CAPITÁNTRUENO

Estuvieron un rato largo sin hablar, cada uno ensimismado en sus cosas.
Raquel fue la primera en romper el silencio.
-Lo siento
-No lo sientas, estoy un poco paranoico últimamente
-Sí, lo siento, yo también estoy un poco rara….pero no es culpa tuya
-Ven

Raquel se acercó a Andrés, y este la abrazó. Era un abrazo de cariño compartido, de amistad duradera. Andrés siempre había confiado en Raquel, era su compañera, amiga, amante, consejera. Con ella estaba a gusto, tranquilo, relajado…y cachondo, siempre cachondo.

La besó, unió sus labios a los de ella, y sus lenguas comenzaron a luchar frenéticamente.

Andrés subió la camiseta de Raquel y se la sacó por la cabeza. Ante él aparecieron los pechos de Raquel, ni grandes ni pequeños, tamaño perfecto, con los pezones duros, erguidos, oscuros con poca aureola. Parecían conguitos, apetecibles, que invitaban a ser devorados.

Andrés se acercó a uno de ellos y lo apretó con los labios, luego paseo su lengua por él, llenándolo de babillas. Raquel se dejaba hacer, se retorcía, sentada sobre las piernas de Andrés. Le quitó la camiseta, y se dedicó a acariciar su pecho, mientras le besaba la boca, la cara, el cuello. Sentían la piel del otro como suya propia. Estaban abrazados, ella en bragas, él con el vaquero aun puesto.
-Quítatelo. Le dijo Raquel
Y Andrés, apartándola a un lado, se levantó y se quitó el vaquero, y el slip. Raquel le miró a los ojos, con cara de deseo, él de pie, ella sentada. La polla de Andrés, a medio crecer, a la altura de su cara. La agarró con delicadeza, siempre mirándole a los ojos, le sonrió y comenzó a pajearle, despacio, con cuidado, sin prisa. La mano de Raquel recorría todo el tronco del rabo de él, cada vez que bajaba, el capullo amoratado de Andrés aparecía inmenso ante ella, luego subía y este iba desapareciendo.
Así estuvo bastante rato, en un sube baja constante que a Andrés se le hizo eterno
-Cómetela
-No tengas prisa
-Venga va
-Ummm. ¿Tienes ganas?
-Muchas

Raquel abrió la boca, sacó la lengua y comenzó a lamer. Empezó por los huevos, uno, otro, uno, otro, iba dejando todo húmedo a su paso. Subió por el tronco, pasando la lengua por todo cacho de carne que hubiera a su paso, con la mano retiró la piel hacia abajo, dejando emerger el capullo brillante. Lo miró, miro a Andrés a los ojos, volvió a mirar aquel manjar ante ella y con la lengua, llena de saliva, le dio lametones, pasaba la punta de la lengua por el frenillo, y daba golpecitos. Mientras con la mano, subía y bajaba.
Andrés echó la cabeza hacia atrás, suspirando. Raquel fue introduciendo el miembro en su boca, acompañándolo con la lengua. La sacó, lo lamio, la volvió a introducir. Siempre acompañando las lamidas con meneos de la mano, subiendo y bajando por toda la polla, que ahora estaba realmente grande, dura y gorda.
Comenzó un mete saca en la boca, cada vez más rápido, Entraba hasta la mitad y salía, dejando solo el capullo dentro, volvía a engullir un poco más de la mitad y otra vez fuera.
Así estuvo hasta que Andrés la agarró con las manos la cabeza, y empujo dentro, un poco, otro poco. Raquel abrió la boca más, y echó la cabeza un poco para atrás, permitiendo que entrara más polla en la boca. La notó en la garganta, Andrés apretó más y metió toda la carne en la boca, solo quedaron los huevos fuera, apretó, ella jadeaba, el apretaba, ella gemía, él se mantenía allí, la sacó un poco, y volvió a empujar
-Toma zorra, toda la leche para ti.
-MMM grmmññ
-Tomaaa, tomaaa

Y en un último empujón, comenzó a echar semen, directo a la garganta de Raquel que solo podía esperar que él se apartara. Un par de golpes de riñón, un par de chorros más de leche y la sacó.
Raquel respiro como pudo, mientras de su boca salía una mezcla de babas y semen. Se reclinó hacia atrás en la silla.
-Eres un cabrón, que cabrón, como me pones hijo de puta
-Ahora vamos a follar
-Ahora te voy a follar, cerdo
-Quítate las bragas, o te las arranco
-Haz lo que quieras, me voy a dejar igual.

Raquel le decía esto mientras se levantaba, con sus tetas firmes apuntándole.
Andrés, que se había sentado, arranco literalmente las bragas de Raquel. Ante él, el coño de Raquel, perfectamente rasurado, con un manojito de pelitos, como un moñito, encima. Brillante, húmedo.
Estiró sus brazos y agarrándola del culo, la atrajo hacia él. Hundió la cabeza entre las piernas de ella, y con la lengua alcanzó el almacén de néctar jugoso de Raquel. Paseo la lengua por toda la rajita, hundiéndola a su paso, sintiendo el olor espeso y denso de aquel sexo. Acarició la bolita tierna del clítoris, la apretó con sus labios. Y un dedo juguetón se introdujo en el interior de aquella cueva. Lo movía, haciendo círculos, buscando lo más hondo. Acariciaba sus paredes internas, con el dedo metido dentro, y la palma de su mano hacia él. Hurgo, apretó, y ella se estremeció. Apretaba, donde parecía haber encontrado un botón mágico, la conocía muy bien, un par de golpecitos con aquel dedo y ella estaba entregada, más aun.
-Llévame a la cama Andrés
-Vamos princesa

Y en el corto recorrido desde el balcón hasta la habitación, se comieron a besos en varias paradas.
Ya en el cuarto, Raquel se tumbó boca arriba, abrió las piernas
-Métemela
Andrés, apoyando las manos a los lados de su cuerpo, se inclinó sobre ella. La besó y dejó que su rabo aun duro recorriera la apertura, sin meterla, le rozaba el coño, paseaba desde la fina separación entre el culo y el coño, hasta el matojo de pelitos.
-Métemela cabrón
Le agarró las piernas, las coloco sobre sus brazos, subiéndolas, y abriendo aún más su coño. La miró a los ojos. Y empujó, como si no hubiera un mañana, de un golpe, abriéndola en canal, metiéndola entera, hasta el fondo, hasta que los huevos impedían meter más.
El grito de Raquel lo tuvo que oír toda la vecindad. Él la dejó allí dentro, un segundo, dos, tres, ella movía el culo, para sentirla. El seguía quieto, dentro de ella.
-Fóllame, fóllame, fóllame
Cada “fóllame” más alto que el anterior, hasta gritarle, ordenarle, que la follara.
La sacó, igual que entró, de un golpe.
Andrés empujó las piernas de Raquel, las juntó sobre su vientre, dejando a la vista el coño empapado de Raquel, prieto y apetecible.
-Toma nena, vas a gozar como nunca
-Si Si

Apoyo la verga sobre aquel coño, y ahora despacio, comenzó a meterla. Iba notando como se abría el coño, como rodeaban las paredes de Raquel su polla. Empujaba despacio, abriéndose camino. Y cuando considero que era suficientemente dentro, empezó a sacarla, y a meterla y a sacarla y a meterla. Raquel gemía, suspiraba, bufaba. Andrés acelero la respiración y el ritmo.
Cada vez que empujaba, apoyaba todo su cuerpo con él, lo que hacía que entrara hasta el fondo y ella notara la embestida. Cuando la sacaba, dejaba la puntita dentro, y volvía a empujar, era rítmico, rápido, calculado milimétricamente, para dar placer.
-Andrés me voy a correr
-Córrete zorra, córrete

Seguía empujando, y ella seguía gimiendo
-Me corro. Me corro cielo
-Vamos disfruta princesa, disfruta mi amor
-Ya cabrón, ya. Ahhhh

Y de nuevo el grito, los espasmos, el temblor de piernas.
-Me corro Raquel.
Y casi a la vez que ella, le abrió las piernas, empujo una última vez, se inclinó sobre ella, y mientras la besaba, iba soltando chorros de semen caliente, que inundaban el interior de Raquel.
-Te quiero Raquel
-Te quiero
-Te quiero mucho mi vida.

Y abrazados, sin salir de ella, se quedaron tumbados en la cama. La respiración acompasada, sin hablar. Sintiéndose el uno al otro.

Seguían abrazados, tirados en la cama, sin hablar. Sentían la respiración del otro y ninguno quería romper aquel momento mágico.
Fue Raquel la primera en hablar
-¿Te vas a duchar antes de irte?
-Una ducha rápida
-Ósea ¿te vas?
-Tengo que marcharme. Me gustaría quedarme aquí, contigo, abrazados, pero no puedo
-Vale. Dúchate.

Andrés la beso en los labios y se levantó para ir a la ducha
Raquel se quedó en la cama, mirando al techo, pensando en cómo sería vivir con Andrés, en lugar de esta relación clandestina. Ella sabía que lo había decidido ella, en su día no quiso comprometerse, y prefirió seguir siendo “la otra” a pesar de que en algún momento ella fue “la única”
Andrés salió de la ducha, no se había mojado la cabeza, solo se había quitado el sudor, se estaba vistiendo y Raquel le observaba. Cuando ya estaba preparado para marcharse, se acercó a ella y la besó.
-Me voy
-Hasta luego
-¿te vas a quedar en la cama?
-No tengo otra cosa mejor que hacer
-Hasta luego princesa
-Adiós.

Andrés salió de casa de Raquel, sabía que Raquel era su persona especial, pero también sabía que Elena era su mujer, quería a su mujer, pero también quería a Raquel. Eran amores distintos.
Al subir a su coche llamó a Julia, para quedar al día siguiente:
-¿Si? ¿Andrés?
-Hola Julia
-Me tienes abandonada en un puto hotel.
-¿Qué quieres que haga?
-Ni te has dignado en venir a verme. ¿Para qué he venido todo el finde?
-Tú sabrás, a mí me habéis dicho que tenemos que ir el lunes al notario, nada más
-Pero tengo que hablar contigo, me ha llamado Ernesto….
-Julia, para, mañana a las 10 voy al hotel y desayuno contigo
-¿A las 10? ¿Desayunas a las 10?
-Julia, mañana es domingo, déjame descansar….
-Vale niñato, haz lo que quieras. Ya me buscaré la vida hasta mañana a las 10.
-Pues mañana te veo.

Y colgó, no le dio tiempo para que respondiera.

Al llegar a casa, Elena ya había acostado a Sara
-Has tardado ¿no?
-He pasado por la oficina
-¿has quedado con Julia?
-Sí, mañana a las 10
-¿De verdad no sabías lo de mi madre?
-¿el qué?
-Que mi madre es socia de la empresa
-No, no es algo que me interese
-A ver Andrés, es tu empresa.

Andrés se alteraba cada vez que hablaban de esto
-Que no, Elena, No es mi empresa, yo trabajo allí, punto.
-Pues me parece que vas a empezar a hacer algo más que trabajar allí.
-Ya lo veremos
-Cariño, que yo estoy de tu parte, lo que decidas bien decidido estará, pero tu padre…
-Mi padre no se ha dignado a hablar conmigo, ha mandado a su… a su…
-Ha mandado a Julia, porque es la persona que ha considerado… No le des más vueltas
-Eres tú, quien le da vueltas…
-¿Quieres una cerveza? Vamos a la terraza. No quiero que discutas conmigo.

Y ambos salieron a la terraza, al aire fresco de aquella noche de sábado.
Hablaron de cosas intrascendentes, rieron, compartieron recuerdos, cenaron embutidos, patés, queso….

Era muy tarde cuando se fueron a la cama, ya en ella, cuerpo con cuerpo, se besaron, y mientras Andrés abrazaba a Elena, se durmieron.

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