QUISPIAM

Noelia y yo hemos sido amigos y compañeros desde el primer día que entró por la puerta de la empresa. Yo ya llevaba un par de años trabajando allí y como compañero de mesa suyo me hice cargo de enseñarle los entresijos de la empresa y presentarle a los compañeros. Enseguida congeniamos. Ella, por aquel entonces un bellezón de 25 años, porque vio en mí al único hombre de la oficina que no se la comía con la mirada y que la trataba con amabilidad, la hacía reír y la ayudó a adaptarse a su nuevo empleo haciéndola sentir como en casa. Y yo, pues porque era un encanto de chica. Alegre, simpática y muy inteligente Noelia era una chica con la que daba gusto hablar y siempre pasabas un buen rato con ella. Aparte de que me encantaban las miradas de envidia que me dirigían los demás hombres de la oficina.

Seguramente os preguntareis que si Noelia era tan atractiva como es que era inmune a sus encantos. Pues muy fácil, porque sabía que estaba fuera de mi alcance. A mis 28 años, una calvicie incipiente, un cuerpo fondón fruto del sedentarismo y mis gafas de pasta delataban que ella y yo jugábamos en distintas ligas y ambos lo sabíamos. Ella podía relajarse con mi compañía sabiendo que no iba a intentar nada con ella y yo disfrutar de la suya sin comportarme como solemos hacer los tíos cuando queremos impresionar a una chica.

Poco a poco nuestra amistad se fue afianzando. Compartíamos el almuerzo, salíamos a comer juntos, alguna vez salíamos a tomar algo al salir del trabajo. Ella me contaba sus cosas y yo las mías, confiábamos totalmente el uno en el otro. Los años fueron pasando, varias parejas pasaron por nuestros brazos, bueno más bien los suyos, hasta que al final encontró a su hombre ideal y acabó casándose con él. Y yo fui el primero que me alegré por ella y el único de la oficina que fue invitado a su boda, así de profunda era nuestra amistad.

Nuestra relación después de su boda continuó igual que antes a pesar de que su ahora marido era un hombre más bien celoso pero claro, él también me conocía y no me veía como un peligro. ¿Cómo iba a competir yo con aquel tío que me sacaba una cabeza, cuerpo de gimnasio, cabellera frondosa y rostro atractivo? Él también sabía que jugábamos en ligas distintas.

Y así llegamos al meollo de la cuestión. Todo empezó un jueves por la tarde, el día en que solíamos quedar varios compañeros a tomar algo después del trabajo incluidos Noelia y yo que casi nunca faltábamos a esa cita. Pero ese día Noelia se excusó diciendo que quería volver pronto a casa para darle una sorpresa a su marido. Yo sabía bien el motivo, ese día cumplían cinco años de casados y quería celebrarlo por todo lo alto. Se tomó una cerveza rápida y se fue enseguida a su casa. Yo continué con mis compañeros y no supe nada de ella hasta el día siguiente cuando la volví a ver en el trabajo.

Llegó tarde y tenía un aspecto demacrado, se notaba que no había dormido mucho esa noche y no pude evitar bromear con ella al respecto.

-Menuda cara traes, vaya juerga os debisteis pegar anoche.

Ella me miró furiosa pero su ira duró un instante y al poco vi como sus ojos se llenaban de lágrimas. No queriendo que nadie la viera llorar se levantó rápidamente y se fue a los baños. Yo me quedé estupefacto, ¿había dicho o hecho algo que la había molestado? Me levanté preocupado y fui tras ella sin importarme que estuviera en el lavabo de chicas, por suerte no había nadie, solo ella.

-Oye, perdona si te he molestado…

Ella no me dejó acabar y se abrazó a mí rompiendo a llorar desconsoladamente. La abracé y la dejé que se desfogara mientras mi mano acariciaba su pelo tratando de consolarla de lo que fuera que la estaba martirizando. Perdí la cuenta del rato que permanecimos abrazados pero noté que su llanto desconsolado se fue convirtiendo en un sollozo hasta que al fin pareció remitir y alzó su cara para mirarme.

-Gracias, no sabes cuánto necesitaba esto.

-Nada para eso están los amigos, ¿pero se puede saber qué te ha pasado? Nunca te había visto así.

Pareció que iba a volver a ponerse a llorar pero pudo controlarse, se alejó y se sentó en el suelo del baño apoyando su espalda contra la pared. Yo me senté a su lado, pasé su brazo por su hombro volviendo a abrazarla y esperé a que quisiera hablar.

-¿Me prometes que no le contarás a nadie lo que te voy a decir?

-¿Cuánto hace que nos conocemos Noelia? ¿Diez años ya? ¿Alguna vez me he ido de la lengua? Y mira que me has contado cosas jugosas, el día que me decida a escribir un libro sobre ti…

-Calla tonto me dijo sonriendo por primera vez y dándome un puñetazo en el hombro. Tienes razón, nunca me has fallado y por eso eres mi mejor amigo. No sé qué haría sin tu apoyo. Pero lo que te voy a contar es diferente a todo lo demás, esto es muy serio y no sé qué hacer al respecto.

-Pues dime de qué se trata y así podré ayudarte, si tú quieres claro.

-Verás, te acuerdas que ayer me fui antes para celebrar con Santi (su marido) nuestro aniversario de boda. Quería darle una sorpresa y pasar una noche romántica entre los dos pero no contaba con que él se hubiera olvidado de nuestro aniversario y que la sorpresa me la llevara yo.

-Qué cabrón, mira que olvidarse de algo así… ¿Entonces ese fue el motivo de vuestra discusión?

-No, que va. Lo peor no es que se olvidara de nuestro aniversario, es que aprovechó que pensaba que iba a llegar tarde para traerse a una tía a nuestra casa, a nuestra cama…

¡Ostia puta! Eso sí que no me lo esperaba. ¿Cómo podía alguien ser infiel a una mujer como aquella? A sus 35 años las formas de Noelia habían ganado en rotundidad. Sus pechos generosos aún se mostraban firmes y apetecibles, su afición por el gimnasio mantenía su vientre plano, su culo duro y respingón y sus piernas esbeltas. En su rostro apenas se distinguía el paso del tiempo y mostraba la misma tez delicada e inocente que el día que la conocí y su larga cabellera castaña que llevaba por aquella época había dejado paso a un peinado más corto que realzaba aún más sus rasgos y potenciaba su esbelto cuello y resaltaba su escote.

-¡No me jodas! Será cabrón el muy gilipollas, mira que engañarte a ti. Me estaba enfadando y tenía que controlarme, no era eso lo que necesitaba mi amiga en ese momento.

-No veas que mal rato pasé. No sabes lo que es entrar en tu dormitorio y encontrarte a tu marido metiéndosela a otra.

-No me puedo ni imaginar lo que debiste pasar dije volviéndola a abrazar.

-Y aún se puso peor la cosa. La otra enseguida me vio e intentó quitárselo de encima pero él no se enteraba de nada y seguía  follándosela, solo se enteró cuando le tiré lo primero que pillé a mano llamándolo cabrón hijo puta y todo lo que se me vino a la cabeza.

-Y aun te quedaste corta, se merece eso y mucho más.

-¿Pero sabes lo mejor? ¿Sabes qué me dijo cuándo se dio cuenta que lo había pillado infraganti? Esto no es lo que parece cariño dijo en tono burlón.

No pude resistirme y se me escapó una risa que molestó a mi amiga.

-¿Se puede saber qué te hace tanta gracia?

-Lo siento, no he podido evitarlo. Es que me he imaginado a Santi, desnudo y con la polla tiesa, con una tía en pelotas en la cama y diciendo que no es lo que parece jajaja. ¿Con ese panorama que pensaba hacer? ¿Colgar un cuadro?

El rostro de Noelia mudó del enfado y empezó a reírse con mi ocurrencia.

-Cómo eres, solo a ti se te pueden ocurrir esas cosas en una situación así…

-Pero te he hecho reír ¿no?

-Sí, es verdad. Si lo llego a saber te llamo anoche.

-¿Y porque no lo hiciste? Es en esos momentos cuando los amigos deben ayudarse.

-No lo sé, estaba sobrepasada con la situación. Me marché sin coger nada del piso y me fui directamente a un hotel dónde he pasado la noche.

-¿Qué has pasado la noche en un hotel? Pensaba que te habías ido con alguna de tus amigas…eso sí que no lo voy a permitir, ahora no estás para estar sola, necesitas compañía. Cuando salgamos del trabajo vamos a tu casa a buscar tus cosas y te vienes a mi piso que sabes que tengo espacio de sobra.

-Pero…

-Ni peros ni nada, no hay más que hablar. Te vienes a mi casa el tiempo que haga falta y punto.

-Gracias, eres un buen amigo. No sé cómo agradecerte lo que estás haciendo por mí.

-Algo se me ocurrirá. Tengo platos que lavar, ropa que planchar, lavadoras que poner…

-Oye, que yo no pienso ser tu chacha dijo riéndose e intentando volver a darme un manotazo en el hombro que por suerte pude esquivar.

-Anda, será mejor que volvamos al trabajo que a saber que estarán pensando todos esos depravados de ahí fuera.

-Nunca olvidaré lo que has hecho por mí hoy me dijo volviéndome a abrazar. Y salió del baño de mujeres completamente diferente a como había entrado, ahora veía un rayo de luz en la situación tan complicada en la que se había encontrado de un día para otro.

El resto de la jornada transcurrió con normalidad, conmigo pendiente de ella intentando evitar que se comiera demasiado la cabeza y volviera a recaer su estado de ánimo. Al final llegó la hora de salir y nos fuimos en mi coche hasta su casa para buscar sus cosas. Por suerte y alivio suyo el piso estaba vacío y ni rastro de su marido pudiendo recoger sus cosas con relativa normalidad. Salimos cargados con las maletas llenas con sus pertenencias, las cargamos en el coche y volvimos al trabajo para recoger su coche con el cual ella me siguió hasta mi piso.

Noelia ya había estado varias veces en mi piso así que ya sabía dónde estaba cada cosa aun así esperó a que yo la guiase hasta la que sería su habitación los próximos días.

-Aquí te dejo tus cosas. El armario y la cómoda están vacíos así que no creo que tengas problemas para guardar lo que has traído pero si te falta espacio me lo dices y ya veremos como lo solucionamos. El baño ya sabes dónde está, lo digo por si te apetece darte un baño mientras preparo algo para cenar. Puedes utilizar lo que quieras, ya sabes que estás en tu casa.

-Gracias, no me vendría mal un buen baño. Con todo lo que ha pasado llevo un par de días sin ducharme como dios manda.

-Pues ya está todo dicho. Relájate, disfruta y cuando salgas ya tendrás preparada la cena para reponer fuerzas.

-Como sigas mimándome así voy a tardar en irme.

-El tiempo que haga falta Noelia, ya ves que hay espacio de sobra y la compañía es inmejorable así que no molestas para nada.

Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas y me acerqué preocupado porque hubiera tenido otro bajón pero enseguida me di cuenta que no ya que me abrazó sonriente.

-No te preocupes que no lloro por él, ahora es de alegría. No sabes lo contenta que estoy de contar con un amigo como tú. Eres una de las mejores cosas que me ha pasado en mi vida.

Se separó de mí aún con lágrimas que rápidamente limpió con su mano y empezó a abrir maletas y sacar ropa de ellas. Yo me fui a la cocina para empezar a preparar la cena. Mientras trajinaba con la comida oí como abría y cerraba cajones y luego como salía en dirección al lavabo a darse el tan ansiado baño. Lo disfrutó a base de bien porque me dio tiempo a preparar la cena y aun tuve que esperar un buen rato hasta que se uniera a mí para cenar.

-Tiene una pinta deliciosa dijo entrando en el salón. Levanté la vista y la vi venir con su pelo aun húmedo, unas mallas poco ajustadas y una camiseta holgada, una vestimenta nada sexy pero que a mí me pareció una visión sumamente erótica y por primera vez en muchos años la vi más como mujer que como amiga. Oculté como pude mi turbación y la invité a sentarse enfrente de mí.

Comimos con ganas, vaciamos una botella de vino, reímos como siempre y en definitiva pasamos un buen rato como siempre que estábamos juntos. De tanto en tanto una sombra oscurecía su mirada pero ahí estaba yo para abortar un nuevo derrumbe y hacerle recuperar el buen humor. Cuando acabamos de cenar, viendo su cara de cansancio, la animé a que se fuera a dormir y recuperase el sueño perdido la anterior noche. Protestó queriéndome ayudar a recoger y fregar pero conseguí sin demasiado esfuerzo que me hiciera caso y se fue camino de su habitación a descansar.

Cuando acabé de recoger la cena y fregar los platos me fui al baño a darme una ducha antes de acostarme yo también. Cuando salí de la ducha fui al cuarto de la lavadora a dejar la ropa sucia y allí viví otro momento incómodo al encontrarme en el cesto la ropa que había llevado ese día Noelia. Para un hombre como yo que no había convivido con una mujer desde que había abandonado mi hogar familiar casi veinte años atrás fue extraño encontrarme con su ropa interior pero era una situación a la que debía acostumbrarme, al fin y al cabo era lo más normal del mundo que ella utilizara la lavadora mientras vivíamos juntos.

Aun turbado por el efecto de haber contemplado la ropa interior de Noelia que acababa de quitarse me dirigí a mi dormitorio pero al pasar delante del suyo me pareció oírla llorar de nuevo. Pegué el oído y efectivamente estaba llorando, intentando que no se oyera pero no consiguiéndolo. Llamé a su puerta pero no contestó intentando hacerme creer que estaba durmiendo pero como sabía que no era verdad decidí entrar sin esperar a que me diera permiso.

Estaba hecha un ovillo en una esquina de la cama con la cara oculta por su almohada y al sentirme entrar ya no hizo amago de intentar ocultar su tristeza. Me mataba verla así de triste, no había palabras para paliar el dolor que sentía en aquellos momentos y lo único que podía hacer era estar a su lado. Me acosté a su lado y la abracé y ella, al notarme a su lado se dio la vuelta, apoyó su cabeza en mi pecho y continuó llorando desconsolada mientras seguía abrazándola y con mi mano acariciaba su cabello arrullándola.

Poco a poco fue calmándose hasta acabar cayendo profundamente dormida. Tal como estaba abrazada a mí no podía moverme a riesgo de despertarla y decidí esperar a que cayera en un sueño más profundo para intentar salir de allí y volver a mi cama. Fue en esos instantes de espera cuando me di cuenta que me había metido en su cama solo vestido con un bóxer que era como habitualmente dormía y me maldije por no acordarme que ahora no estaba solo en casa y haberme puesto algo más de ropa.

Ser consciente de mi desnudez hizo que mis sentidos se agudizaran y me jugaran malas pasadas. Sentí la suave piel de su muslo rozando el mío, su brazo bordeando mi vientre mientras los dedos de sus manos rozaban la piel de mi espalda, sus pechos rozando mi torso desnudo solo separados por la fina tela de una camiseta donde se apreciaban sus pezones libres de la atadura del sujetador, su bello rostro ahora calmado reposando sobre mi hombro. Y pasó lo que era inevitable. Un bulto empezó a crecer bajo la tela del bóxer de forma lenta pero inexorable hasta alcanzar su máximo tamaño y ella, al notar aquella barra candente que rozaba su bajo vientre instintivamente se pegó más a mí haciéndome enloquecer al sentir el calor de su sexo a través de la braguita con la que dormía.

Si antes era difícil librarse de ella ahora era misión imposible y resignado, me hice a la idea de que iba a tener que pasar la noche allí. Decir que aquella noche descansé seria mentir, solo buscaba poner distancia entre nuestros cuerpos hasta que al final me di por vencido y no sé cuándo, acabé por quedarme dormido abrazado a ella.

Me desperté por la mañana desorientado, sin saber bien donde estaba hasta que noté un aliento cálido en mi pecho y empecé a ser consciente de donde estaba. Tenía que intentar salir rápidamente de allí antes que Noelia despertara y creara una situación incómoda entre ambos. Cuando bajé mi vista buscando la forma de escapar me di cuenta que ya era tarde, una sonriente Noelia me miraba despertar mientras mi polla completamente tiesa se apretaba contra ella.

-¿Siempre te despiertas así de contento?

-Perdona, no quería…es que me he quedado dormido…

-Tranquilo, si es lo más normal del mundo. Me preocuparía más que eso no se pusiera así después de haber pasado la noche pegada a mí ¿no crees?

-Bueno, supongo que sí…pero de verdad que lo siento es que no había manera de salir sin despertarte…

-Calla tonto dijo sentándose en la cama y poniendo distancia entre los dos. Soy yo la que tiene que agradecerte lo que hiciste anoche. Estaba mal y volviste a estar a mi lado cuando más lo necesitaba y eso es lo único que cuenta. Así que no te comas más la olla por eso dijo señalándome mi erección. Eso sí, ahora  me vas a tener que explicar cómo es que no tienes novia con semejante aparato. ¿Cuánto te mide?

Decir que me puse rojo es quedarme corto. ¿De verdad me había preguntado eso? Y por su cara parecía que lo decía en serio y que estaba esperando una respuesta.

-Pues no sé, nunca me la he medido. Además, ¿no decís vosotras que el tamaño no importa? Y lo de la pareja, no sé qué tiene que ver una cosa con otra.

-El tamaño sí importa, decimos lo contrario para no acomplejaros. Y claro que tiene que ver. Cuando una chica encuentra algo así acaba contándolo a sus amigas y éstas a las suyas y se produce un efecto llamada. Tendrías que estar quitándote a las chicas de encima José…

-Pues en mi caso no ha sido así, te lo puedo asegurar. Ya sabes que he estado con pocas chicas.

-Pues eso habrá que arreglarlo ¿no? Ya correré la voz cuando volvamos el lunes a la oficina, seguro que alguna te empezará a mirar con otros ojos jajaja.

-De eso ni hablar, que me muero de la vergüenza solo de pensar en ir a buscarme un café y todas mirándome la entrepierna. Además, ¿qué pensarán ellas de ti?

-Por eso no te preocupes que ya me buscaré una excusa para dejar mi honra intacta jajaja. ¿Y no te importaría medírtela?

-¿Lo dices en serio?

-Claro. Me pica la curiosidad y además, así tengo más datos que aportar para facilitar que ligues. Es por tu bien…

-No si ya veo que lo dices en serio. Si lo hago, ¿dejaremos de hablar de mi pene y empezaremos a planificar lo que haremos hoy?

-Bueno, no te prometo nada pero lo intentaré.

– En fin, voy a buscar el metro y enseguida vuelvo con tu respuesta para que te calles un rato…

-No, no, no… que todos los hombres sois unos fantasmas en cuando se trata de vuestras pollas. Yo quiero estar delante cuando lo hagas así sabré que la medida es real y que no intentas colármela.

-¿Me estás pidiendo que me saque mi…?

-Polla, no te cortes que estamos entre amigos.

-Pues eso. ¿Qué me la saque delante de ti y me la mida?

-No me digas que a estas alturas te da corte. Has estado toda la noche  durmiendo abrazado a mí, prácticamente desnudo y frotando tu polla contra mi coñito ¿Ahora te da vergüenza? ¿Te incomoda quedarte desnudo delante de mí? Si es eso no me importa desnudarme y así estamos los dos en igualdad de condiciones.

-No me puedo creer que me estés pidiendo esto ni que yo esté dispuesto a hacerlo dije sacudiendo mi cabeza. Pero ni se te ocurra desnudarte, que bastante difícil es esto para mí. Y que conste que lo hago porque eres mi amiga y estás pasando por una situación difícil y haré lo que sea para verte feliz de nuevo. Pero como le cuentes a alguien lo que estoy a punto de hacer…

Noelia se puso a dar palmas de alegría y se acercó para abrazarme agradecida por mi gesto.

-Aquí te espero dijo mientras me daba una palmada en mi trasero.

Fui hasta el armario donde guardaba la caja de herramientas y de allí saqué el metro. Mientras volvía a la habitación me iba preguntando si de verdad iba a ser capaz de quedarme desnudo delante de mi amiga y si aquello que estábamos haciendo iba a cambiar nuestra relación de alguna manera, quizás de manera irreparable.

Entré nervioso por lo que iba a suceder y me encontré a Noelia sentada en el borde de la cama esperando mi llegada.

-Por fin llegas. Ya creía que te habías dado a la fuga. Dame el metro y bájate el bóxer. Su voz cálida y alegre había dado paso a un tono imperativo que me sorprendió y anuló la poca resistencia que me quedaba. Obedecí sin rechistar.

Me acerqué al borde de la cama, plantándome a escasa distancia de ella, le di el metro y me bajé el bóxer que cayó sobre mis tobillos. Mi polla salió disparada y casi la golpea en su cara que había acercado curiosa por ver aquello de más de cerca. Sus ojos la repasaron concienzudamente mientras sus mejillas se iban ruborizando. Alzó su mirada hacía mí, turbia, una que no había visto nunca y menos dirigida hacía mí.

-Así aun parece más grande pero creo que todavía no está del todo…

-Tiesa, erecta, dura, empalmada… ¿había sido yo el que había dicho aquello?

-Dura sí. Aún no está lo bastante dura como para tomar una medida fiable.

Su mano se posó sobre el capullo de mi miembro semi erecto y lo alzó apuntando a su cara mirándolo hipnotizada. El índice de la otra mano se situó sobre el tronco y la recorrió centímetro a centímetro notando cada palmo de piel, cada vena. El roce de sus manos consiguió que se fuera endureciendo hasta estar completamente empalmado pero ella no dejaba de tocarla ajena a que ya había conseguido su objetivo.

La mano que sujetaba el glande se cerró sobre él y empezó a moverla, bajando hasta enredarse con los pelos de mi pubis, notando como palpitaba a su paso. A mí se me escapó un gemido de placer que pasó desapercibido para ella concentrada en sus propias sensaciones. Su mano emprendió el camino de vuelta hasta volver a alcanzar el glande que encontró ahora húmedo con las primeras secreciones que surgían de su interior. Lo acarició empapándose con el líquido preseminal  y empezó a recorrer el tronco otra vez bajando pero ahora de forma más rápida, más fluida, más placentera si cabe.

Noelia seguía abstraída en sus propias emociones mientras su mano surcaba mi polla, haciéndome una paja en toda regla, provocándome oleadas de placer que no sabía cuánto tiempo sería capaz de aguantar. Su cara estaba cada vez más cerca como si no quisiera perder detalle de lo que estaba haciendo, pudiendo notar la calidez de su aliento en la punta de mi polla, haciéndome temer que intentara metérsela dentro cosa que no podía permitir por temor a lo que seguro sabía que iba a pasar.

Pero por suerte no sucedió, Noelia pareció volver en sí y alejó su rostro de mi miembro, su mano agarró el metro y con ayuda de la otra mano lo estiró abarcando toda la longitud de mi polla.

-Guau, 19 cm. Nunca había visto algo así de grande. Ya verás cuando se lo cuente a las chicas de la oficina el lunes, van a flipar y vas a tener que ir quitándotelas de encima.

Ella me miró y vio mi rostro aun contraído por el placer que estaba provocándome y pareció darse cuenta de lo que me había hecho.

-Supongo que tendrás necesidad de aliviarte dijo sugerentemente. Y para mi sorpresa bajó las manos hasta el borde de la camiseta y la fue subiendo hasta sacársela por completo quedando desnuda de cintura para arriba y sólo vestida con unas finas braguitas. Su voz se volvió imperiosa de nuevo.

-Tócate y córrete sobre mis tetas.

Era tal mi calentura que ni me planteé poner objeciones a lo que me había pedido y empecé a masturbarme de forma frenética mientras Noelia se acariciaba sus pechos, endureciendo sus pezones y provocándome con sus gestos. No duré mucho más, mi polla empezó a palpitar y no tardó en explotar escupiendo mi leche que voló hasta alcanzar sus tetas y su abdomen y que ella esparcía con deleite por su piel desnuda.

Nos quedamos mirando los dos calibrando nuestra reacción y al fin fue ella la que estalló en una gran carcajada.

-Joder José, cómo me has puesto. Ibas bien cargadito eh… ahora voy a tener que darme una ducha. Se limpió mi semen con la camiseta que acababa de quitarse y me la dio. Toma, pon esto en la cesta de la ropa sucia. Cuando pasó a mi lado se acercó y me dio un beso en la mejilla.

-Gracias por dejarme hacer esto.

Sus pechos desnudos rozaban  la piel de mi torso y alargó el contacto lo máximo posible. Mientras lo hacía vi como desviaba la vista hacía mi polla que no había perdido ni un ápice de su dureza y sonrió de forma traviesa. Empezó a andar camino al baño cuando pareció arrepentirse y se paró, sus manos agarraron la tela de sus braguitas y las deslizó piernas abajo arqueando su espalda al máximo dándome una vista espectacular de su trasero desnudo y el inicio de sus labios. Se volvió mostrándome ahora su coñito por delante, apenas cubierto por una fina franja de pelo y me alargó sus braguitas húmedas.

-Esto también puedes ponerlo para lavar.

Me dio una palmada en mi desnudo trasero y salió camino del baño mientras yo, allí parado con su ropa en mis manos, me preguntaba qué coño acaba de pasar allí.

Un comentario sobre “Ayudando a una amiga (1)

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