AKUARIES

Después de romper la relación o lo que tuviera con Cristina, Víctor se concentró en el trabajo. Se dio cuenta que lo que sentía por aquella ruptura no tenía nada que ver con la de Samanta, con Cristina llegó a sentirse bien, tenía todas las cualidades para poder ser feliz con ella. La pregunta era, ¿por qué siendo una mujer guapa, cariñosa, que le demostraba quererlo y tener ganas de evolucionar en la relación, él no pudo hacerlo?, la respuesta era fácil y la tenía clara, seguía enamorado perdido del amor de su vida, de Samanta, la mujer que se apoderó de su corazón y nadie le podía arrebatar, era suyo. Fue consciente que no podría tener nunca más una relación con nadie, no tenía derecho a darle esperanzas a alguna mujer sabiendo que nunca llegaría a nada con ella. Se sentía roto por dentro, Samanta lo rechazaba y la había visto acompañada de un hombre sin saber exactamente la relación que tenía con él, eso le dolía, un fuerte dolor que le salía desde lo más profundo de su ser.   

Aquella semana le llamó Gabriel para comer un día juntos, hablaron de cómo les iba cada uno profesionalmente y su amigo se interesó en cómo seguía aquella relación de la que se enteró cuando Junior estaba en el hospital, Víctor le explicó lo que había pasado, que una maldita casualidad hizo que coincidieran cenando con Samanta y se había acabado, a media tarde se despidieron y Víctor volvió al despacho para trabajar hasta avanzada la noche.

Samanta comenzó la semana con la cabeza más liada que nunca, el martes cuando salió del laboratorio y conducía para ir a su casa paró el coche en un lado de la calle, sacó el móvil del bolso y llamó al primer amante que tuvo, le preguntó si estaba en su casa, que necesitaba verlo, el tío le respondió que pasara cuando quisiera y pensó que mira por donde iba a pegar un buen polvo esa tarde.

Le abrió la puerta, Samanta entró en el recibidor y le besó los labios entregándole la lengua, él la agarró por las caderas y la puso contra la pared, le comía la boca y el cuello mientras una mano se metía por debajo de la falda subiendo por la pierna, ella le agarraba la cabeza apoyándola en su hombro mirando fijamente la pared que tenía delante, le metió la mano en el coño por encima de las bragas, ella abrió las piernas para que se lo tocara bien, le separó las bragas y dos dedos empezaron a recorrerle el chichi frotándoselo, el tío se separó de ella sacándole la mano de debajo de la falda.

TIO: Lo tienes seco tía, ¿pero qué te pasa?

Samanta no se había podido excitar, ni notando los dedos de un hombre recorriendo su coño por donde se debía de haber excitado lo consiguió. Empezó a llorar, apoyó las manos en sus rodillas agachándose un poco y gritó, gritó y volvió a gritar. El tío pensó que se había vuelto loca, salió del apartamento sin despedirse y se fue a su casa.

Se sentía mal y se duchó, entró en su habitación, se miró en el espejo y se vio bien, se dejó caer sobre la cama pensando que se veía bien pero era incapaz de excitarse con un hombre, se preguntaba si se le habría secado el coño para siempre, se puso una mano en la pierna y la recorrió como hacía un rato lo hizo su amante, la otra se le fue a las tetas apretándoselas, no sabía cómo le venían otra vez imágenes de Víctor, al poco rato de estar tocándose el coño tenía las bragas empapadas, se incorporó de golpe sentándose en la cama, volvió a gritar.

SAMANTA: Hijo de puta, hijo de puta, te odio cabrón.

Se dejó caer de nuevo y se hizo una paja que le hizo gemir y chillar de gusto pensando en Víctor, su cuerpo, su polla, sus gestos y sus miradas. Cuando acabó se quedó en la cama descansando, como podía ser que lo odiara tanto, porque en esos momentos ya llegaba a ser odio lo que sentía por su ex, y a la vez que solo se pudiera poner cachonda pensando en él, se intentaba convencer a ella misma que era por los años que pasaron juntos, por ser una costumbre que con el tiempo se le pasaría.

Víctor aquella semana también se hizo un par de pajas, se colocaba el ordenador portátil encima de una mesita y él sentado en el sofá se la cascaba mirando porno, lo bueno era que al final siempre acababa corriéndose pensando en Samanta, no lo entendía muy bien, si los últimos polvos que había pegado fue con Cristina y fueron excitantes y placenteros, ¿por qué le aparecía Samanta en su cabeza?, ¿por qué cuando pensaba en un coño, pensaba en el de Samanta?, o en su culo, o en sus ojos mirándolo, o en braguitas provocándolo, tenía la cabeza ocupada con esos pensamientos y se acabó haciendo otra paja, Samanta se apoderó de su corazón y ahora parecía que también se había apoderado de su polla.

Habían pasado dos semanas del fortuito encuentro en el restaurante, una noche estaba en su apartamento preparándose algo para cenar, lo pasó a visitar Marga, Víctor se sorprendió cuando abrió la puerta.

MARGA: Hola, ¿qué haces?

VICTOR: Prepararme la cena, ¿y tú, qué haces aquí?

MARGA: Quería hablar contigo.

VICTOR: ¿Quieres tomar algo?

Marga le dijo que no y se sentaron en el sofá.

VICTOR: Pues tú dirás.

Marga se juntó más a él, se giró y se le tiró buscándole los labios besándolo, Víctor reaccionó rápido quitándosela de encima, Marga se quedó de pie delante, se quitó el vestido quedándose en sujetador y bragas enseñándole a Víctor el buen tipo que tenía.

MARGA: ¿Me vas a volver a rechazar, no te vas a comer este cuerpo que te estoy poniendo a huevo gilipollas?

Víctor estaba tan sorprendido que no le salían las palabras.

VICTOR: Marga por favor.

Marga estaba perdiendo los papeles por momentos.

MARGA: Qué “por favor” ni que pollas, te follas a la primera que conoces que se parece a Samanta y no me vas a follar a mí sabiendo que llevo años deseándolo capullo.

Víctor se puso de pie de un salto agarrándola del brazo mirándola enfadado.

VICTOR: ¿Cómo sabes que estaba saliendo con alguien que se parecía a Samanta?, porque no os la presenté ni a ti ni a Gabriel.

Marga se enfureció levantando la voz.

MARGA: Que ingenuo y capullo que eres, ¿te piensas que conociste por casualidad a Cristina en el gimnasio, precisamente una mujer como ella iba al mismo gimnasio que tú?, los hombres sois idiotas por naturaleza, le dije yo que fuera y te conociera, es amiga mía, sabía que si te la presentaba yo no saldrías con ella, lo jodido es que la hija de puta se enamoró de ti. Solo tenía que pegarte un par de polvos para espabilarte y os ponéis a salir como dos enamoraditos, que ridículo..

A Víctor le costaba entender el por qué de todo aquello.

VICTOR: ¿Y eso para qué loca de los cojones?

MARGA: Con Gabriel intentamos que Samanta y tú volvierais a juntaros, pero sois tan idiotas que no lo hicisteis, así que pensé en lo contrario, al provocar que te enrollaras con otra tía esperaba que te liberaras y poderte follar yo, tendrías de haberte dado cuenta que tú amiga Marga estaba loca por follarte desde el primer día que te vio, pero ya veo que sigues tan capullo como siempre.

Víctor le soltó el brazo apartando la vista.

VICTOR: Vístete y vete.

Marga se había tranquilizado después de desahogarse, se dio cuenta que se había excedido, no le tenía que haber explicado tantos detalles, se arrepentía de haberse enfurecido perdiendo la cabeza. Se puso el vestido y se fue sin mirarlo cerrando la puerta.

Víctor pensó y entendió las palabras de Cristina, “no confíes tanto en la gente”, otra que no fue sincera con él, le podía haber dicho la verdad, que fue Marga quién la envió y con qué intenciones, pero prefirió callarse y proteger a su amiga. Entró en la cocina y volvió a guardar lo que había sacado del frigorífico, aquella noche no cenaría.

El viernes por la noche estaban en la casa de Samanta, Marga y Gabriel, la había llamado Marga a media semana para cenar juntos, llegó bastante antes con el pescado que había comprado en el mercado aquella mañana para hacerlo al horno, y tres botellas de vino blanco que metieron en la nevera para que estuviera fresco. Los días de cena Samanta llevaba a sus hijos con su madre para poder beber si le apetecía y poder pasar una noche tranquila sin miedo a que los niños la vieran perjudicada si se levantaban por la noche.

Durante la cena, Gabriel se preocupó de ir llenando las copas, Samanta bebía más de la cuenta, era la única bebida que desde siempre la podía poner “contentilla”, además Marga le había traído su vino preferido y esa noche tenía ganas de “pasarse” un poco para olvidar. Acabaron de cenar y siguieron bebiendo la segunda botella sentados en el sofá, Samanta en medio de los dos, cuando habían acabado casi con la botella.

MARGA: Esta noche se te ve muy bien Samanta.

Ella le contestaba resbalándole las palabras por el efecto del vino.

SAMANTA: Estoy con mis amigos charlando después de una buena cena y estoy contenta.

MARGA: Vamos a darle un beso a Samanta Gabriel por lo buena amiga que es.

Le besaron las mejillas a la vez uno por cada lado, Gabriel apoyó una mano encima de la pierna de Samanta al besarla y cuando se separó dejó la mano sin moverla, Marga le pasó el brazo por detrás del cuello a Samanta y le acercó sus labios al oído.

MARGA: Samanta cariño, ¿no crees que llevas mucho tiempo sin darte una alegría y te vendría bien?

Gabriel iba subiendo lentamente la mano por la pierna de Samanta y Marga le besaba la cara varias veces acercándose a los labios, cuando notó que la boca de su amiga estaba llegando a la suya y Gabriel estaba a punto de meterle mano en el coño, pegó un salto saliéndose de en medio de los dos quedándose de pie delante, se le aclaró hasta la voz del susto.

SAMANTA: ¿Qué coño hacéis?

Las caras de los dos le estaban dando la respuesta.

SAMANTA: Ahora lo entiendo todo, vosotros con vuestras mierdas de pareja liberal y abierta queríais desde el principio meternos en ese rollo, por eso las provocaciones de Marga constantemente, ¿qué habéis estado buscando, follarnos, cambios de pareja?

GABRIEL: Lo siento Samanta…

MARGA: Eres tan idiota como tú marido, que no habéis tenido cojones ni de divorciaros después de tanto tiempo, no te hagas la tonta y no me digas que no te habías dado cuenta que Gabriel se moría de ganas de follarte, has estado follando lo que te ha dado la gana y no puedes hacerlo con nosotros gilipollas, ¿cómo podéis ser tan ingenuos ostia?

Samanta abría los ojos sorprendida escuchando a Marga.

SAMANTA: Que hija de puta y que guarra eres, y tú Gabriel, con lo que confía Víctor en ti, cómo podías estar pensando en follarte a su mujer. Sois unos impresentables, largaros de mi casa y no volváis nunca más en vuestra puta vida.

Les abrió la puerta y salieron con la cabeza baja, pegó un portazo detrás de ellos para cerrarla. Se sentó en el sofá pensando en lo que había pasado, los que creía que eran sus amigos lo hacían por sus intereses, otra decepción, pero comparada con la que sentía por Víctor no tenía nada que ver, que les den por culo, ya tengo bastante con lo mío pensó.Se puso vino en la copa y se lo bebió de golpe, se sintió medio mareada y no quiso pensar más subiendo las escaleras para irse a dormir.

El lunes, Víctor recibió la visita de Gabriel, entró en su despacho y cerró la puerta para que nadie pudiera oírlos, se confesó con Víctor pensando que Samanta en algún momento se lo explicaría, prefería que lo supiera de su boca, se lo explicó todo, cómo deseaba follarse a Samanta desde que se la presentó, cómo con Marga habían hecho planes para intercambiar las parejas, que intentaban provocarlos para que se dejaran ir un poco en el tema del sexo y como nunca pudieron conseguirlo, pensaron que con la separación podrían aprovecharse, los vieron sufrir tanto que no encontraron el momento, cuando él estaba con sus problemas con Cloe no le ayudó porque intentaban liar a Samanta, pero ella nunca les dio pie para poder hacerlo, que después los intentaron unir para buscar sus intereses de otra manera, pero tampoco lo vieron claro porque Samanta no puso de su parte en volver con él, que Marga tuvo la idea de enrollarlo con Cristina para que se lo follara un par de veces, después hacer que conociera a otra que hiciera lo mismo, si Víctor se tiraba a tres o cuatro diferentes pensaban que se soltaría y se la follaría a ella, pero salió mal porque Cristina se enamoró de él. Y cómo no vieron que la situación mejorara la última semana se lo habían jugado el todo por el todo, que sabía que Marga lo había ido a visitar tirándose encima de él y que el viernes pasado habían intentado liarse con Samanta y los hecho de su casa. Confesó que se sentía mal por haber sido un amigo de mierda, que no lo iba a ver o lo llamaba por ser consciente de lo que le estaban haciendo, pero el morbo le podía, que solo buscó su puto interés y el de Marga, que haberlo ayudado con clientes cuando se fue del bufete y de apoyarle cuando tocó fondo buscándole un psiquiatra era lo único de lo que se podía sentir orgulloso, todo lo demás fue por puto interés. Le prometío que no los molestarían más, había hablado con Marga y se apartarían de ellos. Quiso tranquilizarlo avisándolo de que el hombre al que vio cenar con Samanta solo era un compañero de trabajo y no tenía nada con él.

Víctor estaba tan sorprendido de la confesión de Gabriel que se quedó sin palabras, tenía ganas de levantarse y partirle la cara a ostias al hijo de puta, le miró a los ojos cabreado, Gabriel lo miró con tristeza, se levantó y se fue, Víctor pensó que nunca más los volvería a ver.

Gabriel no le explicó que Marga le presentó a unos tíos a Samanta con los que follaba cuando le daba la gana, la misma estrategia que intentaron con él y tampoco funcionó, Samanta nunca quiso hablar de sus encuentros, uno de los amantes le explicaba a Marga alguna cosa pero no todo y los otros dos no soltaban prenda, eran más discretos de lo que ellos pensaban. Ya había sufrido bastante Víctor como para contarle algo que tampoco tenía tanta importancia. Con Marga habían llegado a la conclusión de que con ellos no podrían y lo mejor era olvidarse, ya que los habían decepcionado y puteado durante tanto tiempo no querían hacerles más daño, Gabriel se puso serio con Marga y le hizo ver que habían sido unos miserables, que Samanta y Víctor siempre fueron buenas personas y amigos con ellos, que gracias a él estaban juntos y como se lo habían pagado, se habían dejado ir por sus instintos sin pensar en los demás aprovechándose de las horas bajas que sufrían. Gabriel cuando Samanta antes de echarlos de su casa le dijo que Víctor confiaba en él fue como despertarlo, se dio cuenta de la barbaridad que estaban haciendo con ellos. Estaba arrepentido y no quería hacerles más daño.

Víctor y Samanta, cada uno por un lado habían tenido un disgusto con sus amigos, tenían claro que los habían manipulado, habían estado durante años esperando la ocasión para liarse con ellos, les escondieron que eran una pareja liberal y abierta para no asustarlos, para que no pensaran en la posibilidad que con ellos querían hacer lo mismo que vete a saber tú lo que hacían por ahí, cuando pasó lo de Cloe con Gabriel estaban preocupados por su problema y lo confesaron, una vez unidos de nuevo cuando Víctor se sacrificó por Gabriel, lo volvieron a esconder con la escusa de haberse reconciliado y que ya no lo harían más, en realidad nunca dejaron de serlo y siempre persiguieron lo mismo con ellos. También reconocían que los dos eran muy inocentes, su relación fue desde el principio tan limpia y les fue todo tan rodado que pensaban que todo el mundo era como ellos cuando la realidad era muy diferente. Habían aprendido una lección.

Muy poco tiempo después Víctor estaba almorzando cuando le sonó el móvil, lo sacó del bolsillo mirando quien le llamaba, era su amigo de la infancia, el novio de Teresa, Tomás. Le dijo que lo habían subido de categoría en el trabajo y que volvía con Teresa y su hijo a vivir en la ciudad de nuevo, hablaron un rato y se emplazaron a verse en persona cuando estuvieran instalados. Al mismo tiempo Samanta hablaba con Teresa quedando con ella para verse después de tanto tiempo.

Su amigo y Teresa sabían que estaban separados, aunque fueron perdiendo el contacto al estar lejos tantos años, algunas llamadas se iban haciendo…

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