ALMUTAMID

Estábamos los dos de rodillas en la cama con la respiración agitada, uno frente al otro mirándonos con la sonrisita que se te queda después de un buen polvo. Yo seguía con mi polla en la mano mientras Viqui empezó a comprobar los efectos de mi corrida con churretazos que le habían llegado a los pechos, vientre y pubis en una cantidad que a mí mismo me sorprendía.

-Que manguera tienes, jajaja-me dijo Viqui-cómo me has puesto…
-Creo que nunca había echado tanto…-respondí soltándome la polla- esto es cosa tuya.
-¿Yo?
-Sí, tú- respondí- Estás tan buena que me pones como una moto…
-Tú también estás muy bueno…-respondió pasando su dedo índice por mi esternón, ombligo y pubis hasta terminar rozando mi polla ya colgona.
-Dame un beso- le dije.
-Te voy a pringar entero…
-Es mío…-contesté arrimándome a ella y besándola mientras tiraba de su culo para pegar nuestros cuerpos.

Efectivamente me pringó entero, pecho y abdomen. Por fin Viqui se separó y miró la hora en un despertador que tenía en la mesilla. No eran aun las 6 de la tarde y ya había caído un polvo. Ojalá Viqui tuviera ganas de más. Pero en ese momento su reacción fue:

-Es temprano, podemos hacer algo. Me ducho y me quito tu leche…

Me besó y salió de la habitación en dirección al baño con pasos ligeros dándome una preciosa vista de su culo. Escuché como abría la mampara y entraba a la ducha y abría el grifo. Yo también estaba pringado, así que pensé en ir al baño también. El baño estaba justo al lado del dormitorio de Viqui y lo compartía con su hermano mientras que sus padres tenían uno propio en su dormitorio. La puerta estaba abierta y al entrar vi su albornoz sobre la tapa del wáter y a través de la mampara se traslucía el cuerpo de Viqui frotándose. Sin pensármelo abrí la mampara y Viqui se asustó:

-Soy yo…que también estoy pringadito. ¿puedo pasar?

Viqui cerró el grifo y me sonrió mientras yo me colaba en la ducha. Se había recogido el pelo en una cola y lo llevaba metido dentro de una especie de redecilla de plástico para no mojárselo.

Nada más empezamos a besarnos de nuevo. Me gustaba el tacto suave de su piel caliente y mojada. Entonces Viqui se giró pasando su culo por mi polla más por la estrechez del hueco que por sus ganas de sentirme. Pero aun así me notó de nuevo empalmado y al darse la vuelta de nuevo me sonrió. Había cogido el gel de baño.

-Mi niño siempre con la escopeta preparada…
-¿Quieres ser mi diana?
-Me encanta ser tu diana….

Nos besamos de nuevo pero inmediatamente Viqui abrió el grifo. Salió algo fría el agua pero inmediatamente empezó a tibiarse. Echó gel en su mano y lo soltó de nuevo, esta vez de frente quedando su cara muy cerca de mi polla. Me puse muy nervioso el instante que duró. Se levantó de nuevo y cerró el grifo. Empezó a extender el gel por mi pecho con su mano obteniendo espuma que repartió por mis hombros y después continuó extendiendo por mi abdomen llegando a mi polla que enjabonó dulcemente pudiendo comprobar su dureza y mi excitación al pasar sus manos enjabonadas por todo el tronco y deteniéndose en mi glande. Igualmente enjabonó mis pelotas provocándome escalofríos de placer.

No quise ser menos y me agaché para coger el gel quedando mi cara frente a su coño, pero yo no perdí ocasión de besar su pubis provocando una risita nerviosa en mi chica. Me levanté con sonrisa de malote y la imité echando gel en mis manos que extendí por sus hombros pero dirigiéndome rápidamente a sus pechos que mostraban sus pezones igualmente empitonados a pesar del agua caliente. Tras un buen masaje de tetas extendí la espuma por su vientre y culo pero cuando fui a acercarme a su chochito me detuvo.

-Esa zona es muy sensible y tengo que usar un jabón especial…
-Me encanta que sea tan sensible y gimas cuando te tocó ahí abajo y te meto mi polla…-y la besé de nuevo.

Viqui aprovechó para abrir nuevo el grifo. El agua fue retirando el jabón de nuestros cuerpos mientras nos besábamos y sobábamos sintiendo nuestra desnudez. Lo cerró de nuevo y retomamos los besos pero cuando Viqui fue a abrir la ma para para salir la abracé pegándola a mí y le dije:

-Ahora está limpita del todo, ni pipí, ni semen…

Viqui se quedó mirándome con media sonrisilla. Pensé que me iba a decir educadamente que ya me había dicho que ella no quería hacer eso. Que le daba asco. Así que aunque transcurrieron unos segundos hasta que reaccionó a mí me parecieron minutos muy largos. Entonces se acercó y me besó en los labios lo que prácticamente me aseguraba que me iba a decir que no pero justo en ese momento, aun en el plato de ducha, mirándome a los ojos se puso de cuclillas frente a mi nabo que seguía tieso tras el baño. Me miraba a los ojos que se me iban a salir de las órbitas.

Viqui perdió el equilibrio un instante y chocó contra mí hasta que se sujetó en la pared. Pero al chocar conmigo mi polla le dio en la frente. Le dio la risa tonta aumentando mi impaciencia. S puso de rodillas y agarró mi polla pasándosela por la mejilla y cerrando los ojos. Parecía que iba a hacerlo. Descubrió mi glande empujando mi prepucio con su mano y lo apoyó en sus labios como había hecho otras veces. Inspiraba fuerte como si intentara oler. Tras unos instantes así. Se separó de nuevo sujetándomela y buscó de nuevo mis ojos con los suyos y poniendo cara extraña sacó la lengua y lamió mi glande provocándome un escalofrío que debió sentir. Repitió y no pude evitar gemir, más por lo que veía que por lo que sentía.
Se separó de nuevo de mí y mirándome a los ojos me dijo:

-Me gustas tanto que quiero dártelo todo…niño consentido…

Yo fui incapaz de decir nada. Simplemente esperaba su siguiente paso. Repitió la escena de sacar la lengua pero sin poner cara rara esta vez. Con ella rodeó mi glande y jugó con mi frenillo. Gemí dándole a entender cuanto me gustaba. Se separó de nuevo. No la veía muy convencida. Sin embargo, la siguiente vez se acercó y posó de nuevo mi polla sobre sus labios que abrió ligeramente rozando su lengua con mi glande sin llegar a sacarla. Gemí, quizá exageradamente, pero eso la envalentonó y abriendo más su boca introdujo mi glande entero en ella rozándolo con los dientes. Lejos de hacerme daño me electrizó y no tuve más remedio que decir su nombre: “Viqui…” Eso le dio más ánimos y agarrando mi nabo con fuerza empezó a succionar mi glande con sus labios teniendo más cuidado ya de no rozarme con los dientes.

-Mi Luis está rico en todas partes…-dijo sonriéndome.
-Viqui, me encanta. Me tienes loco…-respondí yo flexionando las piernas para acercarle más mi verga.

Repitió la operación de lamerme la punta y meterse mi glande en la boca succionando como si me fuera a exprimir. Entonces intentó´ que entrara un poco más. Hasta medio tronco. Qué placer sentir su boca caliente mojándome la polla con su saliva. Era menos apretada que su coño pero cuando succionaba y lamía me daba más placer.

-Aghhh, Viqui, que gusto. Me encanta lo que me haces….

Empezó a chupar metiéndose y sacándose mi polla de la boca mientras yo gemía. Sentía el cosquilleo. Iba a hacer que me corriera en menos de 5 minutos.

-Viqui, para…para…que me corro…

Pero ella seguía chupando y succionando. No quería ni pensar que se me escapara el semen en su boca y le diera tanto asco que no volviera a probar. Pero seguía con los ojos cerrados ensimismada en la mamada. Me pareció ver que se acariciaba ella misma pero no podía saberlo desde mi posición.

-Viqui…no puedo más, me matas de gusto, me corrooooo….- dije empujándole el hombro.
Se soltó de mi miembro el instante justo antes de que saliera el primer chorro que le cayó en la barbilla. Puso cara rara y se echó hacia atrás cayéndole los siguientes chorros en el pecho y barriga mientras yo resoplaba y las piernas se me quedaban flojas teniendo que apoyarme en la mampara.
-Ufff, Luis…no podía imaginarme que esto te gustaría tanto…-dijo intentando quitarse el semen de la barbilla. Por un centímetro no le entró en la boca.
-Mmmmmmm, Viqui….ha sido increíble.
-Sí, jajaja.- respondió levantándose.
-¿Te ha gustado?-pregunté.
-No podía imaginarme que te pudiera hacer sentir tanto ahí con la boca…
-Pero, ¿te ha gustado?- insistí curioso.
-Sabes rico…o mejor dicho. No sabes mal…-y entonces me besó notando un sabor distinto en su boca que supuse sería el de mi propia polla.

Además al hacerlo me pegó el pegotón de semen de su barbilla en la mía. Al separarse lo vió y se rió.

-Que escandaloso eres, jajajaj. Como lo pones todo.

Nos volvimos a duchar como unos instantes antes aunque mi polla estuvo mucho más relajada a pesar de nuestras caricias. Al salir nos secamos. Yo me puse los calzoncillos y una camiseta y Viqui unas braguitas limpias y otra camiseta sin sujetador. Así nos fuimos al salón y nos tumbamos a ver una peli los dos pegaditos con una mantita por encima. Y no eran ni las 7 de la tarde…

A pesar de estar tan agustito los dos allí tumbados viendo una peli con los cuerpos pegaditos debajo de la manta mi cabeza funcionaba. Y no dejaba de dar vueltas: definitivamente lo de María había sido un error. Con Viqui tenía mucho más de a lo que podía aspirar un chico de mi edad. Una novia divertida, juguetona, arriesgada, entregada pero con opinión…¿que más quería? Verla más. El problema es que la veía cada mes y medio. Ahí estaba el problema que me había llevado a la locura de iniciar una relación con María. Que sí, una niña guapísima, muy inteligente, pero viviendo en una burbuja de la que yo no había sido capaz de sacarla, o mejor dicho de meterla, porque lo que me había llevado a todo era haber pensado exclusivamente con el cerebro de abajo y pensar que sus “masajes” me llevarían a mucho más con ella.

Viqui se apretaba contra mí bajo la manta ajena a mis pensamientos mientras yo entretenía mi mano en jugar con su ombliguito sintiendo su culo apretado a mi polla morcillona y feliz tras la mamada que mi dulce novia le había proporcionado apenas unas horas antes. Ya era denoche pero como la película era larga, allí seguíamos los dos tumbados en silencio sin más luz que la que emitía la pantalla del televisor.

Pero mi cabeza, la de arriba, seguía con los engranajes en movimiento. Y no pude más que comparar a “mis dos chicas”. En mi mente aun adolescente la comaración fue mucho más amplia de lo que era simplemente comparar mis relaciones. Empecé repasando sus cuerpos, el que tenía ahí pegado y el que estaba a kilómetros de distancia.

Viqui es morena y María rubia. La primera tiene los ojos marrones muy oscuros, la segunda, cerdosos tirando a marrones. Viqui es de las chicas que en verano se ponen muy morenas, María me contaba que no podía tomar mucho el sol, aunque su padre tampoco la dejaba ponerse mucho el bikini. Las dos tenían bocas pequeñitas, aunque los labios de María son mas gruesos y rosaditos. Pero los ojos grandes de Viqui son más vivos y expresivos. La expresividad de María estaba en como le cambiaba el color del semblante rosándose exageradamente cuando se ruborizaba.

Ambas son de altura parecida, pero Viqui está más delgada o mejor dicho, viste con ropa más ajustada y tiene las caderas más estrechas. Esas caderas son las que le hacen un culillo estrechito que sabía aprovechar perfectamente con vaqueros ajustados de talle bajo que combinados con jerseys nomuy bajos dejaban su precioso ombliguito a la vista cuando levantaba los brazos. María vestía con ropa suelta siempre. Más caderona que Viqui, los vaqueros simpre iban con una blusa o una sudadera que tapaba como mínimo hasta medio culo de modo que escondía muy bien sus formas que yo solo había comprobado al verla en su casa en pijama o chandal,pero en ambos casos siempre vestía camisetas sueltas que marcaban escasamente sus pechos. Pero los leggins que usaba cuando me daba los masajes mostraban un culo más grandioso que el de Viqui ensanchado por sus caderasy continudos por muslos fuertes seguramente por haber practicado la gimnasia durante años.

Y aquí llegué a las tetas. Suponía que María las tenía más grandes pero no lo había podido comprobar, por la ropa que usaba y porque no me las había dejado tocar, a diferencia de Viqui que tenía unos pechos preciosos que se me ocurrió acariciar mientras los comparaba bajo la camiseta y que sin ser muy grandes le permitía formar canalillo cuando se ponía sujetadores más apretados, aunque no solía usar grandes escotes. Pero eran unos pechos que aunque desnuda mantenían gran parte de su forma luchando contra la gravedad de su peso. Y sus pezones se endurecían extraordinariamente, tal y como podía comprobar en ese instante a la mínima caricia.

Las piernas de Viqui eran más largas y finas que las de María que yo os dije que eran más fuertes que no gordas. Y llegué a sus chochitos en mi mente. Tentado estuve de meter la mano en la braga de Viqui pensándolo pero me quedé jugando con el elástico. El chochito de María no lo había visto pero lo había tocado. Tenía su vello púbico natural pero no sabía si del color de su pelo. Pude enredar mis dedos en él al meter mi mano en su braga. Viqui el primer día que le vi el chochito llevaba su vello recortado y las ingles depiladas formando un triangulito invertido con la forma de la braga. Pero cuando follamos por primera vez se lo había rasurado y tres semanas después presentaba una sombra oscurilla de vello asomando pero no rígido. De hecho no pude evitarlo y empecé a pasear mi dedo por dentro de la braga rozandolo sin acercarme a su raja. Su única reacción fue apretar más su culo a mí.

En la personalidad era donde no podían ser más diferentes. La jovialidad, alegría y determinacón de Viqui en María se convertían en precaución, miedo y falta de autonomia. Más pensando en el que dirán que en qué quiero. No tomaba decisiones pensando en ella sino en lo que los demás esperan de ella y eso la ataba terriblemente a una educación muy conservadora de niña d epueblo en colegio de monjas. Viqui era una chica urbana, desenvuelta y más segura de sí misma. El día que le gusté fue a por mí. Ya me la había meneado antes de plantearnos salir. Se acostó conmigo cuando ella lo decidió y en las condiciones que ella quería, pero a la vez me tenía satisfecho muy satisfecho…

Mi resolución a poner fin a mi error con María me hizo disfrutar más de estar con Viqui no perdiendo ocasión de mostrarle mi cariño oliendo su pelo, acariciando su barriguita y dando de vez en cuando un furtivo paseo de mis manos por sus pechos y dentro de sus bragas sin llegar a rozar su coño. Pero se acabó la película y Viqui como buena anfitriona me dijo:

-Oye, es tarde. Habrá que cenar algo. ¿Qué te apetece?
-Te quiero comer entera…

Viqui me sonrió y se volvió de frente a mí diciendo:

-¿Y si nos echamos algo al estómago y después nos comemos mutuamente?
-Tú me has comido hace un rato…te tengo más hambre…-respondí posando mi mano en su espalda y apretándola a mi cuerpo para besarla.

Empezamos a comernos la boca con fuerza, mucha lengua y mucha baba, pero cuando creía que nos íbamos a liar de nuevo Viqui se levantó del sofá, se acomodó la camiseta tapando sus braguitas y se fue a la cocina diciendo:

-Voy a poner una pizza…

Me levanté marcando de nuevo una erección en los calzoncillos y me fui a buscarla a la cocina. Esta niña me tenía todo el día empalmado. La encontré agachada sacando una pizza del congelador y sin reparo le toqué el culo en pompa llegando hasta su raja. Se sobresaltó pero no aparté mi mano.

-No te esperaba, Luis…
-¿Y quién iba a ser?
-No es eso…es que me has tocado el chochito…-respondió levantándose con la pizza en la mano y cerrando la puerta del congelador.
-Y no te gusta…

Se acercó a mí y agarrando mi paquete contestó:

-Me encanta…-mientras amasaba mis atributos-…pero ahora vamos a cenar algo.

Y se fue al horno a precalentarlo. Volvió al frigorífico y sacó una lata de cerveza y me la dio. La abrí y le di un buche y dejé la lata en la encimera en la que estaba apoyado. Viqui se acercó de nuevo a mí y apoyando su cuerpo contra el mío me besó los labios. Yo la abracé por la espalda.

-Me encanta estar solita contigo en casa…
-Y a mí…que pena que no podamos estar más tiempo juntos…-respondí posando mis manos en su culo.
-Luis, ¿te gustaría que el año que viene me fuera a estudiar contigo?

Me dejó desconcertado su pregunta. No me había planteado ni remotamente esa posibilidad. Podría ser maravilloso. Estar juntos y follar siqmpre que quisiéramos, pero a la vez desvelar mi mentira a todo el mundo. Para quedar bien respondí:

-Sería maravilloso…¿te imaginas tú y yo así todos los días?
-Ains Luis…que suerte tengo contigo…-respondió abrazándose a mi pecho.

“Qué suerte tengo contigo”…con este mentiroso compulsivo. El remordimiento en mi cabeza se hacía evidente. Nada más volver cortaría con María. Viqui no se merecía lo que yo hacía y yo no me la merecía a ella, pero iba a hacer por merecerla…

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