QUISPIAM

Salí de su habitación y fui a mi dormitorio a vestirme mientras sentía caer el agua en el baño. Me preocupaba que lo que acababa de pasar enturbiara nuestra amistad, una amistad forjada a lo largo de diez años y para mí imprescindible. Con ese ánimo fui a la cocina a preparar algo para desayunar y lo dejé todo preparado para desayunar juntos cuando Noelia acabara con su ducha. La sentí salir del baño, sabía que desnuda ya que no había cogido ropa alguna cuando salió del dormitorio, lo que hizo palpitar mi miembro. Entró en el dormitorio y enseguida apareció en la puerta de la cocina.

-Estoy hambrienta dijo sentándose y sirviéndose café recién hecho.

Yo también me senté y empecé a comer en silencio pensando en cómo sacar el tema de lo que había sucedido entre nosotros dos pero no hizo falta ya que ella, con su desparpajo y forma directa, se me adelantó.

-¿Dándole vueltas a lo de antes?

-¿Tú qué crees? Se nos ha ido de las manos.

-Bueno, quizás. Pero te puedo asegurar que, al menos yo, no me arrepiento de nada. Es más, creo que esto aún va a fortalecer más nuestra amistad.

-No estoy tan seguro de eso. No sé si ahora seré capaz de comportarme igual que antes contigo, hemos cruzado una línea que nunca debíamos haber traspasado.

-Creo que estás tomándotelo demasiado en serio. Somos los mismos de antes, solo que ahora nos hemos visto desnudos ¿y qué? Cruzar esa línea que dices, al menos para mí, me ha permitido conocer aspectos de ti que no conocía y supongo que tú habrás sentido lo mismo. ¿Me equivoco?

-Supongo que en eso tienes razón. Me has sorprendido en algunos aspectos.

-Y yo también. En algunos momentos me ha costado reconocerme, he hecho cosas que no había hecho nunca y ¿sabes por qué? Por ti, confío tanto en ti que me he dejado llevar y hacer cosas que nunca me hubiera imaginado hacer. Y lo mejor es que me ha gustado. ¿A ti también te ha gustado?

-Si te digo que no, mentiría como un bellaco. No todos los días se puede correr uno en la tetas de una mujer como tú. Lo dije sin mirarla y sabiendo que me ruborizaba con cada palabra que decía. Como no decía nada volví a mirarla y la vi contemplarme con una sonrisa satisfecha.

-No tiene que darte vergüenza hablar de estas cosas conmigo, lo has disfrutado y yo también y tenemos que ser capaces de hablar de ello sin tapujos y pudores. A mí no me da vergüenza confesarte que he salido tan excitada del dormitorio que me he tenido que masturbar en la ducha.

-¿Lo dices en serio?

-Pues claro, ¿por qué iba a mentir en algo así? Venga confiesa, ¿acaso te molesta saber que me he masturbado pensando en tu polla?

-No dije ahora mirándola sin apartar mis ojos de los suyos. Si acaso lamento no haber estado allí para verlo.

-Muy bien, felicidades dijo aplaudiéndome y feliz por mi comentario. ¿A qué no ha costado tanto? Ahora podemos hablar sin tapujos entre nosotros sin ninguna barrera o tema prohibido. Por eso te decía que esto iba a reforzar nuestra relación.

-Quizá tengas razón, la verdad es que me siento mejor ahora. Me daba  miedo que esto pudiera perjudicar nuestra amistad pero a lo mejor es al revés. ¿Te puedo hacer una pregunta?

-No tienes que pedirme permiso.

-Vale. ¿Por qué te desnudaste cuando ya todo había acabado?

-Ah eso. Bueno, tenía mis razones. La primera, como premio por haberme concedido mi deseo de medirte. La segunda, porque me pareció justo que ya que yo te había visto desnudo tú me vieras a mí. Así estábamos en igualdad de condiciones. Y la última y no menos importante, porque me gusta cómo me miras.

-¿Y cómo te miro?

-Cómo explicarlo. Es como si miraras la cosa más bella que hubieras visto en tu vida y me gusta esa sensación. La noté ya anoche cuando salí mojada de la ducha con aquella ropa tan poco provocativa y conseguiste subirme el ánimo como no te puedes imaginar. Sabes, después de pillar a Santi pegándomela con otra te acabas cuestionando muchas cosas. Que si ya no te encuentra atractiva, que si no eres capaz de satisfacerle sexualmente, cosas así…como si fuera culpa mía que se fuera acostando con otras. Mi autoestima estaba bajo mínimos pero tú has conseguido que vuelva a quererme, me has hecho ver que sigo siendo una mujer deseable y que sigo siendo capaz de hacer enloquecer a un hombre de placer.

-Vaya, me alegro de haber provocado ese efecto en ti aunque haya sido sin darme cuenta. No creí que te hubieras dado cuenta, la verdad es que ha sido la primera vez que te he mirado de esa manera.

-¿Y te puedo preguntar por qué? ¿Qué ha cambiado?

-Pues no te sabría decir. Siempre te he visto como una mujer inalcanzable para mí pero supongo que ahora, al verte así, vulnerable, frágil, ha hecho que cambiara mi forma de verte. Eres como una diosa de la que he descubierto su parte terrenal y eso te hace más cercana a mí. No sé si entiendes lo que te quiero decir.

-Perfectamente y te puedo asegurar que es una de las cosas más bonitas que me ha dicho alguien. Se acercó y me dio un pico en los labios que me supo a gloria. Ves, ya lo has vuelto a hacer, otra vez me miras de esa manera que tanto me gusta. Como sigas así voy a tener que volver a quitarme la ropa jajaja.

-Ya estás tardando le dije guiñándole un ojo pícaramente.

-Pues detrás vas tú, qué te has creído jajaja.

Acabamos de desayunar entre bromas y risas y comentarios subidos de tono. Recogimos las cosas, nos sentamos en el sofá y hablamos de lo que íbamos hacer ese día. Sabía muy bien los gustos de mi amiga así que no puso demasiadas pegas a los planes que le iba proponiendo. Compras, cine, cena en un restaurante chino que a ella le encantaba y baile para acabar la velada. Noelia estaba exultante ante todo lo que íbamos a hacer ese día y parecía olvidar el motivo por el que estaba allí lo cual era mi propósito.

Pero claro, a veces las cosas se tuercen por culpa de terceros, en este caso su marido. Estaba en su habitación arreglándose para salir cuando sonó el teléfono. Yo salía de mi dormitorio ya listo para salir cuando oí las voces que iban subiendo de tono dentro de su habitación.

-Ya sé que tenemos que hablar, pero ahora no. Aún estoy enfadada por lo del otro día y acabaríamos otra vez diciéndonos de todo y empeorando las cosas.

-……

-Por eso no te preocupes, ya te he dicho que estoy en casa de José que se está portando muy bien conmigo.

-….

-No te permito que hables así de él. Es el mejor amigo que tengo y no ha dudado en ofrecerme su casa y darme todo el apoyo que necesitaba después de lo que tú has hecho, te recuerdo que todo esto es por culpa tuya, no mía y menos de él.

-….

-¿Y esa voz? No me jodas Santi. ¿Me llamas según tú para intentar arreglar nuestras desavenencias mientras tienes metida en nuestra casa a esa guarra?

-….

-¿Y cómo quieres que la llame? La llamaré por lo que es y como a mí me dé la gana.

-….

-¡Vete a la mierda Santi! Anda y ves y mete tu mierda de polla en el coño de la guarra esa y déjame en paz, gilipollas. Cuando ésa salga de nuestra casa podremos hablar pero ahora no tienes derecho a exigirme nada.

Por el silencio que sobrevino deduje que había colgado y estaba a punto de entrar pensando encontrármela a punto de llorar de nuevo cuando se abrió la puerta y salió ella, con el cabreo aún reflejado en su rostro.

-¿Estás bien? No he podido evitar escucharte gritar, supongo que era Santi.

-Cabreada pero bien. No pienso dejar que ese imbécil me joda el fantástico día que has preparado para mí. Si se piensa que me voy a quedar en casa llorando y esperando que acabe de follarse a la tipa esa para poder volver a casa lo lleva claro. Espérame en el salón que voy a ponerme algo más adecuado para la ocasión.

-Pensaba que ya te habías cambiado.

-Y lo había hecho. Pero ahora me apetece ponerme algo más sexy, que me miren todos, que vean todos lo que ese capullo no sabe apreciar.

Y volvió a meterse en la habitación dejándome plantado en su puerta mientras oía dentro abrir y cerrar cajones y armarios. Me fui al sofá y me senté a esperar a ver con qué me sorprendía ahora Noelia.

Cuando la vi entrar en el salón me quedé embelesado mirándola y ella sonrió satisfecha por el efecto causado. Estaba espectacular. Una blusa blanca de una tela semitransparente que dejaba entrever el sujetador negro de encaje que realzaba sus firmes pechos lo suficientemente abierta como para que por su abertura pudiera vislumbrarse la copa y el nacimiento de su pecho. Una falda negra lo suficientemente corta como para mostrar buena parte de sus muslos torneados realzados por las sandalias de plataforma que estilizaban aún más sus ya perfectas piernas.

-Guau, estás esplendida.

-¿De verdad te gusta?

No le contesté, dicen que un gesto vale más que mil palabras y haciendo honor a la nueva etapa en la que había entrado nuestra amistad me alcé mostrándole el efecto que había causado en mi entrepierna su nueva vestimenta. Ella sonrió satisfecha por el efecto causado y se sentó en el sillón mientras yo me dejaba caer en el sofá justo enfrente suyo.

-Vaya, ¿eso lo he provocado yo?

-Ya te he dicho que estás espectacular, hoy vas a ser el centro de atención allá donde vayas. Hoy te vas a hartar de que te miren.

-¿Y eso no te va a molestar? ¿Saber que la chica con la que estás es el objeto de deseo de todos los hombres que te rodean?

-¿Por qué me iba a molestar? No eres mi pareja y aunque lo fueras, tampoco lo haría. Estaría orgulloso del efecto que provocas en los demás sabiendo que, pudiendo estar con cualquiera, estabas con alguien como yo.

-Vaya, así que no eres celoso. Mucho mejor. Y dime, si alguno intenta ligar conmigo ¿eso sí te molestaría?

-¿Por qué debería? No soy tu dueño ni tú el mío. Eres libre de hacer lo que quieras. Si quieres ligar pues hazlo y si quieres acostarte con otro y devolverle los cuernos a tu marido no seré yo quien te diga lo contrario.

-¿No te importaría que me trajera a un tío para que me follara esta noche?

-A mí no. Quizás sea a ti a la que la excitaría sobremanera estar follando sabiendo que al otro lado de la pared estaba yo escuchándoos, quizás hasta pajeándome pensando en vosotros dos mientras os oigo gemir como posesos.

-Bueno, a lo mejor hay algo que me excita aún más.

-¿Y se puede saber él qué?

-No tendrías por qué estar al otro lado de la pared, te dejaría estar allí mirando mientras mi ligue me clavaba su polla, viéndote como te pajeas y te corres viéndome gozar con otro hombre… ¿Te gustaría?

-Joder sí. Me encantaría verte follando con otro y pajearme delante de ti, correrme en tus tetas como esta mañana.

Noelia durante la conversación que manteníamos subida de tono había descruzado sus piernas y al haberse subido su falda me estaba mostrando el tanga negro que ocultaba su sexo.

-Te estoy viendo las bragas le dije sonriendo como si fuera lo más normal del mundo.

-¿Te gustan? Contestó entendiendo que ahora mi reacción iba a ser diferente a la de antes.

-Me encantan. Eso que has dicho, ¿lo decías en serio?

-He dicho muchas cosas…

-Ya sabes a qué me refiero.

-Es una fantasía más, esas cosas que nos gusta imaginar y que nunca haremos realidad. No sé, me he dejado llevar por lo que me decías y te he acabado contando una cosa que nunca le había dicho a nadie.

-Te agradezco la confianza. Ya que estamos, ¿alguna más que quieras compartir conmigo para rememorar en mis momentos de intimidad?

-Serás guarro jajaja. Supongo que las que tenemos la mayoría de las mujeres estar con dos tíos, mostrarme desnuda en público, hacérmelo con un desconocido al que acabo de conocer, vamos lo típico.

-Vaya, sólo te ha faltado decir que te gustaría probar una polla negra jajaja.

-Oye, pues no lo había pensado pero me la apunto jajaja.

-Anda, mejor vamos saliendo que sino no nos va a dar tiempo a todo.

Fuimos con mi coche al centro comercial donde íbamos a hacer nuestra primera parada del día. Enseguida nos pusimos a recorrer las diferentes tiendas para regocijo de Noelia que estaba disfrutando como nunca y olvidando sus penas. Fue ahí cuando empecé a jugar con ella. Entramos en una tienda y Noelia eligió varios vestidos para probárselos, nos dirigimos a los probadores y mientras ella se metía dentro con los vestidos yo esperaba fuera. Se probó el primero, abrió la cortina y me lo enseñó para que le diera mi opinión.

Mientras lo hacía me di cuenta que al lado había un chico que esperaba a su pareja que estaba en el probador de al lado y que no quitaba ojo a Noelia mientras se exhibía ante mí. Una idea maliciosa prendió en mi cabeza y después de darle mi aprobación a Noelia, ésta se metió dentro otra vez a probarse un nuevo vestido. Me coloqué al lado de la cortina cerciorándome de que aquel chico viera mi gesto y la desplacé lentamente, apenas unos centímetros, pero lo suficiente para que él pudiera contemplar a mi amiga.

El chico me miró extrañado no sabiendo bien a qué atenerse pero cuando vio mi actitud cómplice y la figura de Noelia cambiándose de ropa se metió de lleno en su papel de mirón y se dispuso a disfrutar del espectáculo. Yo desde mi posición no podía ver lo que él estaba viendo pero por su cara y el bulto creciente en su pantalón debía de estar gustándole y mucho lo que estaba viendo.

Cuando vi que desviaba rápidamente su mirada del interior supe que Noelia iba a volver a salir a mostrarme un nuevo vestido. Cuando abrió la cortina lanzó una fugaz mirada al chico que disimulaba como podía y luego a mí encontrándose con mi sonrisa traviesa y un guiño cómplice que no le pasó desapercibido. Ahora solo quedaba ver si estaba dispuesta a participar en el juego que había empezado yo o se echaba para atrás.

Volví a darle mi opinión de aquella nueva prenda y volvió a meterse dentro para volver a cambiarse. Y ahí obtuve mi respuesta. Fue ella misma la que dejó entreabierta la cortina para dejarse ver mientras se desnudaba, ocasión que no desaprovechó el chico que inmediatamente volvió a clavar su mirada en el interior del probador. Tenía claro que ahora que Noelia se sabía observada estaría forzando todos sus movimientos para exhibirse ante el inesperado voyeur que no daba crédito a lo que estaba viendo.

Otra vez apartó su mirada rápidamente y la cortina se descorrió apareciendo Noelia con un nuevo modelo y sus mejillas sonrojadas, se notaba que estaba disfrutando de aquello. Ya sólo le quedaba un vestido que probarse, el más atrevido de los que había escogido para probarse, un vestido con tirantes con un gran escote en uve que evidentemente era para lucir sin sujetador pero que estaba seguro que ella iba a probarse sin quitárselo.

-Ya sólo te queda el negro ¿no? ese te quedará mejor sin sujetador.

Ella me miró con tal intensidad que supe que estaba metida de lleno en el juego y que no iba a dudar en hacerlo. Volvió a meterse dentro dejando la cortina aún más abierta que antes momento que el mirón volvió a clavar su mirada dentro no queriendo perderse nada sabedor de lo que iba a pasar después de haber escuchado mi recomendación. Esto no me lo quería perder y sutilmente me coloqué detrás del chico pudiendo ver lo que él veía.

Noelia ya se había despojado del vestido y estaba en ropa interior, el conjunto negro de encaje que había vislumbrado antes. Estaba de espaldas ofreciendo una espectacular vista de sus nalgas desnudas y de su espalda solo cubierta por la fina tira del sujetador que no iba a tardar en desaparecer, ya que sus manos viajaron al cierre y lo desabrocharon con celeridad. Se lo acabó de quitar y lo dejó con el resto de la ropa dejándonos entrever el contorno de sus apetecibles pechos.

Que Noelia estaba disfrutando de aquella situación me quedó claro cuando, para mi sorpresa, cogió el vestido que iba a ponerse y se giró para colocárselo de frente a nosotros dándonos una espectacular visión de sus firmes pechos, su vientre plano y su pubis apenas tapado por aquel exiguo tanga. Con su cuerpo inclinado hacia nosotros y sus pechos oscilando fruto de sus movimientos pasó primero una pierna y luego la otra para ir subiendo luego la tela del vestido, lentamente, cubriendo su figura. Cuando acabó de colocárselo alzó la vista encontrándose con nuestras miradas que nuestro compañero de correrías no pudo aguantar y la apartó inmediatamente sintiéndose cazado.

Me acerqué a la cortina y la descorrí, me quedé observándola mientras ella esperaba mi veredicto.

-Te queda de fábula, estás preciosa.

-¿De verdad me queda bien?

-Claro que sí. Oye perdona le dije al chico que se asustó al sentir que le llamaba. ¿Tú qué opinas? ¿Le queda bien el vestido a mi amiga? Es que parece no fiarse mucho de mi criterio.

-Ehh… sí, le queda muy bien. Estás muy guapa con ese vestido dijo sonrojándose.

-¿En serio? Dijo dándose la vuelta Noelia mostrándole el modelito desde todos los ángulos. La verdad es que me gusta mucho pero no me acaba de convencer el no poder llevar sujetador. A lo mejor debería probármelo con él… ¿Tú qué opinas? Le preguntó directamente a él.

-Ese tipo de vestidos es mejor llevarlos sin sujetador…de verdad que te queda perfecto dijo apenas pudiendo mirarla de la vergüenza que estaba pasando.

-Pero es que me da cosa que se vea más de la cuenta. Noelia estaba disfrutando a base de bien y se acercó a él plantándole su escote a un palmo de su alucinada cara. ¿No crees que sea demasiado atrevido? ¿Se ve más de la cuenta?

-No, qué va…no se ve nada, solo se insinúa dijo con su vista ahora perdida por su generoso escote. Te queda de fábula…

-Pues entonces me lo quedo. Muchas gracias por tu ayuda dijo abrazándole y clavando en su torso los pitones en que se habían convertido sus pezones con toda aquella situación. El pobre estaba a punto de explotar.

Noelia volvió a meterse en el probador y se dispuso a darle el último espectáculo al anonadado chaval volviéndose a quedar casi completamente desnuda, ahora ya mirándole sin tapujos, para luego volver a vestirse con la ropa que había traído de casa todo con movimientos lo más sensuales y sexys posibles. Cuando salimos nos despedimos de él y fuimos a la caja a pagar la ropa que había decidido comprar, entre ella el vestido que tan buen rato nos había hecho pasar.

Nos fuimos a comer algo mientras hacíamos tiempo para ir al cine.

-¡Estás loco! ¿Cómo te has atrevido a hacer eso?

-Yo no he hecho nada, solo darte un empujoncito. Te recuerdo que la que se ha exhibido has sido tú y no yo. Ya has cumplido una de tus fantasías. ¿Qué se siente al verla realizada? ¿Te ha gustado?

-No me creo que haya sido capaz de hacer algo así…pero sí, me ha gustado. Muchas gracias, José. Si no fuera por ti nunca me hubiera atrevido a hacerlo realidad.

-De nada. Gracias a ti también que me has hecho pasar un buen rato. Quien sabe, lo mismo aún podemos hacer realidad alguna de tus otras fantasías antes de que se acabe el día.

-Miedo me das jajaja. A saber que estará pasando por esa cabecita tuya.

-Nada malo, te lo aseguro. ¿De verdad confías en mí?

-Ahora mismo en el que más.

-Lo digo en serio. ¿Confías tanto como para hacer todo lo que te pida? ¿Sin objeciones?

-Te conozco, confío en ti y sé que no me obligaras a hacer algo que no quiera hacer así que sí, haré lo que me pidas. Puede ser divertido.

Seguimos otro rato charlando hasta que fue hora del cine y allá nos fuimos donde disfrutamos de la película que ella escogió que para eso era su día. Salimos del centro comercial a última hora de la tarde y nos dirigimos al centro al restaurante chino preferido de ella donde degustamos una deliciosa comida y disfrutamos de la mutua compañía.

Cuando salimos de allí nos dirigimos a buscar el coche para ir a algún local a tomar una copa y hacer una de sus cosas preferidas, bailar. Era ya casi medianoche y aún había bastante movimiento de gente, era principio de fin de semana y empezaba el buen tiempo y la gente tenía ganas de pasarlo bien. Tenía el coche aparcado en una calle secundaria pero próxima a una vía principal y se me ocurrió volver a probar a Noelia.

-Oye, ¿no te gustaría estrenar el vestido que te has comprado antes?

-Claro que sí, pero si vamos a casa a cambiarnos se nos va a hacer tarde y tengo ganas de bailar.

-No hace falta ir a casa, puedes cambiarte aquí.

Ella supo al instante que lo decía en serio y que la estaba retando otra vez.

-Estamos en un vía pública y me puede ver cualquiera.

-Y ahí está la gracia ¿no?

Ella sonrió dándome la razón y abrió el maletero para buscar el vestido y unos zapatos que se había comprado a juego. Se colocó entre la parte posterior de mi coche y el frontal del coche aparcado detrás del mío y empezó a desabrocharse los botones de la blusa, sin prisa, como para demostrarme que no temía nada. Me dio la blusa y procedió a quitarse la falda que dejó caer, la recogió y me la alargó para que se la aguantara.

-No te olvides del sujetador le recordé.

No lo había olvidado. Hecho mano al cierre y procedió a desprenderse del sujetador quedando desnuda salvo por el diminuto tanga. Entonces fue cuando sentimos a un grupo de chavales girar la esquina de la vía principal y adentrarse en aquella calle, iban a llegar a nuestra altura en cualquier instante. Yo la miré esperando a ver que hacía y ella a mí, por primera vez dudando, no sabiendo si esconderse o vestirse rápidamente o qué hacer. Para cuando quiso darse cuenta los chavales que bajaban por la otra acera ya habían llegado a nuestra altura y uno alertaba a los otros de nuestra presencia.

Inmediatamente todos, cuatro en total, se giraron a contemplar a aquella belleza casi totalmente desnuda en medio de la calle. Ya no tenía sentido ocultarse y así lo entendió Noelia que se giró hacía ellos, mostrándose ante aquellos chávales que no podían dar crédito a lo que veían. Apenas debían tener veinte años y enseguida empezaron con los habituales comentarios sobre lo buena que estaba, que menudo polvo tenía, que vaya pedazo de guarra…y todo eso ante la calentura cada vez mayor de Noelia que volvía a tener aquella mirada turbia que ya reconocía como lujuria en estado puro.

El más valiente de ellos cruzó la calle para observarla de más de cerca y sus amigos fueron detrás. Decidí dejar las cosas claras para evitar males mayores.

-Se mira pero no se toca, ¿entendido?

El líder del grupo me miró y afirmó entendiendo el mensaje. Lo siguiente que hizo fue sacarse su polla y empezar a meneársela ante la cara de Noelia que miraba embelesada sus movimientos. Los demás chicos también se sacaron sus pollas y empezaron a masturbarse a su alrededor mientras contemplaban su cuerpo casi desnudo. No tenía claro si Noelia había entendido las normas así que decidí aclarárselas.

-Noelia, ellos no pueden tocar pero nadie ha dicho que tú no puedas…

Ella pareció despertar del letargo en el que se encontraba y ante la sonrisa satisfecha del líder del grupo agarró su miembro y empezó a pajearlo con maestría. Enseguida otro se colocó al alcance de su otra mano y ella empezó a masturbar a los dos chavales con la maestría que me había demostrado aquella mañana. No tardaron mucho en correrse ambos llenando sus tetas con su semen, dejando paso a los otros que esperaban su turno para disfrutar de sus hábiles manos.

Ella puso manos a la faena y pronto los dos chicos hacían esfuerzos para no sucumbir al buen hacer de sus manos pero no tardaron mucho más en eyacular y volver a bañar los pechos de mi amiga con su leche. Los chavales se vistieron y le dieron las gracias por el placer recibido, al menos eran agradecidos, alabando lo buena que estaba y lo bien que hacía las pajas para satisfacción de Noelia que no tuvo reparos en limpiarse el semen derramado con la blusa recién quitada y vistiéndose con el vestido ante su atenta mirada.

Nos despedimos y emprendimos caminos separados. El local que buscaba no quedaba lejos y llegamos en unos pocos minutos. Entramos y enseguida nos vimos envueltos por el sonido de la música y del ajetreo de la gente que llenaba el local. Nos abrimos paso hasta la barra para pedir la primera consumición de la noche con Noelia moviéndose al son de la música y yo detrás viendo cómo se contorneaba, cómo los chicos la devoraban con la vista y alguno aprovechaba el poco espacio para meterle mano subrepticiamente sin que ella dijera nada al respecto. La noche acababa de empezar y estaba seguro que iba a ser inolvidable.

Un comentario sobre “Ayudando a una amiga (2)

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