LUIS CASTELLANOS

Eran las 11 de la mañana en Portugal, llegaba a la estación de trenes de Faro para salir a la ciudad de Lisboa donde debía abordar un vuelo con destino a Madrid y luego a Venezuela, ya habían rumores del covid-19 en los sistemas de salud pero en ningún lugar había letrero indicando la emergencia, así que seguí mi ruta. Al llegar al aeropuerto a las 7:00 pm busqué la oficina de la aerolínea, espere sentado hasta el siguiente día, había una afluencia normal de pasajeros, se activaba mi preocupación en pleno vuelo ya que la mayoría de ellos portaban tapabocas, Todo un silencio, nadie conversaba, algo estaba sucediendo realmente y ninguno hablaba de ello, solo se cruzaban algunas miradas perdidas queriendo hablar.
Horas y horas de vuelo trataba de dormir y no podía, una que otra cabeceada golpeaban mi realidad, ya que al pasar por el aeropuerto pude leer la magnitud de la pandemia y que muchos países todavía no lo hacían pública la información, al llegar a Venezuela me consigo que todavía no sabían del covid -19, pero ya era tarde el corona virus llegaría una semana después. Manejaba de regreso a mi casa, las vías solas con poco tránsito por la situación país una crisis económica golpeaba fuertemente las actividades de trabajo, a los pocos días de mi regreso anunciaban oficialmente que en un vuelo procedente de Europa habían ingresado personas portando el coronavirus y era de la misma aerolínea con diferencia de una semana.
Enseguida mi corazón lo sentía que palpitaba tan rápido que lo escuchaba y mi mente bloqueada totalmente a cualquier reacción creyendo que existía la posibilidad de estar contagiado con el coronavirus, decidí calmarme y pensar con tranquilidad para poder ver mi única realidad, no tenía los síntomas aunque estuve expuesto. Ahí meditaba que el pensamiento puede ser enemigo silencioso cuando se enfoca en una sola dirección sin ver ni estudiar la realidad interior, lo enfrenté a mis otros pensamientos en calma, sin caer en la desesperación he sálido de aquella tormenta, pero aun no escampa, mañana vendrán tiempos mejores.

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