ESRUZA

En su locura placentera

hizo una melodía

de un ensordecedor ruido;

un castillo de una choza.

Del graznido de un cuervo,

el canto de un jilguero;

de una tormenta, lluvia fina;

de un recuerdo amargo,

un sueño placentero.

De un campo seco, una campiña.

Un dulce sueño de una pesadilla.

De una piedra un corazón sensible.

¡Un ídolo de un ser humano!

Y más podía hacer porque,

aun estando loca,

estaba enamorada;

y el amor todo lo cambia,

todo lo idealiza.

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