MANGER

Hoy has vuelto tus pasos hacia esos años que se te antojaban lejanos y casi olvidados. Hoy te has dicho que era tiempo de releer por fin el diario que celosamente escondías en ese bolsillo del tiempo que tanto temías abrir por mor de encontrarte de bruces con aquellas crudas verdades que deseabas ya olvidadas.

Temías que permanecieran ahí, indelebles, dispuestas a declamar ante ti en cuanto tiraras de la cremallera; quizás pasara fugazmente por tu mente la posibilidad de borrarlas. Te has atrevido por fin; y pensarías que habría un perdón para ti, que la misericordia es como un gran pan del que todos comen sin necesidad de sentir la indigencia, pero has visto que todo tiene un límite y tus sentidos se han dado cuenta de que tu Porsche nunca tuvo marcha atrás. Al verlo, cuando has palpado el sabor de esos miedos, te has cegado y ofrecido como víctima haciéndote pasar por cordero dispuesto a ser degollado por el corte limpio de esos cuchillos que tanto tiempo te llevan esperando para hacer justicia, creyendo con ello obtener perdón.

Te engañaste en balde a ti mismo.

Has descubierto que todos los capítulos de la historia, tu historia, la que tú mismo has escrito letra tras letra con la tinta de tu negro veneno, se han puesto de acuerdo en el índice para marcarse bien en mayúscula esos tiempos, recordándote que ellos sí tienen memoria y jamás olvidan.

El bolsillo del tiempo siempre ha cuidado muy bien del diario. Te ha dado la opción de refrescar tu memoria y, en la A), has leído que fuiste el matarife que a tu madre diste ese abandono miserable que la llevó a morir de tristeza; en la B), el vulgar verdugo que ahogaste el amor inocente de aquella muchachita a la que engañaste haciéndola creer la pasión en tus falsos besos y, en su desengaño, se quitó la vida bajo un autobús; en la C), mataste el calor del cariño al hundir la daga de tu odio en el cuerpo amoratado de esa mujer descarnada por tus borracheras, por tus tropelías y los malos tratos; en la D), fuiste el carnicero que hizo del dinero su única meta; en la E), fuiste ese mal amigo que a su único amigo tres veces la espalda dio a cambio del placer de verle aún más hundido; en la F), …

Y, al final, tras penoso recorrido cada vez peor, en la Z), ahora mismo te ves escribiendo con pluma afilada que fuiste el asesino de ese mismo zorro que cierra el diario…

Hoy has abierto el bolsillo del tiempo y su agenda te ha puesto en la mano un revólver pegado a tu sien; y en el último instante, perdido en los ecos de ese retumbar macabro, has oído decirte al oído que este último instante ha sido el único en el que por fin has sabido ofrecer, en tu inane y cruel existencia, rendidos honores a una buena causa por el simple gesto de apretar el índice de tu mano izquierda…

¡Maldito bastardo!

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