CAPITÁNTRUENO

Terminaron de desayunar. La cara de Julia era un poema. Era una mezcla de rabia, de frustración, de incredulidad. A Andrés le divertía verla así.
-Voy a salir a fumarme un cigarrillo.
-Haz lo que quieras.
-Cuando acabe, si quieres, para hacer tiempo, subimos a tu habitación.
-¿a qué?
-Te ayudo a preparar la maleta.

Se levantó y se dirigió a la salida. Al cruzarse con la camarera le preguntó
-Perdone señorita. ¿Puedo salir a ese jardín a fumar?
-Claro. Mire es por allí. Le dijo señalando un pasillo en el lateral del salón.
-Gracias

Cambió de dirección y fue por donde le había indicado la camarera. Salió al jardín, encendió un cigarro y paseo.
El jardín estaba lleno caminos de graba entre rotondas con frondosas plantas y árboles. En las uniones entre caminos, se situaban bancos de madera a la sombra de los árboles. Todo el jardín ocupaba la fachada trasera del hotel. Andrés se apoyó en una farola y observó el edificio. Toda la planta baja eran cristaleras que daban al salón del restaurante y a unas salas que parecían para reuniones o algo así. A la izquierda, otro edificio más bajito, interpretó que serían las cocinas. Este edificio se metía hacia el jardín y era el muro natural que delimitaba el mismo. En esa pared de las cocinas o lo que fuera, había varias puertas pintadas de verde, que las camuflaban entre la vegetación. Vio que algunos empleados entraban o salían por alguna de aquellas puertas. Paseo en aquella dirección y se quedó observando al personal que por allí transitaba. Estaba sentado en la trasera de un banco mirando la construcción, entre las puertas había cristaleras hasta el suelo, difuminadas con vinilos decorados con imágenes de plantas. Fijándose, vio como uno de los vinilos estaba un poco despegado y la curiosidad le hizo acercarse.
Por un pequeño hueco podía ver el interior. Era una salita de descanso o algo parecido.
Dentro vio a la camarera que le había atendido, estaba charlando alegremente con un compañero, con el mismo uniforme, este con pantalón. Los veía reírse y hacerse arrumacos.
En un momento dado, el chico acercó sus labios a los de ella y la beso. Ella le abrazaba mientras se besaban. Entonces el chico tiro del brazo de ella, y se metieron en una habitación.
Andrés miraba divertido y curioso. Intentó encontrar por donde ver ese cuarto. Y sin pensárselo, se metió dentro de la sala, era una habitación larga con mesas y sillas. Algún sillón apoyado en la pared.
Se dirigió hacia la puerta por la que habían desaparecido, junto a la puerta había otra, la abrió, era un almacén, con cajas perfectamente ordenadas en estanterías. La pared que separaba esta habitación de la otra, en la que se había metido la pareja, estaba rematada por la parte superior, por un ventanal corrido a lo largo de toda la pared. Busco algo en que subirse, y se asomó. Allí estaban los dos. Él apoyado contra la pared, con los ojos cerrados, ella de rodillas, le estaba chupando la polla. A Andrés se le empezó a endurecer el rabo. Ella se levantó y se subió la falda, se apoyó contra una mesa, dejando el culo frente a él, que no tardo en agarrarse la polla y apuntar hacia la chica. Comenzó a meterla. Andrés estaba cachondo perdido viendo aquello.
-Me voy a follar a Julia.
Salió de su escondite, volvió a la sala de descanso, salió al jardín y enfilo hacia el restaurante.
Julia ya no estaba en la mesa, se encamino al ascensor y pulso la planta 4. Ver a la camarera con aquel compañero, le había puesto muy cachondo, no conocía su lado voyeur, pero ahora mismo deseaba follar.
Llegó a la 403 y llamo a la puerta. Julia abrió. Seguía vestida con la misma ropa.
-¿Qué quieres?
Andrés la empuje levemente hacia dentro, cerró la puerta tras el
Follarte
-¿ahora sí?

Andrés agarró a julia por la cintura, la atrajo hacia él y le comenzó a besar la boca, ella se dejaba y le rodeo con los brazos. Apoyados contra la pared, le fue desabrochando los botones de la camisa hasta descubrir aquel sujetador blanco de encaje. Desabrochó el cierre con maestría y las tetas de Julia aparecieron frente a él. Tan redondas, tan duras, tan perfectas.
Julia le miraba, y se dejaba hacer. Andrés se quitó la camisa y se bajó el pantalón, tiró de julia hacia la cama, y mientras se sacaba el pantalón y los zapatos le dijo
-Desnúdate Puta
Ella no decía nada, solo obedecía, se quitó la falda, se quitó los zapatos y empezó a bajar las medias. Andrés se acercó y le aparto las manos de las medias, para literalmente, arrancárselas. Luego agarro las braguitas y se las rompió.
-Te voy a follar zorra,
-Venga cabrón
-Cómetela

Y ella obediente fue a gatas sobre la cama hasta llegar a su polla, que erecta, esperaba a ser tragada.
La agarró y comenzó a lamerla, para luego introducirla en la boca y succionar.
-No te has podido resistir cabrón
-Calla puta, y sigue chupando

Ella iba dejando babas en el tronco de Andrés. Le estaba habiendo una mamada extraordinaria, pero Andrés estaba encendido, fuera de control. Quería más.
Tiró de ella hacia arriba le volvió a comer la boca. Estaban tumbados, uno sobre el otro. Andrés bajo la mano, y sin contemplaciones, metió un par de dedos por la raja de Julia. Ella dio un respingo y abrió las piernas más.
-¿Eso es todo lo que sabes hacer?
Aquella frase encendió más aun a Andrés. Se colocó sobre ella, agarro sus piernas y las puso sobre sus hombros, y de un golpe, metió todo el rabo en el coño de Julia. Ella abrió los ojos y la boca, como si se sorprendiera, y chillo. Un chillido agudo, que se fue transformando en gritos y gemidos, a medida que Andrés empujaba. Las embestidas eran salvajes, y ella las aceptaba de buen grado. Jadeaba, gruñía, soplaba.
-Así Hijo Puta así. Dame más. Dame más
-Toma zorra, ¿Esto querías? Toma
-Sí, Sí. Si
-Toma guarra. Toma
-Venga cerdo, empuja, fóllame.

Fueron varios minutos de salvaje empuje, los dos estaban sudados, pero Andrés seguía empujando. Cuando decidió sacársela, ella aprovecho para tomar aire
-Date la vuelta perra
Ella obediente se colocó a cuatro patas, mostrándole el culo a Andrés.
Se colocó detrás de ella, y acerco la polla a su coño, estaba chorreando, y empujo.
-Así, como a una perra. Como lo que eres, una puta perra
-UMM ahh ummm
-Toma, goza perra

Cada embestida sobre el culo de Julia, iba acompañada de un azote en las nalgas, iba alternando una y otra, dejándole el culo completamente rojo.
Cuando Andrés estaba a punto de la extenuación, la sacó y se quedó detrás de ella. Respirando, jadeando, descansando. Veía su trasero. Julia movía su culo despacio, como si estuviera esperando. Andrés apunto de nuevo, pero esta vez fue directa a su ano. No lo mojo, no lo dilato, no lo acostumbro. Apunto el capullo, y empujo, le costó entrar. Ella volvió a gritar. Andrés la tenía agarrada de las caderas, atrayéndola hacia él. Un empujón más, y media polla se perdió en el interior de aquel culo. Julia estaba al borde del desmayo, entre el esfuerzo, el dolor…Otro empujón y toda entera dentro
-Esa polla es muy gorda para mi culo, cabrón. Hay que estimularlo antes cerdo
-Calla puta y mueve el culo
-Hoy te estás pasando, mucho
-Que te calles zorra y muevas ese culo
-¿Así? ¿Así?

Mientras movía el culo de atrás hacia delante
-¿Así te gusta? ¿Crees que me voy a amedrantar?
-Que te calles de una puta vez guarra.

Andrés estiro la mano y se la puso en la boca a Julia. Ella lejos de callarse, gritaba con la boca tapada
-Fóllame cabrón. Fóllame. ¿Soy suficientemente puta para ti?
Andrés para de golpe, la sacó, y volvió a empujar a Julia, para que se girara. Quedo boca arriba en la cama. Él se colocó sobre ella, casi sentado, pajeándose, fuerte, más fuerte, apuntaba directo a su cara.
-Me voy a correr en tu puta cara golfa
-Sí, dámelo
-Eres una guarra
-Si. Lo sabes que sí, siempre seré tu guarra. Pero no quieres reconocerlo
-Toma cerda

Y comenzó a soltar leche, que iba cayendo sobre el pelo, la cara, el pecho
Ella se relamía y le miraba a los ojos, siempre a los ojos, con una expresión de lujuria.
Cuando terminó de correrse, se levantó y desnudo como estaba salió al balcón, se sentó en un sillón de aquella terraza mirando hacia dentro. La veía en la cama, la pintura de la cara corrida, sus pegotones de semen en la cara.
Ella se incorporó y mirándole a los ojos, con la misma lujuria que tenía antes le dijo
-¿Esto es todo lo que sabes hacer? Vas a tener que esforzarte más para satisfacerme, soy muy zorra, demasiado para ti.
Se levantó y se perdió en el baño.

Un comentario sobre “El sonido del agua (19)

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