JESSICA AZUL

Amanda era la chica más  humilde del barrio no salía con nadie que no fuese su madre.   Prefería los días de invierno, al intenso verano, que le ocasionaba un sueño incontrolable.   Solía leer todas las noches al encantador Chéjov, quien le hacía pensar que era posible una vida entre duendes, hadas, y hombres cotidianos, así transcurrió su vida durante dos años.  Cuando conoció a Lucho quien le enseñaría los encantos del amor, que solía afirmarle en días de otoño.  Ella no deseaba tener una relación formal, no era parte de su mundo.

Sólo buscaba un compañero que saciara su cama, y hablara del planeta. Lucho no comprendió la solicitud de Amanda, y se había enamorado perdidamente de ella.  Y no entendía como no podía amarlo, si le había entregado su corazón.  Un corazón que estaba tan lleno de anhelos, que solo deseaba cumplirlos a su lado. Tener un hijo, pintarla desnuda, y vivir en una finca a las afueras de la ciudad. Aquella finca que le había heredado el viejo  Joaquín, quien en varias ocasiones insistió que solo viviera en ese lugar cuando encontrara a la mujer de su caminar.  Lucho prometió que lo haría, y que llenaría ese lugar de sonrisas infantiles, y lienzos de su mujer.

Amanda  no deseaba eso, aunque hubo momentos en que escucho atentamente los sueños de Lucho, y no quería dañarlo. Ayer partió a Suecia sin decir adiós, y  Lucho sigue llorando su ausencia, y esta tarde se casará con la dulce Aurora.

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