Cansado, había dormido poco y se había despertado con un intenso
dolor de cabeza. Apenas puso los pies en el suelo lo primero que hizo fue darle
marcha a la cafetera, un detalle este que no solían tener las habitaciones
hoteleras en España, por lo que se sintió afortunado.
Mientras subía lo que para él era un brebaje imprescindible en su día a
día, buscó en su mini botiquín, que siempre le acompañaba en todos sus
traslados a lo largo del mundo, un ibuprofeno. Necesitaba que aquella molestia
desapareciera rápido para poder pensar con claridad, aunque le hubiese
gustado no tener que tomarlo.
Su olfato percibió el aroma, se sirvió una generosa taza y sentado en el
único sillón que la impersonal estancia le brindaba, encendió un cigarrillo y
empezó a pensar como darle una salida a la situación en la que se encontraba.
Tenía que ordenar varias piezas, piezas que si no eran bien colocadas,
no encajarían, y las consecuencias podrían ser bastante negativas.
Una cosa le preocupaba sobremanera: María. Deseaba contarle toda la
verdad, sincerarse con ella, pero por otro lado, temía que al hacerlo pudiera
poner su vida en peligro, aunque la verdad es que estaba convencido de que
eran pocas las probabilidades. Más le inquietaba la reacción que pudiera tener,
ya que el no encajar tan inusual modo de vida, no entenderlo, podría dar al
traste con su incipiente aunque dulce relación…

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