CAPITÁNTRUENO

Ese domingo hacia calor, era finales de marzo y parecía que la primavera estaba aquí de golpe. Los dos en la terraza, fumando, cada uno en su mundo.
Andrés estaba intentando ajustar piezas de un puzzle que no le gustaba como estaba quedando, las piezas del puzzle Raquel. ¿Qué pretendía Raquel?
Elena, intentaba, desde su fría mente, calcular las posibilidades de que Andrés perdiera su herencia por las artimañas de alguien. Sería necesario saber quién más estaba implicado en aquellos mensajes, saber la razón real de los mismos, Aunque parecía evidente que eran la separación de ellos, ¿y una vez separados? ¿Cuál sería el siguiente paso? Si conseguía descifrarlo, podría evitarlo, ir un paso por delante.
-Andrés, no sabemos para qué quieren separarnos, pero en cualquier caso, lo importante es que nadie sepa lo que sabemos. Nadie.
-Estoy de acuerdo.
-Tenemos que descifrar esto. ¿Cuál sería su siguiente paso?
-¿Quieres decir después de separarnos?
-Claro.
-Vamos a seguir mirando, a lo mejor algo se nos escapa.

Volvieron a la mesa, y durante un par de horas no hicieron otra cosa que leer y leer papeles y más papeles. Algunos con tanta palabrería jurídica que eran difíciles de entender.
Era casi la hora de la comida.
-Elena, ¿salimos fuera a comer?
-Vale, ¿al restaurante del parque? El del estanque con patos
-Por ejemplo. ¿Llamo y reservo para dentro de media hora?
-Perfecto.

En media hora estaban sentados en una terraza, rodeados de vegetación y mirando a un estanques con patos. Era un restaurante muy coqueto, instalado en mitad de un parque de la ciudad.
-Que tranquilidad. Dijo Elena
-Pues sí. Aunque no hago más que darle vueltas a todo esto.
-Yo también. ¿Te han mandado más mensajes?
-No. ¿Y a ti?
-Un par de ellos, pero no me molesto en leerlos.
-Deberíamos llamar a Alfredo
-¿Alfredo? ¿El abogado de tu empresa?
-Sí.
-No, mejor hablo con alguno de mi empresa. No nos deberíamos de fiar de nadie de MINSE.
-¿Tienes confianza con alguno?
-Hombre, confianza, confianza
-Ya me entiendes.
-Era broma. Sí, conozco a Carlos, lleva algunas carteras importantes. Aunque no lo creas, ya sé que tu trabajo es mucho más importante que el mío, en mi empresa además de importar y exportar cosas, hacemos tareas de gestión de esas empresas. Incluso se las vigila antes de contratar con ellas.
-¿Se las vigila?
-Sí, vigilar. Tenemos un departamento que se dedica a ello.
-Ya, nosotros, creo que nosotros también.
-Andrés, si salieras de tu oficina, de tu pequeño mundo, sabrías que tu empresa, la que vas a heredar, es, mucho más que una empresa.
-Yo soy feliz en mi mundo, como tú dices
-Ya, pero es que tu empresa mueve muchos hilos en altas esferas. Trata con empresas muy importantes
-Ya, lo sé. Es mi empresa.
-La de tu padre, ja ja ja
-ja ja ja, la de mi padre
-Pues eso, si salieras de tu mundo, sabrías que tu empresa no solo vigila, toma decisiones por ellos, les hace tomar decisiones. MINSE es el paraíso para cualquier licenciado en empresariales. Abarca todas las ramas de los negocios, se ramifica, florece.
-Joder Elena, ¿quieres venirte a trabajar a MINSE? Tengo contactos jajaja
-Que tonto eres. En serio.
-A ver Elena, estoy pensando. Si en mi empresa también hacen vigilancias. ¿Nos podrían haber vigilado desde ahí?
-¿Desde la propia empresa? Sería raro
-¿Te parece poco raro lo que nos pasa?
-Ya, pero que te vigilen, que nos vigilen desde tu empresa.
-Tu misma lo has dicho, tiene muchas ramas. Si Raquel es Nogueira, ¿a qué se dedica Nogueira?
-No lo sé. Pero podría ser.

Andrés se quedó pensativo, mientras Elena apuraba el vino y pedía otra copa y otra cerveza para él. Siguieron comiendo, pero ya casi no hablaron más.
-Mañana…. Joder, mañana no puedo tengo…
-Mañana firmas y vas a ver a tu padre.
-Por eso, mañana no puedo. El martes voy a hacer indagaciones por mi empresa.
-Mañana intenta que tu padre te cuente cosas de la empresa, de los socios.
-Vente conmigo
-No puedo, Sara, el trabajo.
-Elena, mañana voy a ser propietario de una tercera parte de la empresa, y tú en breve de otra parte. ¿Necesitas seguir trabajando en tu oficina?
-Visto así.
-Visto como hay que verlo.
-Pues tendré que sacar billete, o me voy en AVE. Quedamos allí, tú vas a la notaria y después vuelas a Barcelona. Y yo mientras me voy en el AVE.
-Cariño, al final vamos a ser un buen equipo
-Yo nunca lo he dudado. Vámonos a seguir recopilando información.

Pasaron la tarde entre aquellos papeles. Llegaron a la conclusión de que todo era perfectamente legal, que su padre quería cederle todas sus pertenencias dentro de la empresa, e incluso algunas fuera de la misma.
Descubrieron que existía una empresa, que era la encargada de “comprar” acciones a otras empresas, para después venderlas a IRIARTE. Esta era la empresa con la que estaba negociando para comprar la parte de NOGUEIRA.
-Andrés, me voy a por Sara.
-Vale, voy a terminar de ver esto.
-En un rato vuelvo.

Andrés siguió examinando papeles, y colocándolos en montones. Al final resultó que no era tan complicado. Si los ordenabas bien. Fue recogiendo los montones y metiéndolos en el maletín, separándolos en los distintos compartimentos del mismo. Metió el último montón y cerró el maletín. Se fijó en un bolsillo, en la parte trasera del maletín, cerrado con una cremallera. Lo abrió, dentro había un sobre, grande de color sepia. En el frontal se veía el anagrama de Iriarte, con una gran I mayúscula en forma de columna griega, rodeada de una corona de laurel. En grandes letras rojas escritas a rotulador se leía: JULIA.
Abrió el sobre, había varios documentos, todos con membretes oficiales de la notaria, y anotaciones al margen. El último era una cesión notarial. Lo leyó, era un documento en el cual se cedían los derechos de tomas de decisión de algunas empresas. Eran varias empresas, entre ellas MINSE.
No había firmas, ni de notarios, ni de abogados. Al final del documento ponía: El Adquiriente. El Transmisor. Pero tampoco había firmas.
¿Era un borrador quizás?
Volvió a la cabecera del documento.
Don Ernesto Iriarte Encinas, en adelante el transmisor y Doña…….
-Coño. Exclamó Andrés, justo cuando Elena entraba en casa con Sara.
-Coooo ñoooooo. Ahora más alto y resaltando las silabas, e incluso dando un salto desde la silla para ponerse de pie, tapándose la boca, mirando hacia el documento, como si hubiera visto una reliquia sagrada, o un secreto inconfesable
-Coño coño coño
-¿Qué pasa Andrés?
-Ostia puta
-Andrés….
-Mira esto y flipa

Elena cogió el documento, lo leyó. Y tapándose la boca dijo:
-Ostias
Los dos se miraron, perplejos.
Andrés volvió a leer en voz alta.
Don Ernesto Iriarte Encinas, en adelante el transmisor y Doña Julia Aibizu Nogueira, en adelante el adquiriente.

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