RG ASTRID

Llevaba años deseando encontrar a la mujer de mis sueños. Había salido con muchas chicas, pero ninguna era suficiente para mí. Tenia expectativas muy altas sobre la mujer ideal y ninguna las cumplía. Un día conocí a una mujer que estaba sentada en la cafetería, lucia preciosa. Tenia unas piernas de ensueño, de figura esbelta y curvilínea. Sus ojos eran de color miel y ni hablar de su piel que parecía porcelana fina. Ella estaba bebiendo una taza de café mientras leía un libro, que casualmente era de mi película favorita. Era ese el momento, la chica que por tanto tiempo había deseado conocer estaba justo frente a mí. Tragué saliva y en un acto de valor me anime a hablarle.

— ¿Me podrías decir si estoy vivo? por que creo que he llegado al cielo, eres todo un ángel.

A lo que ella respondió indiferente

— ¿Qué quieres?

Me sorprendió su respuesta tan impetuosa. Creí que se estaba haciendo la difícil, por lo que hice un nuevo intento por entablar conversación

—Perdona, no quise incomodarte. Es solo que me pareces conocida. ¿Nos hemos visto antes?

A lo que ella respondió

—Si, me parece que si Francisco. Pero dudo que recuerdes quien soy.

Su respuesta me dejo helado, a mi parecer era la primera vez que nos habíamos visto.

—Espera un momento, ¿Me conoces? En realidad no encontraba la forma de entablar una conversación contigo, pues me pareces una mujer sumamente atractiva.

—Ah, ¿si? ¿Ahora si te lo parezco? — Respondió indignada.

— No entiendo por que me hablas así. El hecho de que seas bonita no te da derecho a ser grosera conmigo.

— Estamos de acuerdo en eso. Pero si tengo derecho a serlo con alguien que lo fue conmigo alguna vez. Tal vez ya lo olvidaste, pero, yo no. Yo era Yolanda, la “gordinflona” que estaba enamorada de ti en preparatoria. Esa que humillaste en publico, permíteme recordarte tus palabras ¡Adefesio! por que así me llamaste, y hazme el favor de retirarte, estoy esperando a alguien.

De haber sabido que se pondría tan bella no la habría rechazado. Me quede paralizado, sumergido en mis pensamientos y en ese momento se acerco un hombre corpulento, alto y de gafas. Se intrigó de mi presencia y de lo molesta que se veía Yolanda, me miro desconcertado, pero antes de que pudiera decirme algo Yolanda se levanto de su asiento, lo tomo por el brazo pidiéndole que fueran a otro lugar.

Luego que se marcharon, me senté un momento a reflexionar lo que había sucedido, una mesera se acerco a mi ofreciéndome el menú, pero estaba tan estupefacto que solo deseaba marcharme del lugar y así lo hice.

Un comentario sobre “La chica de mis sueños

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