ISA HDEZ

Se encontró con él en la esquina de la calle, entre la multitud, al cruzar hacia la oficina. Sus miradas se clavaron, solo vio sus enormes ojos. No recuerda si es guapo, alto, o delgado; lo único que sabe es que la negrura de sus pupilas la traspasó y, desde entonces anda buscándolo por todas partes. Se sorprende cada día mirando a los ojos de los hombres que se encuentra de frente por la calle. Lo busca entre las masas, y a veces se abstrae y lo ve como si viniera hacia ella, erguido, firme y refinado, pero todo se vuelve una nebulosa al acercarse y notar el aire que le eriza la piel y la devuelve a la realidad. No pierde la esperanza de encontrarlo, cree que él también la busca, tal vez por el lugar equivocado, pero en sus adentros sabe que ambos están predestinados a encontrarse. No fija atención en aquellos que se le acercan con buenos augurios, incitando a un romance tal vez. No logra resistir ni el fugaz contacto en su piel con alguien que no vive en su deseo contenido. Anda errante en busca de esa mirada que no la deja vivir ni un instante, sueña con ese momento del reencuentro, y prepara el relato de esa unión que la eriza con solo imaginarla. Siente que en alguna esquina estará aguardándola, y que un día cualquiera la asirá por la cintura, y sus ojos brunos la envolverán arrastrándola a su mundo ideal, donde sobrarán las palabras, y transitarán juntos por el camino de la ilusión, la utopía y la fantasía. ©

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