya sabes- Le lanzó su mejor sonrisa de niño bueno y esperó respuesta.

-Jejeje no te preocupes, estas máquinas ya están un poco tralladas de tanto uso, no creo que tarden en cambiarlas por qué a veces los botones no responden bien o el programa se borra después de ponerlo y debes prepararlo todo de nuevo-La rubia frunció el entrecejo y sus ojos claros verde esmeralda se cruzaron con los suyos. -¿Eres nuevo?, creo que nunca te vi aquí- dijo tendiendole la mano -Yo me llamo Aldara-

Hernán no pudo evitar fijarse en el anillo de casada cuando le tendió la mano, eso tal vez se lo pusiera algo más difícil, o ¿quien sabe?, tal vez así todo fuera más fácil, desde luego no era la primera casada de gimnasio que se follaba en la sauna mientras su incauto marido esperaba fuera. -Hernán- contestó agarrando la suave mano de la rubia y antes de que le diese tiempo a retirarla atrajo a la chica hacia él y le dió dos besos en la mejilla.-Mucho gusto Aldara-Observó que la mujer pareció no reaccionar demasiado bien a sus dos besos, posiblemente su marido estuviera cerca y no quería problemas, sin embargo si algún pavo decía algo se disculparía falsamente con su sonrisa de tiburón y simplemente fingiría con naturalidad que solo quería ser amable y que él era un puto celoso, para él es fácil hacer estas cosas. Joder, Hernán Olivenza, es un alfa, el nuevo alfa de Santander e iba a deslecharse dentro de cualquier coño que le apeteciese.

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