CAPITÁNTRUENO

Lucía un día soleado esplendido en Barcelona. Elena salió de la estación del tren y solicitó un taxi. Por el camino consultó el móvil, vio un mensaje de Andrés y le respondió.
-Era de esperar. Ya estoy en Barcelona, voy a la clínica.
Siguió mirando el móvil y encontró dos mensajes de remitente desconocido, los obvio, directamente los borró.
Aquel día para el viaje había optado por ponerse unos vaqueros ajustados y una camiseta ceñida, llevaba la cazadora de cuero marrón, doblada sobre un bolso de piel también marrón. Unas deportivas blancas, cómodas. El pelo recogido en una coleta larga y ligeramente pintada.
Llegó a la clínica, antes de entrar, en una cafetería próxima se tomó una coca cola. Pensaba en como entrarle a Ernesto, como sonsacarle información. Pensaba que no sería difícil, Ernesto siempre había tenido predilección por ella. Podría usar sus armas de mujer con él. Pero le parecía feo hacer aquello.
Entró en la clínica y se acercó a información:
-Bons dies. En què puc ajudar-la?
-Buenos días
-Perdón. Buenos días ¿En qué puedo ayudarla?
-Querría saber cuál es la habitación de Ernesto Iriarte. Está ingresado.
-Un momento, por favor. ¿Me dijo Iriarte?
-Sí, Iriarte, Ernesto Iriarte
-No me consta. ¿Cuándo ingresó?
-Eh. No sabría decirle.
-A ver. Déjeme…un momento… No, no me aparece nadie con ese apellido.
-¿No?
-Un momentito, voy a consultar

La recepcionista, muy amable y predispuesta llamó a alguien por teléfono.
-Sí, Iriarte, I R I eso es Iriarte, Ernesto. Gracias
Mirando a Elena
-En urgencias, tampoco hay nadie con ese nombre.
-Voy a consultar, gracias de todas formas
-No hay de qué.

Elena se separó del mostrador, salió a la calle y llamo a Andrés.
-Hola Elena, ¿Ya estas allí?
-Sí, tengo un problema. ¿Tu donde estás?
-Vamos a empezar a embarcar ya. ¿Qué te pasa?
-En la clínica, no hay nadie ingresado con ese nombre
-No jodas
-La chica ha llamado incluso a urgencias y nada.
-Llama a mi padre. Tendrá el móvil ¿no?
-Perfecto. Ya te contaré. Avísame cuando aterricéis.
-Vale. Un beso

Elena, sin perder su habitual tranquilidad, buscó el teléfono de Ernesto en la agenda del teléfono, y marcó
-Dígame. ¿SI?
-¿Ernesto?
-Si ¿Quién eres?
-Soy Elena
-¡¡¡Elena!!! Que alegría. ¿Por qué no me sale tu nombre?
-No lo sé. ¿Qué tal estas?
-Bien, ¿y tú?
-Bien Bien.
-¿Pasa algo?
-A ver Ernesto. ¿Tú no estás ingresado?
-¿Ingresado?
-Perdona, estoy…Nos dijeron que estabas enfermo, ingresado…
-¿Quién os ha dicho esa estupidez?
-Mira, estoy en Barcelona, he venido a la clínica…
-Vente para mi oficina y…nos vemos, charlamos, me cuentas
-Perfecto Ernesto, dame la dirección y voy para allá
-Sí, mira, apunta.

Ernesto le dio la dirección y se despidieron
Elena cogió un taxi. ¿Qué estaba pasando? Esto es todo muy raro.
Mando un mensaje a Andrés
-Voy a la oficina de tu padre, he hablado con él. No está enfermo, ni ingresado ni nada. Ahora te contare.

Al llegar a la dirección indicada, bajó del taxi. Miró hacia el edificio frente a ella. Una enorme mole de cristal oscuro, tendría unas 20 plantas, y a la altura del piso 15, unas enormes letras azules. IRIARTE Con la I mayúscula en forma de columna y la corona de laurel alrededor.
Le sobrecogió ver ese inmenso edificio, y pensó en lo raro que le parecía no haber estado allí nunca, a fin de cuenta era la empresa de su suegro.

Atravesó la puerta de entrada y apareció en un inmenso hall, un atrio con el techo altísimo, prácticamente a la altura de la segunda planta. En mitad de aquel inmenso hall, con suelos de mármol y paredes de acero y espejos, un mostrador semicircular con dos señoritas, casi idénticas y perfectamente uniformados con chaquetas de un brillante azul eléctrico sobre camisas gris perla y falda hasta la rodilla, de un gris un poco más oscuro.
Se acercó a la chica de la izquierda, Carola, ponía en su chapita gris con letras azules.
-Buenos días.
-Buenos días, Vengo a ver al Señor Iriarte
-¿Tiene cita?
-Acabo de hablar con él.
-Un momento, por favor

La señorita, acciono algunos botones frente a ella, en algún tipo de centralita, que ese escapaba de la vista de Elena.
-Vienen a ver al Señor Iriarte. Ajam. Si.
Dirigiéndose a Elena
-¿Su nombre? Por favor
-Soy Elena
-¿Elena?….
-Plaza, Elena Plaza

Y de nuevo por sus aurículares, hablando con alguien
-Elena Plaza. Ajam. Muy bien.
Ahora mirando a Elena
-Le están esperando. Piso 19, por aquellos ascensores. Un momento que le doy su acreditación.
Carola, volvió a tocar algunas teclas y casi de inmediato por una impresora que había justo detrás, salió una cartulina pequeña con el nombre de Elena y unas letras que ponían
VISITANTE PLANTA 19
Colocó la tarjeta dentro de una funda de plástico, anudada a una cinta azul con el texto IRIARTE repetido por todo el contorno.
Se lo entregó a Elena.
-Colóqueselo en un lugar visible, le servirá para abrir las puertas, gracias
-Gracias. Muy amable

Se colocó la acreditación alrededor del cuello y fue hacia los ascensores que la recepcionista le había indicado. Antes de llegar al hall de los ascensores, unas puertas de cristal bajitas, con dos guardias de seguridad. Al acercarse, el guardia de la izquierda la saludo y miro hacia la tarjeta que colgaba de su cuello. La puerta se abrió.
Busco el botón de llamada del ascensor, no lo veía, el guardia de seguridad se acercó
-Acerque su tarjeta a esta pantalla.
Elena hizo lo que le había indicado el guardia y casi de inmediato se abrió el ascensor
-Gracias,
-Ya no tiene que pulsar nada, el ascensor sabe dónde tiene que ir.
-Gracias, que moderno

El guardia hizo una mueca parecida a una sonrisa, un gesto con la cabeza, y se retiró.

No le dio tiempo prácticamente, ni a mirarse en el espejo, cuando un leve sonido indico que estaba en la planta 19, Se abrieron las puertas.
Elena salió del ascensor, ahora frente a ella unas puertas de cristal desde el suelo al techo, enormes. Se acercó y las puertas correderas se abrieron, al otro lado una señorita con el mismo uniforme que las chicas de la recepción, la esperaba con una sonrisa.
-Señora Plaza, acompáñeme por favor.
-Sí, claro

Se dirigieron hacia la derecha, por un pasillo lleno de fotografías de ciudades del mundo, en blanco y negro. El pasillo giró hacia la derecha de nuevo, ahora tenían a su izquierda los ventanales de cristal oscuro, directamente a la calle, las vistas eran impresionantes, un nuevo giro a la derecha y la chica se paró frente a dos puertas de madera.
-Es aquí. Le dijo empujando una de las puertas
-Gracias

Elena entró, una espectacular habitación, con todo el suelo forrado con moqueta azul, un enorme anagrama de IRIARTE. Las paredes completamente llenas de estanterías con libros.
Al frente unos sofás de piel, con unas pequeñas mesas de cristal y acero entre ellos, a la derecha una enorme mesa de despacho de color negro. Y a la izquierda, una mesa enorme de reuniones, encimera de cristal, patas de acero. Había por lo menos 16 sillas alrededor, pero todas estaban vacías, menos las del extremo izquierdo. Allí sentado a modo de presidencia estaba Ernesto, con su sonrisa de siempre, a su izquierda una señora, que Elena desconocía y a su derecha, de espaldas, una mujer de pelo castaño, liso, hasta los hombros. Ernesto dijo
-Elena, cariño, buenos días.
-Buenos días Ernesto

La mujer de la silla, que estaba de espaldas, se giró
-Hola Elena
Elena la miró, sorprendida.
-Raquel. ¿Qué haces aquí?

Un comentario sobre “El sonido del agua (20)

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