HELEN ÁLVAREZ

Una brisa áspera sopló con gran fuerza sobre aquella fila de hombres encadenados, algunos no sabían a donde iban, se habían perdido tras la desafortunada vida que les había tocado, entre ellos se veía una luz, un jovencito bien parecido, sin signos de esclavitud, —¡Esclavos!— ¡Esclavos!— ¡Vendo esclavos! — exclamaban los Ismaelitas, quiénes consiguieron un muy buen precio por el apuesto israelí, —¿Cuánto vale éste?— refiriéndose a José, no se imaginaban que saldrían tan rápido de él, pues un poderoso hombre Egipcio, que trabajaba para Faraón se había interesado, había una luz que le rodeaba.

Todos querían tener un esclavo que no lo pareciera, serviría para varios asuntos—Toma la paga— dijo el Egipcio, tomando por el brazo a José, quién poco comprendía lo que hablaban, le había sido arrancada su ciudadanía, su idioma, debía olvidarse de quién era, pues ahora viviría en otro país que no conocía, todo un imperio, lleno de tecnología, de conocimientos, de leyes y de cultura, no es que en su tierra no lo hubiese, pero se había criado entre el pastizal y el bramido de animales vacunos, aquellas ovejas y todo los recuerdos que había dejado el campo en su corazón; divagaba con algún sentimiento de desdicha ¿cómo enfrentaría todo aquello?

Surge la intervención divina, una aurora de gracia le rodea su rostro, su corazón humilde y moldeable, le permitían aprender hasta como respirar el aire de aquel lugar, educado en la casa de Potifar, quién encariñado con él encuentra al fin una luz, entre tanta oscuridad y corrupción, alguien le era honesto, alguien cuidaba bien sus bienes, sin necesidad de robarlos, sin duda José se había convertido en su mano derecha

Algunos podrían pensar que las casualidades estaban minando la vida de José, sin embargo hasta aquí, todo parece haberse calmado un poco, tenía al menos un lugar donde vivir, uno donde pertenecer, y algún oficio que le hiciera productivo, sacaba provecho de cada hora en ese lugar, pero aún faltaba un poco para que la semilla que había sido enterrada en aquel pozo seco, terminara de ser germinada, y fundada sobre el profundo subsuelo antes de brotar ¿Sería este el final de sus sueños? ¿Debía construir toda su vida allí?

Todo esto nos habla de tiempo. Se requiere tiempo para gestar grandes sueños. Se necesita el quiebre del proceso, algunos los llaman desiertos, es el brote de la raíces dónde dejamos de ser semillas e iniciamos el proceso real de crecimiento…

 “ llevará su tiempo en que nos lleve al brote del tallo… algunos árboles no brotan de inmediato pasan años para salir a la superficie, mientras tanto expanden sus raíces hasta estar suficientemente arraigados…” (énfasis de la autora)

Comprendamos que cada experiencia, cada adversidad o circunstancia, nos está preparando para que seamos más que una semilla,  es decir, tengamos más que buenas intenciones…Todo inicia en nuestras raíces ¿Te has detenido para ver las tuyas? ¿Te has detenido para observar cómo crecen? ¿Hacia dónde se dirigen? ¿De qué agua se alimentan y de que tierra se nutren?

José no abandonó del todo sus sueños, El se resignó en el tiempo, pues aunque sabía que se cumpliría, no sabía cuándo, ni cómo. Aunque todo apuntaba a que esos sueños se habían perdido, él entendió que allá en aquel pozo seco y profundo, sus sueños fueron enterrados, para germinarlos a la manera de Dios.

Este nuevo episodio de la vida de José nos conecta con su brote de raíces, todos los años que José estuvo al lado de Potifar se estaban fortaleciendo sus conocimientos, sus experiencias y su carácter, pues de nada vale llevar acabo sueños y planes si no tendremos el carácter para luego sostenerlos y darles continuidad.

El gobernador, el líder, el administrador que había dentro de José no habían muerto, había muerto la autosuficiencia, el orgullo, y la altivez, pues él estaba siendo entrenado para sojuzgar toda una nación, aunque aun no sabía cuál era, no sabía si volvería a su tierra o si realmente su sueños se cumplirían allí. Se requería un corazón bien entrenado en el servicio a otros, y un hombre preparado en intelecto y cultura para gobernar, además de tener una relación con Dios… se necesitaba preparación.

Lo inesperado…”

Justo cuando todo iba bien, aquel palacio no podía estar más limpio, podías observar tu rostro al caminar por sus pasillos, las deudas estaban pagas, los servicios estaban al día, las mascotas bien atendidas, cada proveedor y acreedor estaban contentos por el trabajo de José con su amo, Potifar se sentía tranquilo, pero ¿cómo saber si eres integro si no eres tentado a no serlo?

El apuesto José, lleno de castidad pues conservaba el principio de llegar virgen al matrimonio, era codiciado por las mujeres de aquel momento, ¿Quién no quería tener un hombre así, tan responsable, apuesto y sabio? Sin embargo, era propiedad de Potifar, quien por momentos se ausentaba de su hogar durante semanas en los asuntos del Faraón, y sin duda era muy ocupado.

Esto ayudaba a José a destacarse en sus ocupaciones, pues era mucho más que un esclavo, administraba muy bien todas las cosas de su amo.Creo que esto a su esposa le despertó el ardor del deseo, ella creyó que podía echar manos de aquel joven que ya se había vuelto adulto, pasaba horas mirándolo, llamando su atención, dejándole eslabones para atraerlo y seducirlo, parece que todo el fuerzo y atención de su esposo no eran suficientes, ella necesitaba más.

Aquella mañana fría e insípida, sorprendido ante semejante silueta, desnuda frente a él, su rechazo inminente le llevó a ella a rasgar sus vestidos, a lo que desnudo, corrió por todo el pasillo, salió huyendo antes de caer en las brazos de la seducción y el engaño, sabía que era sólo un esclavo, sabía que podía morir, sabía cuánto valió esta mujer para su amo a quien servía con devoción, sabía que podía trepar para lograr sus sueños, que podía tomar la salida más fácil, pero sus principios, fundados sobre tantos procesos, cobraron fuerza en este momento ante la curva que atravesaba, sin duda debía doblar bien, para no salirse de la carretera.

A lo lejos se dejó oír, un grito fuerte, —José no me desprecies,—sabes que puedo darte todo lo que anhelas —José eres un niño mimado— Joseeeee. Indignada por el rechazo, con su ego inflado, gritó ante todos que había sido perturbada y abusada por el brillante esclavo de Potifar, la cárcel lo esperaba, no había vuelta atrás, nuevamente al foso. Condenado por aquel delito injusto, sus declaraciones no fueron escuchadas —¿quién decía la verdad? José fue encarcelado. Se abandonó nuevamente ante los brazos del único que sabía y podía hacerle justicia.

Salomón afirma que “La perversidad nunca produce estabilidad, pero los justos tienen raíces profundas
Proverbios 12:3 NTV

Todos quieren disfrutar los frutos pero pocos están dispuestos a pasar por el proceso legítimamente y vencer. Dejemos que la muerte que trae el proceso nos haga ser más que semillas, unas raíces solidas, y profundas, que absorben, nutran, y se extienden tanto que estarán listas para ser grandes arboles.

Las injusticias a la larga tendrán su peso, pues cuando sufrimos el agravio existe Alguién más grande que peleará y nos dará la victoria.

Continuará…

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