CARLOS BURCIAGA LÓPEZ

Enmohecidas las puertas,

vidrios empañados,

es la sinrazón de la tempestad,

que deja el odio al vórtice del desasosiego.

Qué energúmeno…

blasfema ante el velo del encanto,

por tara en la desavenencia del amor.

Qué opresión la vida, ¡La vida misma!

Destroza, mata…lo hace, lo piensa,

da igual, cuanto toca, mancilla a la Mujer

por lo que le trauma, su lado femenino.

Realmente no lo sé, ¡Grito! ¡Sí grito!

por detener a ése feroz ogro, mancillador.

Porque hay sortilegio, en el aroma de mujer.

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