HELEN ÁLVAREZ

“Tú me conoces muy bien; ¡sabes todo acerca de mí! Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; ¡aunque esté lejos de ti, me lees los pensamientos! Sabes lo que hago y lo que no hago; ¡no hay nada que no sepas! Todavía no he dicho nada, y tú ya sabes qué diré. Me tienes rodeado por completo; ¡estoy bajo tu control!

Fragmentos Salmos 139: 1-5

Crónicas: Al dulce Cantor de Israel…

—¡Ahí vienen¡— gritó muy fuerte —¡vamos! ¡arre! arre! ¡Con fuerza!—exclamó él, quién valiente enfrentaba las fieras que arremetieron contra aquel rebaño, —no se dispersen— les decía, cómo si le entendieran cada palabra. Sabía cómo moverse en aquellas paraderas montañosas, extendidas sobre las tierras que poseía su Padre.

!Belén! Sí, era Belén, pequeña ciudad de Israel que le gestó en sus entrañas. Se había acostumbrado al bramido de las ovejas, el sonido de los arroyos, el canto de las aves, y las frescas brisas de la noche. Disfrutaba tender su cuerpo sobre los pastos vírgenes del aquel lugar, solía observar el cielo, las estrellas y la inmensidad del firmamento, todo le inspiraba a contrarlo a él.

Se había vuelto uno con ellas, las amaba tanto que vigilaba las noches para protegerlas de algún depredador, se las arrancaba de la boca aúnque significara quedar sin orejas o patas, no permitía que ningún oso o león las aniquilará. ¿Cómo ocurría? Cómo es que este jovencito podía entregarse tanto a ese rebaño? Las conocía una a una, les cantaba cada mañana y cada noche, era capaz de dejar las 99 e ir tras la número 100 si se hubiese perdido.

Dulce cantor de Israel, poco sabemos de su natalidad, pero no hay dudas que fue un escogido desde el vientre, probablemente le tocó crecer sin su madre, —¿Dónde estará mamá?– Se preguntó muchas veces, encontrando consuelo en su rebaño, ocupado en los oficios domésticos, sus posibilidades de ser relevante en una sociedad minada de formalismos era difícil.

Su arpa y él, solían conversar tras noches enteras sobre su propia cosmovisión, sobre cómo la rendía ante aquel Señor invisible a quién le dedicaba todas sus melodías y prosas, escribía para El, sabía que él le escuchaba.

Aprendió a defenderse con piedras, y una honda, lo que probablemente solía ser la diversión del momento, para él fue el entrenamiento de un corazón guerrero, lleno de nobleza y ternura, podríamos atribuirlo al arte, quién le extendió su brazo tras la indiferencia y menosprecio que sufrió.

 El rechazó que tal vez sus Padres y sus Hermanos mostraron pensando que allá, en esas praderas, alejado de la civilización y las tendencias del momento, anónimo quedaría olvidado, no daría problema alguno a los planes que podrían tener.

Mientrás tanto, su melodía, sus prosas y su cantó, quedaban impresos no sólo en la atmósfera de aquel lugar, donde le rodeaba la suavidad de su lana, pasaba la estratosfera hasta llegar al cielo. Sí, el cielo, justo dónde está sentado quién gobierna el universo , ése que omnisciente visualiza cada corazón.

Todo se debía ha algo superior, era como el roció que riega el Campo, sabía que todo dependía de El; su creador, quién en la soledad y el olvido, salió a su encuentro una y otra vez. Su fuente de poder, el productor de su seguridad y la fuerza con la enfrentaba a diario las fieras , envuelto en su Paternidad tuvo emociones firmes.

El proceso de su infancia no fue el exilio, no fue vendido ante ningún amo extranjero. Fue vendido a la soledad y el abandono, expuesto al menosprecio e indiferencia, ha lo cual supó sacar provecho. Le dio a Dios el lugar que le correspondía, inundando con su oración aquellas montañas, su público, toda la flora y la fauna de Belén vieron crecer el corazón de aquel guerrero Poeta.

Más que un Pastor : Brotes de realeza…

Atesoraba un gran peso de nobleza, justicia y liderazgo. Su corazón latía por una Israel brillando estable, fornida y llena de un gobierno funcionalmente proactivo, incluyente y que supiera honrar a su verdadero rey. Una nación que probablemente había perdido su identidad, se habia mezclado tanto con otras culturas que habían olvidado quién les había levantado, quien les constituyó, quien les había sostenido en aquel desierto aterrador y a la vez glorioso.

Las noticias corrían por doquier. El ejercito de Israel se detenía, la guerra los golpeaba, las amenazas de sus enemigos sonaban como trompetas. —¡Gigantes! ¡Gigantes! ¡Son Gigantes!,— gritaban aquellos soldados, escondidos tras la intimidación que les produjó la Artilleria de los filisteos. —¡David! ¡David!— El olvidado ¡David!, se había vuelto apuesto aquel trigueño y espigado joven, su adolescencia pasaba pero nadie lo notó —¡Ven! ¡Apresúrate!— dijó su Padre, quién insistente le pedio llevarle a sus Hermanos, soldados y esbeltos algunas provisiones que necesitaban, llevaban semanas en campamento, estacionados ante las amenazas de Goliat.

¿Goliat?— ¿Quién es Goliat Padre?— Preguntó preocupado, —No preguntes, sólo ¡Apresúrate!— Durante todo el camino, divagaba en ese pensamiento: ¿Goliat? ¿ Porqué? ¿Hasta cuando? Hablaba con ese Señor invisible que como silbido apacible le respondía en sus pensamientos, — ¿ No fuiste tú quién libró a Israel de los Egipcios en el Mar Rojo? ¿ Cómo se atreve este Gigante a desafiar tu ejercito? ¿ Será que no sabe que tú eres su Dios?

Dejemos caminar a David por un momento. Mientras le observamos de camino, apresurado y preocupado, nos damos cuenta que el problema nunca estuvo en el enemigo, no eran sus amenazas , era Israel. Eran sus Soldados, eran sus estrategias, Era su actual Rey, un sistema adormecido que había olvidado a su Dios, olvidado sus grandes Victorias, a lo que naciones enteras le temían, y que aún seguía vigente, pero ellos había dejado de creer.

¿Cuantas veces somos detenidos por intimidaciones y desafíos? Los convertimos en gigantes que nos impiden pasar, que no nos dejan llegar, uno de Ellos el temor, anula nuestro potencial, paraliza nuestras habilidades pero sobre todo la valentía y coraje.

Allí estaba David, él seguro de sí mismo y seguro de quién le hablaba, formado en aquellas montañas, dejó de lado por un momento las viandas de sus hermanos, su pasión ardiente por la justicia se encendió en su interior hasta ya no poder controlar su salida, y exclamó: —¿Quién es este inepto? ¿Quién es este incircunciso? (Traducido, como falto de entendimiento, de preparación, fatuo, idiota) —¿Acaso no sabe quién dirige el ejercito de Israel? —El gigante escuchó, amenazándole aún más fuerte y retándole a pelear.

Quizás sus hermanos entrenados por años con los mejores Generales del Ejercito de Israel, pensarón —¿ como se atreve este bastardo a decir esto? ¿ Que sabe él de la guerra?— Brotaba el menosprecio de sus ojos, pero Él, David, seguía firme, lo que provoco que El rey le notase, y fue llevado hasta el campo de batalla, quisieron ponerle una armadura que jamás habia usado pero él decidió pelear con lo que sabía, lo que le había funcionado en secreto.

Pensemos que por lastima, o por las razones que sean se le permitió pelear, era su momento, su Espíritu aguerrido les desafió y provocó un despertar.

Hasta aquí te comparto cuatro concejos que nos dejan las decisiones que tomó David:

1. Decidió sacar lo mejor del proceso, buscando a Dios. Tal vez has tenido que dedicarte a otra cosa distinta a tu profesión original, tal vez vives en un lugar que no es el que realmente mereces. David decidió amar su oficio, determinó hacerlo con amor, pues no sabía que era entrenado en carácter y habilidad para luego ocupar una mejor posición. Ama lo que haces, hazlo con la mejor actitud.

2. Cuando llegó su momento, supó identificar su propósito, no se distrajo con pequeñeces, como el menosprecio, o la intimidación, entendió que haciéndo lo que tenía que hacer , en este caso “los mandados de su Padre”, su oportunidad se llegaba, pero no era su gloria la que buscaba, era la bendición de otro. Por eso creo que el Servicio a otros, muchas veces te introduce en tu momento de Victoria, de salir a la luz, de ser relevante.

3. El conservó su identidad, muchas veces querrán ponerte otras vestiduras, porque en el sistema que te mueves existen formas establecidas, pero tu tienes un sello, y con ese sello, aunque otros piensen que no calificas, podrás destruir cualquier gigante y llegar lejos, conservando tu esencia. ¡ Toma tus Piedras!, ¡ Toma tu honda! Y Emprende con lo que tienes, pues al final no son tus recursos si no la gracia y el respaldo de Dios.

4. Jamás se comparó con otros, David decidió creer en lo que había dentro de él, nunca se midió a sus hermanos, sabía que no podía ser como ellos, y que ellos no podían ser como él. Así que sé tú. Solo necesitas abrazar la valentía, ¡valórate!

Continuará…

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