ROSA BURGADA

Hagamos un ejercicio: ¿Cuál fue el primer contacto que tuvieron con una persona con discapacidad? ¿Cuál era el lugar que ocupaba? Apelad a ese recuerdo. ¿Cómo se legitima la normalidad? ¿Qué entendemos por sexualidad? ¿Cómo relacionamos el erotismo y la sexualidad con la discapacidad? ¿Por qué no hay estrellas “porno” con discapacidad o que le falte alguna extremidad?

Muchas personas con diversidad funcional parecen no haber sido habladas, ni pensadas, ni tener cuerpo. Se centra la sexualidad en la patología y se piensa en cómo será la sexualidad del sordo, ciego, lesionado medular, intelectual… En el siglo XXI queremos ampliar las perspectivas poniendo en el eje de la problemática, el deseo. Hablar de la sexualidad de las personas con discapacidad es un acto de discriminación, es hablar de alguien que no tiene identidad. La sexualidad es de la persona, de los hombres, de las mujeres.

La sexualidad es un hecho que nos iguala. Todos somos sexuados, sexuales, eróticos. Todos atravesamos los procesos de situación. Preguntar hoy si las personas con discapacidad tienen sexualidad, ya no es una pregunta válida.

Últimamente se habla mucho del sex-asintence o del sexo asistido.

La asistencia sexual es un acompañamiento que se brinda a personas con diversidad funcional, dentro de un clima de privacidad y confidencialidad, donde el eje no es la discapacidad sino la dignidad y la toma de decisiones, dándole lugar a la persona para decidir libremente cuándo y con quién y, que elija a su pareja amorosa, pasional, erótica. No viene a suplir la elección decisión de la persona ni reemplazar su pareja afectiva. Está pensada como una opción más, no como un gueto. Hay un asistente y un asistido o una pareja que es asistida y acompañada mecánicamente en el caso que los dos sean grandes discapacitados y no puedan moverse por sí solos.

La asistencia sexual es una opción (no la única), es una propuesta para quienes opten por ella. No todos necesitan lo mismo, ni los deseos de la persona se relacionan con la patología. Se promueve el derecho de ser reconocido y el de reconocerse sin estar sujetos a un síntoma, un síndrome o a un coeficiente intelectual. Suele ser eficaz para casos en que las personas están gravemente afectadas y no controla sus movimientos, pero tiene necesidades sexuales como cualquier persona humana. También para aquellos que no podrían acercarse a un prostíbulo por razones de accesibilidad o porque las trabajadoras sexuales no estarían experimentadas para ofrecerles ayuda. La diferencia que marcan las/los asistentes sexuales es que están capacitados para realizar este acompañamiento, rescatar la decisión de cada uno y, en casos necesarios, prestar asistencia mecánica, por ejemplo, cómo moverle la pierna a una persona con cuadriparesia. O  sentarlos de nuevo en su silla de ruedas.

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