PENÉLOPE

Relatos eróticos basados en hechos reales 

Un viernes por la noche quedé con unos amigos en su casa para salir y allá que me fui con la moto.

Nos trasladamos a la casa de otro de los amigos en un pueblo del cinturón de Granada.

Fumamos, bebimos,… nos pusimos hasta arriba de todo.

Bien entrada la madrugada mis amigos se fueron a dormir y a mí me tocaba estar en el salón y dormir allí por que no tenía vehículo para volver a la capital.

Puse la televisión. A esas horas de la madrugada ya solo quedaban esos chats que publicaban en los que la gente buscaba sexo con una película porno de fondo.

Yo quería recuperar mi moto e irme a mi casa a dormir y entonces se me ocurrió: ¿Y si mando un mensaje con el que pille a algún incauto que me recoja y me lleve a recoger mi moto?

Me decidí ¡Y lo envié! Pocos minutos después un chico, Nacho, me contestó y me recogió…

Me puse los zapatos y bajé a esperar a ese desconocido incauto que venía a recogerme a las mil de la madrugada a un pueblo perdido, ¡y apareció! Con el ciego que llevaba encima, tras esperar con el fresquito en la calle había mejorado considerablemente.

Pude observar que el muchacho no estaba nada mal: madurito, moreno, alto, ojos negros, pelo rizado, nariz chata,… muy atractivo el chico.

Pero yo tenía un propósito: recuperar mi moto y volverme a casa. Vamos, que no tenía ninguna gana de echar un polvo a pesar de que estaba en un momento de mi vida que utilizaba a los hombres como si fueran klínnex.

David resultó ser muy educado y muy interesante. Cuando llegamos a la moto le dije: “Ve delante que yo te sigo”. Y lo seguí hasta que llegó una rotonda, el siguió recto y yo giré a la derecha.

Fue muy emocionante por que pensé que vendría a buscarme y empecé a callejear hasta que llegué a casa y guardé la moto en el garaje.

Pensé que el chico tendría que estar pensando “tremenda hija de…” Lejos de eso, estuvo llamándome unos días y yo no le contestaba al teléfono.

Hasta que un día lo hice. Muerta de la vergüenza, me disculpé por haber hecho eso… yo no soy así y un sin fin de excusas.

Quede con él en un bar, a la vista de todo el mundo. Nos echamos unas risas. Juramos que nunca le contaríamos a nadie cómo nos habíamos conocido.

Resultó ser mucho más interesante y a estar mucho más bueno si cabe que aquella primera vez que lo había dejado tirado como una colilla.

A los pocos días nos volvimos a ver para cenar, para la ocasión me puse un vestido escotado, ajustado y corto por encima de la rodilla de color negro, con zapatos de tacón de aguja.

Cuando llegue al restaurante, estaba sentado en la mesa que había reservado. Se levantó para recibirme, llevaba un pantalón chino de color azul oscuro y una camisa con rallas verticales del mismo color.

Me dio un beso en la mejilla y nos sentamos. La cena fue divertida y con toques picantes que poco a poco aumentaban la intensidad y el deseo.

Después de la cena pedimos unas copas de ron con cola, estábamos muy cómodos y continuamos entre risas, la charla por momentos caldeaba el ambiente aún más entre nosotros.

Cogí tal confianza, que me quité un zapato y le puse el pie en su entrepierna, dándole un masaje. Rápidamente noté como su polla creció, la sentía dura, como queriendo romper la cremallera del pantalón, esto me excitó de sobremanera. Sentí como mi coño se iba lubricando y mojaba el tanga.

Mis pezones querían despegar, apuntando a David. Que me miraba con deseo y me hizo estremecer. A lo que el dijo que podíamos ir a su casa a seguir la fiesta.

Conteste….. claro, vamos, seguro que estamos más cómodos.

Llamó pidiendo la cuenta y nos marchamos en un taxi hasta su casa. Estaba decorada en tonos negros y blancos, un gran mueble biblioteca, un escritorio sofás de piel negros y mesa de cristal.

Tomamos dos copas de ron cola y continuamos conversando de sexo. El clima era de puro deseo, sentada como estaba en el sofá, mi vestido apenas cubría el tanga. El no quitaba los ojos de mi coño, ya que la tela era transparente y con lo mojada que estaba, no cubría nada.

De pronto se acercó a mi, se agachó y me empezó a besar, tocar los pechos duros y puntiagudos pezones tumbándome un poco hacía el respaldo del sofá. Me dejé llevar y sus manos recorrieron mis muslos, rozaban mi coño, yo cerré los ojos notando sus manos masajeando mis  piernas de arriba abajo.

Entonces noté su lengua jugando con mi coño sobre la tela, uff que rapidez, me hacía desearle aún más. Quería que me arrancara el tanga a mordiscos pero seguía pasando su lengua por todo mi coño.

El calor me podía, y por fin apartó el tanga a un lado, empujaba mi clítoris con fuerza con la lengua, estaba a punto de estallar. Dio unos lengüetazos más y estallé jadeando, dejándome temblando y sin respiración.

Mientras recupere el aliento, David se quitó los pantalones y los slips se sentó en el sofá, cogiéndome de las caderas, sentándome sobre su polla erecta. Empecé a cabalgar sobre ella con desesperación, necesitaba sentirla dentro.

Pronto empezó a jadear, me cogía las nalgas y me empujaba hacia adelante y hacía atrás. Me daba cachetes en el culo, que me excitaban aún más.

Por momentos sus gemidos subieron el volumen, yo quería correrme junto con él. Me movía como una loca desenfrenada, estalló con un grito y noté como su semen inundaba mi vagina. El calor y mi coño tan sensible hizo que me volviera a correr entre sacudidas.

Y, por supuesto, nos acostamos muchas, muchas, muchas veces. Un amante excepcional, solo quedábamos para hacerlo. Era muy bueno (digo yo que seguirá siéndolo), muy buen amante con un miembro muy normal, nada del otro mundo. Sensual, sexual, bondage,… Nadie nunca jamás ha vuelto a comerme el coño como él. NADIE.

Así que imagínate cómo lo recuerdo y con que frecuencia.

Realmente conocer de esa manera a una persona no es lo más ortodoxo ni si quiera para mí que era experta en hacer locuras. Lo que supuso fue conocer a alguien totalmente opuesto a mí que me llenaba tanto sexualmente (era una verdadera máquina en la cama) como intelectualmente.

Un tío culto, con una conversación muy interesante y del que aprendí mil cosas.Seguimos en contacto, desde el respeto. Mi vida ha cambiado por completo, ya ni si quiera vivo donde vivía.

Estoy casada, pero de vez en cuando hablamos para recordar… Él se me insinúa y yo me dejo. Ambos nos tenemos ganas aunque ahora no pueda ser, pero es como que los dos dejamos la puerta abierta.

penelope.estudios@hotmail.com

womanpenelope.wordpress.com

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