LA DAMA DE NEGRO

Lisa, lisa, siempre suspirando, enamorada hasta los tuétanos, no había día que no se levantara con una sonrisa, abría su ventana, miraba con fervor el amanecer, único para ella, cubierto de un hermoso sembradío, extasiada con su granja, sus alrededores y con todo lo que había logrado; el azul del cielo de fondo,  las montañas de testigo y el espantapájaros, cuidando su cultivo y cuidando de ella.

Pasaba los días fantaseando con pedro su eterno amor, aquel que un día decidió partir rompiendo su corazón pero jurando que siempre la protegería y la recordaría…

Suspiraba la solitaria mujer…

— ¡ahhh mi Pedro si tu hubieses querido quedar conmigo!

—Ahora solo puedo mirarte a lo lejos, viendo como los pájaros posan sobre ti, recordando como tus ojos fueron arrancados por los cuervos, gusanos consumiendo la carne de tu cuerpo y ahora en lugar de ser mi amado, eres mi espantapájaros.

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